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domingo, 19 de julio de 2026

Corazón Parti'o

 

Esto escribiendo y publicando este texto unas horas antes de la final del mundial de futbol 2026, donde medirán fuerzas Argentina y España.

¿Y ahora qué hago? Si no puedo explicar mi vida sin la influencia de estas dos culturas, que en diferente tiempo se cruzaron por mi camino, llamaron a la puerta y se instalaron para quedarse.

Desde niño por influencia de mis padres y hermanos, (aunque sería más justo decir hermanas) conocí la música de los churumbeles, las zarzuelas y luego la trova y los románticos de 70’s en voces de Joan Manuel Serrat, Mocedades (de aquella era), Jose Luis Perales, y etcétera.

En otra etapa de mi vida, conocí otra música y otros gustos, y llegaron a mi repertorio Facundo Cabral, Alberto Cortés, Atahualpa Yupanki, Mercedes Sosa, y varias veces cantamos y coreamos “…al calor de las masas” la música de Gustavo Cerati. Y no podría explicar mi gusto por la música y el sentido del humor sin poner un pedestal al talento y la genialidad Les Luthiers.

¿Cómo podría dar la espalda a cualquiera de estos dos bellos países donde he estado y he sido gratamente recibido por su gente? Si lo mismo he caminado por el Paseo de la Castellana y la calle de Alcalá que por Corrientes y Puerto Madero. Lo mismo he recorrido la Plaza Mayor de Madrid que la Plaza de Mayo en Buenos Aires.

Quisiera tener tiempo para abrir un vino y pensar en mi decisión, pero eso sólo empeoraría las cosas, si a través de los años he descorchado tantas botellas, que lo mismo he bebido de la región de Mendoza que de Rioja y Ribera del Duero.

Por más que hurgo buscando razones, no lo consigo y más me enredo, “ahora caigo…” (dijo Juan Escutia, pero nadie lo escuchó) en que de ambos lugares he escrito (aquí un comercial: Si quiere leer mis columnas donde rindo honores a España, busque “paella con amigos”, si prefiere leer sobre Argentina busque “Desde más acá del tingo, hasta más allá del tango” y en este mismo blog, podrá encontrar sendos textos) y si de leer se trata… ahora mismo, no podría renunciar ni a mi admiración por Cervantes, o Calderón del Barca, o a los contemporáneos Perez Reverte o Carlos Ruiz Zafón…  como tampoco sería feliz haciendo a un lado a Borges, Cortazar o Ernesto Sábato. 

Empecé escribiendo entusiasmado y presionado por el poco tiempo que me queda,  como si lo hiciera al compás de una jota aragonesa, y ahora sufro para terminar estas líneas como si me desangrara a la mitad de un tango.

Ni modo. Para el resto de mi vida, me quedaré como hasta ahora, con lo mejor que he recogido de cada cultura y que han venido a complementar la mía, la mexicana, a la que más admiro y por la que siento más cariño y pasión, y en mi caso, que con el tiempo se ha convertido en un collage de parches y retazos que he tomado de aquí, de allá, de acullá y allende.

Por ahora tendré que tomar una decisión, y sé que decidir es sacrificar, no me quedaré en la tibieza de decir “que gane el mejor.”  A mis cuates argentinos les diré que por hoy, y sólo por hoy, se conformen con saber que tienen en sus filas al mejor jugador de futbol de toda la historia. (Absténganse los haters de mentarme la madre, si no pueden, háganlo con creatividad y estilo, no sean nacos y luego, vayan y lean sobre inteligencia emocional)(Aquí me dio por escribir un resumen del libro de Daniel Goleman, pero sentí que me salí del tema y mejor lo borré). A mis amigos españoles, les diré que espero que se coronen como el mejor equipo y que una vez coronados tampoco vayan a andar restregando el título en la cara de nadie, asuman su triunfo con categoría y pundonor.

Ya no digo más. Me avengo al pronóstico que sin saberlo, vaticinó Joaquín Sabina en la canción “yo me bajo en Atocha” él no lo supo, pero en 1998, en cuatro versos hizo la crónica del mundial “…Mexico me atormenta, Buenos Aires me mata, pero siempre hay un tren que desemboca en Madrid.”

