lunes, 9 de octubre de 2017

¿Por qué usamos emoticones al escribir?

 Si consideramos que existen cientos de emoticones para expresar nuestros sentimientos y que por su parte el alfabeto sólo tiene 27 letras y con ellas podemos escribirlo todo.  ¿No es más práctico encontrar las letras para formar la palabras, que andar buscando la mentada carita que representa lo que quiero expresar?

O será que a veces no sabemos cómo se llama lo que sentimos. Quizá no podemos distinguir entre sentirnos bien y sentirnos contentos, alegres, felices, o eufóricos. O tal vez si sabemos, pero nos da pereza ser específicos y hacemos como los españoles que a todo sentimiento positivos lo engloban en una palabreja sin chiste que suena “guai”, cito: “Que “guai” si me invitaras a cenar” así lo dice hasta Joaquín Sabina en su canción Medias Negras… y mira que al citado no le falta oficio ni talento en el uso del castellano.

De igual modo ocurre, cuando un mal sentimiento nos aqueja y no sabemos exactamente qué es, pues no atinamos a distinguir si se trata de tristeza, nostalgia, angustia, desesperación, rabia o alguno otro.

Alex Grijelmo en su libro “Defensa apasionada del idioma español”, comenta: “…ya nadie distingue el gorjeo de un gorrión del silbido de un mirlo”  estamos olvidado como tejer fino, y ahora nos conformamos con hacer medianamente un punto de cruz… y sospecho que por lo mismo preferimos mezclar el lenguaje con una imagen para que exprese por nosotros lo que nosotros mismos no sabemos expresar.

Hay quien se afilia al dicho de que “una imagen vale más que mil palabras”, lo cual acepto con ciertas reservas, puesto que todo depende de qué imagen se trate y de quién vengan las palabras, pues tratándose de valor, el remitente puede hacer toda la diferencia.

En fin, voto a las palabras y a que hagamos uso de ellas para que no se olviden, de no hacerlo quizá no ocurra nada malo, o tal vez si, un buen día pueden acabar en desuso y ocupar un selecto sitio en el rincón del olvido.

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domingo, 2 de julio de 2017

¿Cómo fomentar la lectura por placer?

Saber leer consiste en ser capaces de decodificar las letras y las palabras para entender su significado, ya sea de forma aislada, como parte de una oración o en un texto. Eso generalmente lo aprendemos en nuestros primeros años de escuela, y es la llave maestra que te da acceso a prácticamente todo el conocimiento.

Sin embargo, leer por placer es otra cosa. Leer es un pasatiempo que al hacerlo, te deja algo más que diversión o mero entretenimiento. Es un descubrimiento constante, es adentrarse en el pensamiento de otras personas, es llevar a la imaginación a terrenos que no podrías explorar de otra manera, es estar dispuesto a incrementar tu vocabulario y por consiguiente tu pensamiento, para luego aprender a sacar provecho de esas nuevas armas al momento de hablar o debatir. Leer nos brinda la oportunidad de avanzar por la vida de forma más rápida; pero sobre todo avanzar de mejor manera.

Yo sostengo que los padres de familia tenemos la responsabilidad de enseñar a nuestros hijos a leer por placer, difiero de quien piense que esta sea una obligación de la escuela. Pero también soy consciente de la realidad de que muchos padres de familia no tienen el hábito y en algunos casos ni siquiera el gusto por la lectura y por lo mismo no pueden inculcar ni en sus hijos; ni en nadie más, lo que ellos mismos no hacen.

También sé que hay personas que piensan que leer tampoco es tan necesario puesto que a ellos jamás les ha hecho falta. Creo que eso es tan cierto como el que pasa por la vida sin practicar ningún deporte ni hace el mínimo ejercicio porque jamás le pareció importante. Quizá quienes piensen así tengan cierta razón en base a su experiencia, pero también es cierto que ninguno de ellos sabrá cuanto mejor habría sido su vida si hubieran dedicado un breve espacio a estas dos nobles y redituables actividades.

¿Pero cómo hacer para adquirir el hábito de la lectura si no se tiene, y cómo inculcárselo a alguien más?

Comencemos con abrir un espacio en nuestra agenda para destinarlo a la lectura, no tiene que ser mucho tiempo pero si tiene que ser algo, al menos una vez a la semana. Un amigo me preguntó si  leía mucho, le contesté que en verdad no sabía si leía mucho o leía poco. Lo que si te puedo decir – le dije -  es que procuro siempre estar leyendo algo.

