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domingo, 21 de abril de 2024

Si hay una mejor opción

 

(No suelo escribir de política, pero mantenernos al margen, tampoco es lo mejor, así que aquí vamos...)

Lecturas para comentar (1)

Escucho al presidente cuando le habla a su querido “pueblo” de México, y se me figura como un papá irresponsable malcriando a sus hijos. Dándoles todo a cambio de nada. Si quieren dinero, les damos dinero, si quieren dulces les damos dulces, si quieren juguetes les damos juguetes, si no quieren hacer la tarea, que no la hagan y si tampoco quieren ir a la escuela, pues que no vayan y listo… Al fin y al cabo, aquí estoy yo para cuidarlos, mantenerlos y que se sientan felices.

Escucho a la candidata del gobierno para las próximas elecciones, y escucho lo mismo. A la mamá complaciente y sobreprotectora que no permite que nadie se meta con sus hijos. Es decir, el mismo discurso que oímos cada día desde hace seis años desde palacio nacional y que, además, lo dice con la solvencia de quien tiene la experiencia de haber criado hijos antes y sabe cómo hacerlo.

Escucho en cambio el discurso de la candidata de oposición; y para seguir con la misma analogía, escucho a una mamá que cría a sus hijos diciéndoles que para salir adelante en la vida, se tiene que levantar temprano, bañarse, lavarse los dientes, tender su cama, sacar buenas calificaciones en la escuela, hacer ejercicio, aprender inglés y estar actualizado en temas de tecnología y que todo eso representa un esfuerzo extra pero que es por su propio bien, porque es el futuro del mundo; no sólo de México y que ella estará codo a codo con ellos para apoyarlos a lograrlo, y por si fuera poco, les deja claro que mientras vivan en su casa, ella no va a estar manteniendo flojos, ni tontos, ni tramposos. (Con otras palabras, pero de significado similar).

Me preocupa que en las próximas elecciones; el “pueblo” de México; y concluyo con la analogía, representa a esos millones de hijos que van a decidirán con cuál mamá les gustaría vivir.

Lecturas para comentar (2)

Todos los presidentes pasan a la historia, y la historia no perdona. Aquí me aventuro a hacer un pronóstico, un vaticinio sobre lo que la historia no le va a perdonar al presidente actual:

Que haya sembrado tanto odio entre los mismos mexicanos, para forzar a dividirnos en dos diferentes ideologías que nos hagan ver como los buenos y los malos, los que lo adoran y los que lo odian, los que están con él y los que están en contra de él y no dejar lugar alguno para puntos intermedios.

Que haya utilizado su investidura, recursos y liderazgo para enfatizar las diferencias y polarizar a los mexicanos en vez de haber fungido como símbolo de unidad. Faltando con ello, a su responsabilidad de gobernar para todos, él nunca lo quiso.

Que se mantenga ciego y sordo ante la realidad del país, y que sólo tenga ojos y oídos para ver y escuchar lo que le convienen, manteniéndose Indiferente a quienes son o han sido víctimas de lo que vivimos a diario y que está a la vista de todos.  

Que quiera hacer de su palabra la verdad absoluta, con un descaro a prueba de balas, donde es capaz de desconocer y descalificar los datos que no le gustan, argumentando cínicamente que él siempre tiene otros y que los suyos son los únicos verdaderos.

Yo me pregunto. En nuestro país ¿hasta dónde aguanta la credibilidad de los políticos? y cuando la pierden, ¿qué les queda? ¿De qué clavo se sostienen y cuánto tiempo pueden aguantar?

Lecturas para comentar (3)

Recuerdo las campañas y las elecciones presidenciales de 2018

Millones de personas argumentaban estar hartas del pasado; específicamente del PRI y del PAN, y confiaron en el cambio que se prometía como una nueva y diferente opción y por lo mismo, le dieron su voto al actual presidente. No sé ustedes, pero yo para muestra con esto tengo.

Ahora muchas personas les ponen “peros” a las candidatas a la presidencia, que si les falta, que si no están a la altura, que si deberían ser esto o aquello, que si el nivel de la política en México está por los suelos (eso ya lo sabíamos), que si no hay suficientes propuestas o que las que hay no son las que deberían ser. Y todo eso es cierto, y por lo mismo no nos sentimos representados por ninguna al cien por ciento.

Sin embargo, también es cierto que no tenemos más opción, tenemos que elegir entre todos, para que no nos toque lo que otros elijan para nosotros.

