domingo, 16 de abril de 2017

La Importancia del Jardín.

El gusto por la jardinería lo heredé de mi mamá, y seguramente ella lo hizo de mi abuela. En sus casas nunca han faltado árboles y plantas qué atender. Ahí aprendí los cuidados básicos que uno debe dar a su jardín y los nombres de todo lo que ellas cultivaban, pero más importante aún, ahí aprendí a querer y a cuidar todo tipo de plantas.
Yo he procurado inculcar en mis hijos el gusto por la jardinería, al menos de la forma como lo hicieron conmigo. Considero que el jardín, sea grande, pequeño, o simplemente conste de un par de plantas en maceta, además de ser un elemento que embellece cualquier hogar también es un espacio que despierta en quienes los cuidan características que los vuelve personas más sensibles y empáticas hacia su entorno.
Al hablar de cuidar una planta o un jardín entero, nos estamos refiriendo a cuidar seres vivos, y por lo mismo son una gran herramienta para despertar en nuestros hijos su sentido de responsabilidad.
También es un medio extraordinario para aprender a desarrollar la paciencia, pues el proceso de crecimiento de árboles y plantas, y no se diga el tiempo de floración o de cosecha, ocurren cuando deben ocurrir y no cuando el cuidador quiere. Un jardín, no es como una aplicación en un smartphone que la bajas y ya está lista para jugar con ella.
Tampoco es como un juguete caro o barato que vas a la tienda y lo compras y empiezas a gozar de él. Un jardín, se planea, se siembra y se va haciendo bello con el tiempo, y una vez que lo logras, debes estar atento a él todos los días, pues al menor descuido, el jardín va a resentir la falta de cuidado y de atención.
Conozco una familia, donde el padre dividió el jardín de su casa en tantas partes como hijos tenia. Después asignó a cada hijo una parte del jardín y los puso a su cuidado. A partir de ese momento, el jardín se convirtió en un factor determinante para conceder o negar permisos a los hijos, es decir, se convirtió en el mejor aliado del papá, porque si bien a una persona la puedes engañar con facilidad, a un jardín no.
Un jardín le dice cosas a quienes lo visitan, pero no todos pueden oírlo, solo lo perciben quienes lo saben escuchar. Un jardín por ejemplo te dice si su cuidador ha estado atento o no, si lo ha regado constante y correctamente o si es de los que deja la manguera abierta y se olvida.
También te dice si lo limpian con regularidad, o si dejan que se acumule basura y crezca hierba. De igual forma te dice si se ha infectado con alguna plaga o si a alguna planta le faltan nutrientes. Y por supuesto también dice buenas noticias, un jardín te grita cuando se siente sano y fuerte.
Además de los conocimientos técnicos que se adquieren con el cuidado de toda planta o jardín, me gusta enseñar a mis hijos sobre el tema para seguir desarrollando en ellos el sentido de la responsabilidad, la paciencia, el respeto y el aprecio por la naturaleza, el sentido de la estética, y ese aprendizaje al que las nuevas generaciones están tan poco acostumbrados, que se contrapone con la inmediatez, pues nos hace ver que las cosas que valen la pena, toman su tiempo.
Mientras todo ese aprendizaje llega y da fruto, seguiré disfrutando de esa sencilla convivencia con mis pequeños, usando el jardín como el pretexto perfecto para ensuciarnos las manos y terminar eventualmente cubiertos de tierra.

