domingo, 19 de julio de 2020

Desde mi comodidad…

Desde mi comodidad veo tus ojos.
No puedo ignorarte.
Tu mirada es más fuerte que la mía.
El semáforo rojo acelera el pulso y sobra tiempo
y faltan ganas,
Por tus ojos veo el hambre,
Y esperas;
como te han hecho esperar toda la vida, tu corta vida.
desborda la inocencia,
y eres víctima.
Una pequeña víctima de seis o siete años.
Desde mi comodidad, sigo pisando el freno, la luz roja eterna,
Quiero irme hasta donde no te vea ni con el pensamiento.
Siento vergüenza.
Busco algo para darte… pues no llega el verde todavía,
y no te sacaré de mi cabeza…
Encuentro migas… migajas de un tesoro que me sobra…
Una naranja, por ejemplo, aunque sea la cáscara…
Una dádiva, algo que sirva, no para curar tu pena, sino la mía.
- Es tuyo.
Y una sonrisa amarillenta asoma triunfante.
- ¡Uf, lo logré! - pensamos los dos desde nuestras miserias.

domingo, 28 de junio de 2020

El Sentido Común…

Con frecuencia escucho: “El Sentido común es el menos común de los sentidos.” Y me pregunto: ¿No será que a veces, esperamos demasiado del sentido común?

Según mi “sentido común” (Porque sería absurdo recurrir a fuentes oficiales para definirlo), el “sentido común”, es una forma de pensar, decir o actuar frecuente en una sociedad determinada y se manifiesta en comportamientos razonablemente predecibles ante ciertas circunstancias.

Es decir, que si llueve por sentido común nos protegemos de la lluvia, si caminamos a pleno sol, buscaremos una sombra, si nos aproximamos a un  precipicio o barranco, lo haremos con cierto cuidado, o si tenemos una olla de agua hirviendo, nadie en su sano juicio metería la mano. Digamos que nuestros conocimientos y experiencias nos inducen a actuar a todos de una forma más o menos similar.

La educación, los valores y el desempeño laboral, son otra cosa…

Llegar a un lugar y saludar, o despedirse antes de retirarse, no es un acto de sentido común, es un acto de educación. Dar las gracias, o pedir las cosas “por favor”, tampoco son actos de sentido común.  Lo mismo que devolver lo prestado, pagar deudas o hacerse responsable de lo ajeno mientras esté bajo nuestro cuidado…,  o ceder el asiento, ceder el paso a otra persona, etc. Nada de esto, tiene que ver con el sentido común.

Valores como el agradecimiento, el perdón, la compasión, la comprensión, por mencionar algunos, o acciones como pedir u ofrecer un favor, tampoco son actos de sentido común. Vivir aquellos valores que nos permitan una convivencia social más estable y armónica, deben ser actos conscientes que se enseñan y se aprenden. Nadie demos por hecho,  que tratar a las personas con respeto, es un acto que se aprende solo. Y no se trata de querer ser como Chabelo, “Amigo de todos los niños”, se trata de que aprendamos a tratarnos con urbanidad para llevar una vida socialmente en paz.

No podemos esperar que alguien aprenda a ser agradecido, si no se le ensaña a serlo, mucho menos a sentir compasión o a ser empático con los demás.  Ya no hablemos de ayudar al prójimo de forma desinteresada, pues eso ya casi se considera un acto heroico.

En el ámbito laboral pasa algo similar, ser puntual, cumplido y profesional en tu trabajo, no es cuestión de sentido común. Aunque obviamente es deseable, y sería estupendo que todos lo fuéramos, hay gente que no lo es. Estas buenas prácticas, suelen representar a quienes tienen un verdadero sentido de negocio, y saben que sus acciones influyen en su desempeño, en la forma como sus clientes lo perciben y seguramente en sus resultados.

