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viernes, 12 de agosto de 2016

"10 AÑOS no son nada... son todo" DE LA INTIMIDAD AL ENOJO (Capítulo XXXIV)

      Querido hijo, deberás entender que toda relación de pareja es una relación compleja. Me refiero al hecho de que al estar formada por dos personas, implica un constante ejercicio de dar y recibir, de ceder y pedir que la otra persona ceda también.

A lo largo de esta colección llamada “10 AÑOS no son nada…son todo”; y de la cual te dejo el último capítulo, te he contado muchas de las cosas que le suelen pasar a las parejas durante los primeros 10 años de matrimonio, claro que todo esto es (como dicen los abogados) “enunciativo, más no limitativo”.  Aquí hemos platicado de cómo una pareja se conoce, se casa, tienen hijos, van sorteando diversas dificultades, y poco a poco van madurando.

Sin embargo, nos falta un tema fundamental en toda relación motivada por el amor, y me refiero a que es justo en los primeros años de vida conyugal, cuando las parejas aprenden a estar juntos en las buenas y en las malas.

Estar bien en las buenas no tiene chiste, pero debemos pensar que la vida no siempre será “miel sobre hojuelas”. Habrá acciones adversas que equilibren la balanza.  Toda pareja vive momentos de pasión que tienen cabida en la intimidad y también toda pareja vive momentos de tensión que se suscitan al no encontrar la forma de ponerse de acuerdo, en ocasiones se pasan por alto los límites de la relación, y como consecuencia las cosas se ponen feas.

Toda pareja desde el momento del enamoramiento se sueña en la intimidad, tienen derecho a ella y nada los hace más felices que vivirla, tenerse y poseerse el uno al otro hasta saciar el deseo.  Nada hace más feliz a una pareja, que vivir juntos aquel descubrimiento paulatino de uno en el otro.

Vivir el amor sin obligación ni condición alguna es entregarse en cuerpo y alma para vivir junto al otro el placer del amor. Con la plena consciencia de hacer aquello que juntos estén dispuestos a hacer o que juntos hayan acordado. Siempre respetándose en todo lugar y en todo momento, conscientes de que por un instante estarán uno y otro siendo parte de un cuerpo ajeno.

Pero igual de importante será que toda pareja tenga sus  momentos de distancia, donde se deben  permitir un generoso espacio de por medio, permitirse ser uno sin el otro y viceversa. Recordando que cuando se conocieron, se atrajeron por lo que cada uno era por separado y sin la menor ayuda del otro.

Es cierto y es de esperarse que la pareja en ciertos aspectos nos termine de moldear; lo cual no significa que uno cambie su manera de ser; ya que eso está demostrado que no funciona. Me refiero a que se espera que uno aprenda a ser mejor persona, gracias a que nuestra pareja ve cosas en nosotros que nosotros mismos no podemos o no queremos ver. Por eso es importante avanzar en el autoconocimiento y el crecimiento personal con la ayuda de alguien que nos ame.

Pero también es cierto que a veces las ideas de uno y otro simplemente no encuentran acomodo y entonces es momento de confrontarlas. Aquí vale la pena hacer una aclaración: La confrontación, la discusión y el enojo, debe darse en el nivel de las ideas,  de tal forma que las ideas sean las que se confrontan y no las personas. Sé que esto es muy difícil  cuando tiene uno la sangre caliente, así que mejor seamos claros.

Queda estrictamente prohibido lastimarse física y psicológicamente. Eso no tiene ni requiere mayores explicaciones, cuando las cosas no funcionan, resolverlas por la fuerza o por la tortura psicológica no soluciona nada.  Los conflictos de pareja conviene resolverlos con la pareja solamente, jamás con terceras personas, a menos que se trate de una ayuda profesional que en ocasiones puede ser necesario y recomendable.

