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miércoles, 25 de enero de 2017

¿Con Qué te Pago el Cariño?



-    - Papá,  ¿Esta noche, es la noche que voy a crecer más de todo el año? – me sorprendió con esta pregunta cuando nos preparábamos para dormir en la víspera de su cumpleaños número nueve.

-         -  Supongo que sí, hijo -  le contesté sorprendido por su inocencia que por momentos tiendo a olvidar.
-         - ¿O sea que mañana voy a ser más alto de lo que soy ahora? – insistió asombrado.
-          - Seguro que sí, ¿Quieres que hagamos una prueba?...

Así le dije y asintió con una gran sonrisa.

-       - Vamos a marcar tu estatura en este mueble y mañana la revisamos nuevamente a ver cuánto creciste durante la noche, ¿Cómo ves?

Sus ojos no podían de emoción. Así que lo llevé hasta el mueble y le pedí que se pusiera de espaldas,  hice una escuadra sobre su cabeza con la ayuda de un libro y  alterando un poco la medida, marqué una pequeña línea un par de centímetros por debajo de su estatura real, teniendo el cuidado de que él no lo notara.

-        -   Mañana cuando despiertes, volvemos a medirte y vamos a ver cuánto has crecido en una sola noche,  ¿sale?

Mi pequeño hijo se fue a dormir con una gran ilusión pensando en cómo su cuerpo trabajaría mientras él descansaba.  Desde ese momento me podía imaginar su cara de sorpresa al siguiente día, al descubrir  cómo había crecido cerca de dos centímetros en una sola noche.  

Me pidió que le acompañara  a leer en su pequeño libro,  y así lo hicimos por un rato. Si bien es cierto que a los 9 años, los niños ya saben leer, considero conveniente enseñarles además a disfrutar de las lecturas y a emocionarse con ellas.

Acabamos el capítulo y le pedí que se durmiera.  Le di un beso y sin darme tiempo a salir de su recámara me dijo:

-         -  ¿Te acuestas un ratito conmigo?

Asentí mientras veía sus grandes ojos. Me recosté a su lado pensando  - ¿Con qué podré  pagarte tanto cariño…?

Me quité los lentes y los dejé sobre el buró,  acción que mi hijo sabe interpretar como una verdadera disposición a descansar y a dormir en serio.

Me dijo “buenas noches” y se aferró a mi brazo como advirtiéndome que si intentaba escapar  lo notaría enseguida. Lo tranquilicé  diciéndole quedito que no me iría a ningún lado… quizá pensó que sólo hablaba de aquella noche.  Es todavía pequeño para entender que aquellas palabras,  abarcan toda mi vida.

Me dispuse a dormir, no sin antes pensar en el compromiso que como padre tengo con él. Que privilegio y que bella forma de corresponder a su confianza, a su cariño y a esa fe desmesurada me muestra cada día y lo hace creer en mí.


Feliz cumpleaños, querido Pablo (enero 2017).

jueves, 16 de junio de 2016

"10 AÑOS no son nada... son todo" LA LLEGADA DEL SEGUNDO HIJO (Capítulo XXXIII)

