miércoles, 19 de octubre de 2011

Odisea Panamericana

Con un ambiente de júbilo y una ciudad rayando en el caos comenzaron los juegos panamericanos.

Puedo jurar que mi inexperiencia deportiva se puso de manifiesto al no dimensionar el tamaño del evento del cual sería testigo por vivir en la ciudad sede.  Más me ocupaba saber por cuáles calles podía transitar y cuales seguían en reparación a causa de la manita de gato que le estaban dando a la Perla de Occidente.  Más me divertía viendo cómo se construía el estadio de atletismo, la alberca y las canchas de tenis, mientras en el periódico los políticos se daban hasta con la cubeta por tratar de colgarse la medallita y echarle tierra al de enfrente.
Total que por andar procurando el pan de cada día y tener la mente en todo menos en el deporte (Como decía Germán Dehesa, “yo soy más bien de pijama y pantufla”) me llegó la fecha de la inauguración y no compré boletos para nada.  Sin embargo se presentan a la sazón un par de paradojas: “Los boletos están carísimos, pero están agotados” y “Los boletos están agotados, pero las competencias se ven desairadas, hay butacas vacías en todos los estadios” Como dijo Michael Jackson “Aclárenme”

Resulta que los precios oscilaban desde veinte pesos hasta varios miles de pesos. Pero se comenzaron a vender desde abril o mayo cuando los estadios no tenían ni licencia de construcción (No me extrañaría que algunos todavía no la tuvieran, pero de la corrupción hablamos luego).  Y claro, las personas más pendientes del tema fueron las que los apañaron desde los primeros días, mientras uno andaba papando moscas.
¿Qué por qué se ven los estadios medio vacíos? Se debe a que se repartieron una buena cantidad de cortesías a personas “importantes” que a la fecha no recuerdan dónde los guardaron o que simplemente no les interesa asistir. 

Ahora tenemos instalaciones nuevas que fueron terminadas “justo en la rayita” y eventos que inician luciendo butacas vacías. A mucha gente local también se le durmió el gallo, y no es excusa, pero entiendo la desconfianza de aquellos que pensaron ¿Cómo voy a comprar boletos con tanta anticipación en un estadio que no existe? Bueno, pues ahí está el resultado. Los que no tenemos boleto los vemos en la tele, y los que si compraron ven las competencias parados, porque las graderías tienen un letrero que dice “No se siente, pintura fresca”
No obstante las paradojas, confiando en mi intuición hicimos un par de esfuerzos: Salí con mi pandilla conformada por mi mujer y mis dos vástagos en busca de boletos.  Llegamos a las instalaciones de la alberca panamericana y la regordeta de la taquilla nos dijo:

-          ¡Uy no!, joven, ya no hay boletos...

-          ¿Y entonces porqué está abierta la taquilla? ¿Es taquilla, o es tiendita?

-          Pues para las finales ya no hay ni de natación, ni de clavados, ni de nado sincronizado, ya nada más tengo poquitos de las eliminatorias de waterpolo

-          ¡En serio! – le dije – yo siempre soñé con ser waterpolista. Véndame cuatro.

Mi mujer se me quedó viendo con cara de “A ti ni te gusta nadar, no mientas delante de nuestros hijos, ni le estés coqueteando a la gordita” (es increíble todo lo que se puede leer en la mirada de una mujer) (especialmente en la mirada de tú propia mujer).
Confiado en mi buena suerte, unos días después volví a convocar a mi pandilla y les dije, ahora vamos por los de gimnasia, de una vez conocemos el estadio.

