miércoles, 16 de octubre de 2013

De las Etimologías al Twitter

De las Etimologías al  Twitter
Debo reconocer que el gusto por la literatura lo agarré cuando ya estaba grandecito. Algún  tiempo me sentí apenado por no haberme  hecho amigo de los libros a más temprana edad. Con los años me pude sobreponer a este sentimiento. Finalmente entendí que por muy temprano que hubiera empezado, no hay vida suficiente para alcanzar a leer todo lo que uno quisiera.
Ahora no me preocupo por leer mucho, sino por leer mejor. Me seduce el correcto uso del lenguaje. Me quito el sombrero ante “La Dichosa Palabra”.
A partir de que descubrí este programa de televisión (el único que veo en tele abierta) encontré que los sábados podían ser todavía más dichosos de lo que ya eran. Si usted (como lector), no sabe a qué me refiero, lo invito a sintonizar el canal 22 de México los sábados a las 20:00hrs (tiempo del centro) para que descubra de qué le estoy hablando.
Cuatro personas amigablemente conversan sobre el origen de las palabras y de las expresiones del idioma castellano, cuatro conocedores que charlan de literatura y de sus exponentes, cuatro divulgadores del correcto uso del lenguaje que predican con el ejemplo, y lo más importante, cuatro anfitriones que con su estilo coloquial, hacen sentir al televidente como si ocupara una silla más en aquella dichosa mesa.
La espontaneidad del formato, la naturalidad con la que se abordan los temas, las dichosas preguntas del público, las enriquecedoras respuestas de los panelistas y por supuesto “La dichosa palabra”; aquella de la cual conocemos su significado pero desconocemos su nombre, todo se conjuga para dar forma a un concierto a cuatro voces, para deleite del oído y del buen gusto.
No se piense por favor, que se trata de un programa exclusivo para intelectuales y engolados puristas del idioma español. En “La Dichosa Palabra” se habla con frescura y conocimiento a la vez. No se sorprenda de los contrastes que puede presenciar, pues así como se hacen referencias de culturas ancestrales, o se citan a filósofos y literatos clásicos, también se mandan mensajes por Twitter y Facebook, o se cuentan anécdotas y hasta bromas relacionadas con el tema que se aborda.
Aplaudo la claridad de Laura, la certeza de Pablo, la agudeza en tanto ingenio de Eduardo y la profundidad de Germán.  Me seducen sus comentarios y la interacción que logran como equipo.  Considero que contribuyen notablemente en algo que mucha falta le hace a nuestro país, promover la lectura y en consecuencia, elevar el nivel cultural de su gente. Aplaudo a la producción de este programa, merece junto con sus conductores el reconocimiento público por los más de 300 programas transmitidos. Gracias por seguir al aire y por contribuir con su trabajo a que nuestros sábados sean más dichosos.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Que bueno que no soy crítico de cine.


Que bueno que no soy crítico de cine.

