domingo, 18 de febrero de 2018

¡Me Urge un Candidato! (Texto político uno de cinco)

A poco tiempo de que ocurran las elecciones presidenciales en nuestro País, me urge un candidato en quién confiar. Dar el voto, es como poner un cheque al portador, en las manos de quien creemos que hará buen uso de él. Pero no sé en quién.

Me urge un candidato con el cual me sienta representado. No un demagogo.

Me urge un candidato que sea líder de un equipo, que estén dispuestos a servir a México, y no hambrientos de servirse de él.

Un candidato que reconozca la compleja problemática de nuestro país, que pueda diseñar y vendernos una visión realista del futuro. No un vendedor de ilusiones y esperanzas.

Me urge un candidato que tenga vergüenza y sentido de la honestidad; que no haga ni permita que su gente haga trampa. No alguien que se hace de la vista gorda, ni mucho menos quien crea que el fin justifica los medios.

Un candidato que tenga la valentía y la humildad de reconocer que también sus antecesores han cometido errores, y no uno que soporta sus discursos en decir que toda la culpar es de sus adversarios.   

Me urge un candidato comprometido con la educación de calidad, dispuesto a reformar el sistema educativo en todos sus niveles y en toda la geografía nacional, asumiendo las consecuencias políticas que conlleva todo proyecto de largo plazo.

Un candidato que no le de miedo decir la verdad, que asuma el costo político de decirle al pueblo que la única forma de prosperar, es mediante la educación y el trabajo que cada uno debemos hacer. Y qué entienda que la función del gobierno es dar oportunidades y un piso lo más parejo posible y no andar repartiendo dádivas a unos a costa de otros. No necesitamos a un iluminado que prometa ser la solución a todos nuestros males. ¿Quién puede creer eso?

Me urge un candidato con visión mundial, que esté convencido de que México y los mexicanos, somos capaces de competir contra los mejores del mundo, en todos los ámbitos y que promueva esa libre competencia.

Me urge un candidato congruente con una ideología en pro de México, que finque sus decisiones y sus acciones en un código de valores éticos, y no en un proyecto de beneficio personal o para los suyos; porque de eso los mexicanos ya estamos hartos.

Me urge un candidato así, y qué lástima que no exista. Hoy no sé en favor de quién otorgaré mi voto, aunque al menos ya sé de uno a quien no se lo daré.


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miércoles, 20 de diciembre de 2017

Ya Crecieron… (Texto prohibido para aquellos que dudan de la existencia de Santa Claus)

   Era el sábado anterior a la Navidad, mi esposa y yo nos levantamos temprano, con el plan en mente y la firme decisión de llevarlo a cabo esa misma mañana.

Nos fuimos a desayunar los cuatro: Mi esposa, mis dos hijos y yo
-          Llegó el momento de contarles algo – les dije a los niños mientras el mesero diligentemente nos serbia las bebidas - Seguramente han escuchado a algunos niños que dicen que Santa no existe... Seguramente ustedes mismos han dudado sobre su existencia.

-          ¡Nooo!, - Dijeron al unísono… como sintiéndose descubiertos de algo prohibido.

-          Como ustedes saben, la llegada de Santa, cada año a nuestra casa es muy emocionante.
 Bueno pues como ustedes ya están suficientemente grandes y han demostrado ser niños muy buenos, los vamos s invitar a que a partir de esta Navidad ustedes disfruten doblemente a Santa, no sólo recibiendo regalos sino además haciendo que otros niños también los reciban.

-          Ya sé a qué te refieres -  dijo mi hijo  - quieres que le llevemos juguetes a los niños de la casa hogar, ¿verdad?

-          Si, también, pero eso no es todo…
Para que Santa llegue a cada casa, es necesario que exista un papá o una mamá que le ayude a comprar los regalos, pues él no puede hacerlo sólo.  Y en las casas donde los niños no tienen papá o mamá, es todavía más importante ayudarlo. Así que vamos a ir a comprar regalos para los niños de la casa hogar y se los vamos a llevar para que Santa llegue también para ellos, es decir, a partir de este año, ustedes también formarán parte del equipo de trabajo de Santa… ¿ok?