Tampoco conviene añejar los problemas, eso sólo hace que el resentimiento crezca y la carga emocional pese más. La mejor forma de resolver un problema es afrontándolo con la persona correcta, en el tiempo correcto y con la cabeza fría, es decir, de la forma correcta. Evitar a toda costa lastimar a alguien más, lastimarse a sí mismos y destrozar cosas, porque como está la vida, no está la situación para andar echando a perder nada.

Considero querido hijo, que la mejor forma de encontrar el equilibrio, es  siendo conscientes de que la igualdad debe ser un acto consciente entre las dos personas que formen una relación.  En una pareja, lo importante es considerar que ninguno es más que el otro, y por lo tanto no debe existir ni por momentos la idea de que alguno vale más que el otro. La igualdad será una fortaleza de la pareja si ambos son conscientes de que el bienestar de la pareja depende de los dos, y que los logros serán gracias a que ambos están poniendo la parte que les corresponda de acuerdo a sus roles y funciones.

Ya como colofón, recomiendo ampliamente que todas las parejas que están iniciando una relación, vivan al menos por un tiempo aislados del resto de sus familias. No sólo me refiero a vivir en otra casa, que eso es obvio, sino preferentemente vivir en otra ciudad.
Esta sola experiencia hace que la pareja se conozca ampliamente en todos los sentidos, que aprendan a contar uno con el otro en las buenas y en las malas y que no tengas otro lugar a donde ir,  y por lo tanto que cuando pienses en celebrar algo lo hagan en principio con sus seres queridos y si por algún motivo tienen una pena, acudan antes que nada al mejor de los refugios, el hogar.

Vivir en pareja es todo un desafío, es una forma de vida que a muchos nos gusta practicar y en la cual incluso nos atrevimos a realizar un juramente (deja tu ante las instituciones) ante la otra persona, de que estaremos con ella hasta que la muerte nos separe. Bueno pues ese compromiso, que tanto trabajo le cuesta a algunos, es lo que comienza por marcar la diferencia cuando se habla de una relación que tiene la intención de ser duradera, de otra que tiene deja abierta la puerta a la posibilidad de convertirse en desechable.

Querido hijo, espero que cuando tengas la edad suficiente y te llegue el momento de tomar decisiones trascendentes para tu vida, escojas vivir tu vida acompañado de alguien más, ya que de esta forma la vida se disfruta mejor y las penas se sobrellevan más fácilmente. Creo que es uno de los mejores consejos que de mi parte podrás recibir.

Por lo demás, no esperes que escriba una segunda parte de este texto para hablar de los siguientes 10 años de matrimonio, como lo sabes en este nuevo ciclo que ya juntos hemos comenzamos a vivir juntos, nos esperan las adolescencias de los hijos y las menopausias de los padres, así que por si las dudas, mejor no prometo nada.

Te adora, tu papá.

jueves, 16 de junio de 2016

"10 AÑOS no son nada... son todo" LA LLEGADA DEL SEGUNDO HIJO (Capítulo XXXIII)