Querido Pablo, por algún motivo involuntario me brinqué este capítulo que debió haber ido seguido del que se intitula, “El Segundo Embarazo” pues se refiere precisamente al momento en que nace el segundo hijo, es decir, el hermanito del primogénito.
Cada vez que un nuevo miembro llega a la familia, es como si a un balancín se le colgara un pendiente nuevo, el móvil que guardaba perfecto equilibrio se desbalancea y tarda un rato en encontrar nuevamente su punto de reposo.
¿Te preguntarás qué pasa con los padres cuando esto ocurre? Te contaré, querido hijo. Por un lado los papás tenemos al hijo mayor demandando toda la atención del mundo; pues siente que su reinado está llegando a su fin, y por otro lado tenemos a la mamá en su segunda experiencia gestacional que ya sabe lo que le espera, y que cada vez se siente más cansada e incómoda de llevar en su vientre al anhelado hermanito, a quien ya no está segura si prefiere verlo nacer o seguirlo cuidando adentro.
Es típico que los padres durante todo el embarazo hacemos nuestro mejor esfuerzo por explicarle a nuestro primer hijo que va a tener un hermano y que eso es bueno. El primogénito, (dependiendo de la edad que tenga) por un lado estará contento de tener alguien con quien jugar, pues en su mente asume que le va a llegar un hermano del mismo tamaño que él y por lo tanto será divertido, pero por otro intuye que la atención de los padres se va a dividir, y por si las dudas los va poniendo a prueba durante los últimos meses demandándoles en extremo su atención y haciéndoles espectaculares berrinche en los sitios más inesperados, como para que vayan viendo de lo que se va a tratar…
Es obvio, a nadie le gusta sentirse desplazado, y menos por sus propios padres. y eso es precisamente lo que siente el hijo mayor conforme se va acercando la fecha del nacimiento del que a estas alturas ya adquirió el calificativo de innombrable…
Finalmente llega el día, para empezar al hermano mayor lo manda a casa de alguna tía, de los abuelos o con algún compadre para que lo cuide mientras toda la familia (menos él) se van al hospital a recibir con bombo y platillo al nuevo miembro.
Nace el hermano y generalmente ese día y el siguiente, mamá no duerme en casa. ¿Cómo pretendemos que el hijo mayor no se sienta desplazado, si tiene argumentos suficientes para sentirse incluso sustituido?
Bueno, pues no hay receta capaz de aliviar semejante desplazo, salvo que al hermano mayor, le hagamos valer su primogenitura y lo hagamos partícipe de todo lo que tiene que ver con el recién llegado. Una vez que las condiciones de salud y cuidados lo permitan, debemos llevarlo a que conozca a su hermano menor, (no se sorprendan si acaso le parece poco interesante), permitirle que lo digiera, que lo vea, eventualmente que lo cargue, que lo arrulle, que ayude a bañarlo, etc. Todo el tiempo sin correr riesgos y hasta donde sea posible.
Los padres, por su parte, también tendrán que acostumbrarse al recién llegado, y será muy útil recordar que en la etapa, los bebés no demandan tanto tiempo, pues a esa edad no juegan, ni interactuan con los mayores, no hacen gracias, ni piden que los lleves a pasear, casi casi, son de ornato. Ahí los pones y allí se quedan. En circunstancias normales los recién nacidos sólo comen, duermen y exigen que los mantengamos limpios. Por lo tanto, todo el tiempo sobrante, no duden que deberán emplearlo en brindarle atención y cuidados a nuestro hijo mayor.
Es importante que el hijo mayor perciba que la llegada del hermano fue para mejorar la armonía familiar y no a empeorarla, pero es importante que esa mejoría sea palpable para él, porque si solamente es palpable para los pares, no habrá poder humano que justifique la presencia del hermano menor en la mente del hijo mayor. Es decir, que aunque no lo diga, puede llegar a sentir que la vida era mejor cuando nada más eran tres.
En la dinámica familiar, es muy recomendable solidarizarnos y tratar de empatizar con el más débil. Entendiendo por empatizar, como el acto de comprender los sentimientos de la otra persona, y no la tan llevada y traída frase de “ponernos en sus zapatos” eso además de ser imposible, no suele servir de mucho. Lo que en verdad ayuda a la relación familiar es comprender los sentimiento de los demás y en este particular caso, los de nuestro primer hijo, pues será (incluso más que el recién llegado bebé) quien requiera mayor apoyo emocional y por qué no decirlo, mayor cariño de sus padres. Así entenderá que con la llegada del hermanito, hasta él salió ganando.

miércoles, 8 de junio de 2016

El Día Más Feliz de mi Vida

Hace un par de semanas, fui con mi esposa y mis hijos a dar un paseo en bicicleta en el parque metropolitano de nuestra ciudad. El total del recorrido me costó $ 25.00 por cada bicicleta y fue suficiente para dejarnos a todos con la lengua de fuera.

