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jueves, 3 de junio de 2021

Un Solo México

 Necesitamos un solo México, donde quepamos todos.

Todos los pensamientos, los colores y las razas.

Todas las ideologías, que converjan y diverjan sin miedo a morir.

Un México, donde nada valga tanto como la vida misma.

 

Un solo México, plural y diverso.

Donde comprendamos la realidad ajena.

Donde aceptemos a los que son o piensan diferente a mí.

Donde seamos solidarios con los que más necesitan y menos tienen,

y esa solidaridad nos una, como tantas otras veces.

 

Un solo México, donde nada ni nadie nos divida.

Donde nadie siembre encono ente nosotros, que al final somos iguales.

Donde nadie diga, que existen ciudadanos de primera y de segunda.

Y seamos capaces de ayudar al fregado, sin fregar al próspero.

 

Un solo México, donde entendamos que lo que nos une,

es más grande que lo que nos divide.

Que nuestras coincidencias son mayores que las diferencias.

Y mis derechos están de alguna forma ligados a los tuyos.

 

Allí cabremos todos, indios y mestizos.

Pobres y ricos, ateos y creyentes, ancianos e infantes.

Todos los géneros y todas las creencias.

Empresarios y obreros.

Catedráticos y analfabetas.

 

Artesanos, agricultores, constructores,

transportistas, indigentes, profesionistas,

Los que venden, los que compran,

los que cumplen, los que evaden, los que ríen, los que lloran.

 

Borrachos y cantineros, cholos y grafiteros,

Campesinos, deportistas, ganaderos y poetas.

Delincuentes, policías, estudiantes, albañiles,

Cocineros, políticos, atletas…

 

Un solo México, donde quepamos todos.

Porque todos somos uno,

Porque uno somos todos.

Y al final somos el mismo, el que añora, el que sueña,

el que aspira, el que quiere y ya no espera.

 

 

domingo, 21 de marzo de 2021

Estoy de paso.

Estoy de paso, igual que todos.

Y voy dejando atrás la historia que he cargado.

La convierto en tinta densa,

La vuelvo garabatos en papel mojado.

Sangre que va cargada de recuerdos

que presa y egoísta se abre paso.

Como yo.  

Y estoy de paso

Y en este andar de calles empedradas

Unos me ven pasar, y otros ni caso

Hay quien le da por caminar conmigo

Y algunos ya no quieren dar ni un paso.

Y paramos a veces y soñamos despiertos y cantamos dormimos.

De paso, aunque con paso firme y decidido

De paso, aunque con pies descalzos y sencillos

Con ese andar pausado

que jamás va a pasar inadvertido

Cual viento entre las aspas del molino

Cual manantial que emana y fluye prístino

Y corre y al correr  va haciendo ruido,

Que aunque sigue siendo él, ya no es el mismo.

domingo, 13 de septiembre de 2020

Partiendo de Casa (poema 2003)

Es toda mi vida entera
la que por mis ojos pasa,
cuando pienso que está acerca
el día que me iré de casa.
De la casa de mis padres,
la que por años llevara
grabada en mi corazón,
en mi conciencia y mi alma;
como el mejor territorio
donde el cuerpo descansara
y mi mente desafiante
todos los sueños soñara.
El adobe de sus muros
historias enteras guarda;
quién pudiera revivirlas
por volver a disfrutarlas.
Aquí tuve la fortuna
de que mi vida empezara;
cuando llegué tuve suerte,
mis hermanos me esperaban
para enseñarme la vida
y aprender cómo gozarla.
Y qué decir de mis padres
que con afán inculcaban
“Lo primero es la familia,
y lo segundo, la casa.”
Cuesta trabajo imponerse;
se adelanta la nostalgia
al sentarme en la oficina,
al dormir en la recámara
y al comer en la cocina;
que es corazón de la casa.
El patio con los geranios,
el chabacano, la palma,
el panal de las abejas
y en cada Semana Santa
las jardineras de flores
las azucenas llenaban.
Mas ha llegado el momento,
una nueva vida aguarda;
no me avergüenza decirlo,
de mis ojos brotan lágrimas
que prueba son de alegrías
y de experiencias pasadas,
donde mi casa fue el punto
y ahora duele dejarla.
Pero aquí he sido testigo
de que la historia no acaba.
Los padres ya son abuelos
y los abuelos aguardan
la llegada de los hijos
y de los nietos que abrazan
cuando llegan en tropel
a la mejor de las casas.
Y qué decir de las fiestas,
las navidades y tantas
sobre-mesas los domingos
después de una carne asada.
Mil hojas puedo escribirle,
cien poemas no alcanzaran
para expresar mi cariño
por vivirla y disfrutarla.
Algún día contaré
a mis hijos y a mi amada,
todos aquellos momentos
y recuerdos de mi infancia,
también de mi juventud
y total toda mi estancia
que pasa entera en segundos
y viene a ensalzarme el alma.
Hoy veo que soy cosecha
de una semilla sembrada,
llegado está mi momento
y debo partir de casa.