 

 

domingo, 5 de julio de 2026

La Fiebre del Mundial


Para nuestra familia, la emoción comenzó con el álbum y sus casi mil estampas o figuritas. Lo compramos a principios de mayo y todavía no lo completamos. Mi esposa y mi hijo son quienes más pasión y tiempo le han dedicado. Para mí, lo bonito es ver cómo el álbum se suma a sus antecesores de los mundiales 2014, 2018 y 2022. La colección sigue creciendo.
En las redes sociales, ya pudimos ver que el fenómeno es; como su nombre lo indica, de proporciones mundiales, la participación de 48 países ha hecho que, en más de uno, haya tenido que consultar dónde carajos está. ¿Quién había oído hablar de Cabo Verde?
En la familia, tanto mi hija “la china”, (nombrada así por su cabellera, no cran que la importamos), como yo, fluimos con el mundial al ritmo que nos toquen, no es que no nos importe, sino que nuestras pasiones van por otro lado, y el juego de pelota nos da más o menos lo mismo. Ah, pero si juega la selección nacional, la cosa cambia.
Es increíble en lo que se transforma México y un mexicano promedio cuando juega su selección. Ya quedó claro, que el futbol es capaz de lograr lo que ninguna otra cosa en este país, ni la virgencita de Guadalupe; con todo respeto, ni ningún artista, ni por supuesto, ningún partido político, con todo y su horda de acarreados. Ahora sí ya quedó claro para todos, lo que significa llenar el zócalo, el Paseo de la Reforma y las plazas públicas.
Qué falta nos hacía a los mexicanos volver a vivir la emoción de algo que nos uniera a todos. Esta fiesta me hace sentir que traigo el tanque emocional lleno de nacionalismo y pasión. El “bélico acento” dice nuestro himno, que lo siento como unirnos en una sola voz para no tenerle miedo a cuanta selección nos pongan enfrente. Aquí nos estaremos midiendo cara a cara con los ingleses este domingo. Ya si ganamos o pierden ellos, será lo que Dios quiera… nomás acuérdate Diosito, ¿Quién te hace su calvario en Iztapalapa cada semana santa… ¿Quién?
Aclarando que soy un total desconocedor de tema, (Por si no lo habían notado) qué bonito es ver a la selección jugando como lo hicieron contra Ecuador. Pero qué bonito también, es ir por las calles, al súper, a la escuela o al trabajo, y ver que la mayoría la gente va portando la camiseta de la selección o al menos vestidos de verde. Esos son mensajes de unidad, que no nos pueden pasar desapercibidos. Esas son señales de un pueblo que se siente orgulloso y se sabe organizar sin que nadie lo dirija ni lo mangonee. Y luego esa frase retórica, que se nos metió hasta la cocina (literalmente y por los huevos) y nos ha llegado al corazón como un rayito de esperanza, ¿Y si sí?
Qué fascinante es ver a nuestro equipo nacional conformado por deportistas veteranos como Guillermo Ochoa con cuarenta años y seis mundiales, jugando junto a otros con la juventud brotándole como espinillas, como Gilberto Mora, que cuando Ochoa fue a su primer mundial, este inocente ni siquiera había nacido.
Y luego está la afición, esa afición que desde que empezó el mundial se ha dejado ver cómo la gran anfitriona fuera de la cancha. Esa afición que apoya desde donde esté y que sabe vivir la fiesta en pareja, en familia, con amigos o en grandes masas y como si nos conociéramos de toda la vida.
Ahí están los que asisten a los estadios, que es una experiencia que no he vivido, pero que de verla imagino el estallido de emociones y comprendo el por qué afloran las lágrimas en buena parte de la concurrencia… yo creo, que si lo viviera en persona, sería de los que comienzan a chillar desde que se entona el himno nacional. Por algo pasan las cosas. Pero bien por ellos, por los que han podido estar presentes y vivir la experiencia de algo que quizá nunca más se va a repetir.
