Coincidir es extraordinario; ya nos lo hizo reflexionar Alberto Escobar con su canción.
Pero coincidir, ni es lo más importante, ni lo es todo, ni mucho menos es lo mejor. Coincidir es el hecho de estar dos o más personas en el mismo tiempo y lugar simultáneamente. Eso carece casi por completo de méritos propios. Lo verdaderamente mágico e inolvidable es convivir.
He visto muchos ejemplos de familias o grupos de amigos que coinciden en una reunión, en una comida o incluso en una fiesta, pero después de los convencionales saludos, algunos individuos se separan y se embeben en su pequeño mundo en actividades individuales, de tal forma que aunque estén juntos, se aíslan de los demás.
Quién no ha visto a una familia comiendo en un restaurante, donde al menos uno de los miembros está escuchando música con sus audífonos o entretenido en sus videojuegos ajeno a lo al resto de sus familiares.
Quien no ha visto reuniones de amigos en donde; gracias a los equipos de comunicación (porque ya es una burla llamarlos sólo teléfonos) algunos están más al pendiente de lo que sucede en el mundo, que de lo que pasa a un lado de ellos.
Pocas cosas me gustan más que platicar. Respetar y valorar a las personas que tienes a tu lado, es un gusto que aprendí de mis mayores. Procurar que donde está mi cuerpo, esté también mi mente, es una muestra de respeto a los demás y un gesto que la gente a tu alrededor siempre va a agradecer (aunque quizá no te lo digan).
La vida que se hace juntos, es la que crea experiencias que valen la pena recordar. Anécdotas y relatos que con el tiempo incluso se añoran. Juntarse a que cada quién haga lo que quiera, es una aberración. Es como tener los ingredientes de una ensalada y comerlos sin revolver. Es como escuchar un concierto, donde cada músico va tocando su parte sólo, en vez de hacerlo juntos como un gran ensamble.
Insisto, coincidir es maravilloso, pero convivir es invaluable.