domingo, 24 de enero de 2021

Era Cuestión de Tiempo.

El virus llegó a la familia. Mi esposa permanece aislada en una habitación. Mis hijos y yo, ahora usamos cubre bocas también dentro de la casa.  Era una cuestión de tiempo. Por mucho que te cuides y extremes precauciones, llega un momento en el que todos los cuidados son insuficientes.

La importancia de prepararte física, mental, emocional y económicamente ayuda mucho. Es importante tener un plan con anticipación y platicarlo con todos los miembros de la casa, así todos sabremos qué podemos esperar y cómo debemos actuar.

Ya habíamos tocado el tema en la familia varias veces. ¿Qué pasa si alguno de nosotros se enferma o nos enfermamos?, ¿Cuál habitación vamos a usar como habitación covid? ¿Cómo vamos a convivir con el enfermo? ¿A qué médico vamos a recurrir y qué tratamiento vamos a seguir?, ¿Sólo se medica el enfermo o todos los miembros de la casa?

Por ahora los síntomas han sido desde leves hasta moderados. Las instrucciones médicas las estamos siguiendo al pie de la letra y como nunca, cada miembro de la familia tenemos medicamentos hasta para repartir.  

Este texto lo escribo, después de mi rutina de ejercicio, que no es gran cosa, pero que realizo cinco días a la semana, sin más propósito que mantener mi salud lo mejor posible. Y sí, si me da flojera y sí me cuesta trabajo. Así que haciendo a un lado la humildad, considero importante seguir fomentando la consciencia, ojalá logre inspirar a alguien más.

Los que más saben del tema, comentan que tarde o temprano todos nos vamos a contagiar. El reto es postergar el momento lo más posible y procurar que para cuando llegue, nos agarre vacunados o al menos en un buen estado de salud.  

Preparación física: Hacer algo de ejercicio sin excusas ni pretexto, comer muchas verduras y alimentos ricos en vitaminas. Dejar de fumar y cualquier vicio que afecte nuestra salud. Eliminar el consumo de comida chatarra. Tener en casa un oxímetro, un termómetro, platos, vasos y cubiertos desechables para usarse en caso de contagio. Hacer un plan, que contemple una habitación exclusiva para el enfermo, preferentemente con baño, que no tenga que compartir. Tener en casa gel, alcohol, y artículos para limpieza y desinfección, y estar al tanto de las recomendaciones de fuentes de información oficiales y confiables.

Preparación mental: Aceptar que todos somos susceptibles a contraer el virus, y que la actitud con la que lo asimilemos y sobrellevemos, ayuda no sólo al enfermo, sino a las que personas a su alrededor se angustien menos. No dejarse influenciar por fake news, ni por comunicadores, medios amarillistas, o campañas sensacionalistas que sólo confunden y generando angustia y miedo. Dejarse asesorar por profesionales de la salud y seguir sus instrucciones confiando en sus conocimientos y su experiencial.

Preparación emocional: Hable con las personas que van a estarán preocupadas por usted, hágales ver que será importante mantener la calma en caso de enfermarse, pues así la enfermedad será más llevadera. Comparta sus emociones y sentimientos con transparencia, y aproveche para estrechar y afianzar lazos emocionales entre las personas que más quiere.  Una actitud positiva ante las dificultades, sí hace la diferencia.

Preparación económica: Las medicinas necesarias para combatir el covid, ni son pocas, ni son baratas, se dice que los hospitales están llenos, y que algunas personas incluso con seguro de gastos médicos, no pueden ser internadas por falta de espacio. También existen medicamentos, suplementos e insumos como el oxígeno y otros componentes, que pueden escasear o ser difíciles de conseguir. Conocer diversos proveedores, tener contactos, direcciones, teléfonos y hasta cotizaciones, puede ser útil.