Sobre el tema del auto desarrollo, de querer superarse constantemente y ser mejores cada día, ni hablamos, esas son actitudes que se aprenden, se entrenan y se desarrollan hasta que se vuelven hábitos. La gente común podrá decir que aspira a eso, pero hay una brecha inmensa entre decirlo y hacerlo. Lo mismo si hablamos de tener conocimientos técnicos de administración, finanzas, ingeniería, o licenciatura, son parte de un acervo técnico y profesional que se esperaría de cualquiera que haya estudiado y ejerza alguna profesión, pero dar por hecho  que por tener un título y algo de experiencia, vamos a actuar como profesionales por “sentido común”, es un error.

La vida es como una larga carrera con muchas metas intermedias,  un camino de constantes desafíos que pone a prueba nuestras capacidades de muy distintas formas. Actuar con sentido común, ayuda, pero no es suficiente. Conocer nuestros alcances y nuestros límites, nos debe sensibilizar para saber qué cosas nos faltan por aprender y en qué momentos conviene pedir ayuda.

Esperar que otros actúen  por “sentido común” como yo lo haría, puede llevarnos a duras decepciones. Mejor invirtamos tiempo en enseñar y en aprender lo que nos falta, para cada vez ser menos dependientes del sentido común, y más de los conocimientos, habilidades y actitudes que hemos desarrollado de forma consciente. Dejar toda la responsabilidad al sentido común, es una forma cómoda de evadir otras responsabilidades, un “sin sentido”, para justificar la permanencia en nuestra zona  de confort.


domingo, 7 de junio de 2020

La Entrevista…


-        Señor Lápiz, gracias por su tiempo, y por concedernos esta entrevista.
-        Con mucho gusto, gracias a ustedes, por voltearnos a ver.  Quiero decir, por vernos con ojos renovados. Estoy un poco nervios; es la primera vez, pero emocionado.

-        ¿Está listo para comenzar?
-        Listo, y con la punta recién afilada...

-        Platíqueme,  ¿Cómo es la vida de un lápiz?
-        Incierta, por supuesto. Eso de no saber con quién vamos a caer, o si vamos a andar de mano en mano; como le pasa a muchos camaradas. Es un poco desalentador ser lápiz de un lugar público, como los de la barra de una oficina de gobierno o estar atado a una repisa para llenar encuestas, ahí nadie te considera propio ni valioso.
Ah pero si uno tiene suerte, nuestra vida puede ser muy interesante, cuando caemos en las manos correctas, dejamos todo nuestro ser en cosas que trascienden, que se vuelven importantes.

-        ¿Qué es  lo que más le preocupa?
-        El descuido de la gente cuando nos manipula. En un abrir y cerrar de ojos, nos toman, nos usan y nos dejan por ahí, y en cualquier momento quedamos arrumbados detrás de un mueble, entre los pliegues de un sillón o en el fondo de un cajón, o revueltos entre todo tipo de plumas y lápices de colores, de madera, crayolas y hasta plumones, nuevos, viejos y lo peor, que nadie usa y por lo mismo que nadie echa de menos.
Ah, pero la angustia no ocurre en ese momento, sino después, porque sabemos que cuando alguien nos necesita; si no estamos a la mano, si no estamos en el primer lugar donde nos busquen,  nos remplazan con lo primero que encuentran, y ahí es donde comienza el verdadero olvido.

-        Debe ser una preocupación constante, me imagino, esa posibilidad de perderse con facilidad… Y en contraste, ¿Cuál es su mayor sueño?
-        El mayor sueño de cualquiera de nosotros, es caer en las manos de un artista. Ahí es donde uno saca todo su potencial, cuando te dejas llevar por una mano que sabe, por alguien que te sabe mover, que sabe explotar todo lo que llevamos dentro.

-        ¿Pero ese potencial del que usted habla, lo tiene el artista o lo tiene el lápiz?
-        Pues un poquito los dos, creo. Mire, si le pregunta al artista dirá que todo es obra suya, pero pienso que para todos los artistas, pintores o escritores, no hay nada como trabajar con una herramienta confiable, y ahí es donde nosotros hacemos la parte que nos toca.

