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domingo, 18 de junio de 2017

Diálogos con mi hijo


Mi pequeño Pablo me preguntó:

-¿Qué te gustaba más, ser niño o ser adulto?
- Me gustaba más ser niño cuando era niño, pero ahora me gusta más ser adulto.
- ¿Por qué?
- Porque todas las etapas de la vida son bonitas, siempre y cuando las sepas disfrutar.

Si cuando eres niño te la pasas deseando ser adulto, estarás perdiendo el tiempo, porque desearlo no te convierte en adulto, ni te podrás divertir como si lo fueras. Así que más te conviene aprender a disfrutar la vida como niño mientras lo seas.

También funciona igual cuando eres mayor. A mí de nada me serviría querer volver a ser niño, porque eso no va a suceder. Así que prefiero disfrutar la vida de acuerdo a la edad que tengo, porque de todas formas esa tengo.

Así como hay  niños y adolescentes que les encantaría ser mayores, también hay adultos que darían todo lo que tienen por volver a ser jóvenes y hasta niños.  Tal vez dejaron cosas pendientes por hacer en aquellas etapas, o quizá no quieren aceptar que la vida avanza y que es mejor avanzar junto con ella.  No lo sé.

Tu por ahora diviértete como niño, cuando crezcas aprende a disfrutar la vida como joven y luego como adulto. En esos pequeños secretos, la vida esconde sus mejores tesoros y te los da como si fuera una gran recompensa.

-          -    ¿A ti ya te la dio?
-          -    Por supuesto que ya
-          -   ¿Cuándo?
-  Cuando me convertí en papá.

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domingo, 19 de junio de 2016

Mi superhéroe favorito…

Entre los superhéroe de prestigio, pocos recuerdo que tenga descendencia…
Sólo viene a mi mente Mr. Increíble quien se distinguía por ser el guía de una familia entera de personas con poderes especiales. Bueno, pues él es mi superhéroe favorito.
Reconozco que a veces quisiera tener la vista especial de Superman, para poder leer lo que hay detrás de esas miradas que me lanzan mis hijos y saber lo que piensan.
También por momentos quisiera tener la elasticidad del Hombre Araña para poder seguirles el ritmo a mis pequeños cuando me piden que juegue con ellos.
Por momentos quisiera tener la velocidad de Flash para llegar a casa con ellos cuando estoy atorado en la oficina o en el tráfico de la ciudad.
Y por qué no decirlo, con frecuencia quisiera tener la fuerza de Hulk, para poder controlar mi carácter y mi temperamento cuando la paciencia se me agota, y los angelitos insisten en ponerme a prueba.
Y ni qué decir de tener el martillo de Thor o el escudo del Capitán América para usarlo cuando me hacen sacar mis más bellos sentimientos haciéndome enojar.
A veces también quisiera tener todos los recursos que tiene Tony Stark, es decir Ironman, para... (Bueno, es obvio).
Pero la verdad es que no tengo ninguno de esos poderes. De todos ellos lo más parecido que tengo de un superhéroe es la panza de Mr. Increíble. y no me da mucho orgullo reconocerlo. Ah pero hay algo más…, también como él tengo a la familia por la cual; como muchos papás, hago todo lo que hago.
Que bueno que Batman o Supermán o cualquiera de ellos tengan súper poderes, la verdad es que sin ellos, los pobres no serían nada. Yo estoy seguro de que si supieran lo que es la fuerza del amor filial, reenfocarían sus caminos y en vez de andar salvando al planeta, se avocarían a tener hijos.
Feliz Día a todos los papás, especialmente a los que, no se han conformado con tener hijos, sino que se preocupan cada día por darles lo mejor de si mismo.

miércoles, 8 de junio de 2016

El Día Más Feliz de mi Vida

Hace un par de semanas, fui con mi esposa y mis hijos a dar un paseo en bicicleta en el parque metropolitano de nuestra ciudad. El total del recorrido me costó $ 25.00 por cada bicicleta y fue suficiente para dejarnos a todos con la lengua de fuera.

Cuando terminamos el recorrido, mientras nos reponíamos del cansancio disfrutando unas paletas de hielo, mi hijo de 8 años me dice: 
- Papá, este es el día más feliz de mi vida.
-       -   ¡Que bueno!, hijo – lo dije con una sonrisa sorprendido por aquella declaración que en principio me pareció exagerada - qué gusto me da que te estés divirtiendo, yo también estoy muy contento. – terminé de decirle mientras lo abrazaba.

Luego pensé,  ¿Con qué poco esfuerzo se puede lograr tanta felicidad en un niño?, a tal grado que sienta que un paseo en bicicleta con su familia es suficiente para hacer de ese día el día más feliz de su vida. Seguro se debe a que es un niño y con su corta edad, no sabe lo que dice…, reconozco que llegué a tener  ese arrogante sentimiento.