Cuando terminamos el recorrido, mientras nos reponíamos del cansancio disfrutando unas paletas de hielo, mi hijo de 8 años me dice: 
- Papá, este es el día más feliz de mi vida.
-       -   ¡Que bueno!, hijo – lo dije con una sonrisa sorprendido por aquella declaración que en principio me pareció exagerada - qué gusto me da que te estés divirtiendo, yo también estoy muy contento. – terminé de decirle mientras lo abrazaba.

Luego pensé,  ¿Con qué poco esfuerzo se puede lograr tanta felicidad en un niño?, a tal grado que sienta que un paseo en bicicleta con su familia es suficiente para hacer de ese día el día más feliz de su vida. Seguro se debe a que es un niño y con su corta edad, no sabe lo que dice…, reconozco que llegué a tener  ese arrogante sentimiento.

A pesar de que el comentario duró poco, la verdad es que tardé mucho rato en poder quitarme de la mente eso de “el día más feliz de mi vida”.  El tema lo seguí pensando un par de días más, y llegué a la conclusión de que para mí, aquel domingo también fue el día más feliz de mi vida. Y todo por una sencilla razón.  Es verdad que en la vida, he pasado por momentos felices, como cuando nacieron mis hijos, o el día de mi boda,  mi graduación,  o cuando recibí un reconocimiento, etc. es cierto, todos esos días me sentí feliz, y quizá fueron los más felices de mi vida hasta ese entonces.  Pero también es cierto que el domingo aquel, no lo cambio por ninguno de los días anteriores, pues salir con mi familia a dar un paseo en bicicleta, donde puedo ver a mis hijos y a mi esposa sanos y divertidos, no requiere nada más para que yo pueda decretar que también para mí, aquel domingo, ha sido el día más feliz de mi vida.

Quizá jamás he hecho nada tan relevante como para declararlo como el día más feliz de mi vida, o tal vez la vida me ha dado un hijo filósofo, pero no creo, es más probable que mi soberbia de adulto me haya hecho creer que lo sé todo, cuando en realidad sobre las cosas importantes, a veces uno no sabe nada y por lo mismo no valora uno lo que tiene. Esta experiencia me hizo ver que la vida me ha dado tanto a cambio de tan poco… que más me vale sentirme agradecido y evitar volver a juzgar a mis hijos sin antes recordar que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad.

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jueves, 2 de junio de 2016

"10 AÑOS no son nada... son todo" LA CONVIVENCIA CON NIÑOS DE 7 A 10 AÑOS. (CAPÍTULO XXXII)