-        ¡Vaya!, ¿Y qué piensa de los niños?
-        ¡¿Los niños?!… ¡Bueno!...digamos que para nosotros trabajar con niños, es como para un reportero ser corresponsal de guerra.

-        ¿Tanto así?
-        Claro. Mire usted, un niño te cuida y te valora durante… más o menos un minuto, cuanto te tiene entre sus manos comienza a usarte, y en cuanto toma confianza, se descuida y lo primero que sucede es que vamos a dar al suelo.  Si tenemos suerte va por nosotros y al rato ya estamos de nuevo en el suelo, si no, en otro descuido nos pisa y nos olvida. Hasta que algún adulto nos recoge… y entonces estamos a salvo durante un tiempo.  Otras veces, te usarán como vaqueta de tambor, como instrumento punzocortante, como proyectil, como agitador de sustancias raras (que es de las peores experiencias) y hasta como mordedera.  
    Hay niños cuidadosos, es cierto, pero son los menos. Ahora, es justo decir también la parte emocionante. Con un niño, todas las posibilidades están ahí. En cualquier momento puedes hacer un trazo sutil o un rayón que atraviese la hoja. De nuestra punta, puede salir un dibujo fantástico o una figura geométrica. Somos los acompañantes perfectos cuando aprenden a escribir; y esta experiencia es particularmente emocionante, incluso hace que me vuelva un poco sentimental, pues con nosotros aprenden los trazos que los acompañarán toda su vida. Digamos en resumen, que ser propiedad de un niño es lo más emocionante, peligroso y diverso que nos puede pasar. Creo que todo lápiz debe al menos un tiempo, pertenecer a un niño y vivir esa experiencia, y sentir esa emoción a flor de piel.
-        Eso  de “(vivir)… al menos un tiempo”,  me interesa. ¿Cómo funciona el tiempo para los ustedes?
-        Nuestra vida tiene que ver con el tiempo que tardamos en consumirnos, digamos que en el mundo de los lápices, el tamaño sí importa. Cuando uno es nuevo, es grande, conforme pasa el tiempo, se va uno gastando, nos van sacando la punta y la vida se va yendo poco a poco. Cuando la punta se gasta, nos gusta ir dejando historia. Muy diferente de cuando nos sacan punta sólo por gusto. Es como si la vida se nos fuera sin dejar huella. Digamos que es una pena llegar a chico y no haber hecho nada relevante.

-        Eso de “Llegar a chico” sonó muy raro…
-        Nosotros sentimos un gran respeto por los lápices pequeños, su tamaño se debe a que han tenido una larga trayectoria. Pensar que con su punta han escrito muchas palabras y realizado muchos trazos, siempre es motivo de respeto, y en algunos casos hasta de veneración.
Caso contrario con los que son grandes, casi nuevos, son lápices sin experiencia, que están empezando a vivir. Han tenido pocos dueños, o ninguno quizá, y su punta se ve todavía como nueva.   Son colegas que tienen mucho qué rayar, qué escribir y qué aprender.

-        ¿En qué momento se podría decir que un lápiz madura?
-        Esa pregunta es muy interesante.
Por supuesto, lo primero que uno piensa es en que debemos tener un tamaño de mediano a chico. Señal inequívoca de que ya hay algo de experiencia para contar.
Al tamaño medio sólo se llega por dos vías. El desgaste o por ruptura. El desgaste nos hablará de tiempo, la ruptura sería un accidente, un momento traumático desafortunado, que algunos experimentan cuando son todavía muy grandes, y por lo mismo inexpertos.
Pero además del tamaño, la madurez también tiene que ver con esa sensación de que todo el grafito consumido, toda esa parte que fue de nosotros pero ya no es nuestra, ha sido digamos, bien gastada. Que lo que empezó siendo una mina de grafito, se ha vuelto parte de una hoja de papel, de un pliego de cartón, de un lienzo, de un cuaderno, de una carta, en fin, esa sensación de ser parte de algo nuevo, es algo muy importante para nosotros.

