jueves, 2 de febrero de 2017

Un Solo México

Soy parte de un México orgulloso de su pasado. Que reconoce el valor de la familia. Que cuando se trata de trabajo, hacemos lo que sea necesario, incluso antes de que salga el sol.
Soy parte de un México que valora su historia y su cultura, y que está dispuesto ser protagonista de una mejor historia y una mejor cultura. Que nos sentimos orgullosos de nuestra tierra y de sus paisajes, pero también de sus costumbres, de su comida, de su música y sus rituales.
Soy parte de ese México que sabe ser solidario, pero también pícaro, alburero e ingenioso. Pero que también sabe ser moderno, actualizado, profesional e inteligente. Que no le teme a la globalización y que está dispuesto a competir en la escala mundial.
También soy parte de ese México que está consciente de que hay mucho por hacer y mucho por mejorar, de ese México que quiere y necesita sentirse orgulloso de sus instituciones y de cada uno de sus representantes.
Sabemos que nuestro país alberga muchas culturas con diversas formas de pensar. Que existen barreras ideológicas que nos separan, nos dividen, e incluso nos confrontan, pero también debemos entender que no es momento de hablar de eso. Debemos hablar de lo que tenemos en común los mexicanos, de exaltar todo aquello que nos une y nos hace más fuertes.
Tenemos toda la vida para luchar por nuestros ideales y defender nuestros miopes puntos de vista. Ya tendremos mucho tiempo después para seguirnos peleándonos entre nosotros mismos por demostrar que cada uno tenemos la razón y los demás están equivocados. Veamos que hoy como nunca, los mexicanos tenemos la oportunidad de mostrar nuestra grandeza y nuestra fuerza motivados por una voz, la voz de México. Dejemos a un lado nuestro orgullo individualista y nuestra soberbia que tan poco valor aporta a la sociedad, veamos por el bien de nuestro país y de la sociedad, es algo de lo que nosotros mismos estaremos orgullosos y muchos otros mexicanos nos lo van a agradecer.
Qué bien que cambiemos nuestra foto personal por la de nuestra bandera, Qué mejor si además cambiamos las actitudes que nos impiden crecer y avanzar como sociedad.

miércoles, 25 de enero de 2017

¿Con Qué te Pago el Cariño?



-    - Papá,  ¿Esta noche, es la noche que voy a crecer más de todo el año? – me sorprendió con esta pregunta cuando nos preparábamos para dormir en la víspera de su cumpleaños número nueve.

-         -  Supongo que sí, hijo -  le contesté sorprendido por su inocencia que por momentos tiendo a olvidar.
-         - ¿O sea que mañana voy a ser más alto de lo que soy ahora? – insistió asombrado.
-          - Seguro que sí, ¿Quieres que hagamos una prueba?...

Así le dije y asintió con una gran sonrisa.

-       - Vamos a marcar tu estatura en este mueble y mañana la revisamos nuevamente a ver cuánto creciste durante la noche, ¿Cómo ves?

Sus ojos no podían de emoción. Así que lo llevé hasta el mueble y le pedí que se pusiera de espaldas,  hice una escuadra sobre su cabeza con la ayuda de un libro y  alterando un poco la medida, marqué una pequeña línea un par de centímetros por debajo de su estatura real, teniendo el cuidado de que él no lo notara.

-        -   Mañana cuando despiertes, volvemos a medirte y vamos a ver cuánto has crecido en una sola noche,  ¿sale?

Mi pequeño hijo se fue a dormir con una gran ilusión pensando en cómo su cuerpo trabajaría mientras él descansaba.  Desde ese momento me podía imaginar su cara de sorpresa al siguiente día, al descubrir  cómo había crecido cerca de dos centímetros en una sola noche.  

Me pidió que le acompañara  a leer en su pequeño libro,  y así lo hicimos por un rato. Si bien es cierto que a los 9 años, los niños ya saben leer, considero conveniente enseñarles además a disfrutar de las lecturas y a emocionarse con ellas.

Acabamos el capítulo y le pedí que se durmiera.  Le di un beso y sin darme tiempo a salir de su recámara me dijo:

-         -  ¿Te acuestas un ratito conmigo?

Asentí mientras veía sus grandes ojos. Me recosté a su lado pensando  - ¿Con qué podré  pagarte tanto cariño…?

Me quité los lentes y los dejé sobre el buró,  acción que mi hijo sabe interpretar como una verdadera disposición a descansar y a dormir en serio.