Luego están los que van a los Fan Fest… ahí se juntan los que no cupieron en el estadio, o no tuvieron los medios para ir. Es una fiesta popular donde sale a relucir lo más folclórico y alegórico de nuestra raza. Fanáticos, aficionados, familias, grupos de amigos, gente con mascotas, chicos y grandes, pobres y ricos y ahí, todos juntos, unidos en una misma fiesta por ver jugar y ganar a su selección. De festejos como este han surgido porras, celebraciones y gritos como el de “quiere volar, quiere volar” que preceden a acto de ver a alguna víctima levantada en volandas, subir y bajar por los aires, en brazos de una caterva de orates casi siempre alcoholizados.
También están los que festejan en el cine, yo he sido de esos (un ambiente mucho más controlado, para gente argüendera y con tendencia al relajo pero bajo techo) Era una sala donde no cabía un alma más, (como cuando se estrenó Titanic) ahí se vive la emoción y la pasión en pantalla grande. No sé a cuánto lleguen los decibeles, pero estoy seguro que ni la explosión de la estrella de la muerte, ni Top Gun con sus mejores aviones han logrado tales estruendos, (Ya sé que mis referencias cinematográficas son del siglo pasado, pero por más que quise acordarme de una película estruendosa reciente, no lo logré, en todas me duermo y los estruendos en el cine, me hacen lo que el viento a Juárez, ahí la única que me despierta es mi esposa cuando ronco, ya no se puede confiar ni en la familia, no dejan dormir a gusto, en fin).
Ya casi para terminar, diré que después de los aficionados racionalmente normales, vienen un grupo radical de lo más primitivo, los fanáticos tóxicos, esos que agarran el festejo como pretexto para cometer excesos y desmanes de todo tipo. Para ellos todo mi repudio. Son los que suelen echar a perder la fiesta, es como el imbécil que empuja al cumpleañero sobre su pastel, haciéndose el chistoso y dejando al festejado en la ignominia y a los invitados sin pastel. Con esa gente nadie gana. Ahí están los que se lanzan al vacío desde cualquier estrado al estilo Juan Escutia, los que se trepan a un semáforo o a una farola de alumbrado público sin más oficio ni beneficio que hacer desmanes y provocar desmadres. Con esa gente no se logra nada bueno.
Mejor volvamos a nuestros seleccionados, para ellos todo mi respeto y toda mi admiración. Espero que como en los anteriores partidos, sigan dando lo mejor de sí, conscientes de que, por ahora, son el mejor referente de lo que para los mexicanos significa que a la patria, el cielo “un soldado en cada hijo le dio”. Y ya de paso, pedirles a los jugadores, que por ningún motivo dejar solo a Morita, es el más chiquito y deben evitar que se encierre por largos períodos en el baño del hotel, díganle que la patria lo necesita con todas sus energías dentro.
Los grandes ausentes… ya sabemos quiénes son. Las autoridades, que ni siendo anfitriones, se han tomado la molestia de presenciar un solo partido de la selección en vivo, de verdad que bastante poco se espera de ellas, y aun así, nos logran decepcionar.
No me resta más que pedirle a dios que el domingo nos regale un buen clima, a la selección, que dé lo mejor de sí, y a la afición; que somos la inmensa mayoría, que vivamos el día con mucha pasión y nos portemos bien. En el último partido que ganamos de puro celebrar fallecieron cuatro personas, como en el brindis del bohemio, “…desbordantes de dicha y de contento”. No me quiero imaginar qué sucedería si llegara una derrota.
Los extranjeros vinieron a comprobar lo que nosotros ya sabíamos, que como México no hay dos, pero no la chinguen, también sabemos que a duras penas tenemos uno y que si nos apendejamos, al rato no vamos a tener ninguno. José Alfredo nos enseño que “aquí se apuesta la vida, y se respeta al que gana”. No me estoy arredrando contra los ingleses ni contra ninguna selección, nomás le estoy tanteando el agua a los camotes para que nos vaya bien ¿Será que llegamos a la final?... ¿Y si sí?

