Necesitamos un solo México, donde quepamos todos.
Todos los pensamientos, los colores y las razas.
Todas las ideologías, que converjan y diverjan sin miedo
a morir.
Un México, donde nada valga tanto como la vida misma.
Un solo México, plural y diverso.
Donde comprendamos la realidad ajena.
Donde aceptemos a los que son o piensan diferente a mí.
Donde seamos solidarios con los que más necesitan y menos
tienen,
y esa solidaridad nos una, como tantas otras veces.
Un solo México, donde nada ni nadie nos divida.
Donde nadie siembre encono ente nosotros, que al final
somos iguales.
Donde nadie diga, que existen ciudadanos de primera y de
segunda.
Y seamos capaces de ayudar al fregado, sin fregar al
próspero.
Un solo México, donde entendamos que lo que nos une,
es más grande que lo que nos divide.
Que nuestras coincidencias son mayores que las
diferencias.
Y mis derechos están de alguna forma ligados a los tuyos.
Allí cabremos todos, indios y mestizos.
Pobres y ricos, ateos y creyentes, ancianos e infantes.
Todos los géneros y todas las creencias.
Empresarios y obreros.
Catedráticos y analfabetas.
Artesanos, agricultores, constructores,
transportistas, indigentes, profesionistas,
Los que venden, los que compran,
los que cumplen, los que evaden, los que ríen, los que
lloran.
Borrachos y cantineros, cholos y grafiteros,
Campesinos, deportistas, ganaderos y poetas.
Delincuentes, policías, estudiantes, albañiles,
Cocineros, políticos, atletas…
Un solo México, donde quepamos todos.
Porque todos somos uno,
Porque uno somos todos.
Y al final somos el mismo, el que añora, el que sueña,
el que aspira, el que quiere y ya no espera.