Pues si lo conocimos, pero por afuera.  El primer desafío fue encontrar estacionamiento, pues los “viene viene” tienen acaparada la zona y más que tarifa, parece que cobran predial.
Llegamos al estadio y la fila en la taquilla pasaba de treinta personas. El sol caía a plomo sobre el pavimento, me acordé de mis suegros que viven en Monclova y pensé “Esto durará poco”.  Eran las doce del día, y desde allá alguien  dijo: “Que van a abrir hasta las dos”, para mi esperar dos horas es como hacerle antesala a cualquier político de mediano prestigio. Así que pensé “Si me aguanto dos horas para ver a un funcionario, que no las aguante para ver a las gimnastas, fácil.”

Desplegué una sombrilla color vino tinto que me hace ver muy varonil y dije, - De aquí soy – mi mujer y mis hijos se instalaron en un local de mariscos de los tantos que han proliferado en la zona y desde ahí vieron como me cocinaba a fuego lento. La fila siguió creciendo hasta llegar a la equina, parecíamos formados para el programa de “piso firme” y apenas eran las doce y media.
Dieron las dos de la tarde y otra regordeta salió de la taquilla, (ya conozco el perfil de las taquilleras) a puros gritos nos dijo que le quedaban cuatro boletos de volibol, tres de tiro con arco y ocho de equitación.  Yo pensé, “Si no lo resuelve como la multiplicación de los panes, a esta también la van a crucificar” comenzó el griterío y los empujones. – Hasta aquí llegué – dije mientras tomaba a mis hijos y a mi mujer de la mano y nos fuimos juntos a comer a la sombrita.  

Como  en muchos casos la cultura nacional aflora aunque uno no quiera, aquí algunas notas. Dos costosas bicicletas de ciclistas colombianos que participarían en la justa, fueron robadas dentro de la villa panamericana.
Los participantes del Tae Kwan Do, tuvieron que competir en “tatamis usados” (los tatamis son las colchonetas donde pelean) porque los nuevos se quedaron atorados en la aduana de Manzanillo.  Tristemente nos gana la burocracia.  

Los participantes en bádminton de la selección nacional, tuvieron que jugar con playeras polo verdes, porque sus uniformes no llegaron a tiempo.  (Lo bueno fue que Fábricas de Francia estaba abierta).  Lo trágico fue que para cuando llegaron los uniformes, nuestros connacionales ya habían sido descalificados sin derecho a estrenar uniformes  en la siguiente ronda. Ahora nadie sabe qué hacer con los uniformes nuevos.
Los Panamericanos son las olimpiadas de América. Con todo y sus avatares, me da gusto que México y en particular Guadalajara sean sede  de un evento de proyección mundial. Todos quisiéramos que las cosas fueran perfectas cuando tenemos visitas en casa, pero no siempre es así, estoy seguro de que unos pequeños detalles no pueden opacar tanta belleza que envuelve a nuestro bello país.  

miércoles, 12 de octubre de 2011

No Tolero la Intolerancia

No Tolero la Intolerancia

Aprendí desde pequeño que mis derechos terminan donde comienzan los tuyos.  Aprendí que es conveniente ser tolerante ante las circunstancias y ante los demás,  ya que todos somos diferentes y el mundo no está hecho a la medida de nadie en particular. Por lo mismo resulta más fácil adaptarte al mundo, que vivir esperanzado a que el mundo y la gente se adapten a ti.
Sin embargo y a pesar de esto, cada vez me resulta más difícil encontrar destellos de tolerancia a mi alrededor, dando cabida de manera frecuente a ese nocivo concepto bien llamado intolerancia, que según recuerdo, años ah, recurríamos a él sólo para denostar actitudes de repudio generalizado como la delincuencia, la violencia, la falta de respeto,  la corrupción, el desorden, etc. Ante eso sí que éramos y seguimos siendo intolerantes.  Pero la intolerancia modelo la que vemos en el siglo XXI ¿De dónde salió?, ¿Quién la parió?