Estar Atento y Permanecer Alerta: Estar atento a los síntomas y no menospreciar ninguno, está siendo la diferencia más importante entre una atención oportuna y una atención tardía. La rapidez con la que se inicie un tratamiento, si marca una diferencia sustancial en la evolución de los pacientes y el restablecimiento de su salud.  Sabemos que en este tema no hay una verdad absoluta ni mucho menos que la mía sea una voz autorizada para hablar del tema. Las recomendaciones vertidas en esta columna, obedecen al sentido común y a la experiencia de conocidos, amigos y familiares que ya pasaron por lo que nosotros estamos pasando ahora.

Nadie podrá decir que desconocía del tema o que el virus lo tomó por sorpresa. Es cierto que la buena salud no se puede garantizar, pero bajar el riesgo de enfermarnos sí, pues depende en gran medida de lo que cada uno estemos dispuestos a hacer.  

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domingo, 29 de noviembre de 2020

Una Noche Más

Iba a escribir una carta para ponerla en el pino de navidad; como cuando era niño, pero me contuve. Creo que no es momento de pedir, sino de dar y agradecer.
Este año se han desbordado las emociones, ha habido muchas pérdidas, algunas ganancias, y mucho tiempo para la reflexión.
Ha sido un año de mucho esfuerzo y aparentemente poca recompensa, pero definitivamente un año de lecciones, donde algunas han costado incluso vidas.
Quizá hemos sentido ganas de llorar o lo hemos hecho. Quizá hemos sentido impotencia, frustración, enojo o hasta miedo. Quizá perdimos seres queridos, o nos aterra la idea de perderlos. Acaso perdimos dinero, trabajo o negocio, y quién más quién menos, hemos tenido que hacer ajustes en nuestras vidas cuando no lo esperábamos ni estábamos preparados para ello.
Muchos pospusimos o cancelamos nuestros planes, incluso aquellos tan anhelados. Quizá sentimos que nos arrebataron una parte de nuestra libertad y se llevaron con ella el derecho a convivir. Nos hemos condenado al aislamiento temporal y tuvimos que aprender a estar con nosotros mismos y a dejar de ver y visitar a los que amamos. La convivencia se ha vuelto digital, y la hemos combinado con la resignación de usar una máscara para salir de casa.
Hemos pensado en lo que teníamos y ya no tenemos. Quizá en los ratos de mayor desesperación, hemos querido encontrar algún culpable para descargar un poco de nuestra rabia; como si se tratara de un ladrón que se ha llevado todo, pero no lo hay.
La Navidad se acerca, con la época, sentimos como nunca la necesidad de reencontrarnos como antes, aunque en el fondo sabemos que el añorado reencuentro tendrá que esperar. Habrá quien espere con serenidad y otros que tomen el riesgo y con él las consecuencias.
Habrá quien viva por primera vez, una navidad en casa sin el arropo de la gran familia que se junta cada año. Como quiera que sea, esta navidad será única. Para algunos el pretexto justificado del reencuentro, para otros la convivencia íntima sin salir de casa, para varios una noche más luchando por su salud, o rezando y a la espera de que su ser querido se recupere, y para otros tantos una noche de trabajo salvando vidas.
Otros estarán fuera de casa, incluso lejos, algunos imposibilitados para desplazarse, obligados a pasar la noche solos o con desconocidos en un aeropuerto, en una prisión o en alguna carretera.
Entendamos que la navidad es sólo una noche más, y no lo digo en
sentido despectivo, sino en sentido práctico, porque “una noche más”, es lo que millones de personas quisieran, para pasarla con el padre, la madre, el hijo, la hermana o el amigo que perdieron.
Una noche más, no tiene precio cuando sabes que tú y los tuyos están sanos y están bien. Una noche más para soñar un sueño tranquilo, consciente de que tenemos el don de la vida, y que respiramos sin ayuda. Una noche más para agradecer por lo que somos y tenemos.
Una noche más, para disfrutar, para emocionarnos y pensar en el futuro. Si acaso hemos perdido mucho o poco, estamos vivos y al menos por ahora, nadie ha venido a quitarnos la esperanza.
Pensándolo bien, escribiré la carta esperando que la fuerza de la navidad haga que llegue a muchos corazones. Prometo no pedir mucho, pero si algo muy valioso: Que todos juntos y de forma responsable, mantengamos la esperanza de volvernos a abrazar.
Desde casa, Feliz Navidad.
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domingo, 18 de octubre de 2020