domingo, 1 de agosto de 2021

Lo que aprendí de Chucho Ramírez


Durante la convención de Equipos Técnicos que se llevó a cabo en León, Gto. En octubre de 2018, tuvimos una conferencia impartida por el ex director técnico de la selección nacional sub 17; Jesús “Chucho” Ramírez. Muchos conceptos y aprendizaje sacamos de dicha ponencia, dentro de los cuales destaco los siguientes:
El Jugador profesional de futbol, debe tener 4 tipos de entrenamiento para el desarrollo pleno de sus facultades:
1.- Entrenamiento Físico: Los futbolistas profesional, ante todo, deben ser atletas, y por lo tanto tener la condición física necesaria para soportar entrenamientos o partidos de más de 2 horas continuas sin disminuir su rendimiento. Además deben ser conscientes de lo importante que es su cuerpo a la hora de desempeñar su trabajo, lo cual exige disciplina y hábitos saludables, así como abstenerse de todo lo que vaya en detrimento de su salud, como fumar, tomar, inyectarse o inhalar sustancias nocivas.
2.- Entrenamiento Técnico: Un buen futbolista, debe saber mover el balón, saber recibirlo y controlarlo tanto si viene por aire o a nivel de cancha, debe saber llevarlo, burlar al contrincante y saber pasarlo a un compañero, también sabe diferentes formas de pegarle y conseguir diferentes efectos con él. Un buen futbolista, debe saber qué hacer con el balón en cualquier momento del partido y en cualquier lugar de la cancha.
3.- Entrenamiento Táctico: El buen jugador, está consciente de lo que le toca hacer a la hora de jugar, conoce el territorio y su campo de acción, un buen futbolista, tiene claro lo que los demás esperan de él y lo hace. Sabe colocarse de forma estratégica y sabe dónde están colocados sus compañeros. Sabe qué puede esperar de sus compañeros y qué esperan ellos de él.
4.- Entrenamiento Mental: Los profesionales del futbol, saben manejar el éxito y la derrota, saben concentrarse en el juego, sin dejarse influenciar por la multitud que les grita, los abuchea o les aplaude en un estadio. Saben cómo manejar la fama, a los medios de comunicación y a sus fans. Un buen futbolista se entrena para ganar, sabe que el triunfo depende de lo que logren hacer como equipo y es consciente de que el trabajo por separado de cada uno, jamás será tan valioso como lo que logren hacer juntos.
Esto lo aprendimos de quien fuera director técnico de la selección nacional sub 17 y los llevara a ganar el mundial en 2005.
Pero el aprendizaje no se queda ahí. Lo más relevante de aquella enseñanza, es que cualquiera de nosotros, en el ámbito profesional, debemos reconocer que necesitamos los mismos 4 tipos de entrenamiento adaptados a nuestra profesión y trabajo.
1.- Entrenamiento Físico: Cuidar nuestra salud tanto física como mental, alimentarnos bien y estar al pendiente de nuestro cuerpo son responsabilidades que todos debemos asumir. Una dieta balanceada, una razonable dosis de ejercicio en función de nuestra edad y nuestros chequeos médicos periódicos, son una excelente forma de comenzar. De igual manera, erradicar malos hábitos que atentan contra la salud o ponen en riesgo nuestro desarrollo físico o mental.
2.- Entrenamiento Técnico: Educación constante es lo menos que debemos hacer. Ya no es suficiente tener una licenciatura o un posgrado, la vida laboral y la cultura globalizada nos obliga a mantenernos actualizados diariamente, tenemos que aprender no sólo el hábito de aprender, sino también el de desaprender lo que ya no nos sirve y el de reaprender aquello que se crea o evoluciona siguiendo nuevas tendencias o nuevas formas de hacer las cosas. La preparación es algo que nunca debe terminar. Aquel que se considere producto terminado o que ya no tiene nada nuevo qué aprender, habrá llegado al límite de su desarrollo.
3.- Entrenamiento Táctico: Toda organización funciona como una cadena formada por eslabones, donde a cada uno le toca hacer su parte. Y nadie puede ni debe hacer el trabajo de otro. Un equipo eficiente es aquel donde cada uno hace lo que le corresponde. Así yo sé lo que puedo esperar de los demás, pero también los demás saben lo que pueden esperar de mí. La táctica, nos enseña a cada uno a conocer nuestro territorio, nuestra área de influencia y también nuestros límites.
4.- Entrenamiento Mental: Para nadie es un secreto que el mundo laboral actual puede llegar a ser estresante a un nivel dañino, las presiones y el constante espíritu competitivo nos hacen estar en permanente lucha; en el mejor de los casos contra nosotros mismos, y de manera simultánea contra los demás. Prepararse mentalmente para sobrellevar un trabajo sin que ello te desestabilice tu vida personal, se ha vuelto un desafío. El equilibrio entre la vida personal y laboral es algo que se tiene que aprender pues de lo contrario será fácil que nuestro cuerpo termine por pagar las consecuencias. De igual forma la presión, la ansiedad, la separación de asuntos personales y laborales, la envidia, el éxito y el fracaso, son emociones de todos los días que debemos aprender a manejar y no permitir que nos manejan a su antojo.