Querido Pablo, por algún motivo involuntario me brinqué este capítulo que debió haber ido seguido del que se intitula, “El Segundo Embarazo” pues se refiere precisamente al momento en que nace el segundo hijo, es decir, el hermanito del primogénito.
Cada vez que un nuevo miembro llega a la familia, es como si a un balancín se le colgara un pendiente nuevo, el móvil que guardaba perfecto equilibrio se desbalancea y tarda un rato en encontrar nuevamente su punto de reposo.
¿Te preguntarás qué pasa con los padres cuando esto ocurre? Te contaré, querido hijo. Por un lado los papás tenemos al hijo mayor demandando toda la atención del mundo; pues siente que su reinado está llegando a su fin, y por otro lado tenemos a la mamá en su segunda experiencia gestacional que ya sabe lo que le espera, y que cada vez se siente más cansada e incómoda de llevar en su vientre al anhelado hermanito, a quien ya no está segura si prefiere verlo nacer o seguirlo cuidando adentro.
Es típico que los padres durante todo el embarazo hacemos nuestro mejor esfuerzo por explicarle a nuestro primer hijo que va a tener un hermano y que eso es bueno. El primogénito, (dependiendo de la edad que tenga) por un lado estará contento de tener alguien con quien jugar, pues en su mente asume que le va a llegar un hermano del mismo tamaño que él y por lo tanto será divertido, pero por otro intuye que la atención de los padres se va a dividir, y por si las dudas los va poniendo a prueba durante los últimos meses demandándoles en extremo su atención y haciéndoles espectaculares berrinche en los sitios más inesperados, como para que vayan viendo de lo que se va a tratar…
Es obvio, a nadie le gusta sentirse desplazado, y menos por sus propios padres. y eso es precisamente lo que siente el hijo mayor conforme se va acercando la fecha del nacimiento del que a estas alturas ya adquirió el calificativo de innombrable…
Finalmente llega el día, para empezar al hermano mayor lo manda a casa de alguna tía, de los abuelos o con algún compadre para que lo cuide mientras toda la familia (menos él) se van al hospital a recibir con bombo y platillo al nuevo miembro.
Nace el hermano y generalmente ese día y el siguiente, mamá no duerme en casa. ¿Cómo pretendemos que el hijo mayor no se sienta desplazado, si tiene argumentos suficientes para sentirse incluso sustituido?
Bueno, pues no hay receta capaz de aliviar semejante desplazo, salvo que al hermano mayor, le hagamos valer su primogenitura y lo hagamos partícipe de todo lo que tiene que ver con el recién llegado. Una vez que las condiciones de salud y cuidados lo permitan, debemos llevarlo a que conozca a su hermano menor, (no se sorprendan si acaso le parece poco interesante), permitirle que lo digiera, que lo vea, eventualmente que lo cargue, que lo arrulle, que ayude a bañarlo, etc. Todo el tiempo sin correr riesgos y hasta donde sea posible.
Los padres, por su parte, también tendrán que acostumbrarse al recién llegado, y será muy útil recordar que en la etapa, los bebés no demandan tanto tiempo, pues a esa edad no juegan, ni interactuan con los mayores, no hacen gracias, ni piden que los lleves a pasear, casi casi, son de ornato. Ahí los pones y allí se quedan. En circunstancias normales los recién nacidos sólo comen, duermen y exigen que los mantengamos limpios. Por lo tanto, todo el tiempo sobrante, no duden que deberán emplearlo en brindarle atención y cuidados a nuestro hijo mayor.
Es importante que el hijo mayor perciba que la llegada del hermano fue para mejorar la armonía familiar y no a empeorarla, pero es importante que esa mejoría sea palpable para él, porque si solamente es palpable para los pares, no habrá poder humano que justifique la presencia del hermano menor en la mente del hijo mayor. Es decir, que aunque no lo diga, puede llegar a sentir que la vida era mejor cuando nada más eran tres.
En la dinámica familiar, es muy recomendable solidarizarnos y tratar de empatizar con el más débil. Entendiendo por empatizar, como el acto de comprender los sentimientos de la otra persona, y no la tan llevada y traída frase de “ponernos en sus zapatos” eso además de ser imposible, no suele servir de mucho. Lo que en verdad ayuda a la relación familiar es comprender los sentimiento de los demás y en este particular caso, los de nuestro primer hijo, pues será (incluso más que el recién llegado bebé) quien requiera mayor apoyo emocional y por qué no decirlo, mayor cariño de sus padres. Así entenderá que con la llegada del hermanito, hasta él salió ganando.

sábado, 6 de febrero de 2016

"10 AÑOS no son nada... son todo" De Padres y Suegros (CAPÍTULO XXV)


Los padres y los suegros…

Querido Pablo, espero que con todo lo que te he platicado sobre mis 10 primeros años de casado, aprendas algo que te sea útil. Lo siguiente que te voy a contar, tiene que ver con el rol de los abuelos. Pero no con respecto a los nietos, sino en su rol de padres y suegros.