"10 AÑOS no son nada... son todo"
LA CONVIVENCIA CON NIÑOS DE 7 A 10 AÑOS.
(CAPÍTULO XXXII)
Cuando los hijos llegan a los 7 años o más, la interacción con ellos puede llegar a ser fascinante. En esta etapa los niños pueden razonan las cosas que les decimos de un modo muy similar a como lo hacemos los adultos, salvo que siguen conservando una buena parte de su inocencia, y que evidentemente hay muchos temas de los cuales todavía no están bien enterados pero; también hay que decirlo, ya empiezan a sospechar de todo. Por lo mismo, será de suma importancia que nuestros canales de comunicación con ellos sean directos y libres de toda interferencia.
Es importante entender que nuestros hijos tendrán ganas de charlar de ciertos temas aunque nosotros no queramos, y si nosotros no estamos atentos a sus señales de información, ellos buscarán a alguien con quien hablar de lo que a ellos les interesa.
Recuerdo un festival de globos, donde nos tocó presenciar cómo fueron liberados simultáneamente más de cien globos de helio, todos rojos y con un cordel colgando. Ante aquel espectáculo, inocentemente le dije a mi hija, - ¿Ya viste?, hija, parecen cerezas voladoras – a lo que tajantemente me contestó - Claro que no, papá, parecen espermatozoides. – dejándome por supuesto con la boca y los ojos bien abiertos.
Esos destellos de conversación son alertas que nos dejan claro cómo piensan y como se sienten.
Difícil edad suele ser de los 7 a los 10 años, pues aquí comienzan a distinguirse de otros niños más pequeños y comienzan a entender que a pesar de que siguen siendo niños, no son iguales que los que tienen 3, 4 o 5 años. Así que comenzarán a ver que en algunos juegos ya no caben, o ya no les es permitido entrar.
Por supuesto que ya también han cambiado los gustos de sus programas de televisión y la música que escuchan.
En esta edad debemos ser muy cuidadosos, pues a pesar de que muchos comentarios parecen comentarios de adulto, sus mentes todavía no lo son, así que debemos cuidar muy bien nuestro lenguaje, nuestras bromas, chistes y comentarios en general cuando estemos con ellos. En ellos la malicia, la doble intención, el albur, o la picardía todavía no está presente. Además así como hay temas que empiezan a preguntar, habrá muchísimos otros que todavía no comprenden, por lo cual debemos ser nosotros quienes nos pongamos a la altura de ellos en cuanto a nivel de conversación, y no esperar que ellos se pongan a nuestra altura, pues lo único que conseguiremos será abrir más la distancia entre ellos y nosotros.
¿Alguna vez nos hemos preguntado, qué pasa por la mente de nuestros hijos cuando están a punto de dejar de ser niños para convertirse en adolescentes? ¿y alguna vez nos hemos tomado la molestia de preguntárselos? Pero no como un interrogatorio, pues estarán de acuerdo en que a nadie nos gusta sentirnos interrogados. Sino más bien como un acercamiento para que ellos sientan la confianza de podernos compartir lo que piensan.