-        ¿Ha pensado en ser instrumento de un artista?
-        ¿De un artista?, claro. Ser el lápiz de un artista es como el sueño ideal, utópico. Pero sabemos que las posibilidades son remotas. Un niño siempre será más asequible, y no por ello menos emocionante.
Para los niños somos un instrumento liberador de energía, como la llave que abre la puerta de su potencial creativo. Además somos cómplices de su aprendizaje, de sus aciertos, pero sobre todo de sus errores. Porque eso sí, todo mundo sabe que para equivocarse, no hay nada mejor que un lápiz.

- Claro, ¿Qué clase de simbiosis es la que viven el lápiz y la goma? Son como dos elementos que viven a la vez juntos, pero separados.
- La goma, es una parte muy importante de nosotros, es el elemento que nos da esa versatilidad de poder equivocarnos sin dejar rastro, de poder escribir historias con la ventaja de poder ir dejando huellas o no hacerlo. Es el “ser o no ser”. Un lápiz sin goma es un absurdo.
Pero ya me estoy poniendo filosófico y para ello es mejor cualquier pluma. Lo nuestro es el pragmatismo la vida sencilla, así que mejor le cuento que por décadas ha existido un debate, sobre la absurda desproporción entre el tamaño de la mina y el tamaño de la goma. Hay quien piensa que si el lápiz es el instrumento ideal para cometer errores, la goma debiera ser más grande. Bueno, para qué le cuento más, es una discusión sin fin.

-        ¿Y qué me dice de su experiencia con el sacapuntas?
-        ¡Ay, bueno!, no pensé que fuéramos a hablar de eso… esta entrevista ya está entrando al terreno de lo privado. ¡¿Qué le puedo decir?! no hay nada mejor que un buen sacapuntas preciso y afilado, de esos que nos dejan la punta larga y fina, y un cono perfecto hasta la orilla de la madera.  Uf, es como recibir un masaje, termina uno… como si se hubiera bañado y perfumado… y ya por favor no me vaya a preguntar sobre los dispositivos eléctricos porque eso es algo que va más allá de mi control emocional…

-        ¿Cómo, pero por qué? Ahora me platica, si son muy prácticos.
-        Pues por eso, supongo. Bueno, cuando uno está cansado de tanto trabajar, con la punta chata y adolorido por la presión con la que nos sujetan. Que nos metan en una de esas máquinas de placer y desenfreno… es… bueno como un éxtasis.  
Un sistema de rotación y corte preciso y perfecto, balanceado y nivelado por todas partes, con una presión constante, uniforme y vibrante. Bueno, es paradójico, uno sabe que la vida se le está yendo a cada vuelta pero cuando estamos dentro, lo último que queremos es que aquello termine. 

-        Nunca me lo hubiera imaginado.  O sea que de las navajas y cuchillos ni hablamos…
-        No, por favor, las navajas, cuchillos, tijeras, son una salvajada, una mutilación despiadada. No sé quién les dijo que estamos hechos para eso. Ni que fuéramos una punta de flecha, por favor.

-        Pues una disculpa, si alguna vez… a falta de sacapuntas…
-        Ni lo diga, que a algunos camaradas los han querido afilar a pura fricción contra la banqueta, ¿se imagina?… terrible. Y luego porqué se parte nuestra mina.

-        Claro, debe ser difícil vivir así.
-        Cuando alguno de nosotros cae al suelo de una altura considerable, o es arrojado con violencia, el final siempre es el mismo. Se nos quiebra la mina en múltiples partes, aunque por fuera no lo parezca. Es un dolor inmenso, y no físico, no me malinterprete. Es un tema emocional que nos condena a vivir con esa condición para siempre. Sabemos que no representa una limitación y que podemos seguir haciendo grandes cosas, pero se convierte en una marca que nos acompañará el resto de nuestra vida.

-        Me imagino, ¿Y qué opina de su pariente el bicolor?
-        Bueno, no quisiera entrar en temas de tipo familiar, no me gusta ser indiscreto. La verdad es que no está pasando por su mejor momento.