Entiendo que alguien pueda ser intolerante a la lactosa, a la carne de puerco o a los mariscos, pero ¿ser intolerante a los demás porque diferimos en la forma de pensar, en las creencias, en los gustos o en las actitudes?. Reflexionemos si este síntoma es igual que siempre o ya se está pasando de la raya.
La prensa internacional narra dos sucesos recientes:

El primero sucede en Irán, donde una actriz local la condenan a prisión y a 90 latigazos por protagonizar una película donde se critican las políticas de la república Islámica.  (En la  novela “La Catedral del Mar” de Ildefonso Falcones, castigan a una esclava a latigazos, pero eso sucede en el siglo XIV no en el XXI).

En Francia otra mujer es arrestada por llevar el rostro cubierto con un burka, tal como lo manda la religión Islámica. Esto debido a que una nueva ley local lo prohíbe y lo condena.
En mi país no se tolera que la selección de futbol pierda un partido, porque ya es motivo de vergüenza y deshonra. Ni pensar que uno de ellos anote un autogol, pues eso tampoco se tolera y sería motivo suficiente para enviarlo al paredón. 

Tampoco se tolera que un militante de un partido político alabe las iniciativas y los programas  puestos en marcha por el partido contrario  y mucho menos que piense que la bancada de enfrente pueda tener una buena idea,  porque ese tipo de libertad de pensamiento es vista como falta de lealtad a la borregada de la cual forma parte y eso no se puede tolerar. 
En Guadalajara, donde los Juegos Panamericanos finalmente son, la ciudadanía no tolera el tráfico en las avenidas, las obras de pavimentación y remozamiento de camellones tardíos por toda la ciudad, ni el derroche de inversión en publicidad con motivo de la celebración. Tampoco se tolera que los precios de la inauguración sean tan caros y que paradójicamente los boletos estén agotados.

En cualquier calle se puede ver a un señor intolerante a la forma de manejar de una señora,  o a la misma señora que no tolera la forma de manejar de otra señora.  También hay gente que no tolera que le limpien el parabrisas mientras el semáforo está en rojo, o que el de adelante no avance si la luz verde encendió hace más de un segundo.
En el supermercado, es fácil ver a gente intolerante a la lentitud con la que cobran las cajeras, o a ver que existen treinta cajas pero sólo están abiertas cuatro. Ni qué decir si al cliente adelante de uno se le ocurre pagar con vales de despensa o regresa un artículo, entonces hay que esperar a que aparezca el supervisor de las cajeras y perder nuestro valioso tiempo, eso definitivamente no se puede tolerar. También somos intolerantes a que el producto que buscamos esté agotado, a que la fruta esté magullada o a que el aguacate no baje de cincuenta pesos el kilo.

En el restaurante, he visto como somos intolerantes a que me traigan una limonada con hielo cuando la pedí sin hielo. A que me traigan la sopa caliente cuando la pedí hirviendo, o a que la cuenta traiga un error (en mí contra claro está, porque si es a mi favor, a cualquiera se le disculpa).
En cualquier lado, escucho la intolerancia a las personas diferentes a uno mismo, que si por gordos, que si por chaparros, que si por chilangos, que si por foráneo (palabra muy de Monterrey), que si porque estudiaron tal profesión, que si porque no estudiaron, que porque son de tal partido, que porque no son de ninguno.

En mi casa, no tolero ver un libro tirado en el piso, un foco encendido que nadie está usando, o un plato con restos de comida con destino a la basura (por eso ya casi soy talla 38).
La intolerancia nos tensa y nos cansa.  Como si trajéramos un filtro en nuestros ojos, que sólo nos permite ver aquello que nos molesta. La intolerancia, no es otra cosa que el vacío que ha dejado la tolerancia, esa preciosa virtud que nos permite comprender antes que exigir ser comprendidos y que nos hace escuchar antes que pedir ser escuchados.


miércoles, 5 de octubre de 2011

De Toros, Toreros y Diputados…

A mí me encanta la fiesta brava, lo declaro de una vez. Sin embargo ayer me reprendió un orgulloso tapatío diciéndome:

- Estoy muy molesto con los diputados de tu tierra.