Normalizando la Vulgaridad

 

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Llegué con mi familia a cargar gasolina. Al bajar la ventanilla para ser atendido, nos percatamos de que en la gasolinera había música de reguetón a todo volumen. Era imposible no escuchar la letra de la canción; cuyo contenido era un catálogo de frases explícitamente sexuales. ¿Por qué tienen esa música a todo volumen? - le pregunté a la despachadora, - ¿Cuál? - me contestó como si no entendiera la pregunta.
Hay gente que presume de no escandalizarse con nada, como si fueran indolentes a todo. No sé si es una virtud o una indiferencia generalizada. ¿Será que hemos abierto tanto la mente que ya parece un contenedor de basura donde se puede verter cualquier cosa?, ¿O será que nos hemos blindado ante todo y ya nada nos perturba?
Conocí las groserías desde que era niño, y acepto que muchas otras vulgaridades fueron llegando con el tiempo, pero siempre tuve claro que esa forma de hablar no era apropiada para expresarse en cualquier lado ni con todas las personas. Las groserías han existido siempre y la vulgaridad es tan vieja como la profesión más antigua. También sé que las palabras, su significado y su uso cambian de región a región, eso lo entiendo. Lo que no entiendo, es como mucha gente no se incomoda por el hecho de que dicha vulgaridad se normalice, a tal grado, que poco a poco va formando parte del paisaje urbano. Nos estamos acostumbrando a que ahora así es nos guste o no. Me parece que cada cosa, incluyendo eso, funciona mejor cuando tiene su tiempo y su espacio adecuado.
Hablando de contenidos, parece que el mérito y el éxito dejaron de ser para quien sea capaz de decir las cosas de la mejor manera, ahora el reconocimiento y la fama son para quien cada día se atreve a más.

La Importancia de tener un Roommate.

Cuando cursé la universidad, viví en las residencias del mismo campus. Los edificios tenían la modalidad de cuartos individuales y cuartos dobles. Obviamente la exclusividad costaba más, sin embargo, el servicio se ofrecía porque había quien lo pagaba. La mayoría, teníamos cuartos dobles.