Es conveniente aclarar que cuando hablamos de lectura, no debemos referirnos exclusivamente a leer libros, sino que podemos echar mano de revistas, páginas de internet, periódicos, o hasta comics. Lo que sí es importante es seleccionar qué tipo de contenidos vamos a leer. Para lo cual hecho mano de una contundente frase de Arthur Schopenhauer: “Para leer lo bueno, es necesario no leer lo malo, porque la vida es corta y el tiempo y las fuerzas limitadas”.

Así que sin más, dejaré algunas recomendaciones.  

      Conozca y visite las librerías que hay en su ciudad, o al menos ubique las que están en los centros comerciales a los que suele ir, y cuando pueda vaya con sus hijos o con sus amigos así como a costumbra ir a otro tipo de tiendas.
·      
       Visite las ferias de libros, en muchas ciudades se organizan ferias de libros, ya sean chicas o grandes, pero son una excelente forma de pasar el tiempo.

·         Acepte que existen libros y revistas de todos los temas, es seguro que habrá alguno relacionado con los temas que a usted le apasionan.

·     Considere regalar libros cuando tenga que hacer algún presente por cumpleaños, navidad o simplemente por el gusto de regalarlo a alguna persona especial.

·         Platique acerca de lo que está leyendo, o pregúntele a la gente de su confianza si ha leído algo últimamente. Es decir, saque el tema en las conversaciones ya sea con conocidos o con extraños, hable o pregúntele a la gente qué está leyendo, o qué es lo mejor que ha leído en su vida, le aseguro que la conversación será más interesante que si sólo hablan del clima y de los temas de moda.

·         Si tiene niños llévelos a una librería. Actualmente todas cuentan con áreas infantiles bellamente diseñadas y con un acervo que lo dejará impresionado. Hay libros adecuados y clasificados para todas las edades, y el personal de la librería sabrá hacerle recomendaciones útiles.

·         Invierta en libros, que sus hijos lo vean gastar dinero en libros. Y que lo vean leerlos.

·         Suscríbase a alguna revista, o mejor aún, regálele a alguna persona muy especial una suscripción a alguna revista que usted sepa que será de su interés. Será un excelente regalo que le dure todo un año y que mes a mes se renovará.

·         Invente una regla en su casa, más o menos así: Por cada hora de televisión o videojuegos, habrá que tener 15 minutos de lectura… (o el tiempo que usted considere, lo importante es empezar).

·         Interésese por las lecturas de sus hijos, no importan la edad que tengan, pídales que les comenten sobre sus libros, o mejor aún, léalos usted también (aunque sean infantiles, o aunque sea un fragmento) para que los puedan comentar, es un placer mental y sentimental intercambiar puntos de vista sobre una misma lectura.

·         Lea con sus hijos en voz alta, un rato léales usted y otro rato que ellos le lean, alternen párrafos o páginas, de esta forma ellos aprenderán a pasar tiempo con ustedes con una actividad nueva, y si ellos ven que usted  le dedica tiempo a este asunto, entenderán que se trata de algo importante.

·         Si usted o sus hijos admiran a alguien, busquen su biografía y traten de investigar más y más datos sobre esa persona, promueva la investigación y la búsqueda más allá de Wikipedia o Google.

·         Cuando alguno de sus hijos le pregunte sobre un tema que usted sepa, contéstele como si no lo supiera o como si no estuviera seguro, es decir, invítelo a que busquen juntos sobre ese tema, es seguro que algo nuevo van a aprender los dos.

·         Lea los periódicos de su localidad con cierta regularidad, identifique al editorialista de su preferencia y sígalo de forma regular. Aprenda a conocer a las principales plumas del país, no importa que no esté de acuerdo con sus comentarios, seguramente habrá alguno con quien se pueda identificar más.

·         Si encuentra un libro que le guste, investigue todo lo que pueda sobre el autor, sobre todo, si ha escrito otros títulos que le gustaría leer.

·         Busque algún blog que sea de su interés y suscríbase a él, existen miles de blogs de diversos temas, y son lecturas que no tienen costo, donde además puede interactuar con los autores gracias a la tecnología.

Como se puede dar cuenta, hay muchas formas de fomentar la lectura por placer. Si ya lo hacemos y lo hacemos con regularidad, enhorabuena, seguro estamos contribuyendo con la tarea de ser y de dejar mejores personas en el mundo.