Cada vez que una pareja decide formar un nuevo hogar, llega el momento en el que los padres de ambos deben aprender a sobrellevar un nuevo rol con relación a sus hijos.  Dicho de otra manera, aunque los padres, siempre seremos padres de nuestros hijos, debemos entender que cuando ellos forman una familia nueva en un hogar nuevo, nuestro rol de padres cambia, pues no se espera de nosotros lo mismo que cuando nuestros hijos eran más pequeños y vivían en nuestra casa, bajo nuestras reglas y a nuestro cuidado.

Espero que cuando llegue el momento en que tú y tu hermana decidan hacer su propia familia y su propio hogar, pueda yo seguir el ejemplo que mis padres tuvieron conmigo; una relación de absoluto respeto y apoyo, es decir, que siempre han estado atentos a lo que uno pueda necesitar, pero también han sabido guardar la distancia y la prudencia, conscientes de que su opinión no siempre es necesaria, y que cuando se solicita, no es la única que se toma en cuenta ni necesariamente la mejor.

Esto que escribo en unos cuantos renglones, implica un alto nivel de madurez y un respeto ejemplar hacia la nueva pareja, que honestamente no todos los padres saben tener, y que en muchos casos no están dispuestos a aceptar. Sin embargo conviene aclarar que para que los padres entiendan, acepten y asuman su nuevo rol, los primeros que deben aceptar ese nuevo rol de los padres, son precisamente los hijos.

Querido hijo, todavía eres pequeño para entender esto, pero en nuestro papel de hijos al formar una nueva familia, debemos reconocer que estamos formando un nuevo hogar y se esperaría que como cónyuges asumamos el control de nuestra nueva vida, y que no pensemos que serán nuestros padres quienes  vengan a solucionar nuestros problemas, ni considerar que ante la aparición de los primeros problemas conyugales,  vamos a salir corriendo a refugiarnos a la casa de nuestros padres ante la impotencia de saber afrontar nuestra responsabilidad.

Cuando somos papás de hijos pequeños, la vida nos va enseñando qué y cómo educar a nuestros hijos, y con aciertos y errores vamos avanzando en el proceso del aprendizaje hasta que en un santiamén los hijos se hacen grandes y de pronto se van de la casa. Eso no está mal, por el contrario, creo que es lo mejor que le puede pasar a cualquier familia, preparar a los hijos para que eventualmente logren independizarse. Por lo mismo, como padres debemos evitar convertirnos en:

-         Padres controladores. Aquellos que les organizan a los hijos su vida, sus agendas y hasta sus comidas, con citas y compromisos “familiares” que tienen carácter de obligatorios sin considerar que la nueva familia puede tener otras prioridades.

-         Padres Entrometidos. Aquellos que quieren saber todo acerca de la nueva forma de vida de su hijos. No se nos olvide que nuestro hijo o hija ya tiene una pareja y por lo tanto alguien en su vida, que es más importante incluso que sus mismos padres. Así que tendrá derecho a dosificar la información y los detalles como mejor le plazca. Es decir, jamás será bien visto andar preguntando lo que no nos incumbe. Y para decirlo claramente, ser padres no nos da derecho a entrometernos en la vida privada ni mucho menos de pareja de nuestros hijos.

-         Padres que juzgan a los demás (con mucho respeto). Tampoco caigamos en el error de pensar que nuestra forma de vida es la mejor o menos aún, la única correcta.  Cuando los hijos salen del hogar, aprenden nuevas formas de vivir y de pensar, y puede ser que las nuevas formas lleguen a tener más influencia que las costumbres que siempre han existido en su familia. Si no hicimos un buen trabajo formando a nuestros hijos cuando fueron niños, por favor no lo queramos hacer cuando son adultos.