Fui a ver la película “No se aceptan devoluciones” y me encontré con una historia que me tocó el corazón. Quizá la historia, quizá el momento, quizá la paternidad que experimento desde hace 8 años…leí recientemente que la paternidad es el único grado en el que primero tienes el título y después aprendes a ejercer. Quizá todo, quizá nada, para mi fue una extraordinaria película.
De haber sido crítico, hubiera salido mentando madres, que si por que la historia es un refrito de otra historia, que si porque el protagonista está sobre actuado, que si porque la fotografía es esto o aquello, que si es una película de televisa, que si los migrantes, que si la discriminación, que si la música, la secuencia, y  la carabina de Ambrosio.
De verdad que qué bueno es no saber nada de cine.  Uno se sienta cómodamente en su butaca y se deja llevar.  Y no es que uno sea un vertedero que se traga todo. No, lo que sucede es que uno escoge cómo quiere vivir cada momento. Llegué al cine con una expectativa alta, y eso es un gran riesgo, porque tiene uno la tentación de la soberbia,  - Déjame ver si la película me merece.  Por suerte, me pude sobreponer a la tentación apenas comenzó el filme.
Con el protagonista, tengo un problema, no lo puedo dejar de ver como el comediante que siempre ha sido, pero si él se atreve a hacer cosas nuevas, yo me atrevo a verlas. La película “La Misma Luna” me pareció extraordinaria y ahora que exhibe “No se aceptan devoluciones”  no me queda más que reconocer que la película me divirtió bastante y me conmovió lo suficiente para poder recomendarla.  Derbez acuñó hace tiempo, una frase memorable (al menos para mí) “Creo en lo que creo”. Esa es parte de la genialidad de los artistas y por eso lo reconozco como un gran creador. Algunas veces, los personajes son más fuertes que el mismo actor, pero también contra eso tuve que luchar y entonces acepté y compré al “nuevo personaje” como uno más y me dejé llevar.
Pocas películas me han conmovido tanto como ésta.  Y creo que por lo mismo, no entiendo la reacción de mucha gente que en las redes sociales trata de boicotear la película contando el final, ¿Qué pretenden? ¿Estropearle la experiencia a otra persona?, o ¿Es tanta la envidia hacia la película, (por el éxito taquillero) que promueven su boicoteo? Claro que los conocedores dirán que el final es totalmente predecible y hasta cursi y que no se boicotea nada al develar la trama. Quizá, yo no se nada de cine, pero tengo el suficiente sentido común y la prudencia como para saber respetar la obra de alguien más y saber respetar al público que no la ha visto para que la disfrute tal como es.
La cinta que está en boca de muchos por su éxito taquillero. La fui a ver sin ánimo de crítica, sin pretender que la película me debiera convencer, sin espíritu de juez severo, no fui a ver si era digna de mí. Al contrario, fui a gozar de una película que está siendo bien recibida en taquilla y no muy bien recibida por la crítica especializada.
“No se aceptan devoluciones” es una película que cuenta una historia entrañable y tierna y esos temas también son parte de la vida. Por encima de todo, me da mucho gusto que esta cinta esté liderada por un mexicano que ha luchado por hacerse un lugar en el mundo del cine más allá de las fronteras y que hoy con orgullo puede decir que lo ha logrado. Que si es más o menos que este o aquel, a mí no me importa. Que si merece algún premio de la academia, me tiene sin cuidado. Yo aplaudo que un mexicano tenga éxito y sea ejemplo de tenacidad  e inspiración para muchos más. 
¡Bravo!, Eugenio.

miércoles, 2 de octubre de 2013

No están locos, son Arquitectos.

No están locos, son Arquitectos.
Lo que sucede es que su principal herramienta de trabajo es la imaginación. (Como los músicos, los pintores,  los escritores y los artistas en general) De ahí se deriva todo lo demás.
Por supuesto que el conocimiento es importante pero no protagónico.
Los arquitectos saben mucho, es cierto, pero a diferencia de los científicos, ingenieros,  médicos o abogados cuyo conocimiento suele ser abrumador, los arquitectos saben mucho de temas que los demás creen saber,  por eso todo el mundo les discute. Sin embargo, recomendamos tener cuidado al discutir con alguno de ellos, pues el arquitecto es un artista, y puede fingir estar de acuerdo con usted, asentir con la cabeza a sus argumentos, incluso  mantener la  cara de interés y al mismo tiempo estar pensando: ¡Qué pendejo eres!
Sin embargo los arquitectos  también ignoran muchas cosas,  por eso deben recurrir a la imaginación  y saben que a veces, las mejores ideas surgen en los momentos más inesperados. Por eso les encantan estos momentos y los suelen buscar en el silencio de la noche, en el humo de un cigarro, en el fondo de una taza de café, o en una conversación con amigos extraños, incluso más extraños que ellos.  
Para muchas personas, el sueño es simplemente una rutina reparadora, para los arquitectos no. El sueño es la oportunidad de explorar el inconsciente,  el sueño puede ser el puente entre el problema y la solución que la mente consciente no ha sido capaz de construir. Por si no lo sabía, los arquitectos sueñan a colores y en 3D. Así que piénselo dos veces antes de despertar a un arquitecto, puede interrumpir la obra maestra de un artista.
En los momentos críticos,  un arquitecto sometido a un estímulo puede abstenerse de decir algo, pero jamás podrá abstenerse de pensarlo,  por eso algunas veces se ríen solos.
Sin embargo en un estado de relajación, los arquitectos siempre tendrán  la capacidad de abstraerse hacia la nada, a un espacio que sólo ellos conocen, donde la mente puede descansar sin pensar  y el corazón puede reposar sin sentir.  Así que no se sorprenda ni se enoje si  al cuestionar a un arquitecto  ¿en qué piensas? Obtiene por  respuesta: “En nada”.   No hay dolo, ni significa que no le quiera decir, significa que está ante una persona que  puede dejar de pensar (incluso con los ojos abiertos) y seguir respirando como cualquier mortal.
Los arquitectos aman las papelerías y las tiendas de artículos de arte, su deseo creador va cien pasos adelante de su verdadera capacidad creadora. Y ¿Sabe por qué? Porque los arquitectos están acostumbrados a trabajan con cosas que no existen. Por eso siempre tienen a la mano algún objeto punzo-rayante (llámese pluma, lápiz o similar) y papel, mucho papel de diferentes formatos y colores, y grandes, de tamaño suficiente porque la claustrofobia gráfica los ahoga.
Los Arquitectos, crean, diseñan, inventan, para alimentar su espíritu libre, pero también analizan, estudian, calculan, toman decisiones, y sobre todo, cuidan los detalles.  No se preocupe si se topa con un arquitecto y lo encuentra ensimismado. Puede estar en  la búsqueda de algún concepto o en la creación misma del concepto que no encontró. 