Me dijo “buenas noches” y se aferró a mi brazo como advirtiéndome que si intentaba escapar  lo notaría enseguida. Lo tranquilicé  diciéndole quedito que no me iría a ningún lado… quizá pensó que sólo hablaba de aquella noche.  Es todavía pequeño para entender que aquellas palabras,  abarcan toda mi vida.

Me dispuse a dormir, no sin antes pensar en el compromiso que como padre tengo con él. Que privilegio y que bella forma de corresponder a su confianza, a su cariño y a esa fe desmesurada me muestra cada día y lo hace creer en mí.


Feliz cumpleaños, querido Pablo (enero 2017).

martes, 24 de enero de 2017

Responsables somos todos

Responsables somos todos

No sirve juzgar, no sirve condenar… responsables somos todos, porque todos formamos esta sociedad dividida por ideologías, por desigualdad económica y diversidad de intereses, que está más ocupada en exigir sus derechos y cumplir sus caprichos, que en acatar sus deberes.


Un pueblo conformado por gente más interesada en señalar los errores de los demás, que en aceptar y corregir los propios. 


Una sociedad adicta a la tecnología, donde ahora los aparatos son los inteligentes y los usuarios los brutos. Esta guerra la está ganando el morbo.

Gobernados por una clase política a la que nadie respeta, porque no se comporta de manera respetable.

Y gobierno y sociedad juntos, hemos hecho de nuestro México, un país que en este momento siente más orgullo de su pasado que de su presente.

Responsables somos todos… nadie se sienta inocente porque ninguno hemos hecho lo suficiente.

Mientras los valores universales como el perdón, la gratitud, la generosidad, el respeto o el amor, sigan siendo vistos como un símbolo de debilidad más que de fortaleza, y mientras sigamos con la atención dispersa en temas banales y ridículos, anteponiéndolos o sobreponiéndolos a aquellos temas que nos hacen ser mejores personas, nuestra sociedad tendrá que pagar un precio tan alto, que siento que ya estamos dando los primeros abonos.

martes, 22 de noviembre de 2016

Las Mascotas en la Familia.

Me gusta que mis hijos convivan con perros, y aunque sé que es riesgoso para ellos, (para los perros),  finalmente terminan conociéndose, respetándose y queriéndose unos a otros. 

Las mascotas, y especialmente los perros siempre le han aportado a mi familia un ingrediente de funcionalidad que es útil y recomendable. Me refiero a la seguridad, pues sus sentidos les permiten detectar situaciones  de riesgo antes que a nosotros. Especialmente cuando se trata de que algún extraño se acerque a la casa.

También gracias a los perros hemos podido enseñar  a mis hijos  que tener un animal  implica una responsabilidad, pues hay deberes relacionados con la higiene,  la salud y la sociabilidad, en la cual los perros se convierten en un aliado para el aprendizaje.  

Como ejemplo y sin que estuviera considerado en el plan de estudios original, la tarea de recoger los desechos del perro se ha vuelto un tema hasta para desarrollar habilidades de negociación entre mis hijos, pues lo que para mí sería tomar una bolsa, recoger las heces y tirarlas a la basura, para mi pequeño vástago  es salir al patio, buscar los mentados residuos, contarlos, dividirlos entre dos, avisar a su hermana que le toca recoger su 50%, ir a buscar una bolsa para llevar a cabo la tarea, hacerse loco un rato para ver si a papá y mamá se nos olvida el tema, rogar porque  a la hermana también se le olvide y finalmente salir a regañadientes a cumplir con la imposible misión cuando se topa con la mirada de quien le dio la vida.  

Así les vamos enseñando y así vamos aprendiendo nosotros de ellos también.  Hasta que llegan temas donde entramos en conflicto, como el hecho de sacar a pasear al perro con un collar de castigo, pues sienten que el animalito de tanto que estira se pone morado.  O cuando hay que aplicarle un correctivo  por haber hecho algo indebido y cual si fuera político, a periodicazos le vamos enseñando lo que si y lo que no.  Ahí es cuando mis hijos sienten que no quiero al perro y es justo ahí donde la sociedad a veces tampoco ayuda.

Ya ven que está en boga hablar sobre familias;  en todas sus presentaciones, pues para mí las mascotas son sólo eso, mascotas  y no familia. Y  aunque en algunos casos se les quiere más que a ciertos familiares, porque generalmente también ellas nos tratan mejor, he sido muy determinante en señalar que un animal, por muy querido que sea, no se puede comparar con una persona.

Ahora bien,  últimamente han abierto en la ciudad, espacios públicos, restaurantes y centros comerciales que se les denominan “pet frendly”  (me parecen de lo más chocante el término,  no por lo que significa, sino porque lo tengan que llamar en inglés para que la sociedad lo acepte, pero así estamos).