Si tiene alguna otra sugerencia para fomentar la lectura. Se agradece que la comparta en forma de comentario, seguramente más de uno la sabremos aprovechar.

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domingo, 25 de junio de 2017

No me gusta el término “FACILITADOR”

No me gusta el término “Facilitador” cuando se usa para referirse a un maestro, instructor o entrenador de un grupo de personas.  

Me estorba el término, porque se auto define como alguien capaz de hacer que lo difícil se vuelva fácil… eso podrá estar bien en algunos ámbitos, pero no creo que al hablar de educación sea algo que nadie deba ofrecer ni mucho menos otros debamos esperar. 

A mí me gustaría que los maestros de mis hijos, hicieran lo humanamente posible por enseñarles todo lo que deben aprender, que pudieran ser su compañía en todo el proceso de aprendizaje; no importa cuánto tiempo les lleve ni qué tengan que hacer para lograrlo, pero sin facilitarles nada. Es decir, que me gustaría pensar que un maestro es un acompañante a lo largo de todo el camino, pero no un facilitador, pues no esperaría, ni mucho menos exigiría que el proceso de aprender fuera fácil. Podrá ser desafiante, interesante, cansado, por ocasiones tedioso, algunas veces incluso divertido, pero no fácil.

Todo proceso de educación o capacitación, supone que el alumno adquiera conocimientos y/o desarrolle habilidades que aumenten su competitividad. Muchas veces serán conocimientos o habilidades nuevas, y quizá algunas veces sólo se trate de recordar o reaprender algo por segunda vez. En cualquier caso, presupone un proceso de aprendizaje, entrenamiento y práctica. ¿De dónde sale la cándida idea de que aquello tiene que ser fácil, si todo proceso de aprendizaje implica esfuerzo y disciplina?

Es cierto que a veces la suerte, la fe, o quizá hasta el universo pareciera que conspiran en nuestro favor y nos benefician de manera inexplicable, habría que aprovechar esas oportunidades. A mí la vida me ha enseñado que es mejor creer en nuestro propio potencial, transformarlo en trabajo con dedicación y disciplina, y enfocarlo en aquello que se queremos lograr.

Yo estaré más agradecido con los maestros de mis hijos, si fungieran más como guías y compañeros en su proceso de aprendizaje que como facilitadores de todo aquello que les represente un reto, me encantaría que fueran ellos quienes los lleven a poner en práctica el inspirador pensamiento del General Venezolano Francisco de Miranda, quien nos dejó como parte de su legado que el tamaño de nuestro éxito, será del tamaño de nuestro esfuerzo.


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domingo, 18 de junio de 2017

Diálogos con mi hijo


Mi pequeño Pablo me preguntó:

-¿Qué te gustaba más, ser niño o ser adulto?
- Me gustaba más ser niño cuando era niño, pero ahora me gusta más ser adulto.
- ¿Por qué?
- Porque todas las etapas de la vida son bonitas, siempre y cuando las sepas disfrutar.

Si cuando eres niño te la pasas deseando ser adulto, estarás perdiendo el tiempo, porque desearlo no te convierte en adulto, ni te podrás divertir como si lo fueras. Así que más te conviene aprender a disfrutar la vida como niño mientras lo seas.

También funciona igual cuando eres mayor. A mí de nada me serviría querer volver a ser niño, porque eso no va a suceder. Así que prefiero disfrutar la vida de acuerdo a la edad que tengo, porque de todas formas esa tengo.

Así como hay  niños y adolescentes que les encantaría ser mayores, también hay adultos que darían todo lo que tienen por volver a ser jóvenes y hasta niños.  Tal vez dejaron cosas pendientes por hacer en aquellas etapas, o quizá no quieren aceptar que la vida avanza y que es mejor avanzar junto con ella.  No lo sé.

Tu por ahora diviértete como niño, cuando crezcas aprende a disfrutar la vida como joven y luego como adulto. En esos pequeños secretos, la vida esconde sus mejores tesoros y te los da como si fuera una gran recompensa.

-          -    ¿A ti ya te la dio?
-          -    Por supuesto que ya
-          -   ¿Cuándo?
-  Cuando me convertí en papá.