Con afecto y admiración a todos mis colegas. 

jueves, 19 de septiembre de 2013

¿Dónde quedó "El Respeto al Derecho Ajeno"?

El grito de independencia 2013
¿Alguien sabe dónde quedó “El Respeto al Derecho Ajeno”?
Cuando aprendí la frase estaba en primero de primaria, reconozco que tardé en comprenderla. Con los años me he dado cuenta de que algunos de nuestros gobernantes todavía no la comprenden, o lo que es peor, no les merece el menor respeto y con sus acciones dejan ver que no les importa.
El zócalo de la Cd. De México, ocupado durante casi un mes por líderes y miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) que protestaban exigiendo sus derechos, fungió como dormitorio de miles de personas. El corazón de nuestro país fue convertido en un tianguis, en un dormitorio, en una vergüenza para quienes sentimos algo de respeto por nuestras instituciones y por los bellos edificios que conforman el primer cuadro del centro histórico de México. Si embargo, y aunque me duela decirlo, estaban haciendo valer su derecho a manifestarse y ahí en el zócalo, es donde menos daño hacían. Pero durante este tiempo los manifestantes también marcharon por las calles y afectaron a miles de ciudadanos, perjudicaron negocios y trabajadores al por mayor, dañaron edificios y monumentos que forman parte de nuestra historia y por si esto fuera poco, en más de una ocasión bloquearon el aeropuerto internacional y se hicieron dueños de la cámara de diputados. En otras palabras no tuvieron el más mínimo “Respeto al derecho ajeno”. Mientras todo esto sucedía la autoridad fingía demencia, (quizá no fingía).
El 13 de septiembre, a dos días de que el Presidente de la República debía dar el grito de independencia, el zócalo fue desalojado por la fuerza. Con esta acción a mí me queda clara una sola cosa: Los manifestantes pueden dañar a la ciudad y a la ciudadanía hasta el nivel que gusten, la autoridad no los molestará.  Pero como ya llegó el momento en que  el Señor Presidente tiene que salir al balcón, entonces es momento de usar toda la fuerza del estado. Sus prioridades están muy claras, Señor Presidente, sus actos dejan ver que lo único que le interesa es lo que refleja su espejo. 
Por favor no salga ningún político a declarar que el desalojo del zócalo se hizo porque “El Grito” y el desfile militar son una fiesta del pueblo. Nada de eso, lo que es del pueblo es el derecho a transitar por las calles libremente, el derecho a llegar a su trabajo y a sus compromisos sin que una turba obstruya las calles, el derecho a abordar un avión a tiempo sin que nadie interfiera en su camino al aeropuerto, el derecho a la conservación de sus edificios y monumentos públicos… A mi me parece que la ceremonia de “El Grito” era una fiesta del Presidente y sus amigos, que les urgía verlo en el balcón del palacio, tañendo la campaña y ondeando la bandera, quizá no consideraron que a los ojos de muchos mexicanos, (muchos más de los que ese día ocupaban la plaza) nuestra bandera al Señor Presidente, le queda grande.
¿De qué sirven tantas imágenes de Juárez en los edificios de gobierno si nadie sabe dónde quedó “El Respeto al Derecho Ajeno”?



