domingo, 21 de marzo de 2021

Estoy de paso.

Estoy de paso, igual que todos.

Y voy dejando atrás la historia que he cargado.

La convierto en tinta densa,

La vuelvo garabatos en papel mojado.

Sangre que va cargada de recuerdos

que presa y egoísta se abre paso.

Como yo.  

Y estoy de paso

Y en este andar de calles empedradas

Unos me ven pasar, y otros ni caso

Hay quien le da por caminar conmigo

Y algunos ya no quieren dar ni un paso.

Y paramos a veces y soñamos despiertos y cantamos dormimos.

De paso, aunque con paso firme y decidido

De paso, aunque con pies descalzos y sencillos

Con ese andar pausado

que jamás va a pasar inadvertido

Cual viento entre las aspas del molino

Cual manantial que emana y fluye prístino

Y corre y al correr  va haciendo ruido,

Que aunque sigue siendo él, ya no es el mismo.

viernes, 12 de marzo de 2021

Un Año de Pandemia


El 2020 llegó con la expectativa que genera todo año nuevo, sobre todos, con la esperanza de que fuera un año mejor que su antecesor 2019, que aunque para algunos fue bueno, para la economía en general había sido de regular a malo. Ninguno sospechábamos que el enemigo apenas estaba tocando la puerta.

La noticia del coronavirus llegó a México por las redes sociales y los medios de comunicación. Los noticieros daban la nota e informaban la terrible situación que vivían los chinos al otro lado del mundo. Como si estuviéramos en la edad media, muchos tardamos en entender que el problema de China, también era un problema mundial, una vez más el fenómeno de la globalización nos puso a prueba.

Primero dijeron que fue por algo relacionado con un murciélago, luego que procedía de un animal llamado pangolín; después surgieron todas las teorías conspirativas que usted guste, que si fue algo planeado para eliminar a una parte de la raza humana, que si le faltó cocción al murciélago, que los gobiernos malditos lo mandaron hacer para dominar el mundo, etc. El caso fue que se salió de control. Todo eso puede ser digno de investigación científica y seguramente lo será, pero no para esta crónica, aquí hablaremos de forma coloquial del virus que anda de boca en boca, como los buenos chismes y sólo en eso nos vamos a centrar.

En México la amenaza se comenzó a sentir cuando el virus se desperdigó por Europa, específicamente por Italia y España, y como cierta parte de nuestro linaje se ufana de que nos hayan conquistado los españoles, fue hasta entonces cuando el tema lo comenzamos a tomar en serio.

El primer caso en México se detectó el 28 de febrero, y como era de esperar, resultó ser de una persona que viajó y se trajo el virus como polizón. Después hubo un sonado caso de un grupo de viajeros que fueron a esquiar en Vail, Colorado y se trajeron más semilla para diseminar principalmente en Guadalajara y la ciudad de México.

Durante la primera quincena de marzo, se comenzó a hablar del tema en algunas empresas, y a tomar algunas acciones que se suponían prudentes. Dejamos de saludarnos de beso, de mano y de abrazo. Dejamos de hacer reuniones donde se juntaran más de 10 personas en espacios cerrados y comenzamos a promover el uso de gel antibacterial. El primer cambio radical llegó por parte de las autoridades el fin de semana del 13 al 16 de marzo, cuando se dio la noticia de que el regreso a clases quedaba suspendido para todos los grados. Todo el sistema educativo nacional, estaba a una semana de iniciar las vacaciones de semana santa y las autoridades decidieron que era mejor ya no volver a los salones y por lo tanto se adelantar el período vacacional.

El 15 de marzo mi familia y yo estábamos en Guadalajara asistiendo a un evento social al que fuimos invitados, y a pesar de las advertencias que apenas comenzaban, decidimos asistir tomando las precauciones que consideramos prudentes. Recuerdo que el saludo sin tocarnos ya era un valor sobreentendido, así como guardar distancia con toda la gente y procurar no tocar nada que no fuera necesario. Fuimos, cumplimos y nos regresamos al siguiente día sin mayores contratiempos.

Ese fin de semana, en la CDMX fue muy cuestionado y criticado un concierto llamado “Vive Latino”, que albergó decenas de miles de personas en el Foro Sol. El virus en ese momento era más novedad y noticia que una verdadera amenaza, así que miles de personas; de todo el país asistieron y se divirtieron. Pasados algunos días se dio a conocer que un guardia de seguridad del concierto se había infectado, pero a pesar de la multitud, el problema no se desató como por momentos se llegó a pensar.

