domingo, 30 de diciembre de 2018

Te Deseo Fuerza


Te deseo fuerza.

La fuerza necesaria que te permita pedir perdón a quien has ofendido y perdonar a quien te ofendió.
La fuerza suficiente que te ayude a dominar tus vicios y ganarle la batalla a tus propios demonios.

Fuerza para ponerte límites que te hagan crecer.
Fuerza para actuar con disciplina.
Fuerza para controlar tu carácter.
Fuerza para escuchar, y comprender que hay otros puntos de vista.
Y fuerza para callar, cuando no tengas nada que mejore al silencio.  


domingo, 28 de octubre de 2018

Crónica de una “carrera” anunciada.


Como si recorrer 5 km no fuera suficiente para mí, me animé a participar aun sabiendo que el trayecto tenía obstáculos, que no eran otra cosa que gigantescos brincolines inflables que debíamos escalar por un lado y bajar (si no es que caer) por el otro.

Llegué a inscribirme junto con mi hijo de 10 años; edad a partir de la cual los niños podían participar solos, es decir, sin la compañía obligada de un adulto, esa fue la primera señal del cielo, pero no la supe leer.

Después de un breve calentamiento en el que fue evidente mi incapacidad para realizar ciertos estiramientos, (esa fue la segunda señal pero tampoco la vi), nos congregaron en una especie de jaula al pie del primer obstáculo que tenía forma de resbaladero gigante y sin decir “agua va”,  comenzaron la cuenta regresiva.

Mi hijo Pablo se instaló entre las primeras posiciones para salir junto con los punteros, yo, consciente de mi escasa pericia con los inflables y previendo no poner en riesgo a los demás participantes, preferí que todos fueran por delante. Aplastar familias no es lo mío, así que preferí instalarme en modo de “dejar pasar”; incluso a un par de contemporáneos que estaban más o menos de mi calibre y rodada.

A la señal de arranque, todos trepaban, mi hijo en un santiamén estaba en la cima, brincó hacia el otro lado cuando yo todavía no me había ni movido, y fue la última vez que lo vi.  Comencé a escalar cuando vi que nadie correría peligro si me caía, y al llegar a la cima comprobé lo que suponía; de mi hijo y los punteros no se veía ni el polvo... (Esa fue la tercera señal y entones me pregunté: ¿Qué carajos hago en un brincolín a 6 metros del suelo?). Pero como “Aquí se apuesta la vida…”, no me quedó más remedio que avanzar… y avancé ayudado por la fuerza de la gravedad hasta llegar al suelo. Una vez apeado, comencé a trotar hasta el segundo obstáculo, en ese momento pensé en mi hijo, quien seguramente me llevaba como 100 metros de ventaja y me  acordé del chiste del toro y el becerro… pero eso lo dejaré para el final.

Seguí a mi paso siguiendo la ruta trazada y preguntándome qué sentido tenía haber hecho la carrera, si era obvio que mi hijo tomaría la delantera en los primeros 5 segundos y no lo volvería a ver hasta llegar a la meta, si es que llegaba, y en esas cavilaciones me encontraba cuando de forma solvente rebasé a mis agotados contemporáneos, quienes para ese entonces ya clamaban por una cerveza.

Avancé sin prisa pero sin pausa, pensando en que esto apenas empezaba, así que decidí dosificar mi energía y llevármela con calma, a mi edad, es más loable terminar entero, que terminar pronto. Llegué al segundo y luego crucé el tercero de los brincolines, en ese momento mi ruta se cruzaba con los que apenas iban y volví a escuchar como los de mi rodada estaban dispuestos a dar su reino por un clamato. En mi condición todavía no era para tanto, aunque ya empezaba a pensar en lo que me faltaba más que en lo que llevaba.

Por el quinto o sexto inflable escuché los gritos de una entusiasta jovencita organizadora, que me animaba: -  ¡VAMOS SEÑOR, USTED PUEDE! –  pobrecita, pensé, ¿Cómo me vería para que se haya animado a animarme?  Sin mediar palabra y viendo que se trataba de una chica generación z, le agradecí el ímpetu con una sonrisa y le di “like” sin detener la marcha.