En la historia hemos tenido malos gobernantes, es verdad, pero, ¿Acaso nosotros hemos sido ciudadanos ejemplares? ¿Acaso nosotros como “ciudadanos comunes y corrientes” damos a nuestro querido México lo mismo que exigimos de nuestros gobernantes? Honestidad, transparencia, profesionalismo, justicia, ética, etc. ¿O pensamos, que porque damos un voto y pagamos impuestos, estamos exentos de cumplir la ley, los reglamentos y hacer nuestra santa voluntad, y que además nuestra participación nos da derecho a exigir todo sin dar nada a cambio? El país somos todos.

Conclusión.

Ojalá que hayamos aprendido con las lecciones que nos ha dado el pasado y que vayamos a votar. Entendamos que votar si hace la diferencia. Dejemos de poner como pretexto que los candidatos no son como quisiéramos. Sabemos que no hay personas perfectas, pero si hay equipos mejores que otros. Si hay propuestas mejores que otras, y por lo mismo, si hay una opción mejor que las otras.

No caigamos en la indiferencia de que otros escojan el platillo que nos vamos a comer los próximos seis años. Votemos por el México que quisiéramos tener y por el México donde quisiéramos vivir.

Espero que cada día más mexicanos comprendan que existe una mejor vida que la que estamos viviendo ahora, y que dejen de lado el irracional orgullo de ver como nuestro país arde y se desmorona, mientras se regocijan de gusto con la necia costumbre de ver hasta dónde podemos aguantar.

domingo, 18 de febrero de 2018

¡Me Urge un Candidato! (Texto político uno de cinco)

A poco tiempo de que ocurran las elecciones presidenciales en nuestro País, me urge un candidato en quién confiar. Dar el voto, es como poner un cheque al portador, en las manos de quien creemos que hará buen uso de él. Pero no sé en quién.

Me urge un candidato con el cual me sienta representado. No un demagogo.

Me urge un candidato que sea líder de un equipo, que estén dispuestos a servir a México, y no hambrientos de servirse de él.

Un candidato que reconozca la compleja problemática de nuestro país, que pueda diseñar y vendernos una visión realista del futuro. No un vendedor de ilusiones y esperanzas.

Me urge un candidato que tenga vergüenza y sentido de la honestidad; que no haga ni permita que su gente haga trampa. No alguien que se hace de la vista gorda, ni mucho menos quien crea que el fin justifica los medios.

Un candidato que tenga la valentía y la humildad de reconocer que también sus antecesores han cometido errores, y no uno que soporta sus discursos en decir que toda la culpar es de sus adversarios.   

Me urge un candidato comprometido con la educación de calidad, dispuesto a reformar el sistema educativo en todos sus niveles y en toda la geografía nacional, asumiendo las consecuencias políticas que conlleva todo proyecto de largo plazo.

Un candidato que no le de miedo decir la verdad, que asuma el costo político de decirle al pueblo que la única forma de prosperar, es mediante la educación y el trabajo que cada uno debemos hacer. Y qué entienda que la función del gobierno es dar oportunidades y un piso lo más parejo posible y no andar repartiendo dádivas a unos a costa de otros. No necesitamos a un iluminado que prometa ser la solución a todos nuestros males. ¿Quién puede creer eso?

Me urge un candidato con visión mundial, que esté convencido de que México y los mexicanos, somos capaces de competir contra los mejores del mundo, en todos los ámbitos y que promueva esa libre competencia.

Me urge un candidato congruente con una ideología en pro de México, que finque sus decisiones y sus acciones en un código de valores éticos, y no en un proyecto de beneficio personal o para los suyos; porque de eso los mexicanos ya estamos hartos.

Me urge un candidato así, y qué lástima que no exista. Hoy no sé en favor de quién otorgaré mi voto, aunque al menos ya sé de uno a quien no se lo daré.


El Cuaderno de Manuel  https://www.facebook.com/elcuadernodemanuel/

viernes, 11 de noviembre de 2016

Es más Fácil Ser Borracho que Ser Cantinero

La sorpresa ya pasó, las elecciones de Estados Unidos no tuvieron el final feliz que los mexicanos esperábamos. Y no es que fuéramos partidarios de “La Hilary” (¡Ah, cómo me acuerdo de Germán Dehesa!), sino que la otra opción nunca la consideramos como una opción seria. Y aquí la primera enseñanza: En una elección, todos los participantes pueden ganar.

Como siempre pasa en los medios de comunicación, los futurólogos hicieron sus vaticinios y es fecha que las cejas no les bajan a su lugar. Ahora todos están justificando porque no sucedió lo que pronosticaron y están volviendo a pronosticar lo que sigue.  Parece que no aprendieron la lección.  