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miércoles, 14 de junio de 2017

La Comunicación, ese eterno problema

Cuando estudié en la universidad, teníamos una serie de materias que formaban parte del llamado “Tronco común”, y  no era otra cosa que un grupo de materias de curso obligatorio independientemente de la carrera que escogieras. Ahí estaban “Redacción en Español”, “Redacción Avanzada” y “Expresión Oral”.

¡Ah cómo se quejaban muchos compañeros de aquellas clases!, y no me remonto a la época de prepa o secundaria donde existían sus equivalentes, porque ahí los intereses eran otros, pero ya en la universidad, cuando se supone que estás adquiriendo herramientas que te van a servir toda la vida, había una terrible resistencia contra esas 3 materias, especialmente con las 2 primeras que implicaban aprender a redactar.

En su momento estas materias no me quitaron el sueño, y aunque quizá no eran tan divertidas como las específicas de mi profesión, digamos que hubo otras que sí me hicieron sufrir. Años más tarde, y siendo parte de una empresa, me doy cuenta de lo importante que fueron aquellas 3 materias, pues en casi toda mi experiencia laboral he visto que el problemas más recurrentes y constante en toda organización es la mala comunicación entre sus colaboradores, y entre éstos y los clientes y proveedores. Eso no significa que no haya comunicación, sino que la que existe, suele ser de muy mala calidad.

¿A qué se debe?,  seguramente a múltiples factores. Aunque a cada rato me vienen a la mente algunos compañeros que argumentaban  -  ¿Para qué quiero saber redacción y ortografía, si yo voy a tener una secretaria para que haga eso? – comentario más misógino y pendejo no podían haber dicho…  y me pregunto yo: ¿Por qué pensaban aquellos angelitos, que “alguien” iba a hacer por ellos, lo que ni ellos mismos estaban dispuestos a hacer? 

Ahora  más que nunca, lo que nos sobran son aparatos para comunicarnos, tenemos medios que en nuestra juventud ni siquiera imaginamos, pero los problemas de comunicación continúan.  ¿A qué se debe? Pues a que el principal problema sigue estando en las  personas, y no en los aparatos. En esa incapacidad de saber transmitir ideas con claridad, llamándole a las cosas por su nombre y entendiendo que la responsabilidad de que un mensaje se comprenda radica en quien lo emite, y no en quien lo escucha.  Para decirlo más claro: Si este texto no se entiende, será debido a una incapacidad  de quien lo suscribe, y jamás se debe responsabilizar de su comprensión a quien solamente lo lea.

Otro problema común, consiste en que nos cuesta trabajo distinguir una idea central de una idea periférica:
-         -  ¿Cómo sucedió el accidente?
-    -  Íbamos llegando al restaurante… ya vez que era cumpleaños de mi tía, la hermana mayor de mi mamá, la que vive en Mérida… Cuando escuchamos un ruido… haz de cuenta como si se hubiera caído algo muy pesado… y volteamos hacia la ventana y vimos el auto con las llantas para arriba…

O revolvamos hechos con suposiciones, y todavía las mezclamos con un poquito de nuestras propias opiniones.
-      -     ¿Por qué no pudieron entregar el paquete?
  - Pues llegamos a la oficina, y otra vez estaba cerrada, a mí se me hace que fue porque salieron temprano a comer…. Ya vez que con ellos siempre es lo mismo… ya vez cómo son… a mí por eso no me gusta ir ahí, yo prefiero para la próxima…

Y por si lo anterior fuera poco, a veces también evadimos nuestra responsabilidad culpando a otros de nuestras incapacidades:

-         -  ¿Qué pasó con el reporte que te pedí?
-     -  ¿El reporte?... lo que pasó fue  “de que”… ya ve que se enfermó la secretaria… y que quedó de mandarme unos datos… y pues ya se los pedí pero yo creo que no ha visto mi correo porque como no vino… pero yo creo que mañana ya va a venir, así que si quiere se lo hago para mañana…

Problemas de comunicación, existen por montones y de ejemplos pudiéramos hacer varios tomos.  
Pero la realidad es que aprender a comunicarnos es una habilidad que se puede aprender sin importar la edad que tengamos o el rol que nos toque jugar dentro de una organización. 