Las caras de mis hijos no daban crédito a mis palabras y sus asombrados  ojos casi se les salen de las cuencas…

-          ¿O sea que Santa son ustedes? – dijo mi hija con un gesto de asombro en su cara que ni ella se creía…

-          Somos los que hacemos el trabajo sucio -  les dije -  o digamos que gracias a nosotros Santa ha podido llegado a nuestra casa todos estos años desde que tu naciste, haciéndolos  cada año muy pero muy felices a los dos.


Lo que parecía una explicación de lo más convincente se transformó sin que fuera nuestra intención, en un encontronazo de sentimientos que mis pequeños vástagos no supieron cómo digerir,  (luego nos dimos cuenta que lo que pasó por su mente, fue que al revelarles el modus operandi ya no habría regalos para ellos).

Pobres de mis hijos, sin más explicaciones ni palabras, iniciaron el rictus de todos conocido como “puchero” y sin más, soltaron el llanto en pleno restaurante mientras  mi linda esposa y yo intercambiábamos miradas como pensando  “fue idea tuya”.

El mesero llegó y prefirió seguir de largo  como interpretando que aquel no era el mejor momento para seguir tomando la orden. Mi mujer me miraba como diciendo “Ahora compones lo que desmadraste” y yo tragaba saliva imaginando que el resto de los comensales pensaban:  “Seguro se están divorciando y les acaban de dar la noticia a los pequeños… que poca... qué papás  tan insensibles … hubieran esperado a que pasara la navidad”.

Sin embargo, fiel a mis convicciones y tratando de salir lo mejor librado posible de aquel numerito,  con cara de sorprendido les pregunté  a mis hijos  por qué lloraban.  Mi hija entre sollozos nos dijo: -  Acaban de destrozar nuestra infancia.  (Para mis adentros no sabía si reír o ponerme a llorar ) y mi pequeño hijo con sus ojotes lagrimosos me reclamaba: - Yo apenas tengo nueve…  

-          A ver, a ver… - les dije, empezando por mi hija. - Tú estás a MESES de entrar en la secundaria,  y en tu última carta le pediste a Santa que te anexara el ticket de compra de los patines por si hubiera necesidad de cambiarlos…  así que no hay motivo para llorar.  Además has tenido una infancia bellísima todos estos años… “y larguísima” agregó mi esposa, acordándose de los desplantes de pubertad que se suele fletar con la pequeña giganta.

-          Y tú – Dirigiéndome a mi hijo - Que hace apenas unos días retabas al espíritu de la navidad bajo la amenaza de: “A ver si es cierto… le voy a hacer la carta un día antes…”, No me salgas con que apenas  tienes nueve…, además ya casi cumples 10.

Sin embargo, con aquella arenga lo único que ocasioné fue empeorar las cosas… - Bueno, ya, ya ya, ahora necesito que dejen de llorar, terminen de desayunen y nos acompañen a comprar los regalos…

-          ¿Cuáles regalos? - Dijeron todavía entre sollozos…
-          ¿Pues cómo cuáles? …los de navidad, los que “les va a traer Santa”…
-          ¿Para nosotros?
-          Si, y también para los niños de la casa hogar, es decir, que vamos a comprar los regalos para que Santa los traiga en Navidad.  Ahora conocerán las peripecias que tenemos que hacer los papás para conseguir lo que piden, y nos ayudarán a buscarlo para que Santa pueda hacer bien su trabajo, modestia aparte, como cada año, no se hagan.
-          ¿Qué?,  ¿O sea que nosotros vamos a escoger nuestros regalos?
-          ¡Claro!  Aunque les advierto que el dinero no alcanza para todo lo que suelen pedir, así que tendrán que escoger sólo lo que más les guste.

De haber sabido por ahí hubiéramos empezado… el rictus se transformó en mueca de incredulidad y poco a poco en sonrisa… y una hora después andaban como locos escogiendo y priorizando sus deseos.

Además pasaron el resto del día haciendo preguntas como: ¿Dónde guardábamos las cartas?, ¿Cuáles juguetes nos había costado más trabajo conseguir?, ¿Dónde habíamos comprado algunos?  y ¿Cómo le hacíamos para cargar con ellos hasta las casas de los abuelos?, donde generalmente pasábamos la Navidad.

El caso es que durante ese fin de semana mis hijos crecieron más de lo que tenían planeado, ayudaron y cooperaron mejor de lo que pensábamos, y aunque al principio el proceso fue emocionalmente doloroso, al final del día agradecieron que les hubiéramos contado todo.