El Torito

En las calles del pueblo
un tambor resuena a lo lejos.
Se acerca.
Un látigo restalla y se abre paso
Le sigue un silencio
Y luego el tambor…
Ratata tán, tan tán
Ratata tán, tan tán
Es una danza que viene.
La gente se vuelve con dirección al barullo
El tambor ya no parece tan lejano
Veo al que lo carga y lo resuena
Es un hombre, serio y hambriento
A su lado danzan otros más pequeños
Llevan máscaras de animales y demonios que grotescamente sonríen
El tambor ensordece con su ratata tán, tan tán.
Tras las máscaras, niños hambrientos ocultan su vergüenza y su cansancio
Hay también una mujer
Todos piden dinero, excepto el hombre del tambor,
Él sólo marca el ritmo al que debe marchar la vida.
No se detienen ni ellos ni nadie.
Todos siguen su camino.
¿Quién es ella?
¿A quién le importa la mujer que se oculta en una máscara de muñeca sonriente y chapeada?
¿Quién es él?
El que no lleva máscara
El que sostiene la mirada con cualquiera sin bajar la cara
O quizá no la sostiene, sólo lleva su vista en el horizonte,
Como ausente, como si fuera otro el que lleva el tambor y el cuerpo.
Y el tambor se aleja
Y todos con él.
En la plaza del pueblo
Un tambor resuena a lo lejos
Y se aleja poco a poco
Con su ratata tán, tan tán.
Que aturde, pero casi nadie oye,
Que asombra, pero casi nadie ve.


domingo, 19 de julio de 2020

Desde mi comodidad…

Desde mi comodidad veo tus ojos.
No puedo ignorarte.
Tu mirada es más fuerte que la mía.
El semáforo rojo acelera el pulso y sobra tiempo
y faltan ganas,
Por tus ojos veo el hambre,
Y esperas;
como te han hecho esperar toda la vida, tu corta vida.
desborda la inocencia,
y eres víctima.
Una pequeña víctima de seis o siete años.
Desde mi comodidad, sigo pisando el freno, la luz roja eterna,
Quiero irme hasta donde no te vea ni con el pensamiento.
Siento vergüenza.
Busco algo para darte… pues no llega el verde todavía,
y no te sacaré de mi cabeza…
Encuentro migas… migajas de un tesoro que me sobra…
Una naranja, por ejemplo, aunque sea la cáscara…
Una dádiva, algo que sirva, no para curar tu pena, sino la mía.
- Es tuyo.
Y una sonrisa amarillenta asoma triunfante.
- ¡Uf, lo logré! - pensamos los dos desde nuestras miserias.

sábado, 2 de mayo de 2020

Ganas de vivir

Yo no pedí nacer.
No supe cómo comenzó mi vida.
Cuando tuve consciencia el agua ya fluía en mi interior.
Es obvio, estaba vivo.
Seguro me caí de una carreta, o alguien me lanzó a la orilla del camino.
Tuve suerte de no terminar siendo forraje.
Apenas y recuerdo que agonizaba y enraicé por puro instinto.
El instinto y el placer no están peleados.
Me fui llenando por dentro, me fui fortaleciendo.
Apenas puedo creer mi suerte…
Por aquí casi no pasa nadie, y eso quizá haya sido lo mejor.
Aquí peleé contra el sol y gané; el mismo que antes me mataba,
ahora me da la vida…
Y contra el viento, pero ya no.
Tengo hijos, y mis hijos tienen hijos y frutos.
Que también son frutos míos y del desierto.
Y aquí seguimos peleando la eterna batalla contra el tiempo y la sequía,
como todos los hijos de esta tierra.