Para ello, necesitamos ser nosotros quienes demos el primer paso involucrando a los hijos en nuestra vida diaria, en nuestros sentimiento, en nuestras decisiones, en nuestro día a día. Que no sólo seamos el proveedor o el chofer que los lleva y los trae a sus actividades, o el genio de la lámpara que les concede sus deseos y el verdugo que les cumple sus castigos, eso no tiene ni chiste ni mérito. El reto es involucrarlos en nuestra vida pero de verdad, en nuestras conversaciones, en nuestras actividades, en nuestras reflexiones, compartirles lo que sentimos y lo que pensamos y el por qué hacemos las cosas de cierta manera, o por qué es importante tener prioridades en la vida, así ellos verán que somos seres humanos con defectos y virtudes, que los podemos entender y orientar si nos dicen las cosas, y con nuestro ejemplo para ellos será más fácil aprender a compartirnos lo que sienten y lo que piensan.
Existe otra característica típica de esta edad, aquí es cuando llega el momento en que tus hijos comienzan a saber más que tú sobre algunos temas, y te darás cuenta de cómo son capaces de resolver situaciones sin tu ayuda, y realizar algunas actividades incluso mejor que tú. Es importante comprender que nuestros hijos se empiezan a hacer grandes, y que como tal merecen ser tratados. Así como en ellos ya no son aceptables los berrinches o las rabietas, en nosotros tampoco será funcionales los regaños y las nalgadas como cuando tenían 3 años. Habrá que aprender a acercarnos a ellos, sin juzgarlos ni echarles la culpa de sus reacciones. Sin estarlos vigilando ni hacer que se sientan acosados o que los queremos seguir controlando en todo. Aquí llega el momento en que vamos a ver qué tan bien hemos hecho nuestro trabajo como padres, y qué tanto hemos sido capaces de enseñarles a respetar a los demás, a hacerlos responsables de sus cosas y de sus obligaciones incluso sin nuestra supervisión.
Nuestra tarea como padres, es bien sabido que jamás termina, pero constantemente está sufriendo ligeros ajustes, pues nuestro rol para con ellos va cambiando conforme van creciendo. No olvidemos que en esta relación los adultos somos los padres, y no seamos injustos ni soberbios al pretender que nuestros hijos son los que viven en el error y que nosotros siempre tenemos la razón. Una relación sana entre padres e hijos depende de ambos, pero definitivamente los adultos tenemos una mayor responsabilidad y se supone que mayor control en el éxito de dicha relación.
Así como ellos irán aprendiendo a ser buenos hijos, también nosotros iremos aprendiendo a ser buenos padres. Más si algo puedo recomendar en pro de esa relación sana y fuerte, es que les demos a nuestros hijos, lo mismo que queramos recibir de ellos: ¿Quieres que te respeten?, respétalos. ¿Quieres que te demuestren su cariño?, demuéstraselos tú primero. ¿Quieres que hablen bien de ti cuando no estés?, habla bien de ellos siempre.
Quizá nuestros discursos los recuerden por un tiempo, pero la forma como los tratemos y como los hagamos sentir, la van a recordar toda la vida.