-         Padres celosos de sus hijos. Los que compiten con la pareja por tener la atención, el tiempo y el cariño de los hijos. Generalmente estos padres, se esfuerzan en descalificar cualquier idea, comentario, sugerencia, costumbre o forma de pensar que proceda de la familia política, poniendo al hijo como comúnmente se dice, “Entre la espada y la pared”. Y siempre exculpando sus palabras y sus acciones mediante el dicho de “…es por tu bien”

En fin, hijo, estos son unos de los comentarios que te puedo hacer con respecto a este capítulo, sin embargo no lo quiero concluir sin una última recomendación.  Así como los hijos apreciamos que los padres respeten nuestra vida conyugal, así los hijos debemos respetar su nueva rol de padres y eventualmente de abuelos. Es decir, no seamos hijos incongruentes, muy buenos para exigir que se respeten nuestros derechos pero muy malos para acordarnos de nuestras obligaciones. 

Un hogar nuevo, una casa nueva, y una familia nueva, demandan responsabilidades que no les corresponden ni a nuestros padres ni a nuestros suegros.  Hay parejas que a pesar de tener varios años de casados, siguen viendo a los padres y suegros como proveedores eternos y niñeras gratuitas. Si queremos ejercer derechos como adultos, debemos afrontar las responsabilidades como adultos también.


jueves, 8 de enero de 2015

"10 AÑOS no son nada... son todo" El Matrimonio antes de la Llegada de los Hijos (Capítulo IX)

Como te estaba contando, querido Pablo, cuando tu mamá y yo nos encontrábamos en esta etapa del matrimonio en la que ya estás casado pero todavía no tienes hijos, recuerdo que pensamos:
- Este es el momento de hacer cosas extraordinarias, ya que si no las hacemos ahora, después (con la llegada de los hijos) será más complicado.

Y conste que no dije, será imposible, sólo dije – Será más complicado.

Pensando de esta manera, nos propusimos cumplir cada quién un sueño. Algún deseo que tuviéramos guardado y que quisiéramos vivir juntos. Después de pensarlo poco, tu mamá dijo que a ella le gustaría ver de cerca a las ballenas grises en Baja California. Y yo, decidí que quería conocer Nueva York.

Con una casa pequeña y dos ingresos en la familia, es fácil hacer planes de esta magnitud. Ni tardos ni perezosos definimos las fechas y nos preparamos para hacer sendos viajes antes de encargar familia.

Primero nos fuimos a Guerrero Negro en Baja California, el deseo de ver de cerca a las ballenas se convirtió en un deseo de dos.

Recuerdo que volamos a Hermosillo y luego en un avión muy pequeño llegamos a nuestro destino. Nos instalamos en un modestísimo hotel y al siguiente día por la mañana estábamos en una balsa de fibra de vidrio de no más de 8 mts. de largo adentrándonos a la boca donde la laguna ojo de liebre se junta con el océano.

El lanchero apagó el motor de la lancha y dijo, - ya sólo hay que esperar a que se acerquen.

Los chorros de agua que salían por los espiráculos de la ballenas se comenzaron a escuchar a lo lejos y poco a poco se fueron acercando a donde estábamos, la emoción fue creciendo, resultaba difícil creer que estábamos prácticamente a la deriva rodeados de aquellos animales que nos sobrepasaban por mucho en peso y en tamaño. De pronto vimos como una ballena se dirigía de frente hacia la lancha… - Ahí viene una – gritó alguien. No sabíamos lo que iba a suceder. La ola se venía levantando frente a nosotros cada vez más cerca; señal de que la gran ballena se acercaba, de pronto fue visible bajo el agua y pasó nadando por debajo de nosotros. La lancha ahora se sentía más pequeña comparada con el tamaño de aquel animal que no terminaba de pasar. Su silueta se fue haciendo delgada hasta que al final una gran aleta subía y bajaba impulsándola hacia adelante.

Estuvimos con las ballenas casi una hora, pudimos verlas junto con sus crías e incluso tocarlas. Es increíble como unos animales de ese tamaño se muestran dóciles ante un grupo de extraños que invaden su hábitat. Disfrutamos mucho ese paseo, en el mismo recorrido vimos algunas focas y leones marinos. Pero nada, nada como las ballenas.