Pues en uno de estos lugares me tocó ver a una perrita usando zapatos de tacón (zapatos para  perro, por supuesto). Cabe señalar que con el atuendo y el modo de andar, se parecía bastante a la dueña, quien  llevaba la correa por el otro extremo. Y al rato, me tocó ver a un perro con chamarra y gorro como si fuera un niño.  El caso más absurdo, se trataba de una pareja de jóvenes que llevaban un perro vestido como si fuera un niño, metido en una carriola para bebés y lo paseaban como si se tratara de su hijo.

No sé qué pase por la mente de estas personas, quizá piensan que darle a los perros el trato que ellos quisieran recibir es hacerlos felices, quizá tengan una conexión neuronal con los animales y logren ponerse de acuerdo hasta para escogerse la ropa, o quizá simplemente tengan unas ideas diferentes a las mías. Lo cierto es que en las tiendas cada vez es más común encontrar ropa para mascotas que van desde lo que pudiéramos llamar sencillo hasta lo exótico.

Creo que humanizar de esa forma a los perros y a los animales en general, también debería ser considerado como una forma de maltrato animal. Los perros son perros y tienen derecho a un trato digno y nosotros que nos decimos “seres superiores” (y ya empiezo a tener mis dudas) debiéramos ser los primeros dárselos.  

Humanizar animales a nuestro gusto y a nuestro antojo, me hace pensar que simplemente los estamos utilizando para hacer con ellos, lo que no fuimos  capaces de lograr con alguien más. Dicho de otro modo, es aprovechamos de su nobleza. 

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jueves, 17 de noviembre de 2016

Un Muro en el Desierto.

Un muro en el desierto, es tan sólo eso, un muro.

Un muro en el desierto, es a lo más una simple barrera física.

Una barrera que nace con la idea de dividir, de separar, de excluir a unos  para proteger a otros.

No se dan cuenta de que son las barreras mentales y no las físicas las que dividen, las que alejan, las que discriminan y terminan por matar. Son ellas  las que no nos permiten crecer pues nos impiden ver el mundo desde otros puntos de vista y entender nuevas formas de pensar.

Un muro, por grande y majestuoso que sea siempre tiene un límite, y por lo tanto se puede rodear, saltar o incluso atravesar.  Un muro por alto o profundo que sea, no va a detener a quien esté decidido a cruzarlo, ni será un imposible para quien haya llegado hasta ahí después de haberlo dejarlo todo.

Me pregunto si los recursos que se pretenden usar para construir ese capricho, no pudieran tener un mejor destino en beneficio de los mismos americanos. Pienso en educación, salud, seguridad pública, combate a la pobreza,  desintegración familiar, formación de valores, ciencia y tecnología, deporte y cultura, fundaciones altruistas, hospitales e infraestructura, conservación de recursos naturales e incluso atención digna y profesional al fenómeno de la migración. ¿No habrá un mejor destino para todo ese dinero?

¿Qué tantas intenciones se pueden esconder detrás de un muro? ¿Qué mentes perversas promueven muros cuando lo que el mundo pide a gritos son puentes y redes? ¿Cuánto cuesta la soberbia de unos cuantos que al creerse superiores pretenden que otros paguen por ello?


Hay dudas en mi mente y pesar en mi corazón,  pero por encima de todo, la absurda imagen sin sentido de un muro en medio del desierto. 

viernes, 11 de noviembre de 2016

Es más Fácil Ser Borracho que Ser Cantinero

La sorpresa ya pasó, las elecciones de Estados Unidos no tuvieron el final feliz que los mexicanos esperábamos. Y no es que fuéramos partidarios de “La Hilary” (¡Ah, cómo me acuerdo de Germán Dehesa!), sino que la otra opción nunca la consideramos como una opción seria. Y aquí la primera enseñanza: En una elección, todos los participantes pueden ganar.

Como siempre pasa en los medios de comunicación, los futurólogos hicieron sus vaticinios y es fecha que las cejas no les bajan a su lugar. Ahora todos están justificando porque no sucedió lo que pronosticaron y están volviendo a pronosticar lo que sigue.  Parece que no aprendieron la lección.  

El pueblo en general no deja de despotricar contra el presidente electo, bien dicen que “Es más fácil ser borracho que ser cantinero”,  y esta semana el dicho ha quedado más que demostrado. Miles de gringos no hallan qué hacer para echar reversa a la elección, (a buena hora)  ahogado el niño quieren tapar el pozo. Y los mexicanos que somos tan afectos al mitote, no hemos parado de hacer chistes sobre el tema. 