- Ah chinga´o,  ¿y eso por qué? – le contesté

                - Es que quieren prohibir las corridas de toros.

- ¿Qué quééé?, pues me uno a su molestia, no faltaba más.

¡Háganme el “fabron cabor… “! Donde y de qué manera me vine a enterar de tal iniciativa. 
Barcelona, celebró el pasado 25 de septiembre su última corrida de toros. La fiesta brava, quedó prohibida en toda la región de Cataluña. (Eso no me sorprende pues los catalanes se han querido independizar del resto de España desde antes de que saliera el primer disco de “Enrique y Ana” y ya no hallan de qué forma manifestarlo). Lo que sí me sorprende es que los toros no se habían enfriado cuando un legislador dijo “de aquí soy” y descongeló una iniciativa que, según los diarios, estaba presentada en Coahuila desde el año pasado.  Yo más bien diría que  “No pueden ver nada, porque todo se les antoja” o “Ven burro y se les ofrece viaje”
Me pregunto: ¿Qué no habrá en el Congreso de mi desértico estado, temas de mayor relevancia y beneficio a la comunidad sobre los cuales sea importante legislar? Me imagino que no, porque si los hubiera, los egregios legisladores seguramente estarían ocupados en ellos.
A mí me gustan los toros y punto. Sin el apasionamiento de decir que el toro de lidia nació para pelear y morir en la arena, en mi caso tampoco es para tanto.  A mí sólo me gusta la fiesta, la fiesta completa, llegar temprano a la plaza y escuchar los pasodobles en los puestos alrededor. Me gusta tomarme una cerveza en el primer tendido y escuchar a la banda tocando “Cielo Andaluz” a las cuatro de la tarde indicando que es hora de partir plaza.  Me gusta ver a diestros con sus cuadrillas, me gusta ver Manolas llevando claveles o luciendo un mantón.
Me gusta el toreo de a pie, con capote y con muleta, me gusta la suerte de varas y las banderillas, me gusta el toreo al alimón y el toreo a caballo.  Me gusta que un caballo se llame Cagancho, que al rojo de un traje de luces se le llame “grana” y al morado, “obispo”.
Me gusta gritar “ooole”, arrastrando la “o” y no “olé”, con acento en la “e” como se grita en España (Gabriel Zaid, lo explica muy bien en su libro “Cómo leer poesía” donde dice que la nuestra es una palabra nueva gracias a la creación de un nuevo modo de torear, lento, sensual, prolongado, como una eyaculación retenida, que fue surgiendo en México y cuajó por el arte de Silverio Pérez). Me gusta ver a la gente ondeando pañuelos blancos pidiendo orejas y rabos para el matador y me gusta ver al juez de plaza soportando toda clase de gritos que surgen  generalmente de la raza de sol.
Me gusta el “Soliloquio de un Toro Viejo” de Andrés Z. Barba, y me gusta Javier Solís cantando “La Suite Española” de Agustín Lara, disfruto tocar las castañuelas al ritmo de “Españolerías” y de “España Cañi”. Me gusta el chiste del becerro que le dice al toro viejo: - Mira abuelo, en aquella pradera se ven muchas vacas, ¿Qué tal si corremos y nos cogemos una?  Y el toro viejo le contesta:   -¿Qué tal si mejor caminamos y nos las cogemos a todas?
Me es difícil explicar la relación que existe entre el placer humano y el sufrimiento animal (creo que está relacionado con el dicho “ojos que no ven, corazón que no siente”).  Sin embargo esa relación la veo en los toros, en las peleas de gallos, en las charreadas, en las carreras de caballos, y con más frecuencia en la cocina mexicana, pues también hay que matar para después saborear una jugosa arrachera, un cabrito (que figurativamente hablando “es como un bebé que muere degollado” pero que sabe delicioso), y lo mismo digo de un pollo rostizado, de un pescado zarandeado, de unos charales, unos chapulines o unos gusanos de maguey, que mueren para nuestro deleite en una sartén con aceite hirviendo.
Pretendo dar ejemplos de cómo el placer humano está íntimamente ligado al sufrimiento animal en muchas actividades, no sólo en los toros. Sin embargo, no quiero ahondar más, no sea que alguien los tome como ideas para nuevas iniciativas de ley. Me arrepentiré de lo dicho si el día de mañana uno de los numerosos adalides legislativos despierta en su curul, empeñado en prohibir una parte de nuestra gastronomía nacional.
Qué bueno que se legisle en México sobre temas diversos, eso lo aplaudo. A mí me encantaría que los temas se pusieran en orden de importancia. Qué tal legislar sobre cómo mejorar la calidad de la educación, el combate a la corrupción, a la impunidad, al nepotismo, como incentivar la inversión y la generación de empleos, cómo facilitar la creación de nuevas empresas.  
En fin, hay gente pa´todo.