La siguiente semana los gobiernos de todos los niveles comenzaron a circular señales de alarma, recomendaciones e instrucciones con diferentes grados de intensidad. A nivel federal se hablaba a nivel de prevención cuidando no despertar alarma entre la sociedad. Incluso llegando al absurdo de que el titular del Ejecutivo en varias ocasiones mandó mensajes contradictorios a los que mandaban sus subordinados. Recomendaciones como la de guardar sana distancia y dejar de saludarnos de beso y abrazo, eran boicoteadas con mensajes como “Hay que abrazarse, no pasa nada.” En algunos estados, las medidas de prevención fueron dadas como recomendaciones y en otros como decretos donde se advirtió que quien no los acatara se las vería con seguridad pública. A nivel municipal los esfuerzos que alcancé a ver iban más enfocados a temas de tener cuidado al usar transporte urbano y a evitar asistir a lugares donde se hubiera mucha gente.

Con el paso de los días las medidas se incrementaron. En algún momento se dispuso que las clases no se reanudarían hasta nuevo aviso, medida que por encima de todo, generaba mucha incertidumbre. Luego comenzaron a suspender eventos masivos, conciertos, partidos de futbol y espectáculos en general, con esto se cerraron teatros, auditorios y cines. Se dispuso cancelar eventos público y después incluso privados de tipo social, en virtud de que a los salones de fiestas se les prohibió operar por la concentración de gente que albergaban.

Cuando la noticia de la pandemia se popularizó, ocurrió un fenómeno social que llamó la atención de muchos, al grado tal que las críticas y los chistes no se hicieron esperar, me refiero a las compras de pánico. El papel sanitario fue el artículo más cotizado y por algunas semanas fue difícil de conseguir. El agua embotellada y los productos para desinfectar también se escaseaban por días, muchos productos se vendían de forma racionalizada, cierta cantidad máximo por familia o por persona, poco a poco la sociedad entendimos que serenarnos era de más ayuda que entrar en pánico y provocar caos. Con esta medida y el paso de los días, nos fuimos acostumbrando a adoptar ciertas reglas en nuestros hábitos de consumo, como asistir solos a los supermercados para evitar aglomeraciones, (y además, porque no dejaban entrar mas que un miembro por familia), comprar cierto número de productos solamente, y por supuesto llevar tus propias bolsas, ponerte gel antibacterial antes de tomar el carrito, etc.

Luego vino una medida que cambió de forma disruptiva los hábitos laborales. Con la determinación de que el país entraba en fase 3, se decretaba que los comercios y negocios en general debían cerrar y mandar a todos sus trabajadores a casa para continuar trabajando en la modalidad de “home office”. Solamente podían permanecer operando aquellas actividades consideradas como esenciales, con esto se referían a todo el sector salud, abasto de productos, medios de transporte, energéticos y algunos cuantos más. El resto tenía la obligación de irse a casa.

Como era obvio, la polémica y la controversia se incrementaron. ¿Cómo era posible mandar a la gente a su casa, en un país donde la inmensa mayoría depende de lo que genera diariamente para poder comer? Aquí la convicción sobre el virus no era el problema, la gente sabíamos que la pandemia estaba causando estragos en otros países, el problema era cómo cubrir las necesidades económicas para los gastos más básicos.

En una sociedad polarizada, como la nuestra, fue tema de varias semanas entender que si bien había gente que podía tranquilamente quedarse en casa por un tiempo, había muchos otros que no porque debían salir a buscar el sustento diario, y que los unos y los otros tenían razones muy diversas para actuar de cada modo. Se pidió hasta el cansancio tolerancia para quienes pensaban y actuaban distinto y como siempre pasa, en algunas ciudades las controversias llegaron al terreno de los golpes, arrestos y demás.

En el ámbito empresarial las medidas se fueron intensificando y comenzaron a sentirse los primeros estragos en el aspecto económico. Con el cierre obligado de tiendas y comercio en general, más la instrucción de que la población debía permanecer en su casa, los negocios se vieron afectados en sus ventas y comenzaron los despidos de personal. Los que pudieron aguantar un poco más, mandaron a la gente a sus casas, algunos sin verse afectados sus ingresos, otros ajustando jornadas reducidas en tiempo y en salario. El resultado fue que la gente comenzó a tener menos dinero y en consecuencia a cuidar más sus gastos.
Las instituciones de crédito, los bancos y algunas tiendas departamentales, lanzaron planes de apoyo a sus clientes otorgándoles prórrogas para cubrir sus pagos, las empresas comenzaron a publicar ofertas con tal de no bajar sus ventas o volver líquidos sus inventarios, los empresarios en general tuvieron que salir de una zona de confort y se vieron obligados a ponerse creativos con tal de salvar sus negocios. Otros, simplemente cerraron de forma definitiva y lo perdieron todo.