miércoles, 11 de septiembre de 2013

Señores Legisladores:

Señores Legisladores:
Yo también soy Mexicano. Pero aclaro que no me siento representado por ustedes. Por el contrario, me siento víctima de un gobierno que pretende cobrarme impuestos por mandar a mis hijos a un colegio privado. ¿Qué conflicto tienen con eso, si al hacerlo soy un problema menos para el estado?
Tampoco me identifico con un gobierno que pretende gravar con más impuestos a los que ganan más. ¿Acaso quienes trabajamos no podemos aspirar a tener un desarrollo profesional y con ello una mejor calidad de vida? ¿Es acaso un impuesto al progreso personal y profesional?
Los problemas de México se pueden resolver, eso está claro,  pero también se pueden maquillar, y ustedes conocen bien la diferencia. La educación y el empleo son los dos pilares en los que se cimenta el progreso de cualquier persona. Sin una educación de calidad y un empleo digno y bien remunerado, difícilmente alguien puede alcanzar su desarrollo personal. Lo mismo le pasa a un país cuando no tiene calidad en la educación ni promueve la generación de empleos, está condenado al subdesarrollo económico.
No intenten confundir a una sociedad que cada día está mejor informada y es más participativa, no intenten comprar la conciencia de la gente haciéndole creer que el gobierno en turno resolverá los problemas de los más necesitados. No insulten la inteligencia de los mexicanos con discursos populistas y demagógicos. Hablen con la verdad. Tengan el valor de decir lo que piensan. Reaccionen como individuos, dignifiquen su papel como legisladores.
México necesita líderes que sepan distinguir entre aquello que beneficia al país, y aquello que lo perjudica. Distinguir lo que nos hace progresar como nación, de lo que nos ancla o nos regresa al pasado. Necesitamos líderes que actúen congruentemente, estimulando lo que nos hace bien y señalando lo que nos hace mal para que se persiga y se castigue.
Somos muchos los mexicanos que cada día trabajamos para tener una mejor calidad de vida para nosotros y nuestras familias, que queremos crecer como personas para juntos crecer como nación. Pero también hay muchos otros mexicanos que necesitan apoyo, que no tienen una buena educación ni un buen trabajo. La educación de calidad, la productividad, la rentabilidad, la generación de empleo, y el trabajo bien remunerado requieren ser estimulados, no gravados. Si lo que faltan son recursos, graven el consumo, no la renta, asuman el riesgo arreglando el problema desde la raíz, hagan que paguen los que no pagan en vez de hacer que paguemos más los que siempre pagamos.

Somos muchos los mexicanos que estamos dispuestos a dar nuestro mejor esfuerzo cada día por el bien de nuestro país, no se excluyan, cada quien escogió su camino en esta vida y ustedes escogieron ser legisladores, hagan ustedes lo propio recordando el legado del  Gral. Coss. “Debemos ayudar al que está caído, pero nunca tumbando al que está parado.” 

domingo, 1 de septiembre de 2013

El que tenga tienda, que la atienda.

Si mi Facebook fuera un centro comercial, cada amigo representaría una tienda y cada muro, su respectivo escaparate.  
Hay tiendas que permanecen abiertas las 24 horas del día. Los veo y pienso: ¿A qué hora descansan? ¿Tendrán clientes a toda hora? ¿Es solamente espíritu de competencia? ¿No tendrán otra cosa qué hacer?, o ¿No tendrán más a dónde ir?
Hay otras tiendas que sólo abren en horarios especiales o que sólo se pueden ver los fines de semana, cada quién atiende a su clientela a su gusto y modo.
Hay tiendas divertidas y dinámicas, que procuro no perderme. Hay otras aburridas y muchas descuidadas. Algunas que no han actualizado su escaparate desde el verano pasado y otras donde hasta se vislumbran telarañas.
Hay tiendas de deportes y campismo, sólo experiencias de alto impacto para gente muy activa. También hay tiendas de arte donde igual puedes ver una pintura, una escultura, leer un  poema o escuchar una canción. Ahora tengo el mejor estadio o la mejor sala de conciertos al alcance de mi mano.
Hay tiendas donde sólo se abordan temas religiosos. Hay otras donde son un poco más genéricas y exhiben temas espirituales. Y hay muchas que hambrientas de visitantes tratan de seducir utilizando  temas de autoayuda y superación personal, lo que sea, con tal de tener mercado.
También existen los escaparates obscenos, que sólo saben ofrecer vulgaridades y donde uno  puede llegar a sentirse incómodo.  Y contrastantemente hay aparadores con  imágenes de familias o grupos de amigos que se ven felices disfrutando del cariño los suyos.
Hay por supuesto, escaparates presuntuosos y arrogantes donde prefiero pasar de largo. Y otros sencillos y honestos que muestran su agradecimiento con la vida y que nos dan ejemplo de humildad y de discreción.
Es común encontrar también vitrinas que parecen consultorios y ofrecen terapias de temas varios. Estos escaparates se han convertido en palestras desde donde los propietarios lanzan sus mensajes, discursos, consejos y recomendaciones en forma periódica a quien las quiera recibir.
Y también existe quien lleva el escaparate hasta la trastienda, allá donde se colocan las cosas que no aportan ningún valor.