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jueves, 20 de agosto de 2015

"10 AÑOS, no son nada... son todo" El niño es presentado en sociedad... (Capítulo XXII)

     Hasta ahora, querido hijo, todo lo que hemos comentado ha tenido que ver con nuestra relación familiar; desde la forma como inició el matrimonio, la larga espera para la anhelada llegada del primogénito y la vorágine que representa el nacimiento y crecimiento del bebé. Sin embargo, hasta ahora no hemos comentado nada referente a la interacción con el mundo y en general; lo que ocurre de la casa hacia afuera.
     Los niños, querido Pablo, son personas muy especiales y muy importantes, pero sólo para los padres y para algunos familiares. Para el resto de mundo, son solamente niños, digamos un niño más en el planeta.
     Por algo es conocido el dicho que dice que “Lo único más insoportable que un niño genio, es la mamá del niño genio”. Y la sabiduría detrás de estas palabras es total.
     A los hijos hay que enseñarles que afuera de la casa, y más allá de papá, mamá y la familia entera, existe un mundo tan enorme como fascinante, pero que está lleno de personas desconocidas y es importante saber hasta dónde se puede interactuar con ellas. Así aprenden los hijos a saludar, a despedirse, a decir gracias y por favor a personas ajenas a al círculo familiar, aprenden a solicitar ayuda en caso de alguna emergencia o a solucionar pequeños problemas sin depender de papá o mamá. En fin, en esta tarea de ir aprendiendo a ser hijos, nosotros vamos aprendiendo a ser padres.
     Cuando los hijos nacen algunos padres nos vemos coartados por un tiempo de asistir a ciertos lugares que antes frecuentábamos, y ahora ya no lo podemos hacer, o cuando menos, no con la misma regularidad que antes. El cine es un claro ejemplo de esto. Muchas parejas dejan de ir al cine por meses o incluso años después de la llegada de los hijos, lo mismo ocurre con las salidas a excursiones, conciertos, bares o ciertos restaurantes que antes solían ser los favoritos. Con la llegada de los niños, ya nada es igual.
     Sin embargo llega el momento de experimentar las primeras salidas, y allá vas; cargando carriola, sillitas especiales, comida para el bebé, y ropa como para un mes por si algo se ofrece. Notarás como los lugares que solías frecuentar en pareja, ahora los cambias por restaurantes familiares con instalaciones especiales para niños y por supuesto con menú infantil.
     Creo que la generación a la que pertenezco, pasaremos a la historia como aquella que le hizo comer a sus hijos kilos y kilos de nuggets de pollo con papas a la francesa y una pipa de cátsup antes de llegar a la pubertad. También seremos recordados por que en vez de enseñar a nuestros hijos a esperar sentados en la mesa a que llegaran sus alimentos, los mandábamos al área de juegos para poder disfrutar de un rato de descanso. (Nosotros, por supuesto, no ellos).
Una salida que debiera ser sencilla, digamos a un restaurante un sábado o un domingo cualquiera, puede convertirse en una odisea.
     Si tu hijo todavía es un infante que no camina, tendrás que cuidarlo en tu mesa pues difícilmente habrá instalaciones y cuidados para un niño tan pequeño, en tal caso, requerirás una periquera y suficiente espacio a tu alrededor como para evitar que el niño pueda causar disturbios entre los comensales vecinos, así evitarás vergüenzas cuando se ponga a llorar, hacer berrinches o lanzar la comida por el aire. Actualmente algunos niños se suelen entretener con tecnología digital, como smartphones, tablets y similares, pero obviamente no todas las familias pueden tener acceso a este tipo de “juguetes” que son capaces de entretener a toda una familia al mismo tiempo que la separan si se utilizan sin límites.
     Si tu crío ya se desplaza por sí solo, seguramente preferirás sentarte en una mesa cercana al área de juegos para que tu niño vaya y venga sin necesidad de que lo lleves y vayas por él. Hasta ahora pareciera que todo está bajo control, pero el desafío apenas comienza.
    En cuanto traigan tus bebidas seguro tendrás que levantarte de tu mesa; ya sea porque tu hijo se pegó en un juego y está llorando desconsolado, o ya mordió a otro niño más chiquito, o está atorado en un barandal del cual no se puede salir sin tu ayuda, o quizá descubrió que hay una máquina que por $10.00 le dará una pelota de colores y vendrá a pedirte la dichosa moneda. El caso es que tu bebida te la tomarás en intervalos donde estarás yendo y viniendo del área de juegos a la mesa una y otra vez.
     Finalmente pedirás y esperarás con ansia tus alimentos, y verás que justo en el momento que los traen a la mesa, tu bodoque vendrá para decirte que lo lleves al baño a hacer popó porque ya no se aguanta más… con el consecuente resultado de terminar comiendo el platillo frío.
     continuará...

