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domingo, 17 de mayo de 2020

Cuando me dé Coronavirus

¿Es usted de los que se prepara cuando va a presentar un examen, o de los que llegan esperando que sea de opción múltiple, para aplicar el mantra: “Ave María dame puntería”?
Se lo pregunto porque el virus que nos ronda, es como un examen de salud, donde es mejor llegar preparados.
Mi hijo me vio entrar de la calle sudado y jadeando cuando regresaba de hacer ejercicio y con su peculiar encanto de puberto, me saludó con un: “Guácala”
- Aprende, - le dije - Me estoy preparando para cuando me dé coronavirus.
- ¡¿QUÉ! ¡¿TE VA A DAR?! – Me increpó visiblemente preocupado y pelando sus grandes ojos.
- No lo sé, pero si me da, espero que me haga los mandados.
Se ha dicho hasta el cansancio, que el virus es altamente transmisible aunque escasamente letal, y si bien lo primero preocupa, lo segundo tranquiliza un poco. También sabemos que la mayoría de los enfermos, transitan con pocos síntomas o incluso sin ellos, y sólo en algunos casos la enfermedad se agrava y puede tener consecuencias fatales, pero aun así, ¿A quién le gusta jugar a la ruleta rusa?
Quizá ninguno queramos contagiarnos, pero reconozcamos que a pesar de las precauciones, el riesgo existe. Así que repasemos algunos temas antes del examen.
Si me llego a contagiar:
¿Estoy preparado mentalmente para aceptarlo sin entrar en pánico, y asumir mi contagio con responsabilidad?
¿Puedo aislarme en mi casa, para tratar de no infectar a otras personas que puedan ser más vulnerable que yo?
¿Tengo a la mano el teléfono de algún médico para que me asesor en caso de tener síntomas?
¿Cuento con alguien de confianza para que me ayude con mis responsabilidades personales, familiares o laborales durante el tiempo que esté enfermo?
¿He hablado de esta posibilidad con alguien?
¿En mi trabajo o mi empresa, tengo algún plan para que las cosas sigan caminando aunque yo no esté ahí?
¿He cuidado mi saludo en los últimos años, como para enfrentar a este enemigo, de la mejor manera posible?
¿Tengo ahorros como para cubrir la enfermedad o alguna otra contingencia?
¿Tengo mis documentos importantes en regla, como para que alguien pueda hacerse cargo de ellos en mi ausencia?
¿Sabe alguien más, si tengo dinero guardado en el banco o en algún lado y cómo disponer de él en caso necesario?
¿Tengo algún seguro de vida o gastos médicos?
¿Tengo testamento?
¿Tengo algún tema pendiente, o guardo algún secreto que deba comentar con alguien?
A pesar de las provisiones que uno pueda tener, quizá nunca se está lo bastante preparado como para dejar este mundo. Pero no se trata de ser fatalista, sino de pensar de forma responsable.
Ahora bien, si leyendo las preguntas anteriores, se dio cuenta de que tiene algún pendiente por resolver, resuélvalo. Aproveche que está sano, consciente y viviendo un compás de espera forzado por las circunstancias.
Si algo tenemos seguro en la vida, es la certeza de que algún día nos enfrentaremos con la muerte. No conviene hacer desidia en los asuntos fundamentales. No conviene heredar problemas ni dejar asuntos sin resolver. Platicar de estos temas con alguien de confianza nos eliminará una carga adicional en caso de enfermarnos, y si por desgracia algo así ocurre, podremos utilizar lo que nos quede de fuerza física y mental para recuperar la salud, sabiendo que las cosas que pudimos prever, las previmos adecuadamente. Digamos que es llevar a la práctica, un principio de planeación que funciona para todo: “Espere lo mejor, pero prepárese para lo peor”.

lunes, 27 de abril de 2020

La Convivencia en Tiempos de Cuarentena.

¿Se imagina si nos fallara el Internet?,
¡Tendríamos que convivir en familia!
Eso se dice fácil, pero no lo es tanto, porque las familias son muy diversas, y aunque las necesidades básicas puedan ser similares, en las particularidades de cada casa, hay diferencias importantes.
Consideremos que en algunas casas hay personas viviendo solas, otras personas viven en pareja, otras con bebés o niños pequeños, otros con adolescentes o jóvenes, en muchas casas viven adultos y en muchas también adultos mayores, y por supuesto, en cada una, alguna de las combinaciones posibles que se pueden dar entre todos estos grupos generacionales, haciendo muy diversas las necesidades de espacio, alimentación y tiempo, y por supuesto los gustos, aficiones y preferencias de cada caso.
También pensemos que así como hay casas con suficiente espacio para que los miembros que la habitan convivan, pero también se aíslen por momentos para tener tiempo personal incluso en soledad. La mayoría de las casas, no son así. No es lo mismo pasar los días en una casa con recámaras individuales que compartidas, o con patios grandes que pequeños, o con terrazas o balcones, y por supuesto, en las más de ellas, con espacio insuficiente para la comodidad óptima de la familia.
¿Y qué tal la variable de los recursos con los que se cuenta?, ¿Se imaginan una cuarentena con la mitad de los recurso que usted tiene?, pues no dude ni por un segundo, que hay muchísima gente viviendo así y con menos que eso. Y no me refiero al internet, que por supuesto que en esto tiempos ayuda mucho; aunque no deja de ser un lujo. Hablo de gente que está viviendo sin ahorros, con ingresos precarios, con problemas de salud, con necesidades específicas de alimentación, o con deudas; que ahora menos que nunca va a poder pagar.
El aislamiento que en mayor o menor medida estamos viviendo y al que por momentos no se le ve “pa´cuándo”, es un fenómeno que nos está poniendo a prueba a todos. Ahora bien, nadie piense que el reto de nuestra casa, es el mismo que el que se vive en la casa del vecino o del amigo. Por ejemplo, los que tienen bebés están pasando apuros que ni imaginamos los que vivimos con adolescentes; y viceversa, y de igual forma, poco sabemos sobre los retos que afrontan quienes están conviviendo con personas enfermas, con alguna discapacidad o de la tercera edad. Así que no caigamos en el error de juzgar, procuremos estar receptivos cuando hablemos con los demás y tratemos de escuchar con empatía, hay personas que lo único que necesitan es que alguien las escuche por un momento, entendamos que cada uno está librando su propia batalla.
Lo único que nos hermana en este tema por igual, es que como seres humanos, todos tenemos la necesidad de sentir afecto, de sentirnos acompañados y que no estamos solos en esto. Así que cada vez que pueda, hable del tema con su familia, llame a sus parientes y amigos, haga contacto de alguna forma, llame por teléfono, haga una videollamada, mande algo a esa persona como entrega a domicilio, sorpréndala con un detalle, escriba un correo electrónico, escriba una nota a mano y mándela con alguien, o tómele una foto y mándela de forma digital. Verá que el efecto que causa en quien la recibe vale mucho la pena.

domingo, 8 de diciembre de 2019

No es lo mismo vivir lejos, que vivir alejado.