Retornamos a casa y un par de meses después nos dimos cuenta de que estábamos embarazados. No había tiempo que perder, nos quedaban pocos meses para conocer Nueva York.

Volamos cuando tu mamá tenía 5 meses de embarazo. Llegar a la gran manzana fue excitante. La ciudad más cosmopolita del mundo nos recibía como recibe a millones de visitantes. En una semana fuimos a teatros, museos, restaurantes y recorrimos las calles a pie, en taxi, en metro y autobús. Todo con tal de conocer los lugares más emblemáticos y atractivos de la ciudad. Es obvio decirlo pero lo digo, una semana fue insuficiente para ver todo lo que hubiéramos querido. Sin embargo, mi gusto estaba satisfecho por el momento. La ciudad que nunca duerme nos dio su mejor cara y nos hizo gozar durante toda nuestra estancia.

No pretendo, querido Pablo, que vivas una vida como la mía. Mi vida no es ejemplo de nada ni debe ser un modelo a seguir para nadie. Lo que pretendo transmitirte es que en aquel momento viví con intensidad un sueño que estaba a mi alcance. Como dice la canción: “Gocé y disfruté no se si más que otro cualquiera, si bien, todo esto fue a mi manera”. Y eso es lo que quiero que aprendas, a vivir y a disfrutar las cosas, a tu manera. Si te toca vivir un momento como el que me tocó a mi, aprovéchalo para cumplir alguno de tus sueños, lo disfrutarás enormemente compartiéndolo con tu pareja.

El tiempo nos apremiaba, el embarazo cada día se notaba más, nuestros sueños de aquel entonces estaban cumplidos, era momento de entrar a una etapa nueva de la vida, había que volver a casa y acondicionar el nido para recibir a nuestro primer hijo.



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domingo, 4 de enero de 2015

"10 AÑOS no son nada... son todo" El Matrimonio Antes de la Llegada de los Hijos (CAPÍTULO VIII)