Durante la carrera, tuve varios compañeros de cuarto, más allá de haber hecho buenos amigos, fueron personas con las cuales aprendí a convivir y a compartir experiencias dulces y amargas.
Estudié arquitectura, y reconozco que vivir con un arquitecto en ciernes, demanda un esfuerzo mayor. Para empezar, tenía mi mesa de trabajo o restirador, con el cual invadía una porción de cuarto más allá de lo estrictamente equitativo. Como si eso fuera poco, mis roommate´s tuvieron que aprender, (Porque no les quedaba de otra) a dormir con la eterna luz de mi lámpara encendida hasta altas horas de la noche, y cuando por fin me iba a dormir, apenas ponía la cabeza en la almohada y comenzaba a roncar como camión en subida.
Hasta la fecha; como dice la canción de Alberto Cortez: “Les adeudo la paciencia de tolerarme las espinas más agudas…” mi respeto y gratitud ante todo.
Destaco aquellos años, porque fue cuando aprendimos que para convivir hay que aprender a ceder. Tampoco es que yo haya sido el malo de la película y mis camaradas una perita en dulce… cada quien tuvo lo suyo. Por eso el tema es complejo, porque la responsabilidad se comparte.
Cuando convives con alguien, al nivel de compartir la habitación. Aprendes a respetar y a pedir respeto. También a ser comprensivo y no sólo a pedir que todos nos comprendan. Detalles tan simples como mantener la limpieza y el orden de cada cosa en su lugar, tienen su mérito. Saber respetar la disparidad de horarios, los tiempos de estudio, de trabajo y de descanso, los momentos y volúmenes adecuados para ver televisión o escuchar música, etc. todo se vuelve materia de saber llegar a acuerdos.
Y yo me pregunto, ¿En qué momento aprenden a hacer eso los que vivían en habitaciones independientes? También me tocó un par de años convivir con ellos, y aprendí que los perfiles de estos jóvenes tenían su particularidad. Casi siempre se trataba de hijos únicos, o de hijos varones que sólo tenían hermanas, así que por su estilo de vida, nunca tuvieron necesidad de compartir habitación con nadie, y si no lo hicieron en su propia casa, mucho menos estaban dispuestos a hacerlo en plena juventud y con gente desconocida.
Quienes tenían su habitación independiente y exclusiva para ellos, eran amos y señores de su espacio y de su tiempo, no había ni quien los gobernara, ni a quién rendirle cuentas, y en este universo igual había personas disciplinadas a nivel militar, como otros que carecían de los más básicos hábitos de higiene y no consideraban necesario tender su cama durante todo el semestre, por citar algunos ejemplos.
No estoy diciendo que mi método sea el mejor, hay muchas formas de aprender en la vida, pero si me acuerdo cuando veo como la sociedad que vemos en las noticias, en las redes y en la calle, la intolerancia, el individualismo, las faltas de respeto y la falta de empatía de mucha gente han crecido tanto, que pareciera que ceder fuera un signo de debilidad o de humillación, como si aceptar el punto de vista de alguien más equivaliera a que pisoteara nuestro derecho a tener la razón. Y no es así, porque permitir hablar a los demás, escuchar sus argumentos y tomar decisiones en base al bien mayor, son signos de fortaleza, propios de quienes saben resolver conflictos y conciliar acuerdos.
Mucho de esto lo aprendí en la universidad, pero no en los salones ni con mis maestros, sino en las residencias y con mis amigos. A todos ellos, y en especial a quienes fueron mis roommates, mi agradecimiento perpetuo, esperando perduren los gratos recuerdos.

domingo, 13 de septiembre de 2020

Partiendo de Casa (poema 2003)

Es toda mi vida entera
la que por mis ojos pasa,
cuando pienso que está acerca
el día que me iré de casa.
De la casa de mis padres,
la que por años llevara
grabada en mi corazón,
en mi conciencia y mi alma;
como el mejor territorio
donde el cuerpo descansara
y mi mente desafiante
todos los sueños soñara.
El adobe de sus muros
historias enteras guarda;
quién pudiera revivirlas
por volver a disfrutarlas.
Aquí tuve la fortuna
de que mi vida empezara;
cuando llegué tuve suerte,
mis hermanos me esperaban
para enseñarme la vida
y aprender cómo gozarla.
Y qué decir de mis padres
que con afán inculcaban
“Lo primero es la familia,
y lo segundo, la casa.”
Cuesta trabajo imponerse;
se adelanta la nostalgia
al sentarme en la oficina,
al dormir en la recámara
y al comer en la cocina;
que es corazón de la casa.
El patio con los geranios,
el chabacano, la palma,
el panal de las abejas
y en cada Semana Santa
las jardineras de flores
las azucenas llenaban.
Mas ha llegado el momento,
una nueva vida aguarda;
no me avergüenza decirlo,
de mis ojos brotan lágrimas
que prueba son de alegrías
y de experiencias pasadas,
donde mi casa fue el punto
y ahora duele dejarla.
Pero aquí he sido testigo
de que la historia no acaba.
Los padres ya son abuelos
y los abuelos aguardan
la llegada de los hijos
y de los nietos que abrazan
cuando llegan en tropel
a la mejor de las casas.
Y qué decir de las fiestas,
las navidades y tantas
sobre-mesas los domingos
después de una carne asada.
Mil hojas puedo escribirle,
cien poemas no alcanzaran
para expresar mi cariño
por vivirla y disfrutarla.
Algún día contaré
a mis hijos y a mi amada,
todos aquellos momentos
y recuerdos de mi infancia,
también de mi juventud
y total toda mi estancia
que pasa entera en segundos
y viene a ensalzarme el alma.
Hoy veo que soy cosecha
de una semilla sembrada,
llegado está mi momento
y debo partir de casa.