Diciembre es buen pretexto para todo. A José Alfredo; le gustó “pa´que te vayas”, (Así lo dijo en “Amarga Navidad”), a mí en cambio, me gusta “pa´que regrese el que se fue” o mejor aún, “para que nadie se vaya.”  En esta época, muchos nos volvemos hipersensibles y nos da por exacerbar los sentimientos.

Los que están contentos lloran de felicidad, los que se sienten solos lloran de tristeza, los que tienen un amigo se sienten dichosos, los que tienen familia la aquilatan más que el resto del año.

Júntense los que puedan, abrácense los que estén cerca, platiquen los que tengan tiempo de no verse y hagan planes para reencontrarse los que quieran multiplicar buenos momentos.

La vida no es tan larga como se cree, en algunos casos, incluso es bastante corta. La vida es como es, altamente incierta, por eso conviene procurarnos buenos ratos. Vivamos y no sólo estemos viendo cómo viven los demás.

Equivoquémonos hasta aprender, sin miedo a la crítica ni al escrutinio. Aquí no hay forma de darles gusto a todos. Vamos por lo que nos hace felices, basta de ser críticos espectadores de los otros. Aplauso a los que hacen, inmersos en una mayoría que no se atreve ni a intentar.

Revaloremos el respeto a la libre identidad y a la dichosa diversidad que nos hace diferentes, a los que son fieles a alguna convicción, aun diferente de la mía. En este tiempo comprometerse con algo requiere valor y perseverancia; virtudes cada vez más escasas. Poco suma sentir placer por la petulante creencia de saberse superior.

Mantengámonos cerca y más de los que queremos, y busquemos tiempo, un poquito de tiempo, para abrir vínculos hacia nuevas  personas. Nuestra sociedad requiere de remiendos, en algunos casos desde la familia. Diciembre es un buen momento para ello. Es bueno recomenzar con saldo en ceros.

Si acaso me extrañas, reclámamelo, si acaso para alguien vivo lejos, nunca ha sido mi intención vivir alejado. Que la tecnología nos acerque, que podamos escucharnos la voz y las risas como entonces, que no nos conformemos con leernos en palabras. Que todo sea cuestión de querer, y no tengamos necesidad de más pretextos.

Feliz Diciembre 2019.

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domingo, 28 de octubre de 2018

Crónica de una “carrera” anunciada.


Como si recorrer 5 km no fuera suficiente para mí, me animé a participar aun sabiendo que el trayecto tenía obstáculos, que no eran otra cosa que gigantescos brincolines inflables que debíamos escalar por un lado y bajar (si no es que caer) por el otro.

Llegué a inscribirme junto con mi hijo de 10 años; edad a partir de la cual los niños podían participar solos, es decir, sin la compañía obligada de un adulto, esa fue la primera señal del cielo, pero no la supe leer.

Después de un breve calentamiento en el que fue evidente mi incapacidad para realizar ciertos estiramientos, (esa fue la segunda señal pero tampoco la vi), nos congregaron en una especie de jaula al pie del primer obstáculo que tenía forma de resbaladero gigante y sin decir “agua va”,  comenzaron la cuenta regresiva.

Mi hijo Pablo se instaló entre las primeras posiciones para salir junto con los punteros, yo, consciente de mi escasa pericia con los inflables y previendo no poner en riesgo a los demás participantes, preferí que todos fueran por delante. Aplastar familias no es lo mío, así que preferí instalarme en modo de “dejar pasar”; incluso a un par de contemporáneos que estaban más o menos de mi calibre y rodada.

A la señal de arranque, todos trepaban, mi hijo en un santiamén estaba en la cima, brincó hacia el otro lado cuando yo todavía no me había ni movido, y fue la última vez que lo vi.  Comencé a escalar cuando vi que nadie correría peligro si me caía, y al llegar a la cima comprobé lo que suponía; de mi hijo y los punteros no se veía ni el polvo... (Esa fue la tercera señal y entones me pregunté: ¿Qué carajos hago en un brincolín a 6 metros del suelo?). Pero como “Aquí se apuesta la vida…”, no me quedó más remedio que avanzar… y avancé ayudado por la fuerza de la gravedad hasta llegar al suelo. Una vez apeado, comencé a trotar hasta el segundo obstáculo, en ese momento pensé en mi hijo, quien seguramente me llevaba como 100 metros de ventaja y me  acordé del chiste del toro y el becerro… pero eso lo dejaré para el final.

Seguí a mi paso siguiendo la ruta trazada y preguntándome qué sentido tenía haber hecho la carrera, si era obvio que mi hijo tomaría la delantera en los primeros 5 segundos y no lo volvería a ver hasta llegar a la meta, si es que llegaba, y en esas cavilaciones me encontraba cuando de forma solvente rebasé a mis agotados contemporáneos, quienes para ese entonces ya clamaban por una cerveza.

Avancé sin prisa pero sin pausa, pensando en que esto apenas empezaba, así que decidí dosificar mi energía y llevármela con calma, a mi edad, es más loable terminar entero, que terminar pronto. Llegué al segundo y luego crucé el tercero de los brincolines, en ese momento mi ruta se cruzaba con los que apenas iban y volví a escuchar como los de mi rodada estaban dispuestos a dar su reino por un clamato. En mi condición todavía no era para tanto, aunque ya empezaba a pensar en lo que me faltaba más que en lo que llevaba.

Por el quinto o sexto inflable escuché los gritos de una entusiasta jovencita organizadora, que me animaba: -  ¡VAMOS SEÑOR, USTED PUEDE! –  pobrecita, pensé, ¿Cómo me vería para que se haya animado a animarme?  Sin mediar palabra y viendo que se trataba de una chica generación z, le agradecí el ímpetu con una sonrisa y le di “like” sin detener la marcha.

Mientras me aproximaba al octavo obstáculo, vi que el inflable era como un enorme ring de boxeo  con obesidad, como si los planos para su diseño los hubiera pintado Francisco Botero, y para agravar la situación, el espacio lucía lleno de niños (más obstáculos), confieso que estuve tentado a rodear el artefacto para evitar un accidente, y en esas cavilaciones me encontraba cuando me acordé del casi prócer Roberto Madrazo; excandidato a la Presidencia de la República; más recordado por tomar un atajo en una carrera internacional, que por sus méritos en favor de la nación; si es que alguna vez los tuvo, y resolví que yo jamás aspiraría a ser recordado de la misma manera.  Así que resuelto y con determinación me dispuse atravesar lo que parecía una alberca de pirañas. Grande fue mi sorpresa cuando al llegar, escuché a otra organizadora gritando a los escuincles, “CUIDADO CON EL SEÑOR, CUIDADO CON EL SEÑOR”, aquel era un golpe bajo a mi vanidad casi en la recta final. Si bien contaba con suficiente energía para continuar, los gritos de la chamaca que seguro no tenía ni prepa terminada casi me hacen desfallecer. Sin embargo, recuperé el entusiasmo cuando sucedió el milagro. Algo similar debió sentir  Moisés cuando se le abrieron las aguas del mar Rojo,  porque todos los niños se hicieron a los costados y me dejaron pasar sonrientes y respetuosos. 