Mientras me aproximaba al octavo obstáculo, vi que el inflable era como un enorme ring de boxeo  con obesidad, como si los planos para su diseño los hubiera pintado Francisco Botero, y para agravar la situación, el espacio lucía lleno de niños (más obstáculos), confieso que estuve tentado a rodear el artefacto para evitar un accidente, y en esas cavilaciones me encontraba cuando me acordé del casi prócer Roberto Madrazo; excandidato a la Presidencia de la República; más recordado por tomar un atajo en una carrera internacional, que por sus méritos en favor de la nación; si es que alguna vez los tuvo, y resolví que yo jamás aspiraría a ser recordado de la misma manera.  Así que resuelto y con determinación me dispuse atravesar lo que parecía una alberca de pirañas. Grande fue mi sorpresa cuando al llegar, escuché a otra organizadora gritando a los escuincles, “CUIDADO CON EL SEÑOR, CUIDADO CON EL SEÑOR”, aquel era un golpe bajo a mi vanidad casi en la recta final. Si bien contaba con suficiente energía para continuar, los gritos de la chamaca que seguro no tenía ni prepa terminada casi me hacen desfallecer. Sin embargo, recuperé el entusiasmo cuando sucedió el milagro. Algo similar debió sentir  Moisés cuando se le abrieron las aguas del mar Rojo,  porque todos los niños se hicieron a los costados y me dejaron pasar sonrientes y respetuosos. 

Para estas alturas, ya mi hijo estaba descansando y preguntándose si su querido padre llegaría antes de que anocheciera, o si debía llamar al 911 para que me buscaran.

Yo, seguía mi paso y ahora más que nunca dispuesto a terminar lo que había empezado, me dirigí al penúltimo inflable y al ver que se trataba de un túnel regordete que subía, bajaba y te hacía salir por el otro lado, comencé a tener una risa nerviosa seguramente provocada por la posibilidad de quedar atorado… aquí el mérito no consistía en cruzar, sino en caber, de inmediato recordé a mis contemporáneos y los imaginé embutidos en un obstáculo del que jamás saldrían y eso me hizo recuperar el ánimo. Subí y bajé con tal solvencia que hasta yo me asombré, y si más trámite troté hasta la meta donde me esperaba un simple resbaladero que sorteé como si fuera un experto.

Mi hijo me recibió en la meta todavía jadeante y sin haberse recuperado del todo, mientras yo (aunque media hora después) llegué casi intacto.  Nos abrazamos y nos tomamos una foto para celebrar el triunfo.  – Te tardaste mucho – me dijo.  – Pero terminé - le contesté.  

La carrera de obstáculos fue como una analogía de la vida, no es una carrera de velocidad, sino de resistencia. Y aunque es muy cierto que no existe sustituto de la victoria, también es verdad que en la vida, cada quien va corriendo su propia carrera.

Bono adiciona:
Un toro viejo y un becerro pastaban en un prado, a lo lejos una manada de vacas comenzó a mugir.
- Abuelo, - dijo el becerro - ¿Por qué no corremos y nos cogemos una vaca?
El toro viejo contestó: - ¿Por qué no mejor caminamos y nos las cogemos a todas?


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Rancho o Pueblo

Rancho o Pueblo.
Por: Manuel Gil Ramos
Rancho o pueblo, noreste mexicano,
curtido por el sol y por el viento,
de piel reseca, tu campo está sediento
aun del esfuerzo de callosas manos.
Casas de adobe, enormes ventanales
rodean la plaza y calles aledañas,
mientras el templo guarda en sus entrañas
la mística de santos patronales.
Bajo el calor del sol de mis paisanos
hay huellas de un pretérito rupestre.
La gente honra un apretón de manos,
y hace parir al suelo más agreste,
sabe que es un honor ser mexicano,
y un orgullo además, ser del noreste.

martes, 25 de septiembre de 2018

O ME MANTENGO AL DÍA, O PROFUNDIZO


Despierto y siento que me pongo en contacto con el mundo. Corrijo, con mí mundo. Hasta ahora todo marcha bien. Me levanto y el frio escala por la planta de los pies, un atisbo a través de la ventana y ahí está, atento a nuestra cita el brumoso amanecer, siempre llegando antes que yo.