jueves, 2 de febrero de 2017

Un Solo México

Soy parte de un México orgulloso de su pasado. Que reconoce el valor de la familia. Que cuando se trata de trabajo, hacemos lo que sea necesario, incluso antes de que salga el sol.
Soy parte de un México que valora su historia y su cultura, y que está dispuesto ser protagonista de una mejor historia y una mejor cultura. Que nos sentimos orgullosos de nuestra tierra y de sus paisajes, pero también de sus costumbres, de su comida, de su música y sus rituales.
Soy parte de ese México que sabe ser solidario, pero también pícaro, alburero e ingenioso. Pero que también sabe ser moderno, actualizado, profesional e inteligente. Que no le teme a la globalización y que está dispuesto a competir en la escala mundial.
También soy parte de ese México que está consciente de que hay mucho por hacer y mucho por mejorar, de ese México que quiere y necesita sentirse orgulloso de sus instituciones y de cada uno de sus representantes.
Sabemos que nuestro país alberga muchas culturas con diversas formas de pensar. Que existen barreras ideológicas que nos separan, nos dividen, e incluso nos confrontan, pero también debemos entender que no es momento de hablar de eso. Debemos hablar de lo que tenemos en común los mexicanos, de exaltar todo aquello que nos une y nos hace más fuertes.
Tenemos toda la vida para luchar por nuestros ideales y defender nuestros miopes puntos de vista. Ya tendremos mucho tiempo después para seguirnos peleándonos entre nosotros mismos por demostrar que cada uno tenemos la razón y los demás están equivocados. Veamos que hoy como nunca, los mexicanos tenemos la oportunidad de mostrar nuestra grandeza y nuestra fuerza motivados por una voz, la voz de México. Dejemos a un lado nuestro orgullo individualista y nuestra soberbia que tan poco valor aporta a la sociedad, veamos por el bien de nuestro país y de la sociedad, es algo de lo que nosotros mismos estaremos orgullosos y muchos otros mexicanos nos lo van a agradecer.
Qué bien que cambiemos nuestra foto personal por la de nuestra bandera, Qué mejor si además cambiamos las actitudes que nos impiden crecer y avanzar como sociedad.

miércoles, 25 de enero de 2017

¿Con Qué te Pago el Cariño?



-    - Papá,  ¿Esta noche, es la noche que voy a crecer más de todo el año? – me sorprendió con esta pregunta cuando nos preparábamos para dormir en la víspera de su cumpleaños número nueve.

-         -  Supongo que sí, hijo -  le contesté sorprendido por su inocencia que por momentos tiendo a olvidar.
-         - ¿O sea que mañana voy a ser más alto de lo que soy ahora? – insistió asombrado.
-          - Seguro que sí, ¿Quieres que hagamos una prueba?...

Así le dije y asintió con una gran sonrisa.

-       - Vamos a marcar tu estatura en este mueble y mañana la revisamos nuevamente a ver cuánto creciste durante la noche, ¿Cómo ves?

Sus ojos no podían de emoción. Así que lo llevé hasta el mueble y le pedí que se pusiera de espaldas,  hice una escuadra sobre su cabeza con la ayuda de un libro y  alterando un poco la medida, marqué una pequeña línea un par de centímetros por debajo de su estatura real, teniendo el cuidado de que él no lo notara.

-        -   Mañana cuando despiertes, volvemos a medirte y vamos a ver cuánto has crecido en una sola noche,  ¿sale?

Mi pequeño hijo se fue a dormir con una gran ilusión pensando en cómo su cuerpo trabajaría mientras él descansaba.  Desde ese momento me podía imaginar su cara de sorpresa al siguiente día, al descubrir  cómo había crecido cerca de dos centímetros en una sola noche.  

Me pidió que le acompañara  a leer en su pequeño libro,  y así lo hicimos por un rato. Si bien es cierto que a los 9 años, los niños ya saben leer, considero conveniente enseñarles además a disfrutar de las lecturas y a emocionarse con ellas.

Acabamos el capítulo y le pedí que se durmiera.  Le di un beso y sin darme tiempo a salir de su recámara me dijo:

-         -  ¿Te acuestas un ratito conmigo?

Asentí mientras veía sus grandes ojos. Me recosté a su lado pensando  - ¿Con qué podré  pagarte tanto cariño…?

Me quité los lentes y los dejé sobre el buró,  acción que mi hijo sabe interpretar como una verdadera disposición a descansar y a dormir en serio.

Me dijo “buenas noches” y se aferró a mi brazo como advirtiéndome que si intentaba escapar  lo notaría enseguida. Lo tranquilicé  diciéndole quedito que no me iría a ningún lado… quizá pensó que sólo hablaba de aquella noche.  Es todavía pequeño para entender que aquellas palabras,  abarcan toda mi vida.

Me dispuse a dormir, no sin antes pensar en el compromiso que como padre tengo con él. Que privilegio y que bella forma de corresponder a su confianza, a su cariño y a esa fe desmesurada me muestra cada día y lo hace creer en mí.


Feliz cumpleaños, querido Pablo (enero 2017).

martes, 24 de enero de 2017

Responsables somos todos

Responsables somos todos

No sirve juzgar, no sirve condenar… responsables somos todos, porque todos formamos esta sociedad dividida por ideologías, por desigualdad económica y diversidad de intereses, que está más ocupada en exigir sus derechos y cumplir sus caprichos, que en acatar sus deberes.


Un pueblo conformado por gente más interesada en señalar los errores de los demás, que en aceptar y corregir los propios. 