Para estas alturas, ya mi hijo estaba descansando y preguntándose si su querido padre llegaría antes de que anocheciera, o si debía llamar al 911 para que me buscaran.

Yo, seguía mi paso y ahora más que nunca dispuesto a terminar lo que había empezado, me dirigí al penúltimo inflable y al ver que se trataba de un túnel regordete que subía, bajaba y te hacía salir por el otro lado, comencé a tener una risa nerviosa seguramente provocada por la posibilidad de quedar atorado… aquí el mérito no consistía en cruzar, sino en caber, de inmediato recordé a mis contemporáneos y los imaginé embutidos en un obstáculo del que jamás saldrían y eso me hizo recuperar el ánimo. Subí y bajé con tal solvencia que hasta yo me asombré, y si más trámite troté hasta la meta donde me esperaba un simple resbaladero que sorteé como si fuera un experto.

Mi hijo me recibió en la meta todavía jadeante y sin haberse recuperado del todo, mientras yo (aunque media hora después) llegué casi intacto.  Nos abrazamos y nos tomamos una foto para celebrar el triunfo.  – Te tardaste mucho – me dijo.  – Pero terminé - le contesté.  

La carrera de obstáculos fue como una analogía de la vida, no es una carrera de velocidad, sino de resistencia. Y aunque es muy cierto que no existe sustituto de la victoria, también es verdad que en la vida, cada quien va corriendo su propia carrera.

Bono adiciona:
Un toro viejo y un becerro pastaban en un prado, a lo lejos una manada de vacas comenzó a mugir.
- Abuelo, - dijo el becerro - ¿Por qué no corremos y nos cogemos una vaca?
El toro viejo contestó: - ¿Por qué no mejor caminamos y nos las cogemos a todas?


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sábado, 27 de mayo de 2017

Hogar - Empresa /Tiempo para uno mismo

¿No sientes que a veces necesitas tiempo para ti mismo?, ¿No sientes que en ocasiones el trabajo y la familia acaban con tu tiempo?, ¿Que cuando finalmente ya todos se han ido, quedas tan exhausto que lo único que quieres es dormir?

A mí sí me ha pasado, y  por momentos me estresaba no poder encontrar tiempo para mí mismo. Estaba tan inmerso en mi trabajo y dedicándole a mi familia el tiempo que me sobraba del trabajo, que sentía que los días pasaban y nunca me daba tiempo para mí.  Tiempo para hacer mis cosas personales, es decir, las cosas que me gustan a mí. Yo formo parte de esa generación a la que alguien tuvo la simpleza de llamar despectivamente “Equis”, y muchos  contemporáneos estarán de acuerdo en que cuando éramos niños hacíamos lo que nuestros padres decían y ahora que somos adultos nuestros hijos quieren que hagamos lo que ellos dice, total que si nos descuidamos se nos va la vida y pareciera que lo único que hemos hecho en tantos años ha sido aprender a  obedecer.  Pero no, tampoco es así de dramático.  

La realidad es que casi siempre hago lo que nos gusta, porque lo que más me gusta es estar con mi familia y cumplir con mi trabajo. Lo que sucede es que por momentos el agobio llega a ser tanto, que uno añora tener un rato de soledad o de reposo para recargar baterías como “en aquellos tiempos”, cuando el trabajo era poco o nulo y la familia actual todavía no existía.

Si bien, siempre debe uno darse tiempo para todo, no siempre es tiempo de poder hacerlo todo, pues ciertas circunstancias personales o familiares cambian. Pero lo que si conviene hacer, es saber administrar nuestro tiempo, para poder hacer lo que nos gusta, sin demérito del tiempo que debemos dedicarle a los demás. Si a mí me gusta practicar algún deporte,  al respecto puedo escoger entre tres opciones: practicarlo solo, dejar de practicarlo por falta de tiempo, o inculcar a mi familia el gusto por dicha actividad. Así que más me conviene inculcar a mis hijos el gusto por aquello que a mí me gusta,  es decir que con ese ejemplo, podemos convivir en familia y practicar ese deporte que tanto me gusta al mismo tiempo.

Algo similar ocurre con quienes tenemos afición por la lectura. Para poder hacerlo requerimos tiempo y que nuestros hijos también aprendan a leer.  Es decir, generalmente leer ya saben, pero más nos conviene enseñarlos a que lean por placer, para que juntos disfrutemos de esta actividad, y de todo lo que ello conlleva, como entablar una buena conversación, hacer visitas cotidianas a las librerías, o dedicarle toda una tarde a pasearnos por una feria de libros.

Tiempo para nosotros mismos… es el que le dedicamos a hacer las cosas que nos gustan, pero nadie dijo que había que hacerlas solos. Por lo tanto, no debemos pensar que las cosas que nos gustan son ajenas a las que podemos hacer con nuestra familia, con el equipo de trabajo o con los amigos. Así que por qué no clasificar “las cosas que nos gustan” en grandes grupos, las que puedo hacer con mi familia, las que me gustan y puedo o  me conviene hacer con mis compañeros de trabajo y las que me gusta hacer con mis amigos.


Ahora bien, siempre habrá cosas que nos gusta hacer solos,  y está muy bien que así sea, pues siempre son reconfortantes los momentos de soledad, ya que abren un espacio a la reflexión y un momento al silencio que nos permitirá escuchar la voz de nuestra conciencia a la que pocas veces dejamos hablar. Procuremos esos momentos de soledad y aceptemos que tan importante es tenerlos, como permitir que las personas a nuestro alrededor también los tengan.

jueves, 2 de junio de 2016

"10 AÑOS no son nada... son todo" LA CONVIVENCIA CON NIÑOS DE 7 A 10 AÑOS. (CAPÍTULO XXXII)