Después el baño y la idea de un aromático café que me tomaré más tarde. Quisiera prolongar este momento, pero ahora, me es imperativo entrar en contacto con el resto del mundo, cierro los ojos, me concentro, respiro hondo y me lanzo por el tobogán de la información.

Tomo el smartphone o cualquier aparto similar y apenas me identifica, los titulares llenan el espacio compitiendo por robar mi atención, fecha y hora se hace a un lado como pasando a segundo término. 

Luego viene el clima y el pronóstico por si seguimos vivos los próximos días, luego las notificaciones de todo aquello que no es urgente, pero conviene estar al tanto. Después los mensajes colectivos y personalizados.

Enciendo la radio o la televisión, los locutores me piden que me quede con ellos durante las próximas horas. Ahora los titulares además se infiltran por mi oído, me prometen que más tarde abordarán cada tema con más calma y en compañía de un experto, ahora lo importante es estar informado. 

En un momento de lucidez, me apeno al ver que me estoy llenado de noticias internacionales pero desconozco si mi familia ha amanecido con bien.

Ahora los comerciales son quienes robar mi atención, me invitan a comprar y a pensar que son los mejores, me dicen que con ellos podré solucionar un problema que no tengo. O que quizá si tengo y me dejan pensando.

Luego me dan el resultado de los juegos de anoche y las fechas de los próximos partidos, con sus pronósticos, estadísticas y las más recientes declaraciones. Luego el acontecer político que es como una repetición del siglo pasado con un nuevo reparto de actores y de activos. 

Ahora vienen los espectáculos con toda su carga de morbo y frivolidad. Y para esta hora ya estás atendiendo pendientes laborales, de clientes y proveedores, citas en persona, llamadas y  correos. 

Ahora lo urgente se revuelve con lo importante y todo ello con lo trivial.

¡Basta! No sé ustedes, pero yo renuncio al exceso de información.  O me mantengo al día o profundizo en lo que me interesa. Y la verdad prefiero ensayarme en lo segundo que convertirme en depositario de toda la basura informativa que me quieran echar.

Cada vez valoro más el silencio y el tiempo dedicado a la reflexión. Me declaro a dieta de información chatarra.  Renuncio a dejar mi tiempo en las redes sociales viendo vidas ajenas y en los titulares de los periódicos con noticias que no son de mi interés. Perdón si no le doy un “like” a sus publicaciones, la verdad es que hace tiempo que no me detengo a verlas.

Profundizar en lo que nos importa, es ir más allá del primero y segundo pensamiento, es consultar algo más que un twiter, es contener el primer impulso y pensar dos veces antes de hablar o actuar, es investigar más allá de Wikipedia y Google, es también reflexionar, preguntar, debatir, argumentar, entrevistarse con quien sabe más que uno, y sobre todo, es estar dispuesto a aprender.

Digamos que me place más leer un libro, que pasar la vida viendo portadas.

4 ESCENARIOS PARA MÉXICO.

Después de un largo período de descanso, para ustedes de mí, por supuesto.  Me reporto para hacer algunos comentarios.

Con 7 meses transcurridos de este pintoresco 2018. Puedo ver que después de un intenso primer semestre que llenó de especulaciones a la opinión pública y de rabia y pasión a muchísima gente, el mes de julio transcurrió sin pena ni gloria, pero sobre todo, sin revueltas ni sobresaltos a consecuencia de los resultados electorales.  Digamos que el ejercicio de democracia del que muchos millones fuimos parte el 1 de julio, dejó tranquilos a la mayoría y resignados a los demás.

Debo reconocer que producto de la votación, los próximos 6 años seremos gobernados por alguien que jamás ha sido Santo de mi devoción. Sin embargo, debo decir también, que desde que tengo edad para votar, es la tercera vez que me pasa lo mismo.

Sin embargo, aún con los cambios que se avecinan en el entorno; no sé ustedes, pero yo debo seguir trabajando para mantener a mi familia. Así que espero que nuestro próximo presidente, efectivamente genere las condiciones para que nuestro país sea cada vez más seguro y con mejores oportunidades para todos.