Una sociedad adicta a la tecnología, donde ahora los aparatos son los inteligentes y los usuarios los brutos. Esta guerra la está ganando el morbo.

Gobernados por una clase política a la que nadie respeta, porque no se comporta de manera respetable.

Y gobierno y sociedad juntos, hemos hecho de nuestro México, un país que en este momento siente más orgullo de su pasado que de su presente.

Responsables somos todos… nadie se sienta inocente porque ninguno hemos hecho lo suficiente.

Mientras los valores universales como el perdón, la gratitud, la generosidad, el respeto o el amor, sigan siendo vistos como un símbolo de debilidad más que de fortaleza, y mientras sigamos con la atención dispersa en temas banales y ridículos, anteponiéndolos o sobreponiéndolos a aquellos temas que nos hacen ser mejores personas, nuestra sociedad tendrá que pagar un precio tan alto, que siento que ya estamos dando los primeros abonos.

martes, 22 de noviembre de 2016

Las Mascotas en la Familia.

Me gusta que mis hijos convivan con perros, y aunque sé que es riesgoso para ellos, (para los perros),  finalmente terminan conociéndose, respetándose y queriéndose unos a otros. 

Las mascotas, y especialmente los perros siempre le han aportado a mi familia un ingrediente de funcionalidad que es útil y recomendable. Me refiero a la seguridad, pues sus sentidos les permiten detectar situaciones  de riesgo antes que a nosotros. Especialmente cuando se trata de que algún extraño se acerque a la casa.

También gracias a los perros hemos podido enseñar  a mis hijos  que tener un animal  implica una responsabilidad, pues hay deberes relacionados con la higiene,  la salud y la sociabilidad, en la cual los perros se convierten en un aliado para el aprendizaje.  

Como ejemplo y sin que estuviera considerado en el plan de estudios original, la tarea de recoger los desechos del perro se ha vuelto un tema hasta para desarrollar habilidades de negociación entre mis hijos, pues lo que para mí sería tomar una bolsa, recoger las heces y tirarlas a la basura, para mi pequeño vástago  es salir al patio, buscar los mentados residuos, contarlos, dividirlos entre dos, avisar a su hermana que le toca recoger su 50%, ir a buscar una bolsa para llevar a cabo la tarea, hacerse loco un rato para ver si a papá y mamá se nos olvida el tema, rogar porque  a la hermana también se le olvide y finalmente salir a regañadientes a cumplir con la imposible misión cuando se topa con la mirada de quien le dio la vida.  

Así les vamos enseñando y así vamos aprendiendo nosotros de ellos también.  Hasta que llegan temas donde entramos en conflicto, como el hecho de sacar a pasear al perro con un collar de castigo, pues sienten que el animalito de tanto que estira se pone morado.  O cuando hay que aplicarle un correctivo  por haber hecho algo indebido y cual si fuera político, a periodicazos le vamos enseñando lo que si y lo que no.  Ahí es cuando mis hijos sienten que no quiero al perro y es justo ahí donde la sociedad a veces tampoco ayuda.

Ya ven que está en boga hablar sobre familias;  en todas sus presentaciones, pues para mí las mascotas son sólo eso, mascotas  y no familia. Y  aunque en algunos casos se les quiere más que a ciertos familiares, porque generalmente también ellas nos tratan mejor, he sido muy determinante en señalar que un animal, por muy querido que sea, no se puede comparar con una persona.

Ahora bien,  últimamente han abierto en la ciudad, espacios públicos, restaurantes y centros comerciales que se les denominan “pet frendly”  (me parecen de lo más chocante el término,  no por lo que significa, sino porque lo tengan que llamar en inglés para que la sociedad lo acepte, pero así estamos).

Pues en uno de estos lugares me tocó ver a una perrita usando zapatos de tacón (zapatos para  perro, por supuesto). Cabe señalar que con el atuendo y el modo de andar, se parecía bastante a la dueña, quien  llevaba la correa por el otro extremo. Y al rato, me tocó ver a un perro con chamarra y gorro como si fuera un niño.  El caso más absurdo, se trataba de una pareja de jóvenes que llevaban un perro vestido como si fuera un niño, metido en una carriola para bebés y lo paseaban como si se tratara de su hijo.

No sé qué pase por la mente de estas personas, quizá piensan que darle a los perros el trato que ellos quisieran recibir es hacerlos felices, quizá tengan una conexión neuronal con los animales y logren ponerse de acuerdo hasta para escogerse la ropa, o quizá simplemente tengan unas ideas diferentes a las mías. Lo cierto es que en las tiendas cada vez es más común encontrar ropa para mascotas que van desde lo que pudiéramos llamar sencillo hasta lo exótico.