"10 AÑOS no son nada... son todo"
LA CONVIVENCIA CON NIÑOS DE 7 A 10 AÑOS.
(CAPÍTULO XXXII)
Cuando los hijos llegan a los 7 años o más, la interacción con ellos puede llegar a ser fascinante. En esta etapa los niños pueden razonan las cosas que les decimos de un modo muy similar a como lo hacemos los adultos, salvo que siguen conservando una buena parte de su inocencia, y que evidentemente hay muchos temas de los cuales todavía no están bien enterados pero; también hay que decirlo, ya empiezan a sospechar de todo. Por lo mismo, será de suma importancia que nuestros canales de comunicación con ellos sean directos y libres de toda interferencia.
Es importante entender que nuestros hijos tendrán ganas de charlar de ciertos temas aunque nosotros no queramos, y si nosotros no estamos atentos a sus señales de información, ellos buscarán a alguien con quien hablar de lo que a ellos les interesa.
Recuerdo un festival de globos, donde nos tocó presenciar cómo fueron liberados simultáneamente más de cien globos de helio, todos rojos y con un cordel colgando. Ante aquel espectáculo, inocentemente le dije a mi hija, - ¿Ya viste?, hija, parecen cerezas voladoras – a lo que tajantemente me contestó - Claro que no, papá, parecen espermatozoides. – dejándome por supuesto con la boca y los ojos bien abiertos.
Esos destellos de conversación son alertas que nos dejan claro cómo piensan y como se sienten.
Difícil edad suele ser de los 7 a los 10 años, pues aquí comienzan a distinguirse de otros niños más pequeños y comienzan a entender que a pesar de que siguen siendo niños, no son iguales que los que tienen 3, 4 o 5 años. Así que comenzarán a ver que en algunos juegos ya no caben, o ya no les es permitido entrar.
Por supuesto que ya también han cambiado los gustos de sus programas de televisión y la música que escuchan.
En esta edad debemos ser muy cuidadosos, pues a pesar de que muchos comentarios parecen comentarios de adulto, sus mentes todavía no lo son, así que debemos cuidar muy bien nuestro lenguaje, nuestras bromas, chistes y comentarios en general cuando estemos con ellos. En ellos la malicia, la doble intención, el albur, o la picardía todavía no está presente. Además así como hay temas que empiezan a preguntar, habrá muchísimos otros que todavía no comprenden, por lo cual debemos ser nosotros quienes nos pongamos a la altura de ellos en cuanto a nivel de conversación, y no esperar que ellos se pongan a nuestra altura, pues lo único que conseguiremos será abrir más la distancia entre ellos y nosotros.
¿Alguna vez nos hemos preguntado, qué pasa por la mente de nuestros hijos cuando están a punto de dejar de ser niños para convertirse en adolescentes? ¿y alguna vez nos hemos tomado la molestia de preguntárselos? Pero no como un interrogatorio, pues estarán de acuerdo en que a nadie nos gusta sentirnos interrogados. Sino más bien como un acercamiento para que ellos sientan la confianza de podernos compartir lo que piensan.
Para ello, necesitamos ser nosotros quienes demos el primer paso involucrando a los hijos en nuestra vida diaria, en nuestros sentimiento, en nuestras decisiones, en nuestro día a día. Que no sólo seamos el proveedor o el chofer que los lleva y los trae a sus actividades, o el genio de la lámpara que les concede sus deseos y el verdugo que les cumple sus castigos, eso no tiene ni chiste ni mérito. El reto es involucrarlos en nuestra vida pero de verdad, en nuestras conversaciones, en nuestras actividades, en nuestras reflexiones, compartirles lo que sentimos y lo que pensamos y el por qué hacemos las cosas de cierta manera, o por qué es importante tener prioridades en la vida, así ellos verán que somos seres humanos con defectos y virtudes, que los podemos entender y orientar si nos dicen las cosas, y con nuestro ejemplo para ellos será más fácil aprender a compartirnos lo que sienten y lo que piensan.
Existe otra característica típica de esta edad, aquí es cuando llega el momento en que tus hijos comienzan a saber más que tú sobre algunos temas, y te darás cuenta de cómo son capaces de resolver situaciones sin tu ayuda, y realizar algunas actividades incluso mejor que tú. Es importante comprender que nuestros hijos se empiezan a hacer grandes, y que como tal merecen ser tratados. Así como en ellos ya no son aceptables los berrinches o las rabietas, en nosotros tampoco será funcionales los regaños y las nalgadas como cuando tenían 3 años. Habrá que aprender a acercarnos a ellos, sin juzgarlos ni echarles la culpa de sus reacciones. Sin estarlos vigilando ni hacer que se sientan acosados o que los queremos seguir controlando en todo. Aquí llega el momento en que vamos a ver qué tan bien hemos hecho nuestro trabajo como padres, y qué tanto hemos sido capaces de enseñarles a respetar a los demás, a hacerlos responsables de sus cosas y de sus obligaciones incluso sin nuestra supervisión.
Nuestra tarea como padres, es bien sabido que jamás termina, pero constantemente está sufriendo ligeros ajustes, pues nuestro rol para con ellos va cambiando conforme van creciendo. No olvidemos que en esta relación los adultos somos los padres, y no seamos injustos ni soberbios al pretender que nuestros hijos son los que viven en el error y que nosotros siempre tenemos la razón. Una relación sana entre padres e hijos depende de ambos, pero definitivamente los adultos tenemos una mayor responsabilidad y se supone que mayor control en el éxito de dicha relación.
Así como ellos irán aprendiendo a ser buenos hijos, también nosotros iremos aprendiendo a ser buenos padres. Más si algo puedo recomendar en pro de esa relación sana y fuerte, es que les demos a nuestros hijos, lo mismo que queramos recibir de ellos: ¿Quieres que te respeten?, respétalos. ¿Quieres que te demuestren su cariño?, demuéstraselos tú primero. ¿Quieres que hablen bien de ti cuando no estés?, habla bien de ellos siempre.
Quizá nuestros discursos los recuerden por un tiempo, pero la forma como los tratemos y como los hagamos sentir, la van a recordar toda la vida.


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domingo, 10 de abril de 2016

"10 AÑOS no son nada... son todo" CONTINUACIÓN La Convivencia Diaria con Niños de 4 a 6 Años (Capítulo XXX)