Algunas empresas mandaron a la gente a su casa de forma paulatina. Primero a quienes formaban parte de algún grupo vulnerable por su condición de salud. Posteriormente aquellos trabajadores que por su tipo de trabajo, podrían hacerlo desde casa sin mayor problema y finalmente; alternando jornadas a ratos en casa y a ratos en sitio. Cada quien hizo lo que pudo o consideró mejor para su negocio. Así fue durante abril y mayo.

El gobierno federal, implementó una campaña que llamó Jornada de Sana Distancia y para ello diseño un personaje que representa a una heroína a la que llamó Susana Distancia. El personaje se popularizó como reguero de pólvora, y la creatividad que distingue a muchos connacionales, hizo que en muy poco tiempo pudiéramos encontrar a la famosa Susana en carteles, anuncios, videos y por supuesto memes, piñatas y hasta pasteles.
Aparecieron jingles en la radio que hacían alusión a las medidas de prevención, como toser y estornudar en el ángulo interior del brazo pare evitar el salivazo… y se establecieron conferencias diarias de las autoridades para informar y en ocasiones, confundir con exceso de información a la población, una vez más quedó demostrado que la capacidad de informar de nuestras autoridades es tan deficiente como la capacidad de la sociedad para discernir tantos datos. Además en un país con tan bajo nivel cultural, donde abunda la información basura, ¿A quién le preocupa buscar información en fuentes confiables?

En nuestros hogares la dinámica cambió de manera drástica. Cabe señalar que en este rubro hay tantas historias como viviendas en cada ciudad. Digamos en lo general, que los hábitos se tuvieron que adaptar al encierro, pues ahora todo se regía por tratar de permanecer resguardados lo más posible. Personas vulnerables y niños, en teoría no tenían justificación para salir, así que la provisión de víveres y enseres recaían en adultos sanos, o lo más sanos posible. Algunos comenzamos a comprar comida para varios días, los que salíamos a la calle, adoptamos el hábito de quitarnos los zapatos y cambiarnos de ropa al llegar a la casa, y dependiendo de la paranoia familiar en algunas casas, el recién llegado era obligado a bañarse cada vez que llegaba de la calle.
La conexión a internet se convirtió en primera necesidad, pues además de las empresas, las escuelas y colegios comenzaron por mandar trabajo para hacer en casa, y finalmente todos terminaron por impartir clases de forma virtual diariamente a fin de rescatar en lo posible el ciclo escolar. Las personas que estaban haciendo home office, también requerían de una conexión con suficiente banda ancha. De esta forma se volvió necesario designar un lugar para trabajar en casa y en poco tiempo todos nos volvimos expertos en dominio de aplicaciones y sistemas para hacer video llamadas y enviar y recibir información de forma digital.

Las compras en línea se incrementaron de forma exponencial, las empresas que no estaban preparadas tecnológicamente para operar a distancias sólo tenían dos caminos para elegir: adaptarse al cambio o agonizar. En cada familia comenzamos a vivir el encierro de diferente forma.

Por las redes sociales y los canales de noticias, nos llegaban imágenes de cómo se estaba viviendo este proceso en otras partes del mundo, las referencias principales seguían siendo Italia y España, hasta que comenzó a figurar Estados Unidos. La gran potencia vecina en principio pareció minimizar el tema y para cuando reaccionamos, ya tenía en su récord más muertes que cualquier otro país del mundo. En unas cuantas semanas, el país del norte se volvió el epicentro de la pandemia mundial por la cantidad de casos confirmados, por la cantidad de muertos y porque se volvió fenómeno viral, al grado de que en ciudades como Nueva York; por citar sólo una, no se daban abasto con los servicios funerarios.

En las casas, las familias comenzamos a compartir y experimentar formas lúdicas de combatir el aburrimiento. Si el asunto consistía en quedarse en casa, el desafío consistía en pasarla lo mejor posible. El tiempo que las personas pasábamos ante las pantallas aumentó drásticamente. Las familias comenzaron a buscar qué hacer y cada una fue encontrando el modo.

Obviamente no existe una receta única, pues cada familia tiene necesidades y gustos diferentes. Aquellas donde viven bebés o niños pequeños, no pasaban por las mismas dificultades que donde había adolescentes, jóvenes, adultos o personas de la tercera edad. Los que enfrentaron la cuarentena con un embarazo o con algún padecimiento, por supuesto que tuvieron que lidiar con problemas muy diferentes y particulares. Los que viven con mascotas también tuvieron que adaptarse, todos nos enfrentamos a situaciones diferentes ante un mismo reto. Mantenernos en casa y pasarla bien. Se popularizó la analogía de que todos estábamos pasando por la misma tormenta pero cada uno en diferente barco, desde los que la veían la situación desde un crucero trasatlántico hasta los que la sobrellevaron en un yate, un velero o un buque de remos, el caso fue que cada uno se las ingenió para mantenerse a flote el mayor tiempo posible.