A pesar de que el comentario duró poco, la verdad es que tardé mucho rato en poder quitarme de la mente eso de “el día más feliz de mi vida”.  El tema lo seguí pensando un par de días más, y llegué a la conclusión de que para mí, aquel domingo también fue el día más feliz de mi vida. Y todo por una sencilla razón.  Es verdad que en la vida, he pasado por momentos felices, como cuando nacieron mis hijos, o el día de mi boda,  mi graduación,  o cuando recibí un reconocimiento, etc. es cierto, todos esos días me sentí feliz, y quizá fueron los más felices de mi vida hasta ese entonces.  Pero también es cierto que el domingo aquel, no lo cambio por ninguno de los días anteriores, pues salir con mi familia a dar un paseo en bicicleta, donde puedo ver a mis hijos y a mi esposa sanos y divertidos, no requiere nada más para que yo pueda decretar que también para mí, aquel domingo, ha sido el día más feliz de mi vida.

Quizá jamás he hecho nada tan relevante como para declararlo como el día más feliz de mi vida, o tal vez la vida me ha dado un hijo filósofo, pero no creo, es más probable que mi soberbia de adulto me haya hecho creer que lo sé todo, cuando en realidad sobre las cosas importantes, a veces uno no sabe nada y por lo mismo no valora uno lo que tiene. Esta experiencia me hizo ver que la vida me ha dado tanto a cambio de tan poco… que más me vale sentirme agradecido y evitar volver a juzgar a mis hijos sin antes recordar que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad.

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miércoles, 13 de junio de 2012

Carta a Dios de un hombre que se ha convertido en padre

Querido Dios:

Otra vez yo, y ahora con un tema que me emociona y me apasiona: la paternidad.

Tener un hijo, es fácil. Ser padre, es muy difícil.

Casi todos sabemos o que significa ser hijo de alguien. Pero ser padre de alguien, es algo único, que en mi experiencia no se parece a nada.

Desde antes de nacer, ya era hijo de mi padre, y aunque no o recuerdo, estoy seguro de que podía sentir su protección y su cariño. Desde que nací, recibí de él su mismo nombre, ¡Qué honor! y ¡Qué compromiso!

Con el tiempo también he recibido de él su amor, su ejemplo y su disciplina. (no sé si en ese orden, pero da igual).

Ahora que yo también soy padre, es cuando entiendo todo lo que él sería capaz de hacer por mí, y por lo mismo, lo comprendo mejor y lo quiero más. Y la misma analogía, me sirve para amarte más a ti, porque cuando veo lo que mi padre sería capaz de hacer por mí, pienso en lo que ty ya has hecho por todos nosotros. En serio que no tienes límites.

Pero te cuento, un buen día, llegó mi prueba de fuego; mi esposa me dijo que íbamos a tener un hijo varón. Traté de imaginar a mi hijo y no lo conseguí. Ahora ya sé por qué, la imaginación también tiene límites, y era imposible imaginar tanto amor.

Ahora que lo tengo conmigo, veo que todo lo que me habían platicado del tema, es apenas una mínima idea de lo que es tener un hijo.

Recuerdo cuando me inicié como jardinero, creo que ese oficio lo inventaste para que los hombres nos pudiéramos entrenar en la tarea de criar a nuestros hijos. Y es que las labores de un jardinero, y las del padre; guardadas las proporciones y los afectos, tienen ciertas similitudes.

El jardinero, antes de tener plantas a su cuidado, ha de preparar la tierra donde las va a poner y el agua que va a necesitar. Después siembra las pantas o las semillas y entonces viene la parte que requiere mayor cuidado y mayor paciencia: estar al pendiente de ellas todos los días (igualito que con los hijos).

Las plantas crecen, y lo hacen en un entorno en el que hay nutrientes, pero también hay plagas, hay agua que las alimenta y las refresca, pero también hay viento y sol intenso que en extremo las daña. Y por eso existe el jardinero, porque al igual que un padre a un hijo, debe estar al cuidado de ellas, del entorno, de vigilar su crecimiento y de ayudarlas a ser grandes y a dar frutos.

Sin embargo pienso que la labor más dura, donde verdaderamente se pone a prueba nuestro amor como padres ( o como jardineros), es cuando detectamos que nuestra planta va creciendo torcida, o que un brote está tomando una dirección que no es la correcta, ahí es donde tanto los padres como los jardineros hemos de echar mano de la despiadada tijera y cortar de tajo aquella rama que comienza a crecer en la dirección equivocada.  ¿Es doloroso para la planta? ¿ es doloroso para los hijos? Yo pienso que si, tan doloroso como lo es para el padre o para el jardinero. Pero ¿No debe acaso un padre ser capaz de infligir dolor a sus hijos, cuando este dolor es por el bien de ellos,  y sobre todo, cuando este dolor no es otra cosas que producto del amor?

¿Será justo, medir el amor a los hijos, en función del dolor que somos capaces de provocarles, cuando sabemos que ese dolor es por su propio bien? Creo que esa respuesta sólo la tienes tú, porque eres el único que puede hablar de ese tema con toda la solvencia moral y espiritual posible. Por eso ante ti, padre de todos los padres, me quito el sombrero.

P.D. Gracias por prestarme un hijo, que desde antes y todavía ahora, sigue siendo un hijo tuyo.
Un obsequio, a todos los papás http://www.youtube.com/watch?v=gQV47BoIjzY