QUÉ COSAS NO RECOMIENDO CON LOS NIÑOS. Hacerles bromas, comentarios o chistes que ellos no puedan entender. Si no tenemos la disposición de explicárselos, será mejor no utilizarlos en nuestras pláticas con ellos, pues aunque el comentario pueda ser divertido para nosotros, lo único que conseguiremos será abrir más la brecha en nuestra comunicación con ellos, pues los haremos sentir que no están a la altura de nuestra plática. Comentarios como: – Cuando estés más grande lo entenderás… - acusan demasiada soberbia en una relación donde debiera prevalecer el amor.
Con respecto a las bromas, es un aprendizaje en el cual también nos corresponde enseñarle a los niños dónde sí y dónde no. Con quién sí y con quién no. Hasta dónde sí y a partir de dónde, mejor ya no. Parece mentira, pero incluso hay adultos que no saben ni siquiera lo más elemental al respecto de las bromas, como aquello que dice: “El que se ríe se lleva, y el que se lleva se aguanta” , o “No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”, pero como las bromas son parte de la vida, es mejor saber hacerlas y saber aguantarlas. Al respecto recomiendo que sólo se hagan bromas donde se diviertan tanto el bromista como para el bromeado. Ya que si sólo se va a divertir el bromista, terminará alguno de los dos pagando las consecuencias y pasándolo mal.
Es común que algunos niños en esta etapa sean conscientes de peligros que antes no les preocupaban, por ejemplo, la oscuridad, o la fobia a ciertos animales. Nunca debemos burlarnos de ningún miedo que sienta nuestro hijo, ni tratar de remediarlo con el tradicional – No seas miedoso, no pasa nada - para decirle eso, sería mejor no decirle nada. Recomiendo hablar con ellos lo más serenamente posible. Tratar de saber de dónde proviene su miedo y cómo es que éste se introdujo en su mente. Para contrarrestar dichas creencias, recomiendo un acompañamiento en el proceso de superación del miedo o de la fobia, sin que aquello parezca un interrogatorio del cual el niño se deba sentir avergonzado o culpable.
Por ejemplo: - ¿Le tienes miedo a la oscuridad? – cuando yo tenía tu edad, también sentía miedo, hasta que descubrí algunas cosas increíbles, ¿ya te diste cuenta que gracias a la oscuridad se pueden ver mejor las estrellas y los planetas? y también gracias a la oscuridad de la noche, podemos escuchar a los grillos mucho mejor que durante el día, y si conocieras las luciérnagas seguro estarías de acuerdo conmigo que la oscuridad es maravillosa…
En esta etapa de crecimiento los niños descubrirán que pueden tener mascotas (en caso de que todavía no las tengan) y solicitarán tener una en casa. A mí me pasó con mis hijos, quienes desde temprana edad me pedían que les comprara un perrito. Situación a la cual no me negué, pero sí condicioné a que ciertas conductas cambiaran – No voy a andar limpiando popó de niños y popó de perros. Nuestra mascota llegará el día que ambos dejen de utilizar pañales y de hacerse pipí en las camas. - A veces los padres tenemos nuestras mañas para lo que nos conviene.
Es verdad que en esta etapa, de los 4 a los 6 años, los niños ya pueden pasar largos ratos divirtiéndose solos o con sus juguetes, o con sus hermanos, o con sus amigos, y por lo mismo es fácil que los padres aprovechemos estos espacios para descansar o hacer algunas actividades personales. Sin embargo los niños siempre apreciarán que los involucremos en tareas en las cuales sientan que nos están ayudando. Es decir, si vamos a poner la mesa, ellos ya pueden colaborar acomodando los cubiertos o las servilletas, si vamos a preparar un sándwich por ejemplo, a ellos les encantará embarrar la mayonesa en el pan. O si vamos a limpiar algo, ellos pueden limpiar junto con nosotros… es decir, debemos involucrarlos en las actividades que nosotros hacemos para que se sientan tomados en cuenta, y que su labor es importante para nosotros.
Ojo, no lo van a hacer bien, y tampoco lo van a hacer como si lo hubiéramos hecho nosotros, incluso en algunos casos implicará un doble trabajo nuestro, pues ellos harán la tarea a su manera, y nosotros tendremos que arreglarla posteriormente, eso debemos tenerlo en cuenta, sin embargo, no se trata de hacer una evaluación de la tarea, o de ponerlos a prueba, sino de ponernos a prueba nosotros en nuestra capacidad para involucrar a nuestros hijos en la cotidianidad de la familia. Es decir, el chiste consiste en que exista una verdadera convivencia con ellos, y no sólo la coincidencia de estar cohabitando bajo el mismo techo.

sábado, 2 de abril de 2016

"10 AÑOS no son nada... son todo" La Convivencia Diaria con Niños de 4 a 6 Años (Capítulo XXIX)

Cuando los hijos crecen un poquito más, digamos cuando tienen entre 4 y 6 años, la convivencia va siendo cada vez más divertida, puesto que ellos cada vez pueden hacer más cosas como las que hacemos los padres. De hecho cada vez se parecen más a nosotros. Comienzan a imitar nuestras palabras, nuestros gestos, nuestros modos de ser y de hablar.

Por supuesto que ahora también demandan más atención que antes, o mejor dicho, de manera distinta. En esta etapa los hijos quieren ser como los padres y las hijas como las madres, quizá no somos su mejor modelo a seguir, pero sí somos su modelo más influyente. Su imaginación también tiende a desbordarse, puesto que a esta edad fantasean demasiado por tener acceso a tantos juegos, cuentos, personas y medios de comunicación.

Con respecto a esto último, me ha tocado conocer algunos padres que no toman en cuenta la censura de ciertos programas de televisión o radio, incluso letras de canciones o películas, es importante que seamos conscientes de que los contenidos de algunos medios no son apropiados para niños, y que  exponerlos a imágenes, lenguaje o conductas impropias para su edad no les aporta nada bueno y me atrevería a decir que pueden surtir un efecto contrario. Los niños a esta edad, absorben todo.

Aquí la convivencia nos irá poniendo nuevos desafíos, como el de platicar con ellos. Pero platicar en serio. Pedirles por ejemplo; que nos cuenten cómo les fue en su día, qué hicieron y con quién estuvieron.  Nos sorprenderán con lo que van aprendiendo en la escuela y en la misma convivencia con otros chicos.

Habrá que reconocer, que no todos los adultos saben entablar una conversación con un niño. Para ello se requiere “querer hacerlo” y “saber hacerlo”. Para lo primero no hay método, lo que se esperaría de cualquier padre o madre es que “quiera” vivir la experiencia de platicar con sus hijos con el mismo interés que se platica con un amigo o amiga, pues implica estar dispuesto a abrir tu mente y permitirle el acceso a tu pequeño, y que tú también te intereses por conocer lo que hay en sus pensamientos, más allá de sus palabras, porque debemos recordar que los niños saben y sienten, mucho más de lo que dicen.

Ahora que para saber hacerlo… conviene compartir algunas recomendaciones.  Con los niños se puede platicar de muchos temas. Los temas deben ser del interés del niño, más que del padre. Es decir, difícilmente vas a conseguir entablar una conversación con un niño, sobre un tema que sea del interés del adulto. si no lo es además del interés del niño.  Digamos que para eso, hay recomendaciones de nivel avanzado. Pero comencemos primero por lo básico.

A los niños les encanta hablar con adultos, siempre y cuando el adulto se ponga al nivel de su conversación.  Alguna vez escuché que nos debemos poner al nivel “literalmente” es decir, que nuestra nariz esté a la misma altura que la del niño, y honestamente creo que el consejo si ayuda, pero les aseguro que resulta más efectivo que poner la nariz, poner la mente al nivel de la mente de nuestro pequeño.

Con un niño puedes platicar sobre muchos temas, por ejemplo, lo que hizo en el colegio, pero no diciéndole - ¿cómo te fue?, ¿qué hiciste? – con eso sólo conseguirás que nos contesten – bien y no me acuerdo – muy distinto será si le preguntamos por ejemplo ¿cuál fue la parte más divertida durante todo el día? Y continuamos la conversación dependiendo de la respuesta que nos diga. Es decir, haciéndole ver que sí le estamos poniendo atención a lo que nos responde, y no simplemente estamos contestando con una respuesta automática.

Si por ejemplo nos responde que lo mejor del día fue colorear, sería lindo que queramos saber qué figura fue la que coloreó y con cuántos colores lo pintó, también será divertido si le preguntamos si todos los niños lo pintaron igual,  o si alguno lo pinto de un color distinto, en cuyo caso indagaríamos quién hizo qué y a quién le quedó mejor…  es decir, procuremos evitar preguntas de las que se responde con un sí, no, bien o mal, para estimular que el niño piense las respuestas y las elabore en forma lógica y secuencial, así se va consiguiendo una conversación.