-        ¿Qué le sucede?
-        A pesar de nuestro parecido, nuestra relación jamás ha sido muy cercana. El bicolor siempre ha tenido un ego muy grande. Claro por su doble punta, usted sabe… siempre con su clásico dicho: “A mí, por donde me agarren….” Y bueno, los han hecho creer que ellos jamás se equivocan; (como carecen de goma), hazlos entender… Lo más insoportable, es que lejos de aceptarlo, todavía nos dicen que su especialidad es señalar los errores de los demás.  La verdad es que terminan por ser bastante pedantes. Coloridos, pero pedantes.

-        ¿Y por qué dices que no están pasando por un buen momento?
-        Han entrado en una etapa depresiva, muy larga y muy triste.

-        ¿Depresiva?, ¿triste?, ¿Pero por qué?
-        Pues… desde que inventaron el marcatextos… para ellos ya nada volvió a ser igual. ¿Te imaginas? Se sintieron desplazados. Y aquellos con ese brillo que parece que se encienden, de todos los anchos y colores.
La vida no ha vuelto a ser la misma para ellos. Nada más dime ¿Quién  tiene ahorita un bicolor en su casa u oficina?, la verdad es que los marcatextos llegaron y los barrieron. Acabaron siendo como los parientes venidos a menos… no lo han podido superar.

-        ¿Pues no lo había pensado, pero creo que tienes razón? ¿Y no les pasó a ustedes lo mismo cuando se inventaron los lapiceros y portaminas?
-        No, para nada. Claro que hay gente que los usa y los llevan consigo, pero aun ellos, siempre tienen cerca un lápiz, por si las dudas, supongo.

-        Para mí ha sido un placer entrevistarlo.
-        El placer fue todo mío. Una experiencia más para contar.

jueves, 28 de mayo de 2020

No Pienso Esperar Sentado a los Científicos

En varios países hay científicos tratando de inventar la vacuna contra el coronavirus. Bien por ellos, pero no los pienso esperar sentado y creo que es mejor que nadie lo haga. Ellos ya están en lo suyo, y mientras terminan su tarea, nosotros deberíamos hacer nuestra parte.
Si el virus representa un problema de salud, combatámoslo con acciones y hábitos que ayuden a mejorar nuestra salud, de esta forma estaremos ayudando de forma preventiva con acciones que, quizá nos cuesten tiempo, dinero y esfuerzo, pero no son imposibles ni inalcanzables.
Esperar pasivamente a que la solución venga de fuera, es como atenernos a que el problema lo resuelva otro y nos lo traiga cuando esté listo, y pareciera que no entendemos que una buena parte de la solución sí depende de nosotros.
Trabajemos con lo que tenemos a la mano y seamos responsables de lo que sí nos toca. Aquí algunas ideas:
Si los contagios están relacionados con nuestra exposición hacia los demás, evitemos lo más posible los contactos o hagámoslo de forma inteligente. Muchos infectados no tienen síntomas, pero aun así contagian, y nadie garantiza que el nuevo contagiado vaya a ser asintomático. Eso significa que quizá tú o yo estemos contagiados y podemos contagiar a alguien más, así que seamos responsables y mantengamos la distancia o usemos accesorios para cuidarnos.
Alimentémonos sanamente, la buena alimentación fortalece nuestro sistema inmunológico así que hagamos lo posible por consumir comida saludable y que haya sido preparada de forma responsable.
Hagamos ejercicio, mantengamos nuestro cuerpo en movimiento. Como dice Sabina en una de sus canciones “…cada cual a su forma y a su modo.” No hay recetas generales, lo único general es que a todos nos conviene hacerlo. No es necesario ser deportista, ni mucho menos un atleta de alto rendimiento, sólo se requiere ser consciente de la situación, querer hacerlo y un poco de disciplina.
Durmamos bien, y bien significa cantidad y calidad, dormir poco o dormir mal afecta nuestra salud, así que procuremos buenos hábitos también para dormir y descansar.
Verifiquemos el tiempo de exposición de nuestros ojos sobre dispositivos y pantallas, la calidad de contenidos que vemos y escuchamos y cuánto de todo eso nos nutre o nos afecta.
Procuremos la convivencia real con los que están presentes, es importante saber qué pasa con cada miembro de la casa, qué cosas podemos hacer juntos, qué hace cada uno cuando se separa o se aísla en su cuarto, qué piensan, cómo se sienten. No vayamos a cometer el error de estar más pendientes de lo que ocurre afuera, que de lo que pasa dentro de nuestras casas.
Provoquemos la convivencia virtual, llamadas a los amigos, a familiares, a los que viven en otras ciudades, los enlaces por videoconferencia o las llamadas telefónicas, los correos electrónicos, la interacción más allá del meme, del chiste y de la broma. Demostremos el verdadero interés de saber cómo la está pasando la gente que nos importa.
Los fumadores, y quienes padecen alguna enfermedad que los vuelva más vulnerables, deberán quizá hacer un esfuerzo mayor, y tratar de sobrellevar con mucha responsabilidad su estilo de vida, lo ideal en estos momentos sería no exponerse ni exponer a su gente más cercana.
Si orar o meditar, nos hace sentir bien, hagámoslo, pero no dejemos de hacer también lo otro. La sensación de bienestar es un rompecabezas de varias piezas y hay que procurar juntarlas todas.
Actualmente, conocer las medidas de prevención está al alcance de todos, ser conscientes de su importancia y ponerlas en práctica depende de cada uno y del rol que queramos jugar en nuestras familias. Es momento de adaptarnos a la nueva normalidad, es y será la nueva realidad en la que tenemos que aprender a vivir.
Yo celebro que los científicos estén trabajando en la vacuna contra el enemigo y deseo que lo logren cuanto antes. Mientras tanto, haré lo que esté a mi alcance para combatirlo de manera personal. No sé si lo lograré, pero me sentiré más satisfecho de saber que intenté convertirme en un problema menos para sistema médico de mi ciudad.