Creo que humanizar de esa forma a los perros y a los animales en general, también debería ser considerado como una forma de maltrato animal. Los perros son perros y tienen derecho a un trato digno y nosotros que nos decimos “seres superiores” (y ya empiezo a tener mis dudas) debiéramos ser los primeros dárselos.  

Humanizar animales a nuestro gusto y a nuestro antojo, me hace pensar que simplemente los estamos utilizando para hacer con ellos, lo que no fuimos  capaces de lograr con alguien más. Dicho de otro modo, es aprovechamos de su nobleza. 

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jueves, 17 de noviembre de 2016

Un Muro en el Desierto.

Un muro en el desierto, es tan sólo eso, un muro.

Un muro en el desierto, es a lo más una simple barrera física.

Una barrera que nace con la idea de dividir, de separar, de excluir a unos  para proteger a otros.

No se dan cuenta de que son las barreras mentales y no las físicas las que dividen, las que alejan, las que discriminan y terminan por matar. Son ellas  las que no nos permiten crecer pues nos impiden ver el mundo desde otros puntos de vista y entender nuevas formas de pensar.

Un muro, por grande y majestuoso que sea siempre tiene un límite, y por lo tanto se puede rodear, saltar o incluso atravesar.  Un muro por alto o profundo que sea, no va a detener a quien esté decidido a cruzarlo, ni será un imposible para quien haya llegado hasta ahí después de haberlo dejarlo todo.

Me pregunto si los recursos que se pretenden usar para construir ese capricho, no pudieran tener un mejor destino en beneficio de los mismos americanos. Pienso en educación, salud, seguridad pública, combate a la pobreza,  desintegración familiar, formación de valores, ciencia y tecnología, deporte y cultura, fundaciones altruistas, hospitales e infraestructura, conservación de recursos naturales e incluso atención digna y profesional al fenómeno de la migración. ¿No habrá un mejor destino para todo ese dinero?

¿Qué tantas intenciones se pueden esconder detrás de un muro? ¿Qué mentes perversas promueven muros cuando lo que el mundo pide a gritos son puentes y redes? ¿Cuánto cuesta la soberbia de unos cuantos que al creerse superiores pretenden que otros paguen por ello?


Hay dudas en mi mente y pesar en mi corazón,  pero por encima de todo, la absurda imagen sin sentido de un muro en medio del desierto. 

viernes, 11 de noviembre de 2016

Es más Fácil Ser Borracho que Ser Cantinero

La sorpresa ya pasó, las elecciones de Estados Unidos no tuvieron el final feliz que los mexicanos esperábamos. Y no es que fuéramos partidarios de “La Hilary” (¡Ah, cómo me acuerdo de Germán Dehesa!), sino que la otra opción nunca la consideramos como una opción seria. Y aquí la primera enseñanza: En una elección, todos los participantes pueden ganar.

Como siempre pasa en los medios de comunicación, los futurólogos hicieron sus vaticinios y es fecha que las cejas no les bajan a su lugar. Ahora todos están justificando porque no sucedió lo que pronosticaron y están volviendo a pronosticar lo que sigue.  Parece que no aprendieron la lección.  

El pueblo en general no deja de despotricar contra el presidente electo, bien dicen que “Es más fácil ser borracho que ser cantinero”,  y esta semana el dicho ha quedado más que demostrado. Miles de gringos no hallan qué hacer para echar reversa a la elección, (a buena hora)  ahogado el niño quieren tapar el pozo. Y los mexicanos que somos tan afectos al mitote, no hemos parado de hacer chistes sobre el tema. 

Eso sí, en general se percibe un ambiente de preocupación e incertidumbre, y creo que el sentimiento está bastante justificado. Ha ganado un hombre que le gusta ganar al costo que sea. Y no sólo eso, hay mucha gente que lo apoya y que piensa igual que él.

¿Por qué ganó el señor? - No lo sé, pero de tanto que he escuchado, me convence la idea de que ganó porque es apoyado por un gran número de personas que están hartas del sistema político nacional y que están dispuestas a experimentar un cambio al costo que sea.  


Pienso que si alguien debe aprender algo con esta lección es la clase política en general, a quien bien le vendría reivindicarse de la crisis de valores y de credibilidad en la que ha caído,  dando como resultado que a los políticos en estos tiempos, no se les cree ni cuando dicen la verdad.