Otra forma de entablar plática con los niños es diciéndoles: -Cuando yo era niño… - y verán cómo ponen atención, cuando uno les cuenta anécdotas que están al alcance de su comprensión, donde ellos se sienten identificados y donde ellos pueden ver que algún día nosotros también pasamos por las mismas cosas que ahora les están pasando a ellos, ya sean triunfos, miedos o derrotas.

domingo, 27 de marzo de 2016

"10 AÑOS no son nada... son todo" La Convivencia Diaria con Niños entre 2 y 4 años (Capítulo XXVIII)

Por algo a este período le llaman “Los Terribles 2”

Desde esta edad y en delante, la conversación verbal comienza a jugar un rol que antes quizá no era tan protagónico. Debido a que en esta etapa el niño comienza a hablar coordinadamente, será ahora cuando entre padres e hijos comiencen a tener diálogos. 

Aquí los padres, debemos ser conscientes y muy cuidadosos de nuestro interlocutor, cuya principal característica es la inocencia. Invaluable es la inocencia de un menor, y es absolutamente responsabilidad de los padres cuidar de ella como del tesoro que ésta encierra, pues radica en que el niño cree ciegamente todo lo que sus padres le dicen.  Y esto que parece explicarse tan sencillo tiene una gran trascendencia. Así que más nos vale estar pendientes de lo que decimos pues los niños creerán todo aquello que salga de nuestra boca.

En esta etapa los niños comenzarán a comprender el significado de las palabras y cuestionarán mucho aquello que decimos. Es importante que como padres seamos los primeros en decir la verdad, antes que exigirles a ellos que lo hagan.

Aquí la convivencia diaria será mucho más divertida que antes, pues ahora el niño es capaz de jugar juegos nuevos, incluso algunos deportes ya pueden comenzar a ser parte del juego. O para decirlo mejor, en esta edad para ellos todo es juego, comer es juego, vestirse es juego, ir de paseo al súper es juego, y bañarse… no se diga puede ser el más divertido juego. 

Aquí resulta un reto hacerles ver que hay momentos de juego y otros en donde el juego debe terminar porque si bien ellos están dispuestos a jugar todo el día, nosotros no. También es importante hacerles ver que no todos los lugares están hechos para jugar, pues justo en esta etapa es donde a ellos les parece divertidísimo correr por los pasillos del supermercado y perderse entre las tiendas del centro comercial, ocasionando sensaciones de infarto a los asustados padres que no los pueden perder de vista ni por 10 segundos.

Algunos niños  en esta edad, también asistirán por primera vez a una guardería, jardín de niños, o estancia maternal, con lo que iniciarán la convivencia con otros niños que nada tienen que ver con su entorno familiar. Es decir que el niño comenzará a socializar de forma independiente.

La socialización de los niños, no es igual que la de los padres, eso es algo que deben saber los padres.  Ellos no saben de relaciones públicas, ni de modales, si ellos se topan con un señor pelón, o con una señora gorda, o con alguien que tenga una discapacidad, o que luzca extravagante, simplemente lo van a señalar o te van a preguntar por qué la gente es así. 

También puede ser que en esta etapa surjan las primeras peleas con otros niños, y como padres no conviene sorprendernos si un buen día nos entregan a nuestro hijo al salir de la guardería con una mordida en un brazo o con un ojo morado. El día de mañana podrá ser nuestro pequeño el que le haga lo mismo a otro niño. Así que más vale que aprendamos a contener nuestro ímpetu, y actuar con prudencia, entendamos que los conflictos entre niños deben resolverse en ese nivel y no escalar el conflicto al nivel de los padres, donde seguramente todo será más difícil de resolver.

En esta etapa los niños están en la perfecta edad en la que son muy atrevidos y no miden el peligro, por lo que será común que en esta edad comiencen los accidentes. Aquí recomiendo ampliamente que los padres invirtamos tiempo en enseñar a los hijos cursos de supervivencia, en lugar de estar llenando la casa de prohibiciones.  Es decir, en vez de restringir el paso de las escaleras, recomiendo enseñarlos a subir y bajar por ellas aunque sea a gatas. En vez de prohibirles que agarren los cuchillos debemos explicarles para qué sirven y por qué no los deben usar. Sé que es complicado, pero siempre será mejor invertir tiempo en enseñarles el mundo real, que hacerles creer que hay un mundo a su medida.  

En su proceso de aprendizaje, el niño descubrirá que ante algunas peticiones de sus padres, también puede decir “No”, por este motivo, algunos nos referimos a esta nueva etapa como “la etapa del desafío”, y de igual manera, se vuelve experto en chantajes hacia papá y mamá, hasta tenerles como coloquialmente se dice, “bien tomada la medida.”


Aquí los padres ponemos a prueba nuestra fuerza controlando nuestro carácter. Es obvio que físicamente somos más fuertes que nuestros hijos pero no es en el aspecto físico donde nuestra fortaleza se pone a prueba, sino en el aspecto emocional y temperamental.  Saber hacerles entender que hay momentos para jugar y momentos para hacer y aprender nuevas responsabilidades, es tan difícil como hacerles ver que hay instrucciones negociables y otras que no lo son.  Aquel niño dócil y entendido que teníamos antes, ha quedado en el pasado. 

viernes, 25 de marzo de 2016

"10 AÑOS no son nada... son todo" La Convivencia Diaria, continuación... (Capítulo XXVII)

La convivencia con menores de 2 años

Para un niño de hasta 2 años, la vida consiste en explorar todo lo que esté a su alcance. 

Para ellos, los padres representamos seguridad.  Como ya lo dijimos, es una etapa sumamente agotadora para papá y mamá, porque los niños ya se desplazan,  y por supuesto que acompañarlos en sus desplazamientos esta es una forma de convivencia de la cual no nos podemos escapar, me refiero a caminar junto con ellos.

Otra  de las habilidades más fascinantes en esta etapa es que su lenguaje se empieza a desarrollar y entonces comienzan a hablar o a inventar sus propios vocablos.  Aquí me doy la licencia de brindar algunos consejos no solicitados para los papás. Enseñen a sus hijos a hablar correctamente, y empiecen por decirles el nombre real de las cosas.  

El perro, por ejemplo, se llama perro, no se llama gua-guá, como muchos creen, el tren se llama tren, y no chu-chú, como algunos padres suelen mentir, y por favor, no les hablen a sus hijos con voces fingidas semejando a niños chiflados, o como si fueran adultos que no saben hablar, lo único que están haciendo es que sus hijos se acostumbren a escucharlos de esa forma y al rato ellos imiten el modo, - Total, – pensarán ellos – así es como hablan mis papás. Enseñen a sus hijos el verdadero valor del lenguaje, pareciera una exageración, pero considero que es una importante base para  la comunicación que debe haber en toda familia.