Aquí pueden suceder 4 escenarios. El primero, que las condiciones generales del país mejoren, lo cual sería muy bueno, pues nos permitiría a cada uno seguir haciendo lo que hacemos pero dentro de un entorno más favorable. Créanme que es lo que más deseo y si eso sucede, seré el primero en reconocerlo, pues lejos de pretender ser un crítico ácido, esperando la pifia o el error del adversario para  decir “se los dije”, me considero un simple observador del momento, atento a lo que venga, y esperando que lo que venga sea lo mejor para todos.

El segundo: Que las condiciones del país empeoren, y que el gobierno gaste 6 años buscando chivos expiatorios para fincarles responsabilidades y cobrar venganza al estilo de la vieja escuela política, (ni tan vieja), “si no eres de los míos, estás contra mí” y mejor te meto en la cárcel lo que dure le sexenio para que no andes haciendo travesuras. Este caso sería terrible, pues se agravarían las condiciones de seguridad, corrupción, economía, desempleo, educación, delincuencia, etc. Y por si eso fuera poco, se generaría un desencanto en el 53% de la población votante que nos llevaría a una depresión colectiva o a una guerra civil. (Y 2 sexenios seguidos con desencantos presidenciales se me hace que no los aguantamos).

El tercer escenario: Que las condiciones del entorno nacional permanezcan igual a como están ahora.  Y si esto ocurre, como en el escenario anterior, seguramente habrá oradores que exalten los motivos y pretextos que justifiquen el por qué las cosas están igual que antes, sin que sea culpa del gobierno en turno. Debates de unos y otros al por mayor; haciéndoles el caldo gordo a los medios de comunicación, mientras los nuevos militantes de Morena (o sea casi todos), se terminan de dar cuenta que no es lo mismo estar en campaña que estar gobernando, echarán de menos los aplausos y recordarán su viejos tiempos engrosando las filas del PRI al son de “Aquí todo sigue igual, como cuando estabas tú”.

Trabajemos por un México más fuerte y más competitivo. Hagamos que nuestro país comience a trazar una nueva historia, pero que sea una historia de trabajo y de orgullo. Donde el esfuerzo se transforme en bienestar para nuestras familias y nos sintamos libres de ejercer nuestro oficio en un país seguro y confiable, con instituciones fuertes y transparentes donde la corrupción sea cosa del pasado, de un pasado que nos avergüence y nos obligue a mirar en otra dirección.

No son quimeras, es una realidad a la que podremos aspirar, cuando seamos conscientes de que los problemas de nuestro país no radican sólo en tener un gobierno sin valores, si queremos convertirnos en una mejor sociedad, todos debemos responsabilizarnos de nuestro propio actuar.

Casi lo olvidaba, el cuarto escenario… aquel donde las condiciones se mejoren para unos y se empeoren para otros… sólo que ahora, la variable será conocer quiénes son los “unos” y quiénes son los “otros”... es otra forma de decir: “lo mismo de siempre”.

domingo, 24 de junio de 2018

Un aplauso al INE...


El sábado 23 de junio por la tarde recibí mi tercera y última capacitación por parte del INE para ser funcionario de casilla, habiéndome designado el instituto como “Primer Secretario”;  para mayor precisión.

Para mí ha sido una agradable sorpresa recibir y conocer la cantidad y calidad de materiales que se emplean para capacitar a quienes vamos a participar como funcionarios.  Desde mediados de mayo; es decir, mes y medio antes del día de la elección, recibí mi nombramiento junto con el manual del funcionario de casilla y un cuaderno de ejercicios para practicar y despejar dudas sobre  todo el proceso de la votación, desde la instalación de la casilla hasta la clausura, pasando por el llenado de actas y el conteo de votos.

Durante este tiempo, he tenido 3 sesiones de capacitación, (una personal y 2 en grupo) que además de brindarnos el sustento teórico, consisten en realizar simulacros de la instalación de la casilla, el conteo de boletas previo a la elección,  la recepción de electores, la votación, el escrutinio y conteo de votos, el llenado de documentos,  la publicación de resultados y el  armado y  entrega de paquetes ante la dependencia correspondiente (INE para votación federal e IEEG para la votación local). 

Quienes participamos, hemos aprendido detalles importantes del proceso y despejado  innumerables dudas y mitos sobre la jornada electoral.