El Torito

En las calles del pueblo
un tambor resuena a lo lejos.
Se acerca.
Un látigo restalla y se abre paso
Le sigue un silencio
Y luego el tambor…
Ratata tán, tan tán
Ratata tán, tan tán
Es una danza que viene.
La gente se vuelve con dirección al barullo
El tambor ya no parece tan lejano
Veo al que lo carga y lo resuena
Es un hombre, serio y hambriento
A su lado danzan otros más pequeños
Llevan máscaras de animales y demonios que grotescamente sonríen
El tambor ensordece con su ratata tán, tan tán.
Tras las máscaras, niños hambrientos ocultan su vergüenza y su cansancio
Hay también una mujer
Todos piden dinero, excepto el hombre del tambor,
Él sólo marca el ritmo al que debe marchar la vida.
No se detienen ni ellos ni nadie.
Todos siguen su camino.
¿Quién es ella?
¿A quién le importa la mujer que se oculta en una máscara de muñeca sonriente y chapeada?
¿Quién es él?
El que no lleva máscara
El que sostiene la mirada con cualquiera sin bajar la cara
O quizá no la sostiene, sólo lleva su vista en el horizonte,
Como ausente, como si fuera otro el que lleva el tambor y el cuerpo.
Y el tambor se aleja
Y todos con él.
En la plaza del pueblo
Un tambor resuena a lo lejos
Y se aleja poco a poco
Con su ratata tán, tan tán.
Que aturde, pero casi nadie oye,
Que asombra, pero casi nadie ve.


martes, 18 de agosto de 2020

La Prueba Gratis de Covid.

Cuando termino de hacer ejercicio, me gusta pensar que me acabo de hacer una prueba gratis de Covid y que salí negativo. Obviamente es una mentira, pero mentalmente me da tranquilidad saber que todavía conservo algo de condición física.
¿Cuánto dinero estarías dispuesto a gastar por una prueba de Covid?, la que yo le propongo es gratuita.
¿Cuánto tiempo estarías dispuesto a invertir en hacerte la prueba?, piénselo, esta propuesta requiere menos de una hora.
Para muchos, la prueba es algo totalmente serio y necesario, para otros algo deseable y para algunos una curiosidad “nada más por saber.”
Existen varios tipos de prueba, costos y tiempos de respuesta, pero según han dicho algunos expertos, en ciertas pruebas, hay un porcentaje de resultados llamados “falsos negativos”. Es decir que si una prueba resulta positiva, confirmará que tenemos el virus, pero si da negativa, hay una probabilidad de que el resultado no sea cierto.
Uno de los mensajes que más me han motivado durante esta pandemia, fue el de una persona que a pesar de los cuidados que tuvo, se contagió y luego se recuperó. Sus recomendaciones son solamente dos: Tomen todas las precauciones posibles y preparen su cuerpo lo mejor que puedan por si a pesar de los cuidados se llegan a infectar.
Tomar las precauciones es un discurso muy dicho y muy conocido. Permanecer en casa, salir sólo lo necesario y con cubre bocas, guardar sana distancia con los demás y mantener la higiene lo más posible.
Preparar el cuerpo, ya es otra cosa. Esto conlleva esfuerzo y disciplina, el esfuerzo para sobreponernos a la tentación de no hacer nada, llevando una vida licenciosa esperando que las cosas vayan bien solas y en lugar de ello, fomentar buenos hábitos de forma disciplinada, como alimentarse sanamente, hacer ejercicio cada día, y por supuesto dejar prácticas nocivas como el consumo de cigarro.
Obviamente esto no es una verdad científica, pero si una sana recomendación. Dediquemos 30 a 45 min. al día a hacer ejercicio físico, es obvio que no será una prueba oficial de nada, pero si una disciplina que ayude a mejorar nuestra salud y fortalecer nuestro sistema inmunológico. Mientras corro, me gusta imaginar que le voy ganando la carrera al virus, nadie me garantiza que lo voy a lograr, pero al menos estaré tranquilo de saber que hice mi mejor esfuerzo.
412
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