domingo, 1 de abril de 2018

Poema Corto

Poema corto,
Tan corto apenas, cual final de un verso.
Que sea una carga menos en el equipaje de cualquier viajero.
Que no les robe espacio, ni en lo más profundo de su pensamiento.
Que viaje libre, a paso ligero.
O mejor aún, que se lo lleve el viento.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Poesía Viajera (Si la gente no va a la poesía…)

Mi primer poema lo aprendí siendo niño de preescolar. Fue mi abuelita Maye, (así le llamábamos, aunque su nombre era Margarita) quien me hizo memorizar los siguientes versos:

Seré grande un día, tendré un buen bigote,

sombrero de copa, casaca y bastón,

haciendas, borregos, caballos de trote

y lleno de pesos un hondo cajón.

Bien, pues de todo aquello que me hizo vaticinar mi abuela sólo le atinó al bigote. Aquello para mi no era un poema, era una forma de pasar el tiempo con mi abuela, a quien le encantaba platicar.  Sin embargo, recuerdo aquellos versos y me empeño en enseñárselos a mis hijos sin más propósito que tener un motivo más para recordar a mi abuela.

Con seis años cumplidos y mi expediente en regla llegué a la primaria, ahí volví a tener un encuentro con la poesía, cabe decir que menos grato que el primero, pues acá las cosas eran a fuerza y con obligatoriedad a declamar en voz alta frente a todo el salón.  El martirio me duró hasta que salí de preparatoria pues en el colegio la poesía siempre se consideró una bonita tradición. 

Cabe señalar que los maestros que me acompañaron durante todos estos años de formación, en temas poéticos, no eran malos, (ojalá hubieran sido malos) eran malísimos, y aun así cumplían su riguroso cometido de pasar a todos sus alumnos; de uno por uno, al frente a declamar lo que cada quien pudiera (no podría decir lo que cada quien “quisiera” porque era obvio que nadie quería declamar nada) Con este antecedente de obligatoriedad y teniendo que ser autodidacta en algo que a la generalidad de los niños y jóvenes les importa un comino, es fácil odiar todo aquello que parezca poema.

Después de otros pocos años, llegué a la universidad y con ello al teatro, descubrí un mundo fantástico donde aprendí los secretos de la interpretación y la representación. Oh sorpresa, descubrí poco a poco que la poesía no me desagradaba del todo.

Años más tarde, comencé a declamar  poemas semanalmente en La Peña Latina,  durante más de un año.  Ahí descubro, compruebo, constato y desde entonces doy fe, de que la poesía le encanta a casi toda la gente, especialmente a los jóvenes, sólo que la mayoría no estamos acostumbrados a tener encuentros amables con ella.

Al tiempo ya no solo disfrutaba y hacía que otros disfrutaran de la poesía sino que, haciendo acopio de arrojo, comencé a escribir mis primeros poemas.  Aquellos bocetos literarios con el tiempo se han ganado el corazón de dos o tres personas (además de mi mamá y mi esposa cuyos elogios sospecho que están influenciados por el amor que me tienen).

Lo cierto es que a la mayoría de las personas nos cuesta acercarnos a la poesía, cualquiera que sea de ésta su forma y presentación.  Por ello, y sin proponérmelo, viene a mi mente el viejo proverbio que dice “Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña”  y parafraseo el mío propio: Si la gente no va a la poesía, entonces que la poesía viaje y llegue hasta donde está la gente. En eso mi cerebro da un salto y se pregunta - Pero ¿Dónde  está la gente?  - la respuesta es más fácil que la tabla del uno. – la gente está en facebook.  – y decido  - pues entonces la poesía tiene que llegar hasta allá y en un formato amable, o si no, cuando menos amigable.

Los poemas fueron escritos, editados, publicados en un libro, presentados en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 2009, grabados en audio y video, editados, cargados en youtube y finalmente “En Facebook” donde está la gente.

El poema ve el trayecto que ha recorrido  y suelta de sus letras un suspiro y un  “¡UF!”  ahora me conocen porque me conocen.

Y cansado de su viaje, sabe que lo que le espera es la parte más difícil, la exposición permanente al escrutinio del respetable público, aquel que no fue a por ella, (como se dice en España) y a quien ahora se le mete en su camino.

Sea pues, la poesía ha llegado al inicio de la pista de despegue, lo que dure en vuelo, será gracias a la acogida que el público le pueda dar.

No te reto, sólo a que la conozcas y la disfrutes.