domingo, 17 de mayo de 2020

Cuando me dé Coronavirus

¿Es usted de los que se prepara cuando va a presentar un examen, o de los que llegan esperando que sea de opción múltiple, para aplicar el mantra: “Ave María dame puntería”?
Se lo pregunto porque el virus que nos ronda, es como un examen de salud, donde es mejor llegar preparados.
Mi hijo me vio entrar de la calle sudado y jadeando cuando regresaba de hacer ejercicio y con su peculiar encanto de puberto, me saludó con un: “Guácala”
- Aprende, - le dije - Me estoy preparando para cuando me dé coronavirus.
- ¡¿QUÉ! ¡¿TE VA A DAR?! – Me increpó visiblemente preocupado y pelando sus grandes ojos.
- No lo sé, pero si me da, espero que me haga los mandados.
Se ha dicho hasta el cansancio, que el virus es altamente transmisible aunque escasamente letal, y si bien lo primero preocupa, lo segundo tranquiliza un poco. También sabemos que la mayoría de los enfermos, transitan con pocos síntomas o incluso sin ellos, y sólo en algunos casos la enfermedad se agrava y puede tener consecuencias fatales, pero aun así, ¿A quién le gusta jugar a la ruleta rusa?
Quizá ninguno queramos contagiarnos, pero reconozcamos que a pesar de las precauciones, el riesgo existe. Así que repasemos algunos temas antes del examen.
Si me llego a contagiar:
¿Estoy preparado mentalmente para aceptarlo sin entrar en pánico, y asumir mi contagio con responsabilidad?
¿Puedo aislarme en mi casa, para tratar de no infectar a otras personas que puedan ser más vulnerable que yo?
¿Tengo a la mano el teléfono de algún médico para que me asesor en caso de tener síntomas?
¿Cuento con alguien de confianza para que me ayude con mis responsabilidades personales, familiares o laborales durante el tiempo que esté enfermo?
¿He hablado de esta posibilidad con alguien?
¿En mi trabajo o mi empresa, tengo algún plan para que las cosas sigan caminando aunque yo no esté ahí?
¿He cuidado mi saludo en los últimos años, como para enfrentar a este enemigo, de la mejor manera posible?
¿Tengo ahorros como para cubrir la enfermedad o alguna otra contingencia?
¿Tengo mis documentos importantes en regla, como para que alguien pueda hacerse cargo de ellos en mi ausencia?
¿Sabe alguien más, si tengo dinero guardado en el banco o en algún lado y cómo disponer de él en caso necesario?
¿Tengo algún seguro de vida o gastos médicos?
¿Tengo testamento?
¿Tengo algún tema pendiente, o guardo algún secreto que deba comentar con alguien?
A pesar de las provisiones que uno pueda tener, quizá nunca se está lo bastante preparado como para dejar este mundo. Pero no se trata de ser fatalista, sino de pensar de forma responsable.
Ahora bien, si leyendo las preguntas anteriores, se dio cuenta de que tiene algún pendiente por resolver, resuélvalo. Aproveche que está sano, consciente y viviendo un compás de espera forzado por las circunstancias.
Si algo tenemos seguro en la vida, es la certeza de que algún día nos enfrentaremos con la muerte. No conviene hacer desidia en los asuntos fundamentales. No conviene heredar problemas ni dejar asuntos sin resolver. Platicar de estos temas con alguien de confianza nos eliminará una carga adicional en caso de enfermarnos, y si por desgracia algo así ocurre, podremos utilizar lo que nos quede de fuerza física y mental para recuperar la salud, sabiendo que las cosas que pudimos prever, las previmos adecuadamente. Digamos que es llevar a la práctica, un principio de planeación que funciona para todo: “Espere lo mejor, pero prepárese para lo peor”.