Nuestros hijos ya crecieron… ahora como padres entramos en una nueva etapa en la cual seguiremos  aprendiendo nosotros de ellos y ellos de nosotros.  Es muy común que quienes tienen hijos mayores me recomienden que disfrute al máximo a mis hijos, porque crecen muy rápido. 

Ahora los comprendo mejor. Aunque debo decir con orgullo que siempre los he disfrutado mucho y que he aprendido a compartir con ellos y con mi esposa, desde lo más cotidiano hasta lo más emocionante. Creo que en gran parte la felicidad consiste en eso.

Lo que más me gusta y lo que menos me gusta de ser papá,  lo puedo resumir en una sola idea… “ver a mis hijos crecer”.  Ahora lo tengo comprobado, este fin de semana vivimos con ellos una experiencia extraordinaria, y tan solo el recordarlo me rehacer un nudo en la garganta.

Al final del día, les di un beso y los mandé a dormir.  Mi hija se despidió con una pícara sonrisa y haciéndome la señal de que me estaría vigilando.  Mi hijo también se fue a la cama feliz, aunque sus inquietos ojos me decían que en su mente había miles  de ideas todavía dando vueltas y vueltas.

-          ¿Qué te pasa? - le dije -  ya duérmete.
-          Papá, es que te tengo una última pregunta.
-          ¿A ver, qué más quieres saber?
-          ¿Qué me tienes que decir sobre el ratón de los dientes?
-          ¡Eh!… - le dije  con una ancha sonrisa – que te quiere mucho - y le apagué la luz.


 Feliz Navidad, querido lector. 
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martes, 17 de octubre de 2017

3 profesiones que debemos revalorar.

Desde que la vida moderna nos puso en la mano un teléfono con cámara, mucha gente piensa que junto con el aparato adquirieron un título de fotógrafo, reportero y crítico.

Gabriel Zaid; a mi gusto, uno de los mejores pensadores y escritores mexicanos contemporáneos, dice con sarcasmo que debiera haber “guantes de castidad”,  con lo cual se evitaría que muchos libros de paupérrima calidad vieran la luz pública.

Aprovechando su brillante idea, me encantaría que también hubiera cámaras con “lente de castidad” para evitar que muchas fotos y videos llegaran a las redes sociales. Se necesita tener mal gusto, pocos escrúpulos o nada de vergüenza para exhibir en redes, ciertas fotos y videos que en verdad no aportan nada. Y que lejos de estimular la sensibilidad de la gente, lo único que hacen es estimular el morbo… al menos el mío, y no creo ser el único.

A mí  me parece que “el muro de facebook”, ese escaparate de nuestra vida, es como un reflejo de la imagen de la gente o de su negocio, y considero que si descuidamos lo que publicamos ahí, es como si no nos importara salir a la calle sin peinar. A lo mejor es eso… que en realidad no nos importa porque quizá tampoco tiene gran trascendencia. O quizá no.

Algo similar me pasa con la crítica. Ahora muchos nos sentimos jueces del mundo y sus especies, pero nos olvidamos, de que no es lo mismo ser crítico que ser criticón… y si no sabemos o no queremos investigar la diferencia, es porque seguro estamos más cerca de ser de los segundos que de los primeros.  Baste por ahora el recordar que toda crítica o retroalimentación no solicitada, es agresión.

Valoro mucho el trabajo de los críticos, así como el de los fotógrafos, reporteros y periodistas que saben hacer algo más que decir: “Aquí estamos transmitiendo desde…”    Voto porque su trabajo brille siempre sobre las publicaciones de quienes con poco oficio nos atrevemos a esgrimir una pluma, a abrir la boca o a disparar el obturador.

Entendamos como sociedad, que así como el hábito no hace al monje, ni una golondrina hace primavera, tampoco un Smartphone será capaz de capturar un buen contenido sin no hay detrás de éste, una mano y una mente maestra que lo sepa utilizar.  Felicidades a los profesionales de la imagen y la comunicación, son los cronistas de una tremenda historia que no sabemos en qué va a terminar.

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lunes, 9 de octubre de 2017

¿Por qué usamos emoticones al escribir?