Creo que muchos optamos por establecer algunas reglas básicas de convivencia, horarios para dormir y para comer, tiempo para hacer actividades juntos y otros para que cada uno hiciera sus deberes o sus gustos de forma individual. Hubo que repartirse las tareas de la casa y procurar que todos participáramos. La pandemia indujo a que quienes tenían personas para apoyar el servicio doméstico también las mandaran a su casa; al menos un tiempo, y como era de esperarse, las casas no se limpiaron solas.

A manera de entretenimiento algunos optamos por armar rompecabezas, retomar lecturas y pasatiempos, cocinar y por supuesto, haciendo un esfuerzo adicional, encontrar un tiempo y un lugar para hacer ejercicio. Otros simplemente se tiraron al sillón, o al vicio sin más apuro que consentir al cuerpo, al fin que para ello sobraban formas de hacerlo. Los sitios que no daban servicio a través de plataformas digitales lo comenzaron a hacer y con ello ganaron todos.

De pronto y sin pensarlo, tuvimos acceso a ver desde casa funciones del Circo du Solei, o de algunas obras de teatro de Broadway, que nunca antes se habían televisado y menos de forma gratuita. Lo mismo con el acceso virtual a museos y galerías de arte. Algunos artistas de la escena comenzaron a hacer presentaciones desde sus casas en formatos sencillos pero cálidos.

Recuerdo presentaciones de Carlos Cuevas, Carlos Rivera, Emmanuel y Mijares, Eugenia León, y obras de teatro como Cats, El Fantasma de la Ópera y una extensa cartelera que promocionó una compañía teatral de Buenos Aires. La verdad es que oferta hubo para todos los gustos y al alcance de cualquiera.

No recuerdo que en años anteriores hubiéramos hecho las compras del súper por internet, y esa fue una de las modalidades a las que tuvimos también que adaptarnos. Luego vinieron otras, como dejar de asistir a restaurantes y centros comerciales. Si acaso, sólo recogíamos la comida en la modo “Para llevar” y de los centros comerciales nos fuimos olvidando poco a poco.

Cuando fue necesario regresar a alguno, vimos con tristeza que muchas tiendas habían cerrado de forma definitiva, y lo que antes eran plazas llenas de vida, ahora lucían casi desiertas, y con muchos locales cerrados o con carteles que decían “Se Renta”.

Recuerdo que en mayo contábamos a modo de chiste, que a la pandemia sólo le faltaban 3 días para terminar: El día de la madre, el día del padre y el día de la independencia… nos hacía gracia el comentario por pensar que la pandemia se extendería hasta septiembre, y con el tiempo comprobamos que una vez más, la realidad superó la fantasía.

La novedad de las reuniones virtuales hizo que le sacáramos provecho a las aplicaciones también para fines lúdicos, y de pronto estábamos haciendo reuniones de tipo social, reuniones de amigos, de familia, celebraciones de cumpleaños y hasta serenatas virtuales nos tocó vivir ante la imposibilidad de hacerlo en vivo. Y como la creatividad daba para mucho, se puso de moda la celebración de cumpleaños con caravanas de vehículos que se organizaban para pasar por la casa del festejado armando alboroto y dejando a su paso muestras de cariño.

Con el aislamiento llegaron también un sin número de videos, textos, invitaciones a conferencias etc. que trataban sobre recomendaciones para sobrellevar la pandemia, el encierro, la ansiedad, el miedo y la mismísima enfermedad culpable de todo, el covid19. El sector salud, fue el más expuesto y el más vulnerable, por momentos, lejos de reconocer lo que este sector hacía por la sociedad, fue visto por algunos como un peligro potencial al grado absurdo de discriminarlos y verlos como una amenaza social, muchos médicos, enfermeros, y trabajadores de la salud, sufrieron acoso, discriminación y hasta violencia física por gente ignorante que en vez de verlos como potenciales héroes al servicio de la sociedad, los consideraba una amenaza para la salud.

Poco a poco, como sociedad fuimos aprendiendo el valor de las cosas más cotidianas, comenzamos a sentir y a manifestar aprecio por la vida y la salud, o la simple convivencia social y muchos finalmente entendimos la importancia de la prevención. Por supuesto hay sectores de la sociedad que no escarmientan con nada, y no son capaces de solidarizarse con los demás hasta que la muerte les toca a la puerta, lamentablemente mucha gente ha tenido que padecer pérdidas cercanas para entender que el virus realmente existe y que la protección y los cuidados, dependen de todos.