El pueblo en general no deja de despotricar contra el presidente electo, bien dicen que “Es más fácil ser borracho que ser cantinero”,  y esta semana el dicho ha quedado más que demostrado. Miles de gringos no hallan qué hacer para echar reversa a la elección, (a buena hora)  ahogado el niño quieren tapar el pozo. Y los mexicanos que somos tan afectos al mitote, no hemos parado de hacer chistes sobre el tema. 

Eso sí, en general se percibe un ambiente de preocupación e incertidumbre, y creo que el sentimiento está bastante justificado. Ha ganado un hombre que le gusta ganar al costo que sea. Y no sólo eso, hay mucha gente que lo apoya y que piensa igual que él.

¿Por qué ganó el señor? - No lo sé, pero de tanto que he escuchado, me convence la idea de que ganó porque es apoyado por un gran número de personas que están hartas del sistema político nacional y que están dispuestas a experimentar un cambio al costo que sea.  


Pienso que si alguien debe aprender algo con esta lección es la clase política en general, a quien bien le vendría reivindicarse de la crisis de valores y de credibilidad en la que ha caído,  dando como resultado que a los políticos en estos tiempos, no se les cree ni cuando dicen la verdad. 

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Señores Legisladores:

Señores Legisladores:
Yo también soy Mexicano. Pero aclaro que no me siento representado por ustedes. Por el contrario, me siento víctima de un gobierno que pretende cobrarme impuestos por mandar a mis hijos a un colegio privado. ¿Qué conflicto tienen con eso, si al hacerlo soy un problema menos para el estado?
Tampoco me identifico con un gobierno que pretende gravar con más impuestos a los que ganan más. ¿Acaso quienes trabajamos no podemos aspirar a tener un desarrollo profesional y con ello una mejor calidad de vida? ¿Es acaso un impuesto al progreso personal y profesional?
Los problemas de México se pueden resolver, eso está claro,  pero también se pueden maquillar, y ustedes conocen bien la diferencia. La educación y el empleo son los dos pilares en los que se cimenta el progreso de cualquier persona. Sin una educación de calidad y un empleo digno y bien remunerado, difícilmente alguien puede alcanzar su desarrollo personal. Lo mismo le pasa a un país cuando no tiene calidad en la educación ni promueve la generación de empleos, está condenado al subdesarrollo económico.
No intenten confundir a una sociedad que cada día está mejor informada y es más participativa, no intenten comprar la conciencia de la gente haciéndole creer que el gobierno en turno resolverá los problemas de los más necesitados. No insulten la inteligencia de los mexicanos con discursos populistas y demagógicos. Hablen con la verdad. Tengan el valor de decir lo que piensan. Reaccionen como individuos, dignifiquen su papel como legisladores.
México necesita líderes que sepan distinguir entre aquello que beneficia al país, y aquello que lo perjudica. Distinguir lo que nos hace progresar como nación, de lo que nos ancla o nos regresa al pasado. Necesitamos líderes que actúen congruentemente, estimulando lo que nos hace bien y señalando lo que nos hace mal para que se persiga y se castigue.
Somos muchos los mexicanos que cada día trabajamos para tener una mejor calidad de vida para nosotros y nuestras familias, que queremos crecer como personas para juntos crecer como nación. Pero también hay muchos otros mexicanos que necesitan apoyo, que no tienen una buena educación ni un buen trabajo. La educación de calidad, la productividad, la rentabilidad, la generación de empleo, y el trabajo bien remunerado requieren ser estimulados, no gravados. Si lo que faltan son recursos, graven el consumo, no la renta, asuman el riesgo arreglando el problema desde la raíz, hagan que paguen los que no pagan en vez de hacer que paguemos más los que siempre pagamos.

Somos muchos los mexicanos que estamos dispuestos a dar nuestro mejor esfuerzo cada día por el bien de nuestro país, no se excluyan, cada quien escogió su camino en esta vida y ustedes escogieron ser legisladores, hagan ustedes lo propio recordando el legado del  Gral. Coss. “Debemos ayudar al que está caído, pero nunca tumbando al que está parado.” 

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Creo más en Santa Claus que en los precandidatos

Querido Santa Claus, para que te des una idea, te informo que creo más en ti que en los precandidatos que quieren gobernar mi país. Por eso prefiero escribirte esta carta a ti, que escribir peticiones al congreso con la esperanza de que sean elevadas a iniciativa de ley.  

Te cuento que recientemente terminó la Feria Internacional del Libro en Guadalajara. Evento donde se dieron cita varios políticos de nuestro país y entre ellos, algunos de los precandidatos que aspiran a dormir en “Los Pinos” durante el próximo sexenio. No sé cuan cómodas sean las camas presidenciales, pero algo me hace pensar que los que duermen ahí, descansan poco.