miércoles, 28 de septiembre de 2011

"Cosas de Mujeres"




Cosas de Mujeres

Mi hija me informó que iba a salir con su mamá.

-          ¡Qué bien! – le dije - ¿A dónde van a ir?

-          No te lo puedo decir, – me contestó haciendo una mueca  -  son “Cosas de Mujeres”.

Hasta se me dilataron las pupilas. Pero es inevitable, mi pequeño retoño está creciendo.  

-          Pues que les vaya bien, - le dije sin remedio – váyanse y diviértanse mientras los hombres de la casa, aquí nos desangramos de envidia.

Esperé hasta su regreso para saber que efectivamente habían hecho “Cosas de Mujeres” (díganme si no): Se probaron zapatos y ropa sin tener la intención de comprar nada, entraron a todas las tiendas que quisieron sin tener la presión (es un decir) de saber que los hombres estamos esperando afuera, vieron pinturas y accesorios para cabello y uñas hasta que se fastidiaron y finalmente compraron unos borradores con forma de frutas y paletas de colores.

Cosas simples y sencillas son las “Cosas de Mujeres”

Sin embargo, esta semana se discutió en la Suprema Corte de la Nación, la constitucionalidad o inconstitucionalidad de despenalizar el aborto.  Tema polémico que divide y confronta opiniones.

Pareciera que el veredicto de la corte debe escoger entre el derecho a la vida del no nato o el derecho a la libertad de la mujer. Es una discusión infinita, puesto que se debate entre dos conceptos que no debieran ser excluyentes.

No se puede pensar que quien está a favor de la vida, forzosamente está en contra de la libertad de decidir de la mujer.

Ni tampoco se puede afirmar que quien defiende la libertad del género femenino, está deseando la muerte del no nacido.

Detrás de un aborto generalmente existe una historia de dolor. Me cuesta pensar que alguien aborte feliz de la vida.  Decir que es un delito me parece radical. Podrá ser un pecado, pero ese es otro tema.  

Hoy me pronuncio a favor de la vida, con más convicción desde que soy  padre. No estoy a favor del aborto, me parece que tanto abortar como hacer abortar es arrebatar una oportunidad que no te pertenece.  Sin embargo reconozco que por múltiples circunstancias hay embarazos no deseados, donde a los ojos de la madre, el aborto lo vislumbra como su única salida.  Tan injusto es generalizar, como juzgar sin conocer. 

Cosas profundas y complejas son las “Cosas de Mujeres”

                Al caer de la tarde mi hija volvió con una sonrisa, feliz de haber pasado varias horas con su mamá. Mi esposa regresó cansada pero feliz también de haber pasado una tarde con mi niña.

                Mi esposa está recordando lo divertido que era ser niña, mi niña está aprendiendo cómo ser mujer. Las amo por simples y por complejas, por  sencillas y profundas, por niña y por mujer. Las amo porque son una parte de mí y porque siendo cual soy, tengo la dicha de ser parte de ellas.  