Acuñamos el término de “La Nueva Normalidad” y la asumimos como quien no tiene más remedio que aprender a vivir con un nuevo estilo de vida, adecuando nuevos hábitos y cambiando otros que ya no son convenientes conservar. Los chistes, memes y la picardía que nos caracteriza como sociedad, afloró como era de esperarse, y como los mexicanos de las peores desgracias hacemos los mejores chistes, el virus y la pandemia no lograron salir invictos.

Pasó el verano y con él se fue la esperanza de volver al nuevo ciclo escolar de forma presencial. Las clases volvieron en modalidad virtual y chicos y grandes no tuvimos más remedio que resignarnos. Los que cambiaron de grado o de escuela, es fecha que no han convivido con sus nuevos compañeros, ni disfrutado de las nuevas instalaciones, pues la escuela para fines prácticos sigue siendo su casa.

Con la llegada de las fiestas patrias, el día de muertos y luego la navidad, no tuvimos más que aceptar que este fue un año donde todos aprendimos a disfrutar de estas fechas de un modo distinto, unos optaron por seguir haciendo celebraciones virtuales y otros por celebrar tan solo con la familia inmediata, es decir, disfrutar las fiestas con los que viven bajo el mismo techo.

El gobierno siguió pidiendo que nos cuidáramos, y aunque parezca absurdo decirlo, la estrategia de comunicación oficial, todo el año estuvo caracterizada por la falta de congruencia, la confusión y los discursos que se contradecían entre funcionarios que promovían el uso del cubre bocas y la sana distancia, y otros que ni respetaban la recomendación, ni mucho menos promovían que se hiciera una cosa o la otra.

A un año de haber iniciado la pandemia, nuestro país ya cuenta en cifras oficiales con casi doscientos mil muertos por covid19 y más de dos millones de contagiados, cantidad a la que habría de sumarle todos los casos no oficiales pero que también pasaron por lo mismo. La pugna entre el medio oficial y los medios de comunicación ya fastidia, la constante lucha entre partidos políticos por desprestigiar al contrario y estar constantemente tratando de demostrar que ellos tienen la razón, es denigrante y cínica.

La vacuna ha llegado a nuestro país a cuenta gotas y la estrategia nacional de vacunación es de lo más cuestionada, los que hace cuentas comentan que comparado con otros países, México tardará “años” en tener vacunada al 70% de su población, la verdad nadie la sabe, porque en un año donde la continuidad en el poder está en juego, todo se politiza. Con la contienda electoral en puerta, hasta las mejores intenciones, si es que alguien las tiene, se ponen en duda o simplemente nadie las cree.

Dicen que las enfermedades y la muerte, son estadísticas hasta en tanto no te lleguen de forma cercana. Todo era cuestión de tiempo, poco a poco, nos fuimos enterando de conocidos, amigos y familiares que iban siendo víctimas del contagio. Muchos transitaron por la enfermedad y lo pueden contar como una historia con final feliz, pues la superaron de alguna u otra forma, pero muchos otros no, su historia tuvo un desenlace fatal e inevitablemente deja un hueco y un recuerdo muy difícil de sobrellevar. Hay un sin número de casos que son dignos de que alguien les escriba su propia historia llena de heroísmo y valentía, gente que pierde la batalla después de haber arriesgado su salud o dado su vida por cuidar a otros. Homenaje especial a cientos de médicos y personal del sector salud que dejaron su vida en la primera línea de fuego.

El coronavirus y la pandemia, es un fenómeno del cual varias generaciones hablaremos diciendo que hubo un antes y un después. Con las mismas siglas (AC y DC) con las que se define la historia del mundo “Antes y Después de Cristo”, casi 2 milenios después llegó un fenómeno también de impacto mundial, el “Antes y Después” de las Computadoras y ahora en los primeros 20 años del siglo XXI, el “Antes y Después” del Coronavirus. Parteaguas que serán hitos en la línea de un tiempo que sí nos tocó vivir.

La mayoría de los ciudadanos seguimos viendo la forma de cuidar la salud y la fuente de ingresos. Algunos hemos entendido que no hay nada tan valioso como la vida misma, ojalá no tardemos en entender que la mejor medicina sigue siendo la prevención y la mejor vacuna por ahora, consiste en cultivar buenos hábitos. El 2020 llegó con una gran expectativa y se fue dándonos muchas lecciones. Y como a un maestro exigente, de esos que te marcan para siempre, nadie lo vamos a extrañar, pero tampoco nos vamos a olvidar de él.

domingo, 24 de enero de 2021

Era Cuestión de Tiempo.