Dejemos de inventar excusas y hagámonos responsables de los mensajes que emitimos. Si todos fuéramos más conscientes de la importancia de este tema y del quebranto que puede causar en una empresa cuando este recurso no se cuidad, tendríamos  más cuidado en la forma de expresarnos, sobre todo desarrollaríamos la costumbre de asegurar la comprensión de nuestros mensajes. Si lográramos hacer eso, nuestro trabajo y por consiguiente nuestra vida personal se verán rápidamente recompensados.






sábado, 27 de mayo de 2017

Hogar - Empresa /Tiempo para uno mismo

¿No sientes que a veces necesitas tiempo para ti mismo?, ¿No sientes que en ocasiones el trabajo y la familia acaban con tu tiempo?, ¿Que cuando finalmente ya todos se han ido, quedas tan exhausto que lo único que quieres es dormir?

A mí sí me ha pasado, y  por momentos me estresaba no poder encontrar tiempo para mí mismo. Estaba tan inmerso en mi trabajo y dedicándole a mi familia el tiempo que me sobraba del trabajo, que sentía que los días pasaban y nunca me daba tiempo para mí.  Tiempo para hacer mis cosas personales, es decir, las cosas que me gustan a mí. Yo formo parte de esa generación a la que alguien tuvo la simpleza de llamar despectivamente “Equis”, y muchos  contemporáneos estarán de acuerdo en que cuando éramos niños hacíamos lo que nuestros padres decían y ahora que somos adultos nuestros hijos quieren que hagamos lo que ellos dice, total que si nos descuidamos se nos va la vida y pareciera que lo único que hemos hecho en tantos años ha sido aprender a  obedecer.  Pero no, tampoco es así de dramático.  

La realidad es que casi siempre hago lo que nos gusta, porque lo que más me gusta es estar con mi familia y cumplir con mi trabajo. Lo que sucede es que por momentos el agobio llega a ser tanto, que uno añora tener un rato de soledad o de reposo para recargar baterías como “en aquellos tiempos”, cuando el trabajo era poco o nulo y la familia actual todavía no existía.

Si bien, siempre debe uno darse tiempo para todo, no siempre es tiempo de poder hacerlo todo, pues ciertas circunstancias personales o familiares cambian. Pero lo que si conviene hacer, es saber administrar nuestro tiempo, para poder hacer lo que nos gusta, sin demérito del tiempo que debemos dedicarle a los demás. Si a mí me gusta practicar algún deporte,  al respecto puedo escoger entre tres opciones: practicarlo solo, dejar de practicarlo por falta de tiempo, o inculcar a mi familia el gusto por dicha actividad. Así que más me conviene inculcar a mis hijos el gusto por aquello que a mí me gusta,  es decir que con ese ejemplo, podemos convivir en familia y practicar ese deporte que tanto me gusta al mismo tiempo.

Algo similar ocurre con quienes tenemos afición por la lectura. Para poder hacerlo requerimos tiempo y que nuestros hijos también aprendan a leer.  Es decir, generalmente leer ya saben, pero más nos conviene enseñarlos a que lean por placer, para que juntos disfrutemos de esta actividad, y de todo lo que ello conlleva, como entablar una buena conversación, hacer visitas cotidianas a las librerías, o dedicarle toda una tarde a pasearnos por una feria de libros.

Tiempo para nosotros mismos… es el que le dedicamos a hacer las cosas que nos gustan, pero nadie dijo que había que hacerlas solos. Por lo tanto, no debemos pensar que las cosas que nos gustan son ajenas a las que podemos hacer con nuestra familia, con el equipo de trabajo o con los amigos. Así que por qué no clasificar “las cosas que nos gustan” en grandes grupos, las que puedo hacer con mi familia, las que me gustan y puedo o  me conviene hacer con mis compañeros de trabajo y las que me gusta hacer con mis amigos.


Ahora bien, siempre habrá cosas que nos gusta hacer solos,  y está muy bien que así sea, pues siempre son reconfortantes los momentos de soledad, ya que abren un espacio a la reflexión y un momento al silencio que nos permitirá escuchar la voz de nuestra conciencia a la que pocas veces dejamos hablar. Procuremos esos momentos de soledad y aceptemos que tan importante es tenerlos, como permitir que las personas a nuestro alrededor también los tengan.

domingo, 21 de mayo de 2017

Los Millennials, y el cambio generacional.

De pronto la generación Millennials se ha puesto de moda y yo, aplaudo el hecho.

Hace días, vi una nota en el periódico que decía “¿Qué pasará cuando los Millennials crezcan?” Creo ese es el asunto, que ya crecieron y algunos apenas nos estamos dando cuenta. De pronto esta nueva generación se puso de moda, como si alguien hubiera destapado la caja y se salieron sin control… los jóvenes están por todos lados.