Sin embargo, lo que más llamó mi atención no fue que asistieran  al evento, sino enterarme de que los aspirantes de marras, ahora también escriben libros. - ¡Dios mío! ¿En dónde se estudia para ser político y escritor al mismo tiempo?

Yo pensaba, querido Santa, que a los políticos solo les daba por publicar libros (diciendo que ellos los habían escrito, por supuesto) después de haber sido presidentes. Sin embargo estos cuates, ávidos de reflectores, están publicando “su propio libro” antes de sentarse en la silla. Me intriga pensar ¿Qué van a querer escribir después? ¿Una enciclopedia?

Yo me pregunto: ¿En dónde estaban estas mentes iluminadas que tienen, deja tu el talento, “El Tiempo” para escribir un libro y ser simultáneamente candidatos a la presidencia de un país? ¡Gente multifuncional, es lo que necesita México!

Aquí parafraseo a Gabriel Zaid, tomando un fragmento de su libro “Los Demasiados Libros” donde subraya: “Debería ser obligatorio para todo escritor, haber leído mil libros antes de pretender escribir uno.”  Zaid, desvela el aura de misterio que existe detrás de cada libro y le pregunta al escritor ¿Y tú para qué escribes?,  ¿Para tu público de lectores?, ¿Para el mercado?, ¿O para tu currículum? Y con ejemplos palpables, en reiteradas ocasiones hemos visto que por más que se quiera ocultar la verdad, ésta siempre sale a flote, como la espuma.

Durante muchos años, querido Santa,  la política de nuestro país ha estado manejada por políticos de muy baja ralea, que han manipulado escenarios y mentiras a su antojo y conveniencia. En la actualidad, seguimos siendo testigos de fraudes, abusos, excesos, corruptelas y más mentiras, que tienen por común denominador la falta de valores éticos y de compromiso con la ciudadanía.  Pero insisto, el problema no es la política, sino la forma de actuar de muchos políticos. Bastará leer “Política para Amador” de Fernando Savater, para entender claramente esta diferencia. No se ustedes, pero yo estoy cansado de escuchar discursos demagógicos y de ver como se llenan los auditorios de aplausos lisonjeros. Estoy cansado de la mercadotecnia y de que me quieran vender la imagen de un candidato como si fuera un artículo de consumo.  El resultado de tantos años así, es que tenemos una clase política tan devaluada, que cuesta trabajo creerle hasta cuando nos dice la verdad.  

Hay un principio que dice  “Si dos personas que trabajan juntas siempre están de acuerdo, es porque una de las dos no sirve para nada.” Este principio alude al hecho de que cada persona es única y por lo tanto merecedora de los tres derechos universales que debería tener todo ser humano: Derecho a sentir, derecho a pensar y derecho a expresar lo que siente y lo que piensa. Pues yo me pregunto: ¿Cómo hacen en las bancadas de las diferentes cámaras, para estar siempre de acuerdo entre sí, pero en contra de los demás? Me imagino un procedimiento así:

-          Todos los señores de corbata roja digan “que si” cuando los de corbata azul digan “que no” y viceversa.

-          ¿Y yo que digo licenciado?

-          ¿Pues de qué color es su corbata compañero?

-          Amarilla, creo.

-          Ah pues usted diga que “no” a todo, siempre.

-          Pues déjeme ver, porque no estoy de acuerdo.

-          Perfecto, compañero, ya me entendió.

Por todo lo anterior, querido Santa, y en virtud de que este año he sido un ciudadano más o menos bien portado, para esta navidad quiero pedirte lo siguiente:

Que les des a  los políticos que llevan las riendas de nuestro país, sabiduría y valor para que tomen las decisiones correctas, sin considerar los costos políticos que estas conlleven.  

Que los candidatos que aspiran a ser presidentes de México esgriman propuestas claras y firmes que nos lleven a tener un mejor país.

Que la paz vuelva a sentirse en las calles de todos los pueblos y de todas las ciudades de México.

Que la impunidad y la corrupción se vuelvan parte de la historia de nuestro México y no sigan siendo el modus operandi de miles de mexicanos.

Que la educación, el empleo, la economía, la seguridad y la salud sean parte medular del plan de trabajo del próximo presidente.

Y aunque quisiera alargar la lista, digamos que por ahora me basta con eso…

Entiendo querido Santa, que hay dos caminos para ver cumplidos mis deseos: Un camino políticamente viable y otro totalmente milagroso. El políticamente viable, consiste en que te apiades de mis peticiones y me las concedas el día de Navidad. El camino milagroso sería que los políticos de todas las bancadas se pusieran de acuerdo para trabajar juntos por el bien de nuestro hermoso país, pero entiendo que está cabrón.  

Mientras seguimos trabajando, veamos qué sucede primero.