El virus llegó a la familia. Mi esposa permanece aislada en una habitación. Mis hijos y yo, ahora usamos cubre bocas también dentro de la casa.  Era una cuestión de tiempo. Por mucho que te cuides y extremes precauciones, llega un momento en el que todos los cuidados son insuficientes.

La importancia de prepararte física, mental, emocional y económicamente ayuda mucho. Es importante tener un plan con anticipación y platicarlo con todos los miembros de la casa, así todos sabremos qué podemos esperar y cómo debemos actuar.

Ya habíamos tocado el tema en la familia varias veces. ¿Qué pasa si alguno de nosotros se enferma o nos enfermamos?, ¿Cuál habitación vamos a usar como habitación covid? ¿Cómo vamos a convivir con el enfermo? ¿A qué médico vamos a recurrir y qué tratamiento vamos a seguir?, ¿Sólo se medica el enfermo o todos los miembros de la casa?

Por ahora los síntomas han sido desde leves hasta moderados. Las instrucciones médicas las estamos siguiendo al pie de la letra y como nunca, cada miembro de la familia tenemos medicamentos hasta para repartir.  

Este texto lo escribo, después de mi rutina de ejercicio, que no es gran cosa, pero que realizo cinco días a la semana, sin más propósito que mantener mi salud lo mejor posible. Y sí, si me da flojera y sí me cuesta trabajo. Así que haciendo a un lado la humildad, considero importante seguir fomentando la consciencia, ojalá logre inspirar a alguien más.

Los que más saben del tema, comentan que tarde o temprano todos nos vamos a contagiar. El reto es postergar el momento lo más posible y procurar que para cuando llegue, nos agarre vacunados o al menos en un buen estado de salud.  

Preparación física: Hacer algo de ejercicio sin excusas ni pretexto, comer muchas verduras y alimentos ricos en vitaminas. Dejar de fumar y cualquier vicio que afecte nuestra salud. Eliminar el consumo de comida chatarra. Tener en casa un oxímetro, un termómetro, platos, vasos y cubiertos desechables para usarse en caso de contagio. Hacer un plan, que contemple una habitación exclusiva para el enfermo, preferentemente con baño, que no tenga que compartir. Tener en casa gel, alcohol, y artículos para limpieza y desinfección, y estar al tanto de las recomendaciones de fuentes de información oficiales y confiables.

Preparación mental: Aceptar que todos somos susceptibles a contraer el virus, y que la actitud con la que lo asimilemos y sobrellevemos, ayuda no sólo al enfermo, sino a las que personas a su alrededor se angustien menos. No dejarse influenciar por fake news, ni por comunicadores, medios amarillistas, o campañas sensacionalistas que sólo confunden y generando angustia y miedo. Dejarse asesorar por profesionales de la salud y seguir sus instrucciones confiando en sus conocimientos y su experiencial.

Preparación emocional: Hable con las personas que van a estarán preocupadas por usted, hágales ver que será importante mantener la calma en caso de enfermarse, pues así la enfermedad será más llevadera. Comparta sus emociones y sentimientos con transparencia, y aproveche para estrechar y afianzar lazos emocionales entre las personas que más quiere.  Una actitud positiva ante las dificultades, sí hace la diferencia.

Preparación económica: Las medicinas necesarias para combatir el covid, ni son pocas, ni son baratas, se dice que los hospitales están llenos, y que algunas personas incluso con seguro de gastos médicos, no pueden ser internadas por falta de espacio. También existen medicamentos, suplementos e insumos como el oxígeno y otros componentes, que pueden escasear o ser difíciles de conseguir. Conocer diversos proveedores, tener contactos, direcciones, teléfonos y hasta cotizaciones, puede ser útil.

Estar Atento y Permanecer Alerta: Estar atento a los síntomas y no menospreciar ninguno, está siendo la diferencia más importante entre una atención oportuna y una atención tardía. La rapidez con la que se inicie un tratamiento, si marca una diferencia sustancial en la evolución de los pacientes y el restablecimiento de su salud.  Sabemos que en este tema no hay una verdad absoluta ni mucho menos que la mía sea una voz autorizada para hablar del tema. Las recomendaciones vertidas en esta columna, obedecen al sentido común y a la experiencia de conocidos, amigos y familiares que ya pasaron por lo que nosotros estamos pasando ahora.

Nadie podrá decir que desconocía del tema o que el virus lo tomó por sorpresa. Es cierto que la buena salud no se puede garantizar, pero bajar el riesgo de enfermarnos sí, pues depende en gran medida de lo que cada uno estemos dispuestos a hacer.  