De las mujeres nace la vida, por eso no concibo la vida sin mujeres; con todo y sus cosas. Luego entonces declaro: Que las “Cosas de Mujeres”, hay que verlas como “Cosas de Todos”.




miércoles, 21 de septiembre de 2011

¿En qué se parecen el “Bullying” y el “Pole Dance”?


¿En qué se parecen el “Bullying” y el “Pole Dance”?

La respuesta es sencilla, ambos son términos de moda, aun que como actividades han existido toda la vida. Claro que con otros nombres.

Vayamos al primero: “Bullying” se refiere al acoso infringido sobre alguien; en este caso “la víctima” y que puede ser de tipo emocional, verbal, sexual, físico, psicológico, de exclusión, etc.  Y que se practica principalmente en escuelas primarias, secundarias y preparatorias sin distinción de  estrato social ni geografía.

Seguramente hemos escuchado casos de niños y jóvenes que han sido víctimas del “bullying”, sin embargo yo me pregunto: ¿En qué momento una travesura o una broma escolar se convierte en “bullying”?  Me imagino que a partir de que la broma deja de ser divertida incluso para quienes la planearon y se convierte en el clásico “se nos pasó la mano”.  (Recuerdo a los cuervos burlándose y haciéndole “bullying” a Dumbo en la película de Walt Disney, de 1941 ¿no es nuevo, verdad?).

Puedo suponer que es “bullying” cuando “agarras de encargo” a la misma persona toda la semana.  También cuando haces burla o mofa de las condiciones físicas de alguien y entonces te topas con un orejón al que le dicen  “El chore”,  con un narigón al que le dicen “el abre latas”, con un cuate de tez morena al que le dicen  “El color piano”, o con alguien que usa lentes (como su servidor) a quien no tendrán problema en llamar “El cuatro ojos”.  Discúlpenme, pero esas formas de expresión tan comunes en los años ochentas; que cursaba yo la primaria, ya eran chistes viejos.

El “bullying” llevado al extremo puede convertirse en algo fatal, sin embargo hoy quiero referirme al extremo opuesto, donde el “bullying” se parece más a la travesura o a la broma.

Me preocupa que haya padres de familia ávidos de llamar la atención a cualquier precio, y nadamás están esperando a que alguien le saque la lengua a su hijo para alzar la voz con bélico acento, y declarar que su “Tesoro”  (diría Doña Florinda) es una víctima más del  “bullying”.  Es cierto que nadie quiere que abusen de sus hijos o que los hagan menos, pero ¿Hasta dónde esto es verdad, o hasta dónde es protagonismo de los padres?

Tan bonito que es vivir en armonía, pero tan difícil que resulta entender esto cuando tienes doce o quince años. Cuando ya no eres niño y todavía no eres adulto, cuando estás en la adolescencia y antes que del “bullying” eres víctima de tus hormonas, tu inmadurez mental y tu identidad en ciernes.

Ahora vayamos al segundo término:  “Pole Dance” se refiere a un tipo de baile, que algunos catalogan como “deporte exclusivo para damas”, donde la practicante baila y hace piruetas sostenida y en ocasiones colgada de un tubo que en posición vertical se apoya de piso a techo del lugar, por sendos extremos.

Hasta donde yo sabía, esto era una práctica exclusiva de “teiboleras”. Ya me explicaron que no, que lo que ocurre es que estoy pasado de moda y que mi pensamiento es un poco medieval.  Ya me explicaron que es una actividad que la puede practicar cualquiera y que el día que quiera puedo tomar una clase gratis (ya me veo).

A mí no me convencen.  Mi hermana la catequista dice que somos del antiguo testamento y por eso no lo entendemos. Creo que tiene razón.