Juegos, canciones propios para esa edad se transmiten de generación en generación, y en las tiendas  aparecen juguetes nuevos y muy creativos por montones, creo que a los hijos en esta edad, hay que enseñarles todo lo que podamos, para ellos, nosotros somos en gran medida su mundo. Muchos padres se llegan a sorprender que los niños desde esa edad sean capaces de jugar con una tableta electrónica  o un teléfono, si lo hacen y lo pueden hacer todo el día si los dejamos. Considero que no debemos privarlos de la tecnología que tenemos al alcance, pero será un error, si abusamos de ello y pretendemos que la tecnología se convierta en nuestra mejor niñera.

En la convivencia diaria quiero hacer referencia a un comportamiento de los padres que me parece necesario señalar. Cuando eres padre de un niño tan chiquito, es necesario que tomes conciencia de que el niño tiene necesidades distintas y niveles de tolerancia diferentes a las que tiene un adulto,  aunque te pueda mucho, habrá lugares y eventos que quizá disfrutas mucho asistiendo solo, pero que resulta una imprudencia (que es lo de menos) e incluso un riesgo asistir con niños. Por ejemplo, eventos donde hay aglomeraciones de gente, o donde no hay baños en buenas condiciones.  De esto tomé un poco de consciencia cuando junto con mi familia viví en Zapopan Jalisco. Ahí nos dimos cuenta que el municipio prohíbe que los niños menores de 2 años ingresen a las salas de cine incluso a ver películas infantiles. En principio pensé que se trataba de un asunto de evitar que el niño molestara a los demás espectadores, pero luego me explicaron que no, sino que el sonido del cine en ocasiones es tan alto que puede llegar a lesionar el sistema auditivo de un menor.

De igual forma me ha tocado ver gente con carriolas en ferias, conciertos y peregrinaciones donde a veces no puedes ni caminar de tanta gente que hay, Considero oportuno recomendar a los padres de estos pequeños que por un tiempo se abstengan de asistir o más bien, de llevar a sus hijos a lugares no aptos para pequeños.

No es una gran privación, más bien es atreverse a conocer nuevas formas de divertirse teniendo a un pequeñito a nuestro cuidado. No pasa nada si te pierdes aquel concierto, no pasa nada si dejas de ir a donde siempre has ido, o si ya no eres el último en retirarse de las fiestas, las condiciones han cambiado y sobrevivirá mejor el que se logre adaptar a las nuevas circunstancias.


Por el contrario, esta nueva etapa nos traerá cosas muy positivas. En esta edad, los niños comienzan a hacer sus primeras gracias, se ríen, juguetean, son sumamente entendidos. Incluso algo tan inocente como recoger un juguete y ponerlo en su lugar puede llegar a convertirse en un juego,  - ¡Qué bien se porta!, - llegarán a pensar los papás – y qué entendido es… - incluso una pequeña travesura puede llegar a ser considerada como una gracia que amerita foto, video y publicación en redes sociales. Está bien, es lo de hoy… La ternura está en el ambiente todo el tiempo. Lo que los padres ignoramos, es que aquel comportamiento tan dócil, no será para siempre…,  si no me creen, esperen a que cumplan dos…

"10 AÑOS no son nada... son todo" La convivencia diaria (Capítulo XXVI)

   Querido Pablo, cuando uno tiene la dicha de contar con una familia, la vida se vuelve más amable en muchos aspectos. 

Principalmente porque la familia se convierte en una inagotable fuente de amor, de donde nace el impulso necesario casi para cualquier cosa, ya sea para ir en busca de algún sueño como para soportar los embates del entorno cuando las cosas se ponen difíciles. Por lo mismo te puedo asegurar que uno de los sentimientos más tristes y difíciles de sobrellevar es la soledad.

A lo largo de estos capítulos, te he ido contando cómo se va formando una familia nueva, claro que ésta no es la única forma, ni mucho menos la mejor, simplemente es la que mejor conozco, pues la he visto formarse desde sus cimientos y es ahí donde he puesto mi mejor empeño.

Ya hablamos de cómo los padres comienzan a convivir de una forma distinta a partir de que viven juntos, ya hablamos la llegada del primer hijo y los demás, y cómo cada uno va alterando la dinámica familiar. Ya hablamos del papel de los abuelos y de cómo la familia en general va experimentando cada paso de su desarrollo. Sin embargo para que todo esto suceda hay algo fundamental de lo cual ha llegado el momento de hablar y analizar; la convivencia diaria y la interacción entre los miembros de la familia.

Hay cosas que nunca deben faltar, no importa si es invierno o verano, si la familia pasa por momentos difíciles o placenteros, si los hijos tienen 2 meses de edad, 2 años o más, y me refiero a las formas de expresar el amor.

Las palabras amables, los abrazos cálidos, las caricias suaves y los besos sinceros; deben estar presentes todos los días, no se vale escatimar en el amor con quienes más amamos. No es aceptable callarnos el amor, excusándonos en la trillada creencia de: -¿Para qué quieres que te lo diga, si ya lo sabes? - precisamente porque sabemos que nos queremos, es necesario que lo digamos y lo estemos recordando y demostrando a cada oportunidad.

Recomiendo ampliamente establecer un código entre los miembros de la familia, una clave secreta, algo que para la familia tenga un significado especial. Puede ser un gesto, una mueca, una seña con las manos, un símbolo o hasta un color. Así cada vez que lo veamos, será como una contraseña que nos permitirá ponernos en una misma conexión. En nuestra familia, querido Pablo, existe un código que tú y yo sabemos reconocer y lo que significa. Herédalo si quieres, o crea tu propio símbolo familiar. Lo más importante es la complicidad y la membresía de saberse perteneciente a ese núcleo de unión y desarrollo llamado familia.

Cuando los hijos son pequeños, los padres debemos entender que el desarrollo de sus habilidades va precedido de los conocimientos que adquieren. Es decir que primero debemos enseñarles cómo hacer algunas cosas y luego tener la paciencia necesaria para que desarrollen la habilidad de hacer las cosas por sí solos. Los ejemplos que aplican en esta categoría abundan, y van desde aprender a comer por sí solos, aprender a servirse agua o leche desde un envase, aprender a cambiarse, a abrocharse los zapatos, a lavarse los dientes, etc.

Es importante hacer conciencia de que al principio, los niños no harán las cosas correctamente, Aunque ya tengan el conocimiento de cómo debe ser, les falta la habilidad para hacerlo, pues es algo que se va desarrollando poco a poco. O sea que al comer se va a manchar, y al vestirse se va a equivocar, y al abrocharse los zapatos se va a tardar una eternidad, claro. Así será y así debe ser, paciencia y comprensión es lo que los padres debemos tener para entender que poco a poco lo irán haciendo mejor y más rápido hasta que dominen dichas habilidades y simultáneamente irán aprendiendo otras nuevas pero siempre bajo el mismo método.

Quieres entender cómo es de difícil para un niño lavarse los dientes cuando no tiene la habilidad dominada, es muy fácil, intenta hacerlo tú que eres diestro, con la mano izquierda, eso te hará más comprensivo sobre el tema que estamos hablando.