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domingo, 29 de noviembre de 2020

Una Noche Más

Iba a escribir una carta para ponerla en el pino de navidad; como cuando era niño, pero me contuve. Creo que no es momento de pedir, sino de dar y agradecer.
Este año se han desbordado las emociones, ha habido muchas pérdidas, algunas ganancias, y mucho tiempo para la reflexión.
Ha sido un año de mucho esfuerzo y aparentemente poca recompensa, pero definitivamente un año de lecciones, donde algunas han costado incluso vidas.
Quizá hemos sentido ganas de llorar o lo hemos hecho. Quizá hemos sentido impotencia, frustración, enojo o hasta miedo. Quizá perdimos seres queridos, o nos aterra la idea de perderlos. Acaso perdimos dinero, trabajo o negocio, y quién más quién menos, hemos tenido que hacer ajustes en nuestras vidas cuando no lo esperábamos ni estábamos preparados para ello.
Muchos pospusimos o cancelamos nuestros planes, incluso aquellos tan anhelados. Quizá sentimos que nos arrebataron una parte de nuestra libertad y se llevaron con ella el derecho a convivir. Nos hemos condenado al aislamiento temporal y tuvimos que aprender a estar con nosotros mismos y a dejar de ver y visitar a los que amamos. La convivencia se ha vuelto digital, y la hemos combinado con la resignación de usar una máscara para salir de casa.
Hemos pensado en lo que teníamos y ya no tenemos. Quizá en los ratos de mayor desesperación, hemos querido encontrar algún culpable para descargar un poco de nuestra rabia; como si se tratara de un ladrón que se ha llevado todo, pero no lo hay.
La Navidad se acerca, con la época, sentimos como nunca la necesidad de reencontrarnos como antes, aunque en el fondo sabemos que el añorado reencuentro tendrá que esperar. Habrá quien espere con serenidad y otros que tomen el riesgo y con él las consecuencias.
Habrá quien viva por primera vez, una navidad en casa sin el arropo de la gran familia que se junta cada año. Como quiera que sea, esta navidad será única. Para algunos el pretexto justificado del reencuentro, para otros la convivencia íntima sin salir de casa, para varios una noche más luchando por su salud, o rezando y a la espera de que su ser querido se recupere, y para otros tantos una noche de trabajo salvando vidas.
Otros estarán fuera de casa, incluso lejos, algunos imposibilitados para desplazarse, obligados a pasar la noche solos o con desconocidos en un aeropuerto, en una prisión o en alguna carretera.
Entendamos que la navidad es sólo una noche más, y no lo digo en
sentido despectivo, sino en sentido práctico, porque “una noche más”, es lo que millones de personas quisieran, para pasarla con el padre, la madre, el hijo, la hermana o el amigo que perdieron.
Una noche más, no tiene precio cuando sabes que tú y los tuyos están sanos y están bien. Una noche más para soñar un sueño tranquilo, consciente de que tenemos el don de la vida, y que respiramos sin ayuda. Una noche más para agradecer por lo que somos y tenemos.
Una noche más, para disfrutar, para emocionarnos y pensar en el futuro. Si acaso hemos perdido mucho o poco, estamos vivos y al menos por ahora, nadie ha venido a quitarnos la esperanza.
Pensándolo bien, escribiré la carta esperando que la fuerza de la navidad haga que llegue a muchos corazones. Prometo no pedir mucho, pero si algo muy valioso: Que todos juntos y de forma responsable, mantengamos la esperanza de volvernos a abrazar.
Desde casa, Feliz Navidad.
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domingo, 18 de octubre de 2020

Normalizando la Vulgaridad

 

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Llegué con mi familia a cargar gasolina. Al bajar la ventanilla para ser atendido, nos percatamos de que en la gasolinera había música de reguetón a todo volumen. Era imposible no escuchar la letra de la canción; cuyo contenido era un catálogo de frases explícitamente sexuales. ¿Por qué tienen esa música a todo volumen? - le pregunté a la despachadora, - ¿Cuál? - me contestó como si no entendiera la pregunta.
Hay gente que presume de no escandalizarse con nada, como si fueran indolentes a todo. No sé si es una virtud o una indiferencia generalizada. ¿Será que hemos abierto tanto la mente que ya parece un contenedor de basura donde se puede verter cualquier cosa?, ¿O será que nos hemos blindado ante todo y ya nada nos perturba?
Conocí las groserías desde que era niño, y acepto que muchas otras vulgaridades fueron llegando con el tiempo, pero siempre tuve claro que esa forma de hablar no era apropiada para expresarse en cualquier lado ni con todas las personas. Las groserías han existido siempre y la vulgaridad es tan vieja como la profesión más antigua. También sé que las palabras, su significado y su uso cambian de región a región, eso lo entiendo. Lo que no entiendo, es como mucha gente no se incomoda por el hecho de que dicha vulgaridad se normalice, a tal grado, que poco a poco va formando parte del paisaje urbano. Nos estamos acostumbrando a que ahora así es nos guste o no. Me parece que cada cosa, incluyendo eso, funciona mejor cuando tiene su tiempo y su espacio adecuado.
Hablando de contenidos, parece que el mérito y el éxito dejaron de ser para quien sea capaz de decir las cosas de la mejor manera, ahora el reconocimiento y la fama son para quien cada día se atreve a más.