No entiendo  bajo qué excusa, alguien puede practicar el “pole dance” sin tener intenciones de ser, o al menos de parecer “teibolera”. Me parece increíble que teniendo tantas ganas de hacer ejercicio, solo “ese” les pueda gustar. Ahora es fácil ver escuelas de “pole dance” en plazas comerciales donde las alumnas practican sus rutinas como quien hace aerobics o baila flamenco.   Es obvio que en algún lado tienen que aprender a bailar con un tubo, es obvio que alguien les tenga que enseñar, pero no veo porqué un baile que se debate entre lo provocativo y lo vulgar, tenga que practicarse a la vista de todos. 

Miguel de Cervantes lo dijo así: “El pudor es el encanto que duplica los encantos de la hermosura”

Chano, en la película “El Estudiante” lo dijo de esta otra forma: “El pudor, es la elegancia de la belleza”

Considero que el sentido común se nos escapa como agua entre las manos. El buen gusto, las buenas costumbres, la tolerancia hacia los demás, el ser conscientes de que vivimos en sociedad y que por lo tanto mis derechos terminan donde comienzan los tuyos, son cosas que debimos aprender en las clases de civismo, que por cierto durante la secundaria jamás entendí para qué eran y que ahora veo lo importante  y transcendentes que resultaban.

Quizá no entiendo las modas, o  quizá me gusta ver las cosas con el sentido común que todavía me queda.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Celebremos, señores, con gusto...


“Celebremos, Señores, con gusto
Este día de placer tan dichoso…”

Así comienza la letra de las mañanitas norteñas. Alegre melodía que escuché de lunes a viernes a las siete de la mañana desde primero de primaria hasta segundo de prepa. Todo esto gracias a que mi mamá sintonizaba la estación XESJ de Saltillo.  Así solían comenzar mis mañanas, con una invitación a celebrar con gusto cada día.  Después de la canción; con la que se felicitaba al santoral durante todo el año, escuchábamos el canto de un gallo y seguidamente la voz de una locutora que decía la hora exacta y la temperatura aproximada. Así despertaba medio Saltillo y sus alrededores.

A veinte o treinta años de aquel recuerdo, nuestro país está por cumplir 201 años de vida independiente y a mí me viene a la mente de letra y la tonada de esa alegre canción.  Quizá porque quiero celebrar con gusto, y me rehuso a postrarme a lamentar todo lo que mi país está viviendo.

Cierto es que México no está en su mejor momento, y que los temas a lamentar son muchos y muy sentidos. Cierto es que hay familias que se han visto desquebrajadas sin culpa alguna, y que hay otras tantas que son víctimas del la impunidad, del desempleo, de una enfermedad, del analfabetismo, de abusos y de extorsión.

Pero también cierto es que habemos muchos mexicanos que cada día nos levantamos temprano con ánimo de trabajar, de llevar a los niños a la escuela, de ir al mercado y decir “buenos días” incluso a los que no conocemos. Habemos muchos mexicanos que nos esforzamos diariamente por mandar un pedido a tiempo, por hacer una presentación perfecta, por dejar una buena impresión en nuestros jefes y compañeros de trabajo, en fin, por sacar la chamba.  Habemos miles de mexicanos que salimos a la calle convencidos de no ser parte de la corrupción y de no ser ejemplo de “mal ejemplo”. 

También habemos muchos que diariamente abrimos nuestro negocio dispuestos a atender a nuestros clientes, muchos que trabajamos con enfermos ayudándolos a recuperar su salud.  O que trabajamos en las condiciones más desagradables construyendo, destapando, armando, limpiando, o dragando estanques y tuberías de drenaje. Habemos muchos que nos esforzamos por promover la educación y la cultura, el respeto a los demás y el respeto a la naturaleza. Habemos miles de mexicanos que nos duele lo que está viviendo nuesto país y que nos sentimos orgullosos de nuestra historia y nuestra cultura.