Sin embargo, querido hijo, el matrimonio antes de tener hijos, es una gran etapa, en el sentido positivo es como un noviazgo perfecto, es esa extensión del noviazgo en donde ahora finalmente puedes hacer cosas que en el noviazgo no podías, o no era tan sencillo, quizá porque lo tenían prohibido, quizá por evitar malos comentarios, o porque socialmente no era bien visto. Aquí podrán pasar todo un fin de semana sin salir de casa y sin quitarse la pijama, es comenzar a disfrutar a tu pareja de una forma como nunca antes lo habías hecho. Sin embargo no todo es miel y dulzura, en esta parte también hay responsabilidades que antes no les competían y ahora deberán afrontar, como quién cocina, quién lava los platos, quién recoge lo que esté en el piso, quién lava el baño o quién saca la basura. Quién va al supermercado a surtir la despensa, quién se encarga del jardín y quién lava y plancha la ropa. Será fácil suponer que ambos tienen las respuestas, sin embargo, lo divertido, o más bien, el reto, es darse cuenta que las respuestas no coinciden. 
Para muchas parejas es sencillo suponer que si en casa de mis padres no lo hacía yo, ahora tampoco tengo porqué hacerlo. Recordemos que en casa de nuestros padres teníamos un rol definido y ahora tenemos otro distinto. Creo que aquí radica el conflicto de muchas parejas, que llegan al matrimonio y quieren conservar sus usos y costumbres o derechos y obligaciones de solteros. Debemos estar conscientes de que habrá cambios y la primera persona que espera un nuevo rol de ti es tu pareja.
Será fácil suponer que las cosas agradables de la nueva vida serán divertidas, y seguramente ambos estarán dispuestas a hacerlas, como: Vivir en una casa decorada a tu gusto, estrenar una cocina reluciente, usar una vajilla recién desempacada, preparar una pasta o una ensalada usando utensilios nuevos y brillantes… pero también habrá cosas que no serán tan agradables y “alguien” las tiene que hacer, y hay que ser consciente de que no siempre se cuenta con personal de apoyo o servidumbre para que haga lo que no nos gusta. Alguien tiene que recoger, lavar y guardar todos los trastes que se ensuciaron, limpiar la cocina y sacar la basura, etc.… Nuestro nuevo rol como pilares de una nueva familia, nos demandará madurez para aceptar este cambio y responsabilidad para asumirlo.
Una parte muy divertida de esta etapa del matrimonio, es el hecho de poder decorar tu casa de acuerdo a tus gustos personales, ya no tendrás que lidiar con los muebles, cortinas, ni candiles de la casa de tus padres, aquí tendrás toda la libertad y hasta donde tu presupuesto te alcance, para acondicionar tu espacio a tu gusto, y al de tu pareja por supuesto.
Aquí, querido hijo, te vuelvo a hacer la misma recomendación de otras veces, escoge bien las batallas que quieras ganar, la casa es para los dos. No es sólo tu guarida ni la de tu pareja, es la casa de ambos, es donde pasarán tiempo juntos y donde recibirán visitas en la medida que así lo determinen y donde comenzarán a formar su hogar.
Pintar y decorar tu casa puede ser muy divertido. Le darán a cada espacio el carácter que quieran y que deseen proyectar, podrán hacerse de muebles y accesorios de acuerdo a sus gustos y preferencias. Recuerda que una casa generalmente tiene muchos espacios y detalles. Los tuyos, los de ella y los de ambos. Así que por el bien y la estabilidad emocional de la pareja, antes de opinar, piensa bien si estás en un espacio tuyo, suyo o de los dos.
Una de las grandes ventajas de nuestros tiempos en esta etapa del matrimonio, es que generalmente ambos trabajan y ganan sueldo.
Esto les permite darse ciertos lujos sin depender de nadie más. También cuentan con toda la libertad como pareja y la practicidad de poder hacer cosas sin necesidad de planes previos.
En esta etapa es factible que la pareja decida en cualquier momento hacer un viaje de fin de semana, o salir a cenar o al cine sin tenerlo previamente planeado. Casi cualquier ocurrencia será factible de realizar y les llevará unos minutos tomar las llaves y la cartera y estar listos para partir.
Con estas facilidades en mente, mi recomendación es que aprovechen este tiempo para llevar a cabo algunos de sus sueños. Trataré de ser más específico para que veas qué fue lo que hicimos tu mamá y yo, te lo voy a platicar con todo detalle. (En el siguiente capítulo…)

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jueves, 25 de diciembre de 2014

"10 AÑOS no son nada... son todo" El Matrimonio Antes de la Llegada de los Hijos (Capítulo VII)


Querido hijo. La primera vez que vayas a hacer el súper junto con tu pareja, debes llevar una buena cantidad de dinero. Tendrás que comprar muchas cosas por primera vez porque en tu casa no habrá casi nada, así que además de lo que comprarías en una semana normal, debes comprar: la cubeta, la escoba, el trapeador, la sal, el azúcar, pimienta y especies en general, el servilletero, mantelitos para la cocina, jabones y detergentes, papel sanitario, en fin, tienes que recorrer todos los pasillos del supermercado y cada quién llevar un carrito, pues en uno solo, las cosas que requiere una casa nueva, seguramente no van a caber.
Recuerdo el primer día de nuestra rutina normal, desayunamos algo ligero y cada uno se fue a su trabajo, cuando llegamos a la casa a la hora de la comida, los trastes del desayuno no se habían lavado solos y nadie había preparado la comida. El diálogo fue más o menos así:
- ¿Hiciste la comida?
- No, ¿y tú?
- Tampoco.
- Ok, comamos atún con galletas saladas.