La Importancia de tener un Roommate.

Cuando cursé la universidad, viví en las residencias del mismo campus. Los edificios tenían la modalidad de cuartos individuales y cuartos dobles. Obviamente la exclusividad costaba más, sin embargo, el servicio se ofrecía porque había quien lo pagaba. La mayoría, teníamos cuartos dobles.

Durante la carrera, tuve varios compañeros de cuarto, más allá de haber hecho buenos amigos, fueron personas con las cuales aprendí a convivir y a compartir experiencias dulces y amargas.
Estudié arquitectura, y reconozco que vivir con un arquitecto en ciernes, demanda un esfuerzo mayor. Para empezar, tenía mi mesa de trabajo o restirador, con el cual invadía una porción de cuarto más allá de lo estrictamente equitativo. Como si eso fuera poco, mis roommate´s tuvieron que aprender, (Porque no les quedaba de otra) a dormir con la eterna luz de mi lámpara encendida hasta altas horas de la noche, y cuando por fin me iba a dormir, apenas ponía la cabeza en la almohada y comenzaba a roncar como camión en subida.
Hasta la fecha; como dice la canción de Alberto Cortez: “Les adeudo la paciencia de tolerarme las espinas más agudas…” mi respeto y gratitud ante todo.
Destaco aquellos años, porque fue cuando aprendimos que para convivir hay que aprender a ceder. Tampoco es que yo haya sido el malo de la película y mis camaradas una perita en dulce… cada quien tuvo lo suyo. Por eso el tema es complejo, porque la responsabilidad se comparte.
Cuando convives con alguien, al nivel de compartir la habitación. Aprendes a respetar y a pedir respeto. También a ser comprensivo y no sólo a pedir que todos nos comprendan. Detalles tan simples como mantener la limpieza y el orden de cada cosa en su lugar, tienen su mérito. Saber respetar la disparidad de horarios, los tiempos de estudio, de trabajo y de descanso, los momentos y volúmenes adecuados para ver televisión o escuchar música, etc. todo se vuelve materia de saber llegar a acuerdos.
Y yo me pregunto, ¿En qué momento aprenden a hacer eso los que vivían en habitaciones independientes? También me tocó un par de años convivir con ellos, y aprendí que los perfiles de estos jóvenes tenían su particularidad. Casi siempre se trataba de hijos únicos, o de hijos varones que sólo tenían hermanas, así que por su estilo de vida, nunca tuvieron necesidad de compartir habitación con nadie, y si no lo hicieron en su propia casa, mucho menos estaban dispuestos a hacerlo en plena juventud y con gente desconocida.
Quienes tenían su habitación independiente y exclusiva para ellos, eran amos y señores de su espacio y de su tiempo, no había ni quien los gobernara, ni a quién rendirle cuentas, y en este universo igual había personas disciplinadas a nivel militar, como otros que carecían de los más básicos hábitos de higiene y no consideraban necesario tender su cama durante todo el semestre, por citar algunos ejemplos.
No estoy diciendo que mi método sea el mejor, hay muchas formas de aprender en la vida, pero si me acuerdo cuando veo como la sociedad que vemos en las noticias, en las redes y en la calle, la intolerancia, el individualismo, las faltas de respeto y la falta de empatía de mucha gente han crecido tanto, que pareciera que ceder fuera un signo de debilidad o de humillación, como si aceptar el punto de vista de alguien más equivaliera a que pisoteara nuestro derecho a tener la razón. Y no es así, porque permitir hablar a los demás, escuchar sus argumentos y tomar decisiones en base al bien mayor, son signos de fortaleza, propios de quienes saben resolver conflictos y conciliar acuerdos.
Mucho de esto lo aprendí en la universidad, pero no en los salones ni con mis maestros, sino en las residencias y con mis amigos. A todos ellos, y en especial a quienes fueron mis roommates, mi agradecimiento perpetuo, esperando perduren los gratos recuerdos.