 Si consideramos que existen cientos de emoticones para expresar nuestros sentimientos y que por su parte el alfabeto sólo tiene 27 letras y con ellas podemos escribirlo todo.  ¿No es más práctico encontrar las letras para formar la palabras, que andar buscando la mentada carita que representa lo que quiero expresar?

O será que a veces no sabemos cómo se llama lo que sentimos. Quizá no podemos distinguir entre sentirnos bien y sentirnos contentos, alegres, felices, o eufóricos. O tal vez si sabemos, pero nos da pereza ser específicos y hacemos como los españoles que a todo sentimiento positivos lo engloban en una palabreja sin chiste que suena “guai”, cito: “Que “guai” si me invitaras a cenar” así lo dice hasta Joaquín Sabina en su canción Medias Negras… y mira que al citado no le falta oficio ni talento en el uso del castellano.

De igual modo ocurre, cuando un mal sentimiento nos aqueja y no sabemos exactamente qué es, pues no atinamos a distinguir si se trata de tristeza, nostalgia, angustia, desesperación, rabia o alguno otro.

Alex Grijelmo en su libro “Defensa apasionada del idioma español”, comenta: “…ya nadie distingue el gorjeo de un gorrión del silbido de un mirlo”  estamos olvidado como tejer fino, y ahora nos conformamos con hacer medianamente un punto de cruz… y sospecho que por lo mismo preferimos mezclar el lenguaje con una imagen para que exprese por nosotros lo que nosotros mismos no sabemos expresar.

Hay quien se afilia al dicho de que “una imagen vale más que mil palabras”, lo cual acepto con ciertas reservas, puesto que todo depende de qué imagen se trate y de quién vengan las palabras, pues tratándose de valor, el remitente puede hacer toda la diferencia.

En fin, voto a las palabras y a que hagamos uso de ellas para que no se olviden, de no hacerlo quizá no ocurra nada malo, o tal vez si, un buen día pueden acabar en desuso y ocupar un selecto sitio en el rincón del olvido.

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domingo, 2 de julio de 2017

¿Cómo fomentar la lectura por placer?

Saber leer consiste en ser capaces de decodificar las letras y las palabras para entender su significado, ya sea de forma aislada, como parte de una oración o en un texto. Eso generalmente lo aprendemos en nuestros primeros años de escuela, y es la llave maestra que te da acceso a prácticamente todo el conocimiento.

Sin embargo, leer por placer es otra cosa. Leer es un pasatiempo que al hacerlo, te deja algo más que diversión o mero entretenimiento. Es un descubrimiento constante, es adentrarse en el pensamiento de otras personas, es llevar a la imaginación a terrenos que no podrías explorar de otra manera, es estar dispuesto a incrementar tu vocabulario y por consiguiente tu pensamiento, para luego aprender a sacar provecho de esas nuevas armas al momento de hablar o debatir. Leer nos brinda la oportunidad de avanzar por la vida de forma más rápida; pero sobre todo avanzar de mejor manera.

Yo sostengo que los padres de familia tenemos la responsabilidad de enseñar a nuestros hijos a leer por placer, difiero de quien piense que esta sea una obligación de la escuela. Pero también soy consciente de la realidad de que muchos padres de familia no tienen el hábito y en algunos casos ni siquiera el gusto por la lectura y por lo mismo no pueden inculcar ni en sus hijos; ni en nadie más, lo que ellos mismos no hacen.

También sé que hay personas que piensan que leer tampoco es tan necesario puesto que a ellos jamás les ha hecho falta. Creo que eso es tan cierto como el que pasa por la vida sin practicar ningún deporte ni hace el mínimo ejercicio porque jamás le pareció importante. Quizá quienes piensen así tengan cierta razón en base a su experiencia, pero también es cierto que ninguno de ellos sabrá cuanto mejor habría sido su vida si hubieran dedicado un breve espacio a estas dos nobles y redituables actividades.

¿Pero cómo hacer para adquirir el hábito de la lectura si no se tiene, y cómo inculcárselo a alguien más?

Comencemos con abrir un espacio en nuestra agenda para destinarlo a la lectura, no tiene que ser mucho tiempo pero si tiene que ser algo, al menos una vez a la semana. Un amigo me preguntó si  leía mucho, le contesté que en verdad no sabía si leía mucho o leía poco. Lo que si te puedo decir – le dije -  es que procuro siempre estar leyendo algo.