Lo único que me resta decir es que admiro la labor que está haciendo el INE junto con sus miles de capacitadores a lo largo del territorio nacional. Ignoro como sea en otras latitudes, pero al menos aquí (León, Gto.) estoy sorprendido de la entrega y disposición de los capacitadores, porque la jornada se realice de forma pacífica, con absoluta transparencia, y sin errores.

Por lo anterior, recomiendo a quienes tenemos nuestra credencial para votar, acudir a ejercer nuestro derecho, y a ser parte de este gran ejercicio ciudadano. Un país como el nuestro, necesita buenos ciudadanos que sean ejemplo de civismo y participación.  

Sigamos las instrucciones del INE, no nos dejemos engañar por videos, memes y spots que sólo pretenden confundir a la ciudadanía infundiendo miedos y dudas. Acudamos a la casilla que nos toca y marquemos nuestro voto por el candidato que sea de nuestra preferencia, dejemos de lado la paranoia de que nuestro voto será vulnerado.  Dejemos de reenviar mensajes con información que no nos consta, lejos de hacer un bien, sólo fomentamos la confusión y la desconfianza entre la ciudadanía. Piénsenlo, es mejor no reenviar  nada que propagar mentiras.  

Ejerzamos nuestro voto y no hagamos complicado algo que en esencia es muy sencillo. Ir y votar.

Si te parece importante, compártelo.




domingo, 17 de junio de 2018

Mi voto no es secreto… (Quinto y último de los textos políticos alusivos a las Elecciones)


No conozco a ningún candidato a la presidencia de la república. Digo que no los conozco, porque verlos en los medios y escucharlos en campaña, no es conocerlos de verdad.  Los veo, los escucho, trato de entenderlos  y ver con quienes hacen equipo. Con algunos encuentro afinidades, con otros discrepo.  Sé que están en campaña y coqueteando con sus mejores galas físicas, emocionales e intelectuales.

Los medios (hasta los que se dicen serios) por momentos pierden objetividad, los  burócratas y militantes de partidos; “Amigos todos”; están tan desacreditados, que cuesta trabajo creerles hasta cuando dicen la verdad. La sociedad civil oscila de la discreción al apasionamiento, la información falsa o tendenciosa, supera por mucho a la que sirve para hacer juicios de verdad. Eso sí, la gracia de los memes y el ingenio del pueblo  mexicano es insuperable.

Con este entorno y faltando poco tiempo para las elecciones, me siento como quien hace un viaje por carretera y a medio desierto encuentra un restaurante como única opción para comer. Al entrar descubres que el menú no tiene lo que a ti te hubiera gustado, pero aun así, debemos elegir algo que nos permita continuar nuestro viaje lo mejor posible.

Aunque el menú me brinda cuatro opciones, sólo me concentro en dos.

La opción uno: José Antonio Meade, quizá el de mejor experiencia para  el cargo, opacado por una lápida que lleva a cuestas, que a diferencia del Pípila, lejos de protegerlo le impide avanzar. Me hubiera gustado verlo y escucharlo siendo autocrítico de los gobiernos donde él participó, y crítico objetivo de los partidos que lo postulan, con eso habría sido mejor candidato.

Y la opción dos: Ricardo Anaya, a quien veo como un joven ambicioso, hábil, actualizado, tenaz y capaz de hacer cosas que otros no se han atrevido. Con una historia por aclarar, donde hasta ahora, su disposición a rendir cuentas ante las instituciones (también de dudosa parcialidad) lo ha mantenido en la lucha, haciendo alianza con partidos de izquierda y de derecha.  

Votar en secreto es un derecho pero no una obligación. En esta elección mi voto no será secreto, será para Ricardo Anaya.  La razón es más poderosa que el posible enojo, y el presente más fuerte que el pasado.

Si estás de acuerdo conmigo te invito a manifestarlo, si discrepas y apoyas a alguien más por verdadera convicción, te felicito por defender tu voto como yo defiendo el mío.

Si te han impuesto alguna forma de pensar, quizá te falte información o libertad de pensamiento. 

Si no puedes externar tu preferencia real por evitar un conflicto o por temor  represalias, lo entiendo y lo respeto, pero quizá te falta  libertad de expresión.

Comamos en paz para poder seguir nuestro viaje,  el camino y el destino dependerá más de nosotros que de los demás, y si el platillo no nos nutre, al menos esperemos que no nos haga daño.