Ahí comprendimos que si queríamos comer cosas ricas y saludables, debíamos hacer la comida una noche antes, para que al siguiente día, sólo llegáramos a recalentar.
Comenzamos a distribuirnos los roles de toda la casa, recuerdo que yo me encargaba de la cocina y tu mamá de todo lo demás. Esto es algo que cambia de pareja a pareja, lo importante es que ambos estén de acuerdo en colaborar y en que cada uno haga lo que le toca.
También conviene de vez en cuando alternar roles para ayudar en todo y saber hacer de todo, porque uno nunca sabe cuándo se van a ofrecer diferentes cosas. Y claro que en este “ponerse de acuerdo” puede haber diferencias. Aquí el reto es aprender a “ceder de buenas”, porque si hoy cede uno y seguramente mañana cederá el otro. Además ceder de mala manera no tiene ningún mérito.
El primer reclamo lo recuerdo como si hubiera sido ayer:
- Pusiste el papel del baño al revés
- ¿Eh? – yo ni siquiera sabía que el papel de baño tenía derecho y revés.
- Que pusiste el papel de baño al revés, se debe poner con el papel colgando por detrás del rollo, no por delante.

Si yo hubiera querido, aquel reclamo hubiera sido suficiente para que volviera a arder Troya. Pero como para que haya un pleito se requieren dos… pregunté - ¿Así? – mientras giraba el rollo de papel.
- Si, así esta bien.
- Órale.

En ese momento me di cuenta de que en la otra familia había usos y costumbres que no había en la mía. Luego tenía dos alternativas, o confrontaba las ideas o las adoptaba según fuera el caso.

La solución fue muy sencilla, decidí adoptar aquellas cosas que no me causaran ningún conflicto, (como la posición del rollo de papel) - ¿Así lo quieres?, así lo pongo. Y también decidí confrontar aquellas que sí me generaran alguna molestia o que simplemente pensaba que había otra forma de hacerlas mejor.

El motivo para discutir es lo de menos, cuando se traen ganas hasta una galleta es pretexto suficiente. Sin embargo, hasta para discutir tiene que haber reglas.

No se valen los insultos, no se valen los golpes, no se valen los chantajes, no se vale (aunque reconozco que a veces es una buena salida) dormirse enojados.

Recomiendo ampliamente que los problemas caduquen a las 24 horas de haberse suscitado, es decir, no se vale pelearse por un problema que sucedió el mes pasado, no se vale discutir sobre lo que pasó en las vacaciones pasadas o en la navidad pasada, o en mi cumpleaños del año pasado, etc. Si hay algún problema o se arregla o se perdona y se olvida para siempre. En la medida de lo posible es mejor resolverlo y no postergarlo.

En qué casos te recomiendo recurrir al perdón y al olvido; cuando el problema tiene lugar una sola vez, y seguramente no volverá a suceder. Si vas a una reunión y resulta que en la reunión está una persona que te incomoda, perdona y olvida, dale vuelta a la página, no te ancles al problema, no lo sigas cargando, no vale la pena estropear ese momento por un conflicto que sucedió hace tiempo o que seguramente no va a prosperar más.

¿Cuándo conviene confrontar?, cuando la situación te perjudica y temes que se pueda volver a repetir, ahí si es conveniente hablar claramente sobre lo que te molesta para evitar que se repita, estos diálogos acercan mucho a la pareja, hacen que el camino que los une esté más despejado. Además, en casi todos los casos, tomar la iniciativa, servirá para que tu pareja también se anime a tocar algún tema que le resulte importante.

Dicho de otro modo, considero que algunos problemas pueden pasarse por alto, pero deberán ser solo aquellos que no causen conflicto ni a uno mismo, ni a la pareja. Es decir, si tu pareja hace algo que no te parece correcto, antes de reclamar, pregúntate si aquello fue una situación única, y valora si vale la pena discutir por algo que “ya pasó”. Si por el contrario se trata de una situación que se puede repetir, entonces si conviene aclarar con la pareja que aquel comportamiento nos causa molestia para que se arreglen las diferencias antes de que el evento se vuelva a presentar. Se trata de prevenir que un evento incómodo se repita y genere un problema mayor. Digamos que es una forma amable de advertir que “sobre aviso, no hay engaño”.