Eso sí, en general se percibe un ambiente de preocupación e incertidumbre, y creo que el sentimiento está bastante justificado. Ha ganado un hombre que le gusta ganar al costo que sea. Y no sólo eso, hay mucha gente que lo apoya y que piensa igual que él.

¿Por qué ganó el señor? - No lo sé, pero de tanto que he escuchado, me convence la idea de que ganó porque es apoyado por un gran número de personas que están hartas del sistema político nacional y que están dispuestas a experimentar un cambio al costo que sea.  


Pienso que si alguien debe aprender algo con esta lección es la clase política en general, a quien bien le vendría reivindicarse de la crisis de valores y de credibilidad en la que ha caído,  dando como resultado que a los políticos en estos tiempos, no se les cree ni cuando dicen la verdad. 

domingo, 9 de octubre de 2016

El Carácter, ese intangible, tan tangible…

El carácter es eso que tenemos los seres humanos, que no sabemos dónde empieza, ni dónde acaba, pero que se vuelve especialmente notorio cuando nos falta o cuando lo sacamos en dosis excesivas.
En ocasiones decimos ¡Qué buen carácter tiene, fulano!; refiriéndonos a alguien que acabamos de conocer, cuando lo único que hicimos fue pasar un rato con una persona que nos hizo sentir bien. Tampoco es muy justo acusar de “mal carácter”, a quien por algún motivo vemos “haciendo un pancho” envuelto en cólera, ya que tampoco sabemos (como decía mi abuela) la cruz que viene cargando, o qué lo ha llevado a reaccionar de tal manera ante esa situación.

El comportamiento del ser humano es completamente impredecible. Esta bendita condición de libertad de la que muchos gozamos, nos permite ser buenos o malos como el que más, lo mismo  generosos que avaros, compasivos que crueles, y tan solidarios como individualistas según sea nuestro libre proceder.

¿Quién puede decir que conoce el carácter de otra persona con apenas conocerla, si muchas veces no somos conscientes ni siquiera del nuestro?, porque el carácter es algo que cambia con el tiempo, que se modifica. Se moldea en el mejor de los casos, o se forja de golpe ante una situación determinada.

Ahora bien, tener buen carácter cuando la mar está en calma, ¿Qué chiste tiene?, tener buen carácter con los demás en un ambiente de cordialidad no es una prueba de fuego, ni siquiera un desafío mediano, es apenas elemental educación.  Buen carácter tampoco implica estar siempre de buen humor.  Buen carácter significa que somos capaces de comportarnos y responder con justicia, temple y serenidad y agregaría que hasta optimismo ante las circunstancias que la vida nos presenta.

Un buen carácter se demuestra en las buenas y en las malas, en los momentos de tensión y en las fiestas, en la tempestad y en el sarao, y preferentemente con todas las personas por igual, para evitar ser candil de unos y oscuridad de otros. Digamos que lo mejor de nuestro carácter, es ese intangible que hace que los demás valoren nuestra compañía, por tener la capacidad de saber estar acorde a la ocasión sin perder el control.

¿Cómo se manifiesta la falta de carácter? Acaso con debilidad que nos hace rendirnos antes de intentarlo, acaso con miedo que nos hace huir de lo que nos causa escozor, o con gritos de desesperación ante aquello que nos asusta y que da como resultado más tensión en el ambiente. 

¿Y cómo se manifiesta el exceso de carácter? ¿En verdad existe el exceso de carácter?, ¿O qué es eso que surge de nosotros, que hace que la gente diga “Es una persona de mucho carácter”?, ¿No será como decir que es una persona con un carácter de la pésimo?,  ¿O que se trata de una persona con un carácter tan débil que no es capaz ni de controlarse a sí mismo? 

A mí me gusta pensar en el carácter como una herramienta interna de la que puedo echar mano en cada momento del día, útil tanto en la soledad como en la interacción con los demás. Una fuerza interior que nos ayuda a mantener el control ante cualquier situación, que nos permite pensar con lucidez y tomar decisiones razonadas y no emocionales, o como aquello que nos aflora en forma de disciplina y nos levanta cuando nuestro cuerpo y nuestra mente piden un descanso.


Qué difícil resulta el autodominio, qué complejo es mantener la serenidad cuando las cosas no van bien. Ahí es donde se suele poner a prueba nuestro carácter. Sin embargo que esperanzador resulta saber que una parte de nosotros siempre podrá ser mejor y que la vida cada día nos seguirá poniendo retos para seguirlo trabajando, de nosotros depende querer hacerlo  e intentarlo siempre será un buen principio.