domingo, 18 de enero de 2015

"10 AÑOS no son nada... son todo" La Llegada de los Hijos (Capítulo X)

El matrimonio, como lo hemos comentado antes, querido hijo, es una etapa en la vida, en la que uno tiene permiso de tener hijos, sin que sea socialmente criticado. Al contrario, la gente te felicita en cuanto se entera de que serás padre o madre. 
Quizá no lo sepas, pero en la época de oro del cine nacional se filmó una película llamada “Cuando los hijos se van”. Es un drama que habla de la separación que experimentan los padres cuando los hijos se vuelven adultos, sin embargo, y por supuesto que a manera de chiste, yo comentaba que si querían hacer un verdadero drama, debieron titularla “Cuándo los hijos llegan” o “Cuando los hijos NO se van”. Creo que los temas eran demasiado fuertes para la sociedad de mediados del siglo XX. Quizá la película hubiera funcionado como método anticonceptivo. De hecho, es probable que esta parte del libro sirva como tal. Así que léelo; querido Pablo, bajo tu propio riesgo.
Cuando los hijos llegan, los padres, tanto en lo individual como en su concepción de pareja, pasan de una etapa a otra, de eso no hay duda. Es como cerrar un círculo y abrir otro, como cerrar una vida y comenzar una nueva, es terminar con una época (estuve a punto de escribir “una era”) y comenzar una nueva. Y a pesar de que la nueva forma de vida tendrá sus emociones y sus placeres, será natural experimentar una nostalgia y por momentos casi un duelo por la época que terminó.
El matrimonio pasa de ser una familia de dos, a ser una familia de tres miembros o más. Esta obviedad que pareciera tan simple de entender, genera toda una revolución en la dinámica familiar, por ejemplo: Para salir de su casa, digamos al cine, al trabajo o a una reunión de amigos, la pareja anteriormente debía tomar las llaves, cartera o la bolsa, quizá lavarse los dientes, peinarse y estar listos en menos de 10 minutos.
Con hijos, esa simple dinámica cambia radicalmente. Ahora en principio, será probable que dejen de salir a todos esos lugares por un tiempo. Y en caso de que salgan será preciso de manera consciente y razonada verificar el clima y el pronóstico para las siguientes horas. Hacer coincidir la salida con la hora en la que el bebé esté de buen humor y no sea su hora de comer o de cambiar el pañal. Pero eso no es todo, salir implica llevar la ropita; con la que un soltero podría sobrevivir un mes en una montaña, como calcetas, pañaleros, mallas, camisetas de manga corta, de manga larga, playerita, blusa, suéter, chaqueta, cobijita, gorro, guantes y zapatitos, todo esto para estar preparados por si hace frío, por si hace calor, por si llueve, por si se moja, por si se orina, por si derrama la comida, por si se vomita, por si se ensucia, y nunca estará de más un cambio para los papás, por si nos vomita mientras estamos dándole de comer o haciéndolo repetir.
Por cierto tampoco debemos olvidar los accesorios para su seguridad, limpieza, cuidado y entretenimiento, como pañales, talco, toallitas húmedas, crema para las rosaduras, perilla para los mocos, toallita para el vómito, y la cobijita para taparlo (2 si es invierno), todo en 2 tantos por si el primero no funciona o se estropea al momento de estarlo usando.
También debemos llevar los biberones esterilizados, leche, cucharita medidora, esterilizador, termómetro, calentador de biberones, chupón, sonaja, carriola, corralito y accesorios similares. Todo ello de marca de reconocido prestigio y socialmente aceptado, si no quieres tener problemas con tu pareja, o con tu familia política. Conste que te lo advertí, porque de no hacerlo te arriesgarás a que la depresión post parto se extienda por tiempo indefinido.
Nada es complicado. Toda la dificultad radica en que jamás lo has hecho, pero todas estas actividades se llegan a dominar en menos que canta un gallo. Y no solo eso, sino que además llegas a considerarte experto en la materia a grado de que se convierte en tu nuevo tema de conversación y después de dos semanas, cometemos el exceso de hablar de él como si a todo el mundo le importara cuánto es tu tiempo récord en cambiar un pañal o en preparar un biberón.
Compartir las tareas es importante. Sin duda el bebé es de los dos, y la madre ya bastante hizo con llevarlo dentro de sí durante 9 meses. Así que recomiendo ampliamente que el padre (no obstante que lo va a mantener por más de 20 años) se involucre en todas las actividades de cuidado, aseo, protección y entretenimiento del nuevo miembro de la casa.
Esto no significa que la labor de la madre terminó con el parto, para nada, ahora es cuando el asunto se pone bueno, porque ahora las necesidades del bebé son distintas a las que tenía cuando estaba en gestación, por lo tanto ahora será más demandante y es cuando la pareja debe hacer un frente común y apoyarse incondicionalmente.
Papá y mamá tenemos distintos roles y funciones con respecto al nuevo hijo, sería inútil pedirle a un padre que amamante a su bebé (por poner un ejemplo), pero en la dinámica familiar el simple acompañamiento a la pareja y tratar de comprender antes que esperar ser comprendido, es lo que hace que el amor madure y perdure.
Los hijos son como “El Coco”, el miedo más grande no es cuando llegan, sino cuando sabes que van a llegar. Es decir, la tensión comienza antes de su llegada, para ser exactos digamos que la tensión llega cuando se dan cuenta de que están embarazados…


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sábado, 23 de julio de 2011

La generación de los setentas.