Yo pertenezco a la generación anterior, aquella que rimbombantemente bautizaron como “Equis”, la que formamos los que nacimos desde mediados de los 60´s hasta finales de los 70´s. Los últimos que podremos decir con orgullo que somos “Personas A.C.” es decir “Antes de las Computadoras” (no confundir con “Antes de Cristo”, que no es para tanto).

Una generación donde las oportunidades de estudio se multiplicaron, permitiendo que el nivel universitario estuviera prácticamente al alcance de cualquiera. Recuerdo que mi papá decía: “A mis hijos les va a tocar una lucha de gente preparada contra gente preparada”, y tenía razón. Quizá por eso somos una generación muy echada para adelante en lo tocante al trabajo.  
También experimentamos un trascendente cambio a nivel familiar, pues casi todos los que ahora somos padres, tenemos más hermanos que hijos. Lo cual justificamos mediante el apotegma de que “La familia pequeña vive mejor.”

Y por si eso fuera poco, tenemos ejemplos para casi todo, cuando se trata de comparar nuestra infancia con la de nuestros hijos,  o el contrastante estilo de vida de ahora con el que teníamos cuando éramos niños.

¿Y qué pasa con los Millennials?.

Pues que los niños de ayer, se están convirtiendo en los hombres de hoy. Es decir, los primeros Millennials han llegado a la edad adulta y están comenzando a ocupar lugares de trabajo, por lo mismo están comenzando a ganar dinero y eso hace que una sociedad tan superficial como la nuestra finalmente los esté volteando a ver.

- “¿Quién se cree este chamaco y por qué tiene un puesto mejor que el mío?”
- “¿Y este “lepe” por qué gana tanto dinero si no sabe ni limpiarse los mocos?”

Con todo respeto para mis contemporáneos, creo que en muchas cosas hemos envidiado a los Millennials desde nos dimos cuenta de que ellos sí se podían subir a los juegos de Mc. Donald´s y nosotros no porque ya éramos grandes. Allí comenzó el problema.  Luego vinieron los miles de accesorios para niños y la era digital que a ellos les tocó disfrutar gratis desde que nacieron cuando a nosotros tuvimos que pagar por ella hasta que salíamos de la universidad, pues ya éramos grandes.

¿Y a qué viene tanta queja de la generación “X”?, que si los Millennials son esto o aquello, que no les gustan adquirir compromisos, que si son irresponsables, que si no son estables en sus trabajos, que si están acostumbrados a una vida fácil y llena de comodidades, que no les gusta batallar... etc.  Pero ¿Ya recapacitamos en que no hay un sólo Millennials, cuyos padres no pertenezcan a la generación X?  Así que, si son como son, es porque nosotros los enseñamos a ser así, ya sea porque les promovimos ese tipo de comportamientos, o porque se los permitimos en su etapa formativa… (con el eterno miedo de: “no se vayan a traumar”).  Decía un amigo que cuando era niño el único sicólogo que conoció fue un cinto piteado talla 40 de su papá… pero claro, aquellos eran otros tiempos.

¿Y ahora quién podrá defendernos?, pues nadie, porque nadie nos está atacando. Simplemente tenemos que entender chicos y grandes, “X” y “Y” que todo cambio generacional ofrece oportunidades para crecer y desarrollarnos.  Ambas generaciones estamos llenos de cosas positivas, debemos hacer a un lado nuestra soberbia y los “X” dejar de pensar que todo tiempo pasado fue mejor, eso es una mentira; que por cierto Woody Allen la expone magistralmente en su película “Midnight in Paris” (2011) y los “Y” entender de una vez por todas que todavía les falta; al igual que a nosotros, mucho por aprender.

Aprendamos unos de otros, somos generaciones complementarias, donde los “X” podemos aportar experiencia, conocimientos y habilidades que hemos desarrollado debido a nuestra edad y donde los Millennials; siendo expertos en manejo de tecnología digital y conectividad, pueden potencializar ese conocimiento aceptando que no todo en la vida se resuelve a través de una pantalla. Habrá temas que a ambas generaciones nos resulten difíciles de comprender, pues nacimos en diferentes épocas y circunstancias en las que el mundo cambió mucho, pero la oportunidad ahí está.  Aunque sólo sacarán provecho de ella quienes tengamos la disponibilidad y la sepamos aprovechar.