Es conveniente aclarar que cuando hablamos de lectura, no debemos referirnos exclusivamente a leer libros, sino que podemos echar mano de revistas, páginas de internet, periódicos, o hasta comics. Lo que sí es importante es seleccionar qué tipo de contenidos vamos a leer. Para lo cual hecho mano de una contundente frase de Arthur Schopenhauer: “Para leer lo bueno, es necesario no leer lo malo, porque la vida es corta y el tiempo y las fuerzas limitadas”.

Así que sin más, dejaré algunas recomendaciones.  

      Conozca y visite las librerías que hay en su ciudad, o al menos ubique las que están en los centros comerciales a los que suele ir, y cuando pueda vaya con sus hijos o con sus amigos así como a costumbra ir a otro tipo de tiendas.
·      
       Visite las ferias de libros, en muchas ciudades se organizan ferias de libros, ya sean chicas o grandes, pero son una excelente forma de pasar el tiempo.

·         Acepte que existen libros y revistas de todos los temas, es seguro que habrá alguno relacionado con los temas que a usted le apasionan.

·     Considere regalar libros cuando tenga que hacer algún presente por cumpleaños, navidad o simplemente por el gusto de regalarlo a alguna persona especial.

·         Platique acerca de lo que está leyendo, o pregúntele a la gente de su confianza si ha leído algo últimamente. Es decir, saque el tema en las conversaciones ya sea con conocidos o con extraños, hable o pregúntele a la gente qué está leyendo, o qué es lo mejor que ha leído en su vida, le aseguro que la conversación será más interesante que si sólo hablan del clima y de los temas de moda.

·         Si tiene niños llévelos a una librería. Actualmente todas cuentan con áreas infantiles bellamente diseñadas y con un acervo que lo dejará impresionado. Hay libros adecuados y clasificados para todas las edades, y el personal de la librería sabrá hacerle recomendaciones útiles.

·         Invierta en libros, que sus hijos lo vean gastar dinero en libros. Y que lo vean leerlos.

·         Suscríbase a alguna revista, o mejor aún, regálele a alguna persona muy especial una suscripción a alguna revista que usted sepa que será de su interés. Será un excelente regalo que le dure todo un año y que mes a mes se renovará.

·         Invente una regla en su casa, más o menos así: Por cada hora de televisión o videojuegos, habrá que tener 15 minutos de lectura… (o el tiempo que usted considere, lo importante es empezar).

·         Interésese por las lecturas de sus hijos, no importan la edad que tengan, pídales que les comenten sobre sus libros, o mejor aún, léalos usted también (aunque sean infantiles, o aunque sea un fragmento) para que los puedan comentar, es un placer mental y sentimental intercambiar puntos de vista sobre una misma lectura.

·         Lea con sus hijos en voz alta, un rato léales usted y otro rato que ellos le lean, alternen párrafos o páginas, de esta forma ellos aprenderán a pasar tiempo con ustedes con una actividad nueva, y si ellos ven que usted  le dedica tiempo a este asunto, entenderán que se trata de algo importante.

·         Si usted o sus hijos admiran a alguien, busquen su biografía y traten de investigar más y más datos sobre esa persona, promueva la investigación y la búsqueda más allá de Wikipedia o Google.

·         Cuando alguno de sus hijos le pregunte sobre un tema que usted sepa, contéstele como si no lo supiera o como si no estuviera seguro, es decir, invítelo a que busquen juntos sobre ese tema, es seguro que algo nuevo van a aprender los dos.

·         Lea los periódicos de su localidad con cierta regularidad, identifique al editorialista de su preferencia y sígalo de forma regular. Aprenda a conocer a las principales plumas del país, no importa que no esté de acuerdo con sus comentarios, seguramente habrá alguno con quien se pueda identificar más.

·         Si encuentra un libro que le guste, investigue todo lo que pueda sobre el autor, sobre todo, si ha escrito otros títulos que le gustaría leer.

·         Busque algún blog que sea de su interés y suscríbase a él, existen miles de blogs de diversos temas, y son lecturas que no tienen costo, donde además puede interactuar con los autores gracias a la tecnología.