La Generación de los Setentas.
Nos ha tocado vivir una época marcada por grandes hitos históricos, seguramente los que nacimos en los setentas del siglo pasado, recordamos cosas como la caída del Muro de Berlín, la desaparición de la  URSS,  el atentado a las torres gemelas en Nueva York y por supuesto al irremplazable papa Juan Pablo II. En nuestro país, también recordamos cosas como el terremoto de  1985, el mundial del 86, los triunfos deportivos de Soraya Jiménez, de Ana Guevara o  de Karla Wheelock, seguramente recordamos las noticias impartidas en la televisión por Jacobo Zabludovsky  y el programa de Siempre en Domingo, el festejo de fin de año cuando recibimos el año 2000, y en forma más reciente las festividades del centenario de nuestra revolución y bicentenario de nuestra independencia. Muchas cosas han marcado nuestra época a los ojos de nuestra generación. Pero nos hemos preguntado ¿Cómo recordarán nuestros hijos, sus gloriosos años de infancia al lado de los bienaventurados padres que el cielo les ha dado?
Creo que en algunos años mis hijos se juntarán con los hijos de mis amigos y tendrán pláticas en las que bien que mal saldremos a relucir:
-          Te acuerdas que cada vez que salíamos a un restaurante, mi papá quería que comiéramos nuggets con papas?
-          Si, y eso no era lo peor, sino que siempre nos llevaban a comprarlos a Mc Donald´s
-          O nos quedábamos ahí, o pasábamos por el autoservicio y salíamos con nuestra cajita feliz directo a otro restaurante para que mis papás comieran otra cosa.
-          Era mejor quedarse en Mc Donald´s  porque en los otros restaurantes no había juegos.
-          Al principio no, pero después los pusieron en muchos lados.
-          Si, los mejores  eran los del Carl´s
-          Los juegos si, pero las estrellitas…estaban mejor los Mc. Nuggets…

En fin, cuidemos nuestras acciones, porque nuestros hijos tienen mejor memoria de la que nosotros creemos:
-          Y te acuerdas cuando le hablabas a tu mamá y te contestaba sin dejar de ver el facebook “¿eh?”, “¿mande?” y se quedaba con la boca abierta
-          Si, no manches el facebook del año del caldo, desde cuándo que lo quitaron por obsoleto
-          Era la onda en aquellos tiempos, y ahí los veías metidos horas
-          Y peor cuando tenían teléfonos y entonces no se desconectaban en todo el día
-          Me acuerdo que a mi papá le hablabas para lo que sea y siempre te contestaba  “ya voy, ya voy”

Queridos contemporáneos, también debemos ser precavidos cuando saquemos a los hijos a pasear en coche, ya que jamás olvidarán esa experiencia.
-          Y las pinches sillitas del carro… como en sus tiempos no había, no tiene idea de lo que es ir sentado en una de esas cosas.
-          El clásico de “¿Ya te amarraste…? Amárrate bien”,  alguna vez se habrán preguntado ¿Cómo me podría amarrar mal?
-          Y siempre les contestabas  - Si ya me amarré, pero ya se me cayó el juguete, ¿me lo pasas? - y ahí viene otra vez el regaño.
-          “¿Para qué lo tiras?”, ahora ya te fregaste, no cuidas nada, te lo paso cuando lleguemos, etc.
-           Y la otra frase típica era “No puedes comer nada en el carro” y chingas, toda la leche en el asiento… uf… mi papá empezaba contra mi mamá, - “¿Y si no pueden comer para qué les das leche? – yo no se las di, la agarraron sólos… ” y etcétera.
-          Y lo mejor era cuando los papás, ya sin decirles nada, ponían discos de niños para que no fuéramos peleando.
-          Claro, y que no se les ocurriera poner música de sus tiempos porque les armábamos un pancho…
-          Si, pobres jefes, además de chutarse a Cricrí en su época, se tuvieron que soplar a Barny, a Trepsi y a Tatiana y ya después a Hanna Montana todo el día.
-          Ya después con las teles en el carros… las películas que vimos como cien veces. No se como no nos aburríamos… “al infinito,  y más allá...”
Por cosas como esta y otras tantas, será recordados estos tiempos por la generación que nació en la primera década del siglo XXI,  pero todas y cada una de las cosas que aquí se menciona, no son sino distractores en menor o menor grado de lo que a una familia nos está tocando vivir.   Concentrémonos en que por encima de todo esto, nuestro hijos nos recuerden por el inconmensurable amor que siempre les tuvimos y que aprendimos a demostrárselos de una y mil maneras cada día.  Esa es nuestra tarea, ¿tú ya la hiciste hoy?