viernes, 8 de mayo de 2020

¿Y Dónde Están los Artistas?

¿Y dónde están los artistas?
Los que llevaron su nombre más allá de las fronteras
Los que pusieron en alto el nombre de nuestra tierra
Los que erigieron palacios, levantaron monumentos
Los que tallaron cantera y altares de oro cubiertos
¿Dónde están los mexicanos que volcaron su talento
en un verso, en una copla, en una escultura o lienzo?
¿Dónde aquellos que llevaron con orgullo en su trabajo
impreso el nombre de México?
¿Dónde los compositores, los actores,
dónde están los muralistas,
los poetas, los danzantes,
bailarines, escultores?
¿Acaso están en sus obras?
¿Acaso en nuestros recuerdos?
¿Son parte de nuestra historia,
o sólo son lo que fueron?
¿Qué deuda tiene el país
con los que con su trabajo
a hacerlo contribuyeron?
¿Qué deudas hay en la historia
sin pagarse por completo?
Qué grande es nuestro país
por tanto artista que ha muerto
Qué ingratos somos con ellos
no pagando el justo precio
Dejándolos al olvido
a la ignorancia, o al tedio.
¿Dónde están esos artistas
Que han hecho grande a mi México?

sábado, 2 de mayo de 2020

Ganas de vivir

Yo no pedí nacer.
No supe cómo comenzó mi vida.
Cuando tuve consciencia el agua ya fluía en mi interior.
Es obvio, estaba vivo.
Seguro me caí de una carreta, o alguien me lanzó a la orilla del camino.
Tuve suerte de no terminar siendo forraje.
Apenas y recuerdo que agonizaba y enraicé por puro instinto.
El instinto y el placer no están peleados.
Me fui llenando por dentro, me fui fortaleciendo.
Apenas puedo creer mi suerte…
Por aquí casi no pasa nadie, y eso quizá haya sido lo mejor.
Aquí peleé contra el sol y gané; el mismo que antes me mataba,
ahora me da la vida…
Y contra el viento, pero ya no.
Tengo hijos, y mis hijos tienen hijos y frutos.
Que también son frutos míos y del desierto.
Y aquí seguimos peleando la eterna batalla contra el tiempo y la sequía,
como todos los hijos de esta tierra.