El tiempo especial. Entre los diferentes miembros de una familia existen vínculos distintos, no es la misma relación la que existe entre mamá y papá, que la que existe entre mamá y un hijo o una hija, que entre papá y una hija o un hijo, o entre los mismos hermanos sin los padres estorbándoles y diciéndoles qué hacer a cada rato incluso. Cada quien tiene un vínculo especial con el otro miembro de la familia y esos vínculos son únicos.

El tiempo especial, es un concepto que consiste en dedicar un momento especial, preferentemente semanal, para compartir con cada miembro de la familia sin que interfieran los demás. Algunas veces, los padres cometemos el exceso de querer ser democráticos incluso para las relaciones intrafamiliares, y si le compramos un helado a un hijo, nos sentimos comprometidos a pensar que tenemos que hacer lo mismo con todos. Sin embargo no es así, hay momentos y placeres que se pueden tener sólo con algunos y esto no implica que se esté excluyendo a alguno, o que exista una preferencia por otro miembro, más bien se trata de hacer momentos especiales personalizados para cada miembro de la familia en función de la edad, el carácter y los gustos de cada uno.

martes, 12 de agosto de 2014

Tiempo Especial II (Pero con mi hijo)

Quienes me conocen; aunque sea un poco, sabrán que los videojuegos jamás han sido mi gusto, y mucho menos mi pasión. Sin embargo, mi hijo, de apenas 6 años, ha resultado ser un ferviente apasionado del tema.

-          Papá, ¿Me prestas tu teléfono?  -  Esa frase se ha convertido en una de las más repetidas en el léxico de mi pequeño vástago.

Por política personal, decidí prestárselo sólo cuando lo tengo a la vista, pues me encanta ver la emoción en sus ojos al decirle que si. Y aunque generalmente accedo a su petición, procuro hacerle cansado el trámite con tal de hacerlo desvariar y pasar más tiempo con él.

-          Nada más le presto el teléfono a los que me dan abrazos. – le digo ventajosamente buscando recibir uno a cambio.
-          Y si quieres te enseño a pasar el nivel 15 de  “Angry Birds” – me dice como para ver si así me convence. 
-          Ándale pues, enséñame.

Y ahí me tienen con una resortera digital lanzando pájaros por el aire tratando de dar en el blanco. Y como es de suponerse fallo en casi todos mis intentos.

-          Es que no le haces bien,  -  Me dice y aprieta sus labios mientras percibo el ansia en sus manos por arrebatarme el teléfono - , mejor préstamelo y yo te lo paso  - me dice desesperado cuando se da cuenta de lo inútil que es su padre para sortear ese tipo de pruebas.
-          Va, pues – le paso el teléfono y en un santiamén, está del otro lado.
-          ¿Ves? – me dice – así se le hace, ¿Ya viste?
-          Bueno préstamelo para intentarlo nuevamente…
-          No, porque vas a perder, mejor yo te ayudo a pasar los siguientes.

Y en su inocente cabeza piensa que a mí me preocupa pasar niveles. Si supiera que lo único que quiero es pasar un rato con él.
Así lo dejo jugar un rato y cuando finalmente me platica todos los niveles que ha logrado le digo:

-          Ahora ¿Qué te parece si te enseño a  jugaba “Angry Birds”  como lo jugaba cuando tenía tu edad?
-          ¿Enserio?,  ¿Apoco sabias?
-          Claro que si, pero jugábamos con una resortera de verdad, como esta… - y saco de mi pantalón una resortera hecha con una horqueta de mezquite, cuero y un buen trozo de liga.
-          ¡Órale!

Nos salimos al parque, y no les cuento la divertida que nos dimos con una resortera  de quince pesos  y un puño de piedras.

-          Papá, - me dice cuando ya está cansado de lanzar piedras  - ¿Ahora quieres que te enseñe a jugar “Plants Vs Zombies”?
-          No.
-          ¿Por qué?
-          Porque los zombies no me gustan, y las plantas me encantan pero sólo en el jardín.
-          Ándale…
-          Bueno, te propongo un trato. Yo te presto el teléfono para que tu juegues un rato, y en 20 minutos me ayudas a plantar un hueso de aguacate que quiero sembrar para que crezca un árbol ¿Cómo ves?

Y de esta manera seguí pasando una divertida tarde con mi hijo.  “Tiempo especial”, creo que le llaman algunos enterados, para mí sólo fue darme el tiempo para convivir con mi hijo y aprender  un poco de su vida, y al mismo tiempo tener la disponibilidad de compartirle un poco de la mía.  


TIEMPO ESPECIAL I

Se dice que una familia es funcional, cuando todos los miembros que la conforman encuentran en ella el entorno ideal para crecer y desarrollarse sanamente tanto física, como intelectual y emocionalmente.

Bajo ese precepto, los padres de familia tenemos el deber de procurar el bienestar de nuestros hijos y mutuamente el de nuestra pareja.  Sin embargo, en la actualidad lograr una comunicación efectiva con nuestra propia familia resulta todo un reto: Los tiempos de encuentro familiar suelen ser cortos, las actividades de los diferentes miembros del clan son múltiples y muy diversas, las distracciones con las que vivimos son muchas y por todo esto la convivencia familiar resulta cada vez más superficial y por lo mismo, menos efectiva.  

El tiempo especial, es un concepto que se refiere a la atención que se le debe dar a cada miembro de la familia en forma independiente y periódica.  Los beneficios de aplicar esta práctica, se perciben al mejorar la comunicación intrafamiliar, fortalecer los lazos afectivos y estimular la confianza, así como  permanecer informado de lo que ocurre en nuestra familia, vivir experiencias juntos, tener proyectos de largo plazo, compartir formas de pensar, etc.

El proceso inicia cuando el papá y la mamá por separado, programan actividades únicas con cada hijo o miembro de la familia: por ejemplo, salir al cine con uno de los hijos, arreglar el jardín con otro,  ir de compras con alguno en particular, ir a tomar un café, hacer un viaje, hacer una excursión, salir a dar un paseo en bicicleta, armar un rompecabezas, bañar al perro, en fin, pueden ser actividades tan sencillas o tan sofisticadas como las queramos hacer, lo importante es que se hagan con cada miembro de la familia por separado. De esta forma se van generando experiencias únicas.

Sin embargo no debemos olvidar que así como es importante que los padres tengan actividades con cada hijo, también es importante que papá y mamá programen actividades juntas sin la presencia de los hijos. El tiempo especial que se le dedica a la pareja es indispensable para mantener una buena armonía familiar. De aquí la importancia de salir al cine a ver películas que no sean de corte infantil, tener pláticas de adultos, cenas románticas o cualquier otra actividad que disfruten en pareja.

El tiempo especial, es un ingrediente de sana convivencia que aporta mucha información e inigualables experiencias para el crecimiento y la formación de todos los miembros de una familia, practicarlo con periodicidad será una excelente forma de invertir nuestro tiempo, y créanme, los dividendos son inolvidables.


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