Este 15 de septiembre, se harán miles de chiles en nogada, y antojitos mexicanos se contarán por cientos de miles más.  Habrá una cena de gala en Palacio Nacional y una cena popular en cada plaza de México. Habrá fiestas mexicanas en Hoteles y Restaurantes en toda nuestra geografía. Y habrá cenas en muchísimos hogares de familias mexicanas. “Celebremos, Señores con gusto, este día de placer tan dichoso…”, dejemos que nuestra voz vibre al grito de ¡Viva México!, y que cientos de campanas tañen al ritmo de nuestro corazón. 

miércoles, 7 de septiembre de 2011

¿Nada qué celebrar?... ¿Seguros?


¿Nada qué celebrar?... ¿Seguros?

Estamos en la víspera del aniversario 201 de nuestra independencia como nación. He escuchado voces que dicen que en nuestro país no hay nada que celebrar.

Una cosa es que haya muchas cosa que lamentar y otra muy distinta es que no haya nada que celebrar.

Celebrar nuestra independencia, es celebrar nuestra condición de libertad para poder elegir lo que queremos para nosotros mismos y para nuestro país. Hay que luchar por ello, nuestro país lo vale, nuestra gente lo vale, si no me crees, sólo recuerda que esto también es México:

Una ballena en Guerrero Negro, Un amanecer en Cancún, una caminata por Paseo de la Reforma, unos tacos al pastor, un tequila en Tlaquepaque, un dulce de leche en Saltillo, un paisaje de José María Velasco, una pareja bailando El Jarabe Tapatío. Un concierto en Bellas Artes, un día nublado en la Marquesa, una cantina en Real de Catorce, o una vista del Popocatepetl.

Una matraca en un estadio, una serenata con mariachi, un árbol de pirotecnia en la feria, un árbol de la vida en Metepec. Un alfarero en Tonalá, un volador en Papantla, unas carnitas en La Piedad,  Una guitarra en Paracho, una sopa de lima en Mérida  o un danzón en Veracruz.

Un oso en la sierra de Muzquiz, una escaramuza a todo galope, una peregrinación a la basílica, una serpentina, una posada con piñata y peregrinos. Unas enchiladas en la plaza de San Francisco, una tarde en la Plaza México, un poema de Juan de Dios Peza, un cenote en Chiapas, una escultura de Sebastián, una callejoneada en Guanajuato, unos delfines en bahía de Banderas, una trajinera en Xochimilco, una visita a la mina del Edén en Zacatecas, una nieve de garrafa, unas chalupas en la fonda de Santa Clara en Puebla,  o un paseo en Comitán.

Una vista de la Rumorosa, una tlayuda en Oaxaca, una coyota en Sonora, un concierto en el teatro Degollado, un carnaval en Mazatlán, un grito de “GOOOL” en el Azteca, un paseo por Chapultepec, unas corundas en Morelia, o un zarandeado en Nayarit.   

Un agua de horchata, un disco de José Alfredo, una canción de Tin-tan, una película del Santo, un domingo en familia, un cilindrero en el centro histórico, un árbol en medio de la calle, un elote asado, un paseo por el parque nacional en Uruapan, un llavero con alacrán de Durango, una hermosa pirámide en Chichen Itzá, una banda tocando la Marcha de Zacatecas, un Huapango de Moncayo, una casa de Luis Barragán, o una feria de San Marcos. 

Un acueducto en Querétaro, un altar de muertos, un palenque con gallos, un mambo con Tongolele, un tejuino con nieve de limón, una grito de lotería, un dulce de tamarindo, un ballet de Amalia Hernández, un mural de Siqueiros, un chile en nogada, una ola en el estadio, unos zapatos de León, una cuera Tamaulipeca, una marimba en Villahermosa, un Tarahumara en la sierra, un ceremonia  Huichol, un brindis con tequila.

No se nos olvide, orgullosamente, esto también es México. ¿A poco no lo vale?