Facebook es un lugar de encuentro entre personas, que me ha ayudado a conocer mejor a quienes creía conocer. Aquí  uno tiene la libertad de diseñar su propio escaparate y exhibirlo. Sin embargo, esa libertad intrínsecamente nos condena a corroborar lo que Lincoln, decía: “Puedes engañar a algunos siempre, puedes engañar a todos a veces, pero no puedes engañar a todos siempre” Los escaparates empiezan y terminan siendo un reflejo de quien está detrás de ellos.   

martes, 5 de marzo de 2013

Saber llevar la edad

Saber llevar la edad
Cuando le pregunté su edad, me contestó que cuántos le calculaba.
- ¿Yo qué se?
No pretendía resolver un acertijo, lo único que quería era saber su edad.

Acto seguido pensé - Su cerebro no ha madurado a la misma velocidad que su cuerpo ha envejecido. – Pero tampoco se lo dije.

Hay gente que no saber llevar su edad. Nunca están satisfechos con la edad que tienen: Cuando tienen 15 quieren tener 21, cuando tienen 30 quieren tener 24, cuando tienen 40 quieren tener 32. Para esta gente siempre hay un desfase entre la edad real y la edad ideal.

¿Será que cuando tuvieron esa edad; que ahora anhelan, no la aprovecharon por estar pensando en lo que hubieran podido hacer si tuvieran 10 años menos?
¿Será que cuando tuvieron aquella edad, no tuvieron el valor para hacer lo que ahora si se atreven?

Envejecer no es pecado ni es delito, es una consecuencia natural, es el precio de estar vivo y además una condición universalmente democrática, pues el tiempo avanza al mismo ritmo para todos.

Envejecer es un mérito, un triunfo a la vida, una victoria que se gana cada día.
- Yo tengo 30 años con veinte de experiencia - dijo el cincuentón.
- Yo tengo 39 pero me veo como de 28 – dijo la cuarentona.
- ¿Tu cuántos me calculas?... (¿A quién le importa?)
- Pues yo voy a cumplir 42 - ¿Otra vez? - Le preguntaron sus amigas.
-Yo tengo 85 y no me quito ninguno porque todos me han costado, y cada uno me ha marcado. La vida me ha enseñado a valorar, no solo cada año, sino cada día.

Los años nos enseñan a ver la vida bajo otra perspectiva. (Daniel Colombo, lo narra más o menos así)
- ¿Cuántos años tiene usted? – le preguntó una joven a una anciana.
- No lo se- contestó.
- ¿No sabe cuántos años tiene?, ¿Acaso no sabe cuándo nació? – se sorprendió la joven.
- Por supuesto que lo sé – contestó la anciana – Sé cuándo nací y por lo tanto cuántos años he vivido, pero usted preguntó que cuántos años tengo, y los años que he vivido ya no los tengo, ya los gasté, los únicos que tengo son los que me quedan hasta el día de mi muerte, y esos no se cuántos sean. Acaso ¿usted sabe cuántos tiene?

Procuremos la vida cumpliendo muchos años, sin confundirlos con cumplir un año muchas veces.

Total, si la edad hay que llevarla puesta, más vale saberla llevar tal como es.
Bienvenidos mis 39