Como se puede dar cuenta, hay muchas formas de fomentar la lectura por placer. Si ya lo hacemos y lo hacemos con regularidad, enhorabuena, seguro estamos contribuyendo con la tarea de ser y de dejar mejores personas en el mundo.

Si tiene alguna otra sugerencia para fomentar la lectura. Se agradece que la comparta en forma de comentario, seguramente más de uno la sabremos aprovechar.

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domingo, 25 de junio de 2017

No me gusta el término “FACILITADOR”

No me gusta el término “Facilitador” cuando se usa para referirse a un maestro, instructor o entrenador de un grupo de personas.  

Me estorba el término, porque se auto define como alguien capaz de hacer que lo difícil se vuelva fácil… eso podrá estar bien en algunos ámbitos, pero no creo que al hablar de educación sea algo que nadie deba ofrecer ni mucho menos otros debamos esperar. 

A mí me gustaría que los maestros de mis hijos, hicieran lo humanamente posible por enseñarles todo lo que deben aprender, que pudieran ser su compañía en todo el proceso de aprendizaje; no importa cuánto tiempo les lleve ni qué tengan que hacer para lograrlo, pero sin facilitarles nada. Es decir, que me gustaría pensar que un maestro es un acompañante a lo largo de todo el camino, pero no un facilitador, pues no esperaría, ni mucho menos exigiría que el proceso de aprender fuera fácil. Podrá ser desafiante, interesante, cansado, por ocasiones tedioso, algunas veces incluso divertido, pero no fácil.

Todo proceso de educación o capacitación, supone que el alumno adquiera conocimientos y/o desarrolle habilidades que aumenten su competitividad. Muchas veces serán conocimientos o habilidades nuevas, y quizá algunas veces sólo se trate de recordar o reaprender algo por segunda vez. En cualquier caso, presupone un proceso de aprendizaje, entrenamiento y práctica. ¿De dónde sale la cándida idea de que aquello tiene que ser fácil, si todo proceso de aprendizaje implica esfuerzo y disciplina?

Es cierto que a veces la suerte, la fe, o quizá hasta el universo pareciera que conspiran en nuestro favor y nos benefician de manera inexplicable, habría que aprovechar esas oportunidades. A mí la vida me ha enseñado que es mejor creer en nuestro propio potencial, transformarlo en trabajo con dedicación y disciplina, y enfocarlo en aquello que se queremos lograr.

Yo estaré más agradecido con los maestros de mis hijos, si fungieran más como guías y compañeros en su proceso de aprendizaje que como facilitadores de todo aquello que les represente un reto, me encantaría que fueran ellos quienes los lleven a poner en práctica el inspirador pensamiento del General Venezolano Francisco de Miranda, quien nos dejó como parte de su legado que el tamaño de nuestro éxito, será del tamaño de nuestro esfuerzo.


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domingo, 18 de junio de 2017

Diálogos con mi hijo


Mi pequeño Pablo me preguntó:

-¿Qué te gustaba más, ser niño o ser adulto?
- Me gustaba más ser niño cuando era niño, pero ahora me gusta más ser adulto.
- ¿Por qué?
- Porque todas las etapas de la vida son bonitas, siempre y cuando las sepas disfrutar.

Si cuando eres niño te la pasas deseando ser adulto, estarás perdiendo el tiempo, porque desearlo no te convierte en adulto, ni te podrás divertir como si lo fueras. Así que más te conviene aprender a disfrutar la vida como niño mientras lo seas.

También funciona igual cuando eres mayor. A mí de nada me serviría querer volver a ser niño, porque eso no va a suceder. Así que prefiero disfrutar la vida de acuerdo a la edad que tengo, porque de todas formas esa tengo.

Así como hay  niños y adolescentes que les encantaría ser mayores, también hay adultos que darían todo lo que tienen por volver a ser jóvenes y hasta niños.  Tal vez dejaron cosas pendientes por hacer en aquellas etapas, o quizá no quieren aceptar que la vida avanza y que es mejor avanzar junto con ella.  No lo sé.

Tu por ahora diviértete como niño, cuando crezcas aprende a disfrutar la vida como joven y luego como adulto. En esos pequeños secretos, la vida esconde sus mejores tesoros y te los da como si fuera una gran recompensa.

-          -    ¿A ti ya te la dio?
-          -    Por supuesto que ya
-          -   ¿Cuándo?